Humberto Aguilar Coronado Por Alejandro C. Manjarrez
Humberto Aguilar Coronado llegó al Senado de la República después de sortear los obstáculos que impone el a veces cruel ejercicio político. Entrevistarlo fue un reto ya que el senador parece hecho a imagen y semejanza de los fundadores del PAN. Esto porque su conducta bien puede insertarse en la inercia que dejaron los creadores de Acción Nacional, partido que nació como una utopía y que el tiempo transformó en una organización pragmática. Él es a mi juicio la combinación del viejo idealismo y del pragmatismo actual, dualidad que le ha permitido sobrevivir en las peores crisis electorales, así como aprovechar los buenos tiempos políticos del PAN.

Lo entrevistamos en su redil; es decir, en su oficina de la ciudad de Puebla, despacho cuyos espacios (pequeños, casi minimalistas) no corresponden a la corpulencia de su inquilino. Ahí pues, frente al tigre que alguien alguna vez le obsequió (los colecciona), sin más preámbulo que el saludo periodístico empecé la entrevista:

–Humberto, dentro de tu ámbito familiar ¿Qué es lo más importante para ti?
–La calidad de la convivencia. El poder dar a mis hijas el tiempo que requieran. Tengo dos hijas, una de 17 años y otra que cumplirá 15 en enero. Están en una edad donde los padres debemos poner mayor atención.

–De tu esposa, ¿qué nos puedes decir?
–Que algo muy valioso; que se dedica de tiempo completo a la educación y atención de las niñas. Cuando tengo libre los fines de semana, trato de estar lo menos posible con mis amigos para dedicar más tiempo a convivir con mis hijas y con mi esposa. Ahora las hijas ya me cuestionan, opinan y además influyen en las decisiones que debo tomar. Y ellas siempre me ganan: son tres mujeres contra mí, ¡tres votos contra uno! –festejó.

–¿Cuál es tu mejor experiencia como hijo de familia?

–Sin duda alguna la oportunidad o libertad que me dieron mis padres de escoger lo que yo quería hacer. Pude practicar el deporte que quise. También estudié la carrera que escogí a pesar de que no era del agrado de mi padre. Él hubiera preferido que estudiara administración de empresas. Cuando le dije que iba a ciencias políticas, dijo que era increíble que ingresara a una carrera donde solamente los corruptos y deshonestos podían tener cabida. Le contesté que quería estudiar esa carrera precisamente para tratar de cambiar la imagen que se tenía de los políticos. Por eso siempre trato de que mi discurso influya para prestigiar la política y ayude a reivindicar a los políticos.

–¿Algún momento inolvidable de tu infancia?
–Tuve muchos. Fui un vago profesional desde muy joven. Mis padres me dieron la oportunidad de viajar y permitieron que disfrutara al máximo la vida de niño; pude jugar, divertirme y ser feliz. Quizá un momento inolvidable fue cuando un vecino padre de familia nos regaló unos uniformes para jugar en un torneo de fútbol que se realizó en la colonia San Manuel, donde vivíamos. Lo chistoso fue que nos dieron el uniforme del Guadalajara en lugar de darnos el de Puebla. Pero la experiencia resultó muy bonita porque el papá de un amigo puso los tacos, las camisetas, los shorts. La verdad no me acuerdo de lo que ganamos. Para mí lo inolvidable fue el hecho de haber jugado con un uniforme regalado por un padre de familia que debe haber sido chiva.

Como el fútbol forma parte de la política e irrumpe hasta en los momentos más trascendentes, no hice eco al comentario; resistí la tentación y proseguí con el esquema de la entrevista: –¿Recuerdas una mala experiencia…?
–Cuando atropellaron a mi hermano y estuvo a punto de morir. Le estallaron las vísceras. Afortunadamente la persona que lo atropelló regresó con un remordimiento terrible y tuvo la entereza de levantarlo y llevarlo al Hospital Militar. Ahí lo atendieron y se pudo salvar. Hoy mi hermano tiene una vida completamente normal. Yo tenía diez años y él once. Fue una experiencia terrible, resultado de una imprudencia de nuestra parte.

