El fraude electoral en Puebla Por Alejandro C. Manjarrez

No hay ningún país que se haya
beneficiado por guerras prolongadas
Sun Tzu


Dándole vueltas al supuesto fraude en contra de Luis Miguel Barbosa Huerta, candidato de Morena a la gubernatura, recordé lo que sin duda fue uno de los ejemplos que impactaron a Rafael Moreno Valle. El entonces alumno —me dije— pudo haber abrevado en la noria de su maestro todos y cada uno de los principios del manejo electoral heterodoxo, acciones basadas en la participación de líderes y dirigentes dispuestos a traicionar a sus representados con el fin de obtener ingresos extras. Se comprobó pues que “con dinero baila el perro y con un poco más hasta su dueño”.
Después de tal meditación acudí a mi archivo con la intención de recuperar lo que bien podría servir de marco a la controvertida elección que vivimos. Vea usted:
Faltando quince días para la elección federal de 1985, fallece el maestro Edulio Cortés López, candidato a diputado por el séptimo distrito (Ciudad Serdán).

El suplente en la fórmula, doctor Darío Maldonado Casiano, brincó de gusto, se sintió diputado pues. Pero nunca imaginó que su partido le jugaría chueco: Darío fue suplido por Melquiades Morales Flores, el priista más conocido en aquel distrito tanto por su estilo terso y amigable como por la cantidad de compadres que tenía.
“Melquiades es un hombre confiable y seguro”, dijo el delegado general del PRI al entonces gobernador. Aunque restaban dos semanas de campaña, el lapso fue suficiente para que Morales Flores ganara la elección e impusiera un récord en las urnas nacionales (y puede ser que internacionales): obtuvo el 100 por ciento de los votos de ciudadanos inscritos en el padrón electoral, más un 10 por ciento adicional. Así llegó a la diputación con el ¡110 por ciento! Para Ripley.

Que tiempos aquellos… 
Antes de protestar el cargo, Melquiades vivió momentos de intenso nerviosismo. El Colegio Electoral era el enorme escollo que debería sortear. Ello debido a que nunca nadie en la historia había ganado con tan amplia votación en los años de los grandes fraudes electorales. Los diputados líderes de sus fracciones parlamentarias acordaron proponer al Colegio Electoral (o sea a ellos mismos) validar la elección en paquetes de diputados. La intención fue pasar sin discutir los casos de candidatos que interesaban a sus partidos. El suertudo de Melquiades quedó dentro de uno de los paquetes y por ello nadie protestó su “triunfo”. Sólo alguien por ahí con ínfulas de filósofo dijo serio, festivo, burlón, puntilloso: “¡Ah que mi compadrito…!: ahora sí sacó a votar hasta a los muertos y a sus comadres y a sus ahijados y a sus compadres…”
A esa llamémosle enseñanza electoral debo agregar las subsecuentes que propiciaron los triunfos de algunos gobernadores, varios diputados, muchos senadores y hartos presidentes municipales. Lo mismo que hoy pero sin el algoritmo cibernético.
En fin, ya sabemos que por aquellos años era común taparle el ojo al macho; que los liderazgos involucrados siempre tenían algo que ocultar o negociar; que el dinero paliaba —valga el eufemismo— los remordimientos de conciencia, circunstancia ésta que también hizo escuela y, obvio, sirvió de ejemplo a políticos como el referido Rafael y sus asociados miembros de la dizque oposición. Si a esto le agregamos la preparación financiera basada en la carencia de escrúpulos, confirmaremos la sabiduría del inventor de la frase: “Lo que en política cuesta sale barato”. El autor de este apotegma debió ser alumno destacado de quien produjo otra de las tradicionales consejas políticas: “Un político pobre es un pobre político”.
Lo que acaba usted de leer más otras historias que omito por falta de espacio, enmarcan lo ocurrido en Puebla, hechos que propiciaron la petición de Morena para que se anule el proceso electoral de gobernador: que el robo de urnas, que la violencia criminal, que la compra y coacción del voto a cargo de candidatos mercenarios, que la manipulación de los paquetes electorales cuya entrega fue retardada gracias a que la documentación ingresó al laberinto diseñado para defraudar la voluntad ciudadana. Esto último da pie para otra remembranza:
Cuentan que durante la votación que habría de elegir alcalde de Puebla (Jorge Murad Macluf vs Ricardo Villa Escalera), el responsable priista del proceso comprobó que su candidato perdería. Habían transcurrido cinco horas de haber iniciado la votación cuando el equipo constató que la copiosa participación favorecía al candidato del PAN. Tres a uno dijeron. En cuanto el responsable de la campaña priista fue enterado, éste ordenó a su coordinador electoral: “¡Róbense las urnas de las casillas. Ya sabes cuáles!” Ganó Murad y creció la fama de Melquiades Morales Flores. 

