Raúl Victoria Iragorri Por Alejandro C. Manjarrez

Dicen que cada quien habla como le va en la feria. Pero no siempre resulta cierto este dicho. Una muestra: Raúl Victoria Iragorri, economista especializado en tareas de comunicación y desarrollo socio-económico y, según el Who is Who y la International Biographical Centre, con sedes en Washington y Cambridge respectivamente, galardonado con importantes reconocimientos internacionales. Victoria confiesa que ha trabajado para construir su propia feria donde los únicos que quedan en entredicho son los políticos mexicanos. Esta es, pues, la entrevista de un “profeta” que no lo fue en su propia tierra.


–Raúl Victoria, ¿te sientes como un producto formado en la burocracia poblana? Tus cargos públicos, tus jefes y tu trayectoria me obligan a suponerlo.

–Sí, en efecto, ocupé varias posiciones dentro del gobierno, desde un modesto cargo hasta la titularidad de la Secretaría de Economía. Pero también fui Contador Mayor de Hacienda en el Congreso del Estado de Puebla y Director general del Sistema de Comunicación del gobierno poblano.
–¿Y eso te enorgullece?
–Claro que sí, pero también me avergüenza y me da coraje. Me da satisfacción porque como piedra de río me pulieron las aguas turbias y las cristalinas y los remansos y las corrientes broncas y fui, aunque parezca alabanza en boca propia, una garza que cruzó el pantano y no se ensució las patas. La vergüenza y el coraje que me agobian, al igual que a muchísimos mexicanos, es que no sólo sigue existiendo corrupción, sino que al igual que antaño muchos de los servidores públicos (ponle comillas a servidores públicos, por favor) les vale madre (perdón) la sociedad, el país, el estado, el municipio. Su objetivo es medrar para hacerse ricos; millonarios sería la palabra adecuada.

Victoria Iragorri entró en calor desde el principio. Una mesera cortó la entrevista, momento que Raúl aprovechó para buscar en su libro "Confieso que es simple" alguna de sus frases u opiniones afortunadas o alguno de sus pronósticos políticos acertados. No quise entrar en ese tema y le lancé la siguiente pregunta:

–¿Te sientes triste por no poder intervenir en la toma de decisiones trascendentes, si es que las hay?
–No porque no soy quien. Tengo mucho trabajo y me he propuesto nunca volver a la administración pública donde se ha agudizado la discriminación por edad. Cualquiera con más de cincuenta años sufre el menosprecio de los jóvenes burócratas que se acaban de quitar el pañal universitario y quieren comerse al mundo. Pero la madurez me permite entender que todos hemos pasado por esa etapa que, como dijo un pensador, es la única enfermedad que se quita con los años. No Alejandro, mi tristeza es por otras cosas.

–¿Asuntos personales?
–En última instancia todo repercute en el ánimo. Pero lo que me tiene verdaderamente triste (debería decir encabronado) es que las voces calificadas de México se pierdan entre el estercolero en que se ha convertido la política nacional…

–¿Tú te sientes una de esas voces?
–No, para nada. Me refiero a los intelectuales del país como, por ejemplo, Monsiváis (qepd), Fuentes, Ángeles Mastretta (que por cierto es poblana), Dehesa (qepd), Pitol, Volpi y muchos más cuya visión política y de Estado podría corregir la plana a cualquier gobernante e incluso orientar a los personajes preciosos. Ahí está ese pensamiento brillante pero desperdiciado por la incuria, el valemadrismo de los hombres en el poder. Da tristeza y al mismo tiempo mucho coraje, insisto.

–Según veo, compartes con muchos mexicanos esa tristeza que, como tú dices, se transforma en encabronamiento. Pero dijiste "preciosos", ¿acaso te referías a políticos como el ex gobernador de Puebla?
­–A ellos precisamente. Mira te la pongo fácil: si tú les preguntas el por qué buscaron llegar al poder te contestarán con un rollo mareador. Pero si antes de hacerles la pregunta les pudieras aplicar el suero de la verdad, entonces serían sinceros…

–¿Según tú, qué dirían?
–Pues que buscaron llegar a los cargos públicos importantes para, en primer lugar, hacer mucho dinero y después gozar y esparcir entre sus socios, cómplices y familiares el enervante perfume del poder, como alguna vez tú lo escribiste.

