Adolescentes de 30s, 40s y 50s años Por Esther Guadarrama Benavides

 “Los 40 son los nuevos 20” es la traducción literal de la frase: 40 is the new 20,  que “nació” en los Estados Unidos y significa que una persona de 40 años de edad, hoy día es el equivalente de una de 20. En muchos casos esto `puede ser verdadero. Actualmente,  afortunadamente hemos tomado conciencia de la importancia de mantenerse en buena forma física y cuidar la salud, además de adoptar nuevas y más amplias formas de pensar; una mujer que pasa de los 40 puede estar en tan buenas (o mejores) condiciones, que una a quien le dobla la edad. Es por eso que figuras como Madonna, Demi Moore, Meryl Streep y Sophia Loren siguen sorprendiéndonos por su belleza y vitalidad.

Si la tendencia se quedara ahí, todo estaría bien. El problema es que con el  afán de preservar la juventud a cualquier precio, muchas personas han tirado la madurez por la ventana. En otras palabras. La epidemia de “infantilitis” ha invadido a un gran sector de la sociedad, caracterizada por la actitud irresponsable, inmadura y aniñada de tantos adultos.



La era de Peter Pan
Hay  que mirar la cultura actