Betsabeé Romero Por Miguel Ángel C. Manjarrez Álvarez
Es una artista mexicana. Sencilla. Amante de nuestra cultura y tradiciones. Innova. Crea. Extrae de su alma los íconos de su juventud. Ha logrado recuperar aquellos elementos que a las nuevas generaciones les ayuda a entender al México urbano, al país que grita, que a veces soslaya su condición; a la nación que conforma la mayoría del alma nacional.

He aquí las razones de la presencia cultural de Betsabée.

En cinco palabras, ¿cómo te defines?
–Amiga, mujer, artista, mamá y ganas de vivir.

–¿Tu mayor virtud?
–La observación

–¿Tu mayor defecto?
–La distracción

–¿Cómo y cuándo empieza tu carrera?
–Empecé con comunicación y después el arte siempre estuvo cerca de mí desde niña. Creo que la literatura fue la primera que me dio la pista de que era la manera más interesante de entender la historia. Sentía muy difícil entrar a los medios masivos y hacer algo alternativo ahí adentro.
No podía hacer un proyecto alternativo con México y la desventaja es que ésta era una decisión enteramente solitaria, personal. La ventaja: la libertad como tema.

–¿Qué momento le ha dado mayor satisfacción en lo profesional?
–El ayate car en Tijuana. La primera vez que hice una pieza pública, la comunidad donde la hice la aceptó, la cuidó. Esa posibilidad mágica de que una pieza pueda estar en la calle.

–¿Y en lo personal el momento que te ha dado mayor satisfacción?
–El nacimiento de mi hija.

–¿Cómo empieza una obra de Betsabée?
–Pensando, estudiando, investigando, buscando en mis archivos de imágenes, de libros, soñando.

–¿Y qué sueñas?
–En imágenes. Ligando, tejiendo cosas que he visto  en diferentes lugares, que he leído, sentido, entendido, que me dan curiosidad. Yo creo que esa es la ventaja en el arte en relación a otras reformas de conocimiento como la ciencia que únicamente tiene el método científico. El arte puede echar mano de todo las leyendas, los mitos las religiones, los científicos, de lo íntimo, personal, colectivo. Una actividad total, uno hace las cosas con lo que quiere, pero también con lo que uno no quiere.

–¿A dónde te gustaría llegar?
–A ser humana. El humanismo es lo que más me interesa.

–¿Qué significado tiene en tu vida el “Vocho”?
–Es un ícono de la Ciudad de México que yo he vivido. Para mi hija o para los niños del futuro ya no va a existir, pues están en peligro de extinción. Pero  desde que yo era niña era el auto en el que uno aprendía a manejar, el de los servicios de seguros, los de seguridad de la UNAM, los  mini taxis, el primer carro en donde la mamá aprendía a ir al súper, el primer carro cuando uno iba a la universidad. Era como la iniciación al vehículo en todos los sentidos. Siento que es importante no sólo por eso, sino que para mí da muestra de cómo un objeto es apropiado  por una cultura, un contexto, puedes tener una historia más importante que su origen. Aunque el VW es alemán y surge en un momento muy específico de la historia de Alemania,  el “Volks Wagen” o “el auto para toda la gente”,  fue el auto para la gente en México o en Brasil y tal vez la historia más larga del vocho está en el D.F. y no en Berlín.

–¿Qué es lo que más te ha impactado cuando montas una instalación en espacios abiertos?
–Todo lo que le agrega el contexto. Por un lado es la sorpresa de convertir un dibujo en algo tridimensional, en algo que existe en el mundo. En segundo lugar, que se convierte en algo vivo, que tiene una relación y una vida propia con quien lo ve, pero lo más importante es todos los elementos que le agrega el contexto.

–Cuando estábamos en la demostración nos hablaste de un autobús que era la única área verde en Chimalhuacán. Cuéntanos:
–Cuando empezamos a plantar las flores que llevaba el autobús yo pensaba en el significado de la escuela como el único vehículo que florece. Y yo pensaba que lo más importante era que los niños entendieran que era la única manera de salirse de allí. Subirse al camioncito de la educación. No sé si lo llegaron a entender, pero lo que sí era evidente es que era la única área verde para 700,000 habitantes. Un camión floreciendo entre basura.

–¿A quién admiras?
–A mucha gente. En especial a los poetas. Para mí lo poético es el nivel de simbolización más sublime, más profundo; pienso que la música, las artes plásticas, la literatura, todo puede llegar a ser poético. No es necesariamente poeta el que escribe palabras hermosas. La poesía es algo congruente, profundo.

–¿Qué  consejo darías a los nuevos instaladores?
–Que voltearan  a ver lo cotidiano, las instalaciones que la cotidianidad, en una cultura como esta, nos brinda. Por ejemplo, ahorita que voy a hacer un altar, en sí los altares son una instalación de la que hay mucho que aprender. Los jóvenes pueden aprender mucho de lo efímero, de lo generoso, en la capacidad de creer en el significado de las cosas, en el significado de algo. Un florero no representa lo mismo en una mesa que en una ofrenda. Yo creo que hay muchos pueblos que lo han olvidado o que nunca lo aprendieron.  Pero tenemos la fortuna de estar en un lugar donde estas cosas están vivas.

–¿Cómo ves la cultura en México?
–Siento que un país con muchísima riqueza histórica, cultural, de recursos inagotables impresionantes. Pienso que hay una carencia importante de educación enfocada a la cultura, de políticas culturales claras, pero aún así necesitamos de una mayor infraestructura para su desarrollo.

–¿Qué lugar te gusta además de México y por qué?
–En todos los países en que  trabajé me  he encariñado de muchas maneras. Pero sin duda es París, donde viví tres años, la ciudad con muchas ligas afectivas y culturales. También me han impactado y conmovido Río de Janeiro, Colombia, Guatemala, Australia.

–Qué le dirías a:
Los políticos: que olvidaran la palabra poder
A las mujeres golpeadas: que se alejen de los golpeadores
A los jóvenes de México: que sean curiosos
A los nuevos artistas: que trabajen mucho
A los corruptos: que se vayan
A los visitantes de tu exposición: que me dejen platicar con ellos a través de mi obra
Al Presidente de México: que ponga sus sueños en la tierra
A Conaculta: que hay mucho que hacer

Betsabée concluyó la entrevista con el siguiente “recadito” para sus anfitriones:Puebla es un estado maravilloso en cuanto a historia, arquitectura. Tiene todo para ser un gran ejemplo para todos los estados de la República Mexicana.”




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