–Querrás decir la corrupción…

–Pues sí, ésa es la palabra correcta. Basta ver cómo vivían antes y de qué forma viven ahora. Unos tienen casas en las Brisas de Acapulco o en Miami, por ejemplo, cuando antes de llegar al gobierno vivían con modestia…

–¿No les concedes el beneficio de la duda? Pudieron haberse sacado el Melate…
La carcajada de Raúl Victoria hizo voltear a los parroquianos del café donde se llevó a cabo la entrevista. Ya medio apenado por la reacción de los vecinos ocasionales, me cuestionó si no iba a preguntarle sobre su especialidad, que es el marketing político.

–Ni modo –le dije–, tendré que preguntarte cuál de todas las campañas te parece que cumple.
–Ninguna. Y si me permites te explico…

–Adelante, es tu turno.
–Yo creo, Alejandro, que es el turno de todos los mexicanos que, te lo aseguro, están hasta la coronilla de tanta mentira, de tantos intentos de manipulación y de los descarados derroches de recursos que tanto agreden al pueblo. Ninguno de los candidatos y sus denominados estrategas utilizan el sentido común, que es el lenguaje mágico para ponerse en sintonía con millones de personas. Todos escarban en la inmundicia, en la llamada propaganda negra. Y eso produce el rechazo de los electores que, insisto, están hartos de ver y oler los trapos sucios…

–¿Así es la política, o no?
–Sí, en gran medida; sin embargo, también es una actividad que te pone en bandeja de plata, la extraordinaria oportunidad para servir a la sociedad, algo que parecen no entender los especialistas que manejan la propaganda de los candidatos. Y que conste que no estoy descubriendo el hilo negro. En el libro que te mostré, que insisto fue escrito hace un poco más de 8 años, apunté lo que podría pasar y pasó. Además y para infortunio de los mexicanos, siguen pasando lo cual ha convertido a mi libro en una obra digamos que profética, sin que ésa haya sido ni remotamente mi intención. Lo hice con el propósito de alertar, esto es, de hacer una llamada de atención a la sociedad y a los políticos y, además, con el propósito de involucrar a todos en la necesidad de adoptar la ética como línea de conducta. En pocas palabras demostrar que la combinación ética y razón es tan simple como difícil de cristalizar en las campañas electorales. Sin embargo, ello sigue siendo el camino idóneo para tener resultados exitosos y, sobre todo, transcendentes.

–¿Ya te animaste a dar ejemplos?
–Aunque hay muchos sólo te comentaré lo más representativo: "Quizá la parte más destacada del porqué mi libro ha sido profético (tengo 25 años de experiencias en el mundo del poder en México, más los 8 que han transcurrido desde que fue editado en el 2003), es el hecho de que todos los pasajes que ahí se relatan en diferentes tiempos, se han repetido invariablemente en la política mexicana, a la manera de una película que los mexicanos ya estamos hartos de ver. La ausencia del sentido común y en un plano extenso, del sentido de la razón, sigue siendo la constante. Basta ver los espectáculos grotescos que en el día a día nos ofrecen los llamados representantes populares de la Cámara de Diputados, por ejemplo.

"Otro de los aspectos también relevantes es el hecho es que visualicé hace alrededor de 25 años –cosa que finalmente se convirtió también en profecía–, la inminente caída del PRI en la elecciones del 2000. Se lo dije a sus dirigentes, eh. Y además les demostré que la ineficacia de la campaña de Labastida fue uno de los muchos errores estratégicos; se sorprendieron cuando les dije y no creyeron que a pesar de que la panista era una campaña totalmente artificial, Vicente Fox acabaría ganando.

