Los Constituyentes de la Carta Magna del 5 de febrero de 1917 Por Manola Álvarez Sepúlveda
Los diputados al Congreso Constituyente de 1917, convocados en Querétaro, por Venustiano Carranza, para en principio realizar reformas a la Carta Magna de 1857, pensaron que en lugar de legislar conforme a las reglas de determinada escuela jurídica, deberían sujetarse a las muy especiales condiciones  de la población que representaban. Optaron por una forma de tipo socialista en la que primero que cualquier otra idea, se tomara en cuenta el beneficio social, y a fin de lograr el mayor provecho para la comunidad se restringieron en la Constitución, hasta donde fue preciso, los derechos individuales de propiedad, culto público religioso, de enseñanza, etcétera.

De esta forma la Constitución de México se adelantó a todas las del mundo fue la primera que legalizó esos derechos sociales y sin dejar de considerar prioritariamente las garantías individuales que la Revolución francesa conquistó para el mundo; estableció un nuevo derecho constitucional fundándose en el principio de que por encima de las prerrogativas del individuo, la ley debe garantizar las de la sociedad.

El diputado constituyente, general José Álvarez y Álvarez de la Cadena en su libro Justicia Social, Anhelo de México, nos participa sus conceptos críticos al decir:
Al conocer la primera Constitución, socialista del mundo, algunos liberales del siglo XX  se confundieron por sus prejuicios técnico- jurídicos. Sin embargo, y como una respuesta a las mentes oscurantistas, muchos de los artículos de nuestra máxima Ley han sido copiados por juristas de diversas naciones de la Tierra. La Constitución que ellos llamaron “almodrote” porque no fue hecha de acuerdo con los dictados de la vieja escuela jurídica, superó con creces la estrechez de su cerebro, donde encontró abrigo el pedrusco que se incrustó como consecuencia de la fidelidad inconmovible que profesaban al dogmatismo de su tiempo.

Cuando nuestra obra fue promulgada, cuando los sabios juristas de gabinete se calaron las gafas y leyeron con burlona sonrisa los artículos de la Ley Suprema, que más parecen gritos de angustia de un pueblo que se muere de hambre, ahogado por la miseria y por el fanatismo, que artículos constitucionales apegados a los cánones jurídicos, lanzaron con despectiva suficiencia y por todo comentario la palabra ALMODROTE.

Considera el diputado constituyente José Álvarez que en México y en el extranjero las medidas restrictivas de la intromisión en los asuntos políticos impuestas a las confesiones religiosas por la Constitución fueron las más incomprendidas y por lo tanto las más criticadas. El mandato de la ley Suprema dejaba en libertad absoluta a  todos los mexicanos para profesar la religión que desearan. Sin embargo restringía el derecho individual de expresar esa creencia en actos de culto público, entendiendo por este el que se practica fuera de los templos. Esto debido a que la experiencia señala que este tipo de manifestaciones religiosas han originado con dolorosa frecuencia, motines, desórdenes, saqueos, incendios y asesinatos actos contrarios a la conveniencia social, que según la Constitución está por encima de los derechos individuales. Estos conceptos fueron modificados en 1992 por el presidente Carlos Salinas de Gortari.

Las ideologías del Congreso Constituyente
En el mencionado libro, Justicia Social, Anhelo de México se señala que los enemigos de la Revolución trataron de hacer creer que la Asamblea Constituyente estuvo formada por dos grupos: el más numeroso seleccionado por los gobernadores y jefes militares de los estados en que dominaba el carrancismo. Y otro formado por jóvenes entusiastas revolucionarios de ideas, pero de escasa o ninguna cultura dominados a su vez por un reducido número de intelectuales designados por Carranza para elaborar desde Veracruz, en los días de su estancia en el edificio de faros un proyecto de reformas a la Constitución de 1857, que fue llevado a Querétaro para que en 8 semanas como máximo se firmara entre discursos de elogio a la Revolución y a su caudillo y se diera a conocer como su grande y luminosa concepción.