–Te voy a hacer una pregunta más difícil porque seguramente serás muy explícito y tendré que editar tu respuesta. Por eso es difícil. ¿Estás de acuerdo… Qué piensas de la política?

–Trataré de editarme yo mismo: para mí la política es un arte, una herramienta fundamental para la actuación diaria del ser humano. Para generar bienes públicos no hay otra herramienta más que la utilización de la política y todo lo que gira en torno a ella: la negociación, las diferencias que debemos entender para encontrar posiciones y consensos… Don Manuel Gómez Morín decía que la política es el arte de conjugar lo deseado con lo posible a partir de lo disponible. Está definición ha marcado mi vida porque me di cuenta que uno aspira a algo y sólo puedes lograrlo si partes de la base de lo que tienes. Si no simplemente se construyen utopías que por serlo son irrealizables. Esto va ligado con la aplicación teórica de la práctica donde lo más importante es decir lo que se piensa, hay que hacer lo que dices porque lo pensaste. Entonces surge un elemento que te concatena entre tu pensar, tu decir y tu actuar en una forma y estilo de vida. Por eso yo creo en la política como algo esencial en el desarrollo de las naciones, como algo fundamental en las relaciones personales y en la convivencia de la sociedad. Por supuesto la política es una de las cosas sin las cuales no podría vivir. Aunque por su desprestigio muchos la desprecian, yo me considero afortunado pues descubrí temprano mi vocación y ahora trabajo en lo que más me gusta…

–¿Cómo o por qué entraste al PAN?
–Fue una decisión personal. Ocurrió en 1982 después de conocer al entonces candidato presidencial Pablo Emilio Madero. El escucharlo hablar con aquella entrega de líder y fuerza de palabra, causó en mí un impacto muy fuerte. Fue entonces cuando decidí incursionar en el PAN. Ahí me encontré con Paco Fraile quien, debo reconocerlo, siempre ha sido muy generoso conmigo. Me apoyó desde que en 1986 empecé a trabajar en el PAN. Después me invitó a coordinarle su campaña: era yo candidato de relleno en el distrito de Zacapoaxtla. Entre semana organizaba la campaña de Fraile y sábados y domingos iba al distrito a pegar posters ¿Qué otra cosa podía hacer con dos o tres personas? Era un candidato de testimonio; así les llamábamos en ese entonces. Más tarde Paco me invitó a ser el secretario técnico del Comité Estatal, sin voto pero con voz. En 1986 decidí salir de Puebla. Al año siguiente me incorporé a la campaña de Manuel J. Clouthier. Años después, doce para ser exactos, Paco y yo fuimos diputados al mismo tiempo. Fue cuando empecé a decirle mi pastor...

–¿El Yunque?
–Me parece que sólo es una expresión. Y que por serlo en Acción Nacional no influye para la toma de decisiones. Es como una institución muy particular y pienso que aquel que forme parte de ella, haya pertenecido o quiera pertenecer a ese tipo de movimientos, debe entender que en el PAN las decisiones son institucionales nunca sectarias. Yo que ya soy de los viejos del PAN (risas) llevo por lo menos quince años siendo miembro del Comité Ejecutivo Nacional y te puedo asegurar que las decisiones que se han tomado, nunca han sido por consigna…

–¿Cómo consideras a la mujer?
–Es fundamental ¿Qué te puedo decir yo que vivo rodeado de mujeres? En mi casa todo es femenino. El refrigerador perdió su género y ahora es la nevera en mi casa (risas). Tengo dos hijas, una esposa y una madre a las que adoro y por las que estoy aquí, cerca de ellas. En la política el papel de una mujer debe ser fundamental. No en balde en todas las candidaturas que yo he jugado, he tenido como compañera de fórmula a una mujer. Pero no creo que a la mujer se le deban dar los espacios por el simple hecho de serlo. Creo que deben acreditar capacidad para la política, profesionalismo en la política, entrega para la política. Y por supuesto espíritu y vocación de servicio, de conciliación, de generación de políticas públicas… Creo que la mujer tiene que seguir preparándose para poder ser competitivas; salir de la aldea, conscientes de que existen posiciones dónde aportar sus talentos…

–¿Tu mejor amigo?