"Abundo sobre el caso Fox: escribí que de no cambiar éste las actitudes que lastimosamente había mostrado durante su campaña, su gobierno acabaría echando por la borda las grandes expectativas que su gobierno despertó en muchos mexicanos. Ocurrió y Fox nunca utilizó su sentido común para gobernar; es más, dudo que antes, durante y después lo haya utilizado. Si dudan tus lectores, ahí están sus recientes declaraciones respecto a ofrecerle una ¡amnistía a los narcotraficantes! Sólo en una cabeza hueca cabe semejante tontería…

"Aunque el personaje de López Obrador todavía no aparecía cuando escribí mi libro, hace cosa de unos 10 años dije que de no cambiar las cosas había una altísima probabilidad de que llegara a Los Pinos un gobierno populista y demagógico. Y mira amigo lo que son las cosas: estuvimos a 250 000 votos de que se cumpliera el pronóstico.

"Porque aún existe la probabilidad de que Andrés Manuel pueda ser el nuevo Presidente de este país, cabe preguntar a los millones de mexicanos que utilizan activamente su sentido de la razón, si estarían dispuestos a votar por alguien a quien ahora metafóricamente denominaría como el Lobo Feroz disfrazado de amorosa abuelita, personaje que sin duda tendría un traje a la medida en las sabias palabras que Sócrates pronunció hace cerca de 2 500 años: "Un ignorante con retórica hablando ante una multitud de ignorantes, es más poderoso que el mayor de los sabios hablando ante esos mismos individuos."

–Ya que tocas el tema, ¿de la próxima elección qué es lo que podrías advertir?
–Yo no hablaría de los candidatos o más bien precandidatos que están en la palestra, porque francamente no me interesa hacer el papel de politólogo. Tampoco lo haría por lo que toca a los llamados estrategas en marketing político. Si a final de cuentas siguen sin entender lo que anhela la gente, pues ése es su boleto. Depende de los ciudadanos y en particular a los millones de mexicanos que anhelan un cambio que sea a su vez viable y auténticamente transformador. En mi concepto, la forma más idónea de lograrlo es a través de un líder que verdaderamente aplique en todas y cada una de sus decisiones su sentido común y además que tenga un genuino e incondicional deseo de servir a sus mandantes, o sea a nosotros. Confieso que es… simple, retomando el título de mi libro.

Para concluir esta entrevista le pedí a Raúl Victoria que en pocas palabras resumiera su propuesta. Esto dijo:
–Te la resumo en unas cuantas frases: utilización activa y sistemática del lenguaje del sentido común; creación de una masa crítica de individuos pensantes; formación de líderes racionales con deseo de servir; desarrollo de toda una cultura de la racionalidad; una mercadotecnia política eficaz y con sentido de responsabilidad social; una Comunicación holística y racional dirigida a fortalecer la gestión de un gobierno, del tamaño que sea; y una mayor y constructiva interacción entre gobierno y sociedad.

–¿Algo que quieras agregar?

–"Y aunque pueda sonar a comercial, diré que quienes deseen abundar en el conocimiento del concepto intelectual que he desarrollado a lo largo de casi 34 años de mi vida: los invito a visitar mi página: www.tecnologiassociopoliticas.com.mx

–¡Eso es un gol! –protesté para enseguida preguntar–: ¿Te consideras profético?
–No, ni pretendo que así se me juzgue. En todo caso ahí está mi trabajo para que lo califique quién quiera hacerlo. Lo que sí señalo categóricamente, es que me sentiría satisfecho si mi aportación coadyuva a construir un país verdaderamente distinto y ejemplar para las actuales y futuras generaciones…

Raúl Victoria vive en Chiapas. Y sigue en pie de lucha contra la estulticia valiéndose de sus mensajes escritos, inclusive, en las calles donde, además de la contagiosa alegría de sus habitantes, se percibe el aroma de la cultura decorada con los listones que definen el legado de nuestra historia: colorido, esperanza, decepción y tristeza.

acmanjarrez@homail.com
Twitter: @replicaalex




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