Señala que el Constituyente estuvo integrado por aquellos que resultaron electos en sus respectivos distritos, bajo la indudable influencia que en el pueblo ejerció el triunfo de la Revolución Constitucionalista. Que  en realidad no existieron grupos organizados en ese Congreso, pues no se contó con una directiva que normara la inscripción de miembros, reglamento de acción, compromiso de votación, y que el único grupo que manifestó alguna cohesión y demostró sujeción absoluta a una tendencia determinada fue el que Luis Manuel Rojas calificó como “el de los que tenían el propósito de sostener el proyecto del primer jefe tal como fue presentado”.

En el concepto del constituyente Álvarez se formaron tres grupos con los 218 diputados constituyentes de 1917. El primero el más numeroso y el más rebelde a cualquier intento de organización efectiva dentro de sus labores parlamentarias, fue el “revolucionario socialista o jacobino obregonista” o “de los que pretendieron la reforma social”, según Luis Manuel Rojas e Hilario Medina respectivamente.

El segundo grupo estuvo formado por los incondicionales del proyecto Carranza, que de acuerdo con Rojas representaron los principios conquistados por Estados Unidos de América y por Inglaterra. Los que reclamaron los antecedentes de la Constitución de 1857. Los adictos personales del primer jefe que no quisieron discrepar absolutamente de sus ideas Y aquellos a quienes Hilario Medina calificó como el grupo que quería la reforma política y democrática
El tercer grupo, también muy importante fue aquel de los que no pertenecían a alguno de los anteriores; eran los independientes, diríamos ahora los indecisos, cuya votación a favor de uno u otro bando se inclina según su conveniencia.

El constituyente michoacano manifiesta su emoción al recordar las reuniones en Querétaro:

Al hacer hoy la síntesis histórica del Congreso Constituyente de 1917, se alborota el polvoso rincón de nuestros viejos recuerdos. Nos parece ser llamados de nuevo a aquella ciudad limpia y risueña que fue tumba de un imperio y cuna de los ideales nuevos convertidos en leyes. En el hoy derruido Teatro de la República, pretendemos reconstruir aquel ambiente de años atrás, con la bulliciosa  reunión de los constituyentes en su constante trabajo de enjambre rumoroso y nos parece volver a ver  al grupo respetable de inteligentes, cultos y ponderados compañeros a quienes la inquietud picante de la entonces juventud revolucionaria apodó ‘El Apostolado’ y los que duchos en las leyes parlamentarias, veían con piadosa sonrisa a los entonces inexpertos jacobinos que con su indisciplina y sus divisiones se dejaban ganar las elecciones a pesar de contar con el doble de adeptos.

¡Qué anhelo tan grande de trabajo hubo durante la gestión de nuestra Carta Política! Jamás se suspendía alguna sesión por falta de quórum, había dos diarias y ocasionalmente hasta tres en el mismo día.


Había además fuera de Cámara la reunión de las comisiones encargadas de formar los proyectos de las disposiciones que no venían en el texto original, que también fueron de trascendencia, por tratarse de capítulos hoy conocidos como Ley del Trabajo y Ley Agraria.

¡Qué ausencia total de interés monetario egoísta en aquel ambiente! Felices con nuestras dietas de diez pesos diarios en relucientes monedas de oro nacional, vivimos humilde pero decorosamente, sin pensar en los ‘riesgos parlamentarios’, ni en las gratificaciones de fin de labores.

¡Qué noble y que grande vemos ahora la majestuosa figura del señor Carranza!

Respetó con dignidad la libertad de las deliberaciones de los diputados constituyentes; fue como un faro luminoso que se levantó enhiesto para protestar democráticamente el cumplimiento de la Constitución, a pesar de que su proyecto original había sido reformado tan profunda y radicalmente.

En aquel entonces, después de su protesta para respetar la nueva Constitución, dijo a un grupo de diputados constituyentes socialistas

El proyecto que yo les presenté, tenía necesariamente que ser moderado, tanto por corresponder a mi personal carácter de encargado del Poder Ejecutivo de la Nación cuanto para evitar que se dijera que ustedes habían venido a firmar y a aplaudir ideas que no era suyas. Las adiciones al Plan de Guadalupe, mi discurso de Hermosillo y muchos de mis bien conocidos antecedentes, deben recordarles que soy tan radical y tan revolucionario como ustedes; pero así podrá verse que dentro del marco moderado que yo presenté como Proyecto de Constitución, fue la Revolución misma, representada por todos ustedes, la que convirtió en leyes los anhelos del pueblo mexicano. Las reformas implantadas por ustedes van a afectar grandes intereses creados, tanto en nuestro país como en el extranjero y en estos momentos en que el problema militar es todavía serio, pueden constituir una bandera para los rebeldes. De todas maneras yo cumpliré y haré cumplir esta Constitución, aún a costa de mi vida.