–Mi mejor amigo es Gabriel Gil. Mi compadre. Él fue uno de los dos a los que 1987 invité a la campaña de Manuel Clouthier. El otro es Pepe Espina, secretario general del Partido. Los dos son hombres de éxito. Gabriel Gil fue subsecretario de Gobierno en Baja California con Ernesto Rufo, y ahora es subsecretario de Gobierno en Guanajuato. Se casó con una guanajuatense y por eso vive allá; pero siguió en el partido y ha colaborado conmigo por muchos años; lo hizo en la Secretaría de Gobernación. Sin duda es mi mejor amigo, quizá porque no nos vemos tan seguido (risas).

–Ya que mencionas Guanajuato se impone la pregunta: ¿cuál es tu opinión sobre Vicente Fox?
–Yo creo que Fox tiene un lugar en la historia por varias cosas. Primero: encabezó un movimiento político y social que reivindicó la participación del ciudadano y permitió que entrara otro partido al poder. Segundo: creo que es un hombre bueno, lo conocí muy de cerca. Como subsecretario y director general del Gobierno tuve la oportunidad de verlo cado ocho días. Te puedo decir que es un hombre responsable. Tercero: creo que es injusto su linchamiento. Yo conozco el rancho de Fox y no es un exceso ni un lujo, nada más hay que ver los ranchos que tenemos en Puebla. En fin, creo que ha sido injusto el que lo hayan señalado…

–¿Te refieres a Martha Sahagún?

– Pues…

La respuesta, que aunque incompleta y casi silenciosa fue sin duda afirmativa, razón por la que hubo qué hacer la siguiente pregunta:
–¿Y de Martha Sahagún qué opinas?
–La conozco poco. Jamás tuve trato con ella. Se le aprecia como la esposa del ex presidente Fox. Hasta ahí.

–Había que insistir así que pregunté: ¿Y de la pareja presidencial?
–Me parece que son modelitos que le hacen daño a la política. La figura presidencial es unipersonal; no se puede subdividir y mucho menos compartir. Y la esposa de un gobernante es eso, la esposa de un gobernante. Quizá se pervirtió la figura desde hace muchos años cuando la presencia de la consorte del Presidente era de carácter honorario, voluntario para coadyuvar en el desarrollo integral para la familia y los programas asistenciales. No lo sé. Habría que estudiar muy bien esa figura porque ahora resulta que hasta les pagan. Es obvio que hay un conflicto de intereses...

–¿Cómo defines a Felipe Calderón?

–Como un hombre brillante, seco. Un buen presidente.

–Su parquedad en la respuesta obligó a preguntar, digamos que para aclarar: ¿es tu amigo?
–Hemos compartido muchas cosas. Fuimos compañeros diputados siendo muy jóvenes los dos. Ocurrió en la legislatura LV. De los ochenta y cinco que éramos, treinta teníamos menos de 30 años. Entre ellos estábamos Felipe Calderón y un servidor. Después él me invitó junto con Carlos Castillo a ser el secretario general adjunto del Comité Nacional. Te puedo decir que durante muchos años fui a su casa y él venía a la mía; compartíamos comida e inquietudes políticas. Después hubo un distanciamiento político cuando apoyé a Santiago Creel. Sin embargo, creo que la relación personal no se afectó. Hace unos meses en Nuevo Vallarta se encontró a mi esposa y a mis dos hijas: se mostró muy cariñoso con ellas. Cuando vivía en México y mis hijas eran chicas, él nos recomendó el colegio al que las enviamos a estudiar. En fin, hay una muy buena relación. Me parece que es una de las mentes más brillantes que ha tenido el Partido Acción Nacional.