El ejemplo arrastra
Moreno Valle estuvo activo en los procesos electorales que lo hicieron diputado local, diputado federal, senador de la República y gobernador de Puebla. Nunca perdió ninguna elección. Incluso le ganó al propio Melquiades Morales, el más experimentado y popular político de Puebla. Trascendió que el ex gobernador decidió olvidar la sapiencia electoral que lo hizo famoso. Sabía que sin importar el resultado él ocuparía el escaño senatorial. Así que no tuvo empacho en sacrificarse para que ganara su alumno y nieto del mandatario que lo había impulsado. De ahí que después de medirle el agua a los camotes Morales decidiera perder para quedar bien con Rafael, Elba Esther Gordillo y Felipe Calderón, los dos últimos involucrados en el fraude que le “robó” la elección a Andrés Manuel López Obrador. Recordemos que para entonces el esposo de Martha Erika Alonso ya había dejado al PRI con la intención de formar parte del proyecto de la maestra Gordillo; argumentó que no podía ser parte del partido que hizo gobernador a Mario Marín Torres.
Con esas experiencias más el pragmatismo de la escuela gringa, Moreno Valle adquirió presencia y fama pública. Muchos panistas se beneficiaron de su poder. Varios financieros aprovecharon la coyuntura para invertir en Puebla, algunos asociados con expertos promotores de la bursatilización del dinero público y otros en connivencia con servidores públicos deshonestos. La falsa izquierda se dejó seducir. El PRI bajó su perfil. Y varios dirigentes políticos formaron parte de la plataforma construida con el objetivo de impulsarlo hacia la candidatura presidencial del PAN.

El titiritero poblano
Gracias a la bien planeada estructura electoral de su esposo, Martha Érika arribó a la candidatura poblana rodeada de partidos patiños y candidatos juanitos. Al mismo tiempo se puso a funcionar la campaña mediática diseñada para desprestigiar a Luis Miguel Barbosa Huerta; la intención: justificar el supuesto voto diferenciado. Sin embargo, a los morenovallistas les falló su prospectiva política porque minimizaron el “efecto López Obrador”, fenómeno previsto en todas las encuestas, secuela que incluye la férrea defensa ciudadana del voto. Y lo peor: pasaron por alto el discurso de Andrés Manuel contra Moreno Valle, palabras que incluyeron su repulsa a tratar con Martha Érika si por alguna razón ésta llegase a gobernar Puebla. Para aderezar el criterio de AMLO sobre el cacicazgo rafaeliano, agregue el lector lo que dijo de Tony Gali, gobernador en funciones: “Es un títere de Moreno Valle”.
Ignoro si Rafael se siente orgulloso por haber superado a Melquiades Morales, su maestro en acciones políticas y electorales. Tampoco sé si Martha Érika está moralmente convencida del resultado de la elección diseñada por su marido. Menos aun me atrevo a asegurar el éxito de la justa impugnación de Morena. De lo que sí estoy seguro —y por eso lo escribo— es que el futuro de la “pareja siniestra” (así los define Barbosa) ha caído en el pantano ése que ensucia los plumajes de las aves que lo cruzan. Creo asimismo que mientras gobierne Morena y el pueblo siga a su lado, los morenovallistas estarán ocupados y preocupados ante la posibilidad de que Andrés Manuel no permita que el burdo adversario salga ileso de esta guerra electoral…


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@replicaalex


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