Perfiles de constituyentes
Según los recuerdos de José Álvarez,  junto a la ponderada ecuanimidad del licenciado Enrique Colunga, brillaron por su agresividad inteligente e incansable, el poblano Froylan C. Manjarrez, Rafael Martínez de Escobar y Luis Espinoza. También destacó la personalidad llena de simpatía del francote norteño Manuel Amaya que les daba trato de chicos de escuela; la ponderada seriedad de Ramón Ross, Flavio A. Bórquez y Carlos M. Esquerro, jacobinos inquebrantables a pesar de sus años.

El doctor Lorenzo Sepúlveda y don Nicéforo Zambrano que lucían sus barbas respetables que dieron nombre al “Apostolado”. Todos ellos con su trayectoria inmaculada de entrega al servicio de sus ideales supieron cumplir hasta la muerte.

Entre los incondicionales del proyecto del señor Carranza o liberales clásicos figuraron en forma prominente: Luis Manuel Rojas - uno de los líderes- Félix F. Palavicini, José Natividad Macías, Alfonso Cravioto, Marcelino Dávalos, Manuel Amaya, Nicéforo Zambrano, Fernando R. Lizardi, Lorenzo Sepúlveda, Enrique OFarril, Ramón Frausto, Carlos Duplan,  José J. Reynoso, Gersayn Ugarte, Manuel Zepeda Medrano, Federico Ibarra, los generales Cándido Aguilar y Antonio P. Navarrete y algunos más que en total formaron un bloque de casi 60 diputados.

Del grupo socialista, al que Luis Manuel Rojas apodó “jacobinos obregonistas”, que pugnaron por reformar el proyecto Carranza para introducir las reformas que establecieron los derechos sociales, destacaron los siguientes: licenciados Hilario Medina, Andrés  Magallón, Rafael Martínez de Escobar, Luis Espinoza, José María Truchuelo, Alberto M. González, Ignacio Ramos Praslow, el poblano Antonio de la Barrera, Francisco Ramírez Villarreal, Ismael Pintado Sánchez y el poblano Porfirio del Castillo; los doctores Jesús López Lira, Amadeo Batancourt, Cayetano Andrade, Manuel Martínez Solórzano, J. Pilar  Ruiz, Miguel Alonso Romero y Fidel Guillen, los profesores  Jesús Romero Flores y Luis G. Monzón; el periodista poblano Froylan C. Manjarrez,; los señores Antonio Ancona Albertos, Juan de Dios Robledo,, Román Rosas y Reyes , Uriel Avilés,  Carlos M. Esquerro, Flavio A Borquez, Ramón Ross, Juan de Dios Bojórquez; el ingeniero poblano Pastor Rouaix y Rafael Martínez, y los señores generales Francisco J. Mújica, Esteban Baca Calderón, Amado Aguirre, Heriberto Jara, Juan Aguirre Escobar, Reynaldo Garza, Martín Castrejón, Gabriel R.  Cervera, Ignacio L. Pesqueira y el mismo José Álvarez, con otros más que conformaron en un número de cien aproximadamente, el grupo de constituyentes socialistas.

Los independientes cuyos componentes votaban indistintamente con los jacobinos o con los clásicos, eran solo unos 20 diputados entre los cuales destacaron por su interesante labor de estudio y de orientación los señores licenciados Paulino Machorro Narvaéz, Enrique A. Enríquez, el poblano, David Pastrana Jaimes, Eliseo L. Céspedes, Enrique Colunga, José Silva Herrera, Crisóforo Rivera Cabrera, Rafael Martínez Mendoza; el doctor poblano, Gilberto de la Fuente; general Salvador González Torres y don Amador Lozano.