–¿Cuál es tu mejor experiencia en la política?
–¡Ah caray! Es que son varias. La política en el PAN te deja experiencias inolvidables. Pero también te cobra caro, muy caro. Te puedo decir que la experiencia más amarga que he tenido es la muerte de Manuel J. Clouthier. Fue terrible para mí, no lo podía creer. Estuve tan cercano a él y nunca no tuve una fotografía hasta que una muchacha de Reynosa me dijo que ella tenía una fotografía donde yo estaba con Manuel. Se la pedí y me la mandó. Ahora la foto forma parte de mi tesoro personal. Además de la experiencia con el Maquío, que fue una relación donde hubo cariño y amistad y la ilusión de ganar la Presidencia de la República. También está la de Diego Fernández de Ceballos: Diego es el compañero político, el amigo brillante que en su momento representó la esperanza, cuando fue candidato presidencial. Vicente Fox, es otra buena experiencia: como candidato arrolló para hacer realidad lo que durante años había perseguido el PAN: gobernar al país.

–Por ahí en tu vida pública hay un momento en que trastabillaste. Fue cuando te armaron lo que pareció un “cuatro”. ¿Qué pasó, qué sentiste, cuál es tu recuerdo, hay algún resentimiento, cómo lo ves ahora ya que pasó el tiempo?
–Mira fue un momento difícil. Si tú recuerdas en esos días (1997) las encuestas decían que iba yo a ganar el distrito. Y me mandaron decir que lo iba a perder. Entonces en mi lógica y en mi temperamento les respondí que conmigo tendrían problemas; que por supuesto yo iba a ganar y a seguir adelante. Me sugirieron que me retirara de la campaña. Les dije que no lo haría y devolvieron el mensaje. Algo así como: “entonces te atienes a las consecuencias”. Les dije: ¡va! Lo hice porque no me podían acusar de nada, ni de ratero ni de peculado. Fue un golpe mediático que probablemente me costó unos 3 o 5 puntos porcentuales, la diferencia que propició que perdiera esa elección por menos de mil votos.

–¿Y el operador de aquella denuncia que, le recuerdo a los lectores, fue por intento de violación?

–Yo creo que había muchos. Al que obra bien le va bien y al que obra mal le ocurren muchas cosas. Fue muy difícil pero ellos pensaron que me iba a meter debajo de la cama como en las caricaturas. No lo hice. Y en lugar de eso seguí haciendo campaña y tuve grandes satisfacciones. Por supuesto que hubo quien me dio la espalda. Sin embargo, al final del día lo más importante es con lo que te quedas, no con lo que se quedan ellos. Y yo me quedé con una muestra de cordialidad muy grande tanto de las mujeres del partido como de las mujeres de la sociedad. No sé si recuerdas un evento en el Teatro de la Ciudad donde la gente me mostró su apoyo. Claro que fue un momento difícil, pero pude superarlo gracias a que se demostró que era una estratagema electoral. Por ese tipo de acciones también me metí a la política, para cambiar esas formas de actuar…

–¿Tienes el ánimo de cobrarle la afrenta a quien operó en tu contra? ¿Si llegaras a ser gobernador, harías que pagara las consecuencias por haberse metido contigo?
–No. Solitos se pegan contra la pared. El ladrón y el asesino siempre dejan huella. Pienso que quien comete ese tipo de acciones recibe una sopa de su propio chocolate. Los van a entregar aquellos que los ayudaron. Yo soy un hombre sin envidias. Las cosas malas se me olvidan y las cosas buenas las conservo. Por eso soy feliz. No se me da la envidia, ni el resentimiento, ni el rencor. Prefiero ver hacia adelante, confiar en el prójimo y actuar en consecuencia.

–Si se presentara la oportunidad y él te lo pidiera, ¿qué le aconsejarías a Mario Marín?
(Silencio largo). –Es un supuesto en el que no había pensado… Muchas cosas. La primera que eche un vistazo en su interior para descubrir si realmente tiene la vocación de servicio, porque de ahí parte todo el proyecto político, la actuación política y la integración del equipo político. Si es realmente una vocación de servicio por la que está, o si es simplemente está por una revancha social…

La sesión de fotos dio paso libre a la “verdugo” que es la fotógrafa, acciones y respuestas que mostraron al Humberto que aún conserva la curiosidad infantil que, dicen los especialistas, renueva la inteligencia de hombres y mujeres…
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