Álvarez escribe en su libro mencionado:

El tiempo que nos permitió estrechar la amistad e identificarnos aún más por el común objetivo patriótico, formó entre los supervivientes una verdadera hermandad. Todos coincidimos en que la Constitución de  1917 es una obra de conjunto y que en ella tanto valor tiene la labor inteligente, tesonera y patriótica del grupo que colaboró con el primer jefe en la formación del Proyecto de Reformas a la Carta Magna de 1857, como valiosos fueron el entusiasmo, la decisión y visión política de quienes logramos imponer las radicales reformas que reconocieron jurídicamente los derechos sociales, las conquistas obreras y campesinas, y restringieron por ley suprema las injerencia de las iglesias en la vida política del país: artículos 3º., 27, 123,y 130.

Podríamos decir temerariamente que en la Constitución de 1917 se concentraron los ideales de la humanidad, cuya historia resalta, guerras, rebeliones, tormentos, derramamientos de sangre inocente y luchas en pos de la justicia social. Son precursores de los derechos del pueblo, Espartaco ‘guía de los oprimidos, libertador de los miserables’ que soñó fundar el ‘Estado del Sol’; las chusmas gloriosas de la Revolución  Francesa y otros tantos que forman esa legión de visionarios del anhelo de la humanidad.

Al concluir la Asamblea Constituyen en enero de 1917, mi padre, José Álvarez y Álvarez de la Cadena, solicitó a sus compañeros que en una libretita pusieran su fotografía y algún pensamiento que les inspirara el trascendente acontecimiento en el que habían participado. Un gran número de ellos lo hizo y esos documentos, ahora amarillos por el paso de los cien años que van a cumplir, fueron conservados primero por él y posteriormente por la familia, como un gran tesoro, por ser expresiones auténticas del pensamiento de quienes redactaron nuestra gran Carta Magna, ejemplo en el mundo, por ser la primera en garantizar los derechos sociales. Los conceptos plasmados en ella fueron modificados posteriormente por quienes no compartían los mismos ideales  patrióticos de quienes habían formado parte de la Revolución Social Mexicana e interpretaron los anhelos de justicia social del pueblo de México. Sus conceptos sobre la trascendencia de nuestra Carta Magna fueron plasmados en la última página del libro que hemos seguido. Helos aquí:

Hemos querido ver en la expedición de las constituciones nuevas de México —una de las cuales ha llevado a los hogares patrios algo más de luz y de esperanza para su pobre economía— una ceremonia parecida a la del fuego nuevo de los tiempos idos.

Del corazón mismo de nuestro pueblo ha nacido el anhelo de una vida mejor. Sus necesidades ingentes, sus angustiosas solicitudes de más luz para sus mentes y mejor alimento para sus hijos, prendieron en las teas que portaban los constituyentes de 1917 que vinieron de todos los rumbos del país, para formar con todas esas teas unidas, la luminaria que alimentara las ansias de luz y de calor de nuestro pueblo.

De esta hoguera, encendida en el Cerro de las Campanas, por la majestuosa figura del Varón de Cuatro Ciénegas, gran sacerdote de la Revolución Social de México, nació la Constitución triunfante hoy, en el mismo lugar en que murió para siempre el empeño conservador de darnos gobernantes extranjeros.

Quiera la juventud de mi patria guardar siempre ese fuego recordando que defender la Constitución es salvar a la patria y que destruir el poder político de las iglesias es el único camino para que algún  día pueda haber en México verdadera democracia.


Los diputados que representaron al estado de Puebla en la Asamblea Constituyente fueron:

Pastor Rouaix, por Tehuacán; José Rivera por Acatlán; Luis T Navarro por Tecamachalco;  Porfirio del Castillo por Chalchicomula; Federico Dinorín por Teziutlan; Gabino Bandera y Mata por Zacapoaxtla; Alfonso Cabrera Lobato por Zacatlán, José Verastegui por Huauchinango; Froylan C. Manjarrrez por Atlixco; Salvador R. Guzmán por Puebla; Gabriel Rojano Palacios por Huejotzingo; Daniel Pastrana Jaimes por Cholula; Antonio de la Barrera por Izúcar de Matamoros; Gilberto de la Fuente por Huauchinango; Lauro López Guerra por Tlatlauqui; Epigmenio A. Martínez; Rafael Cañete, Miguel Rosales, Leopoldo Vázquez Mellado y Donato Bravo Izquierdo, poblano que represento a Chalco, estado de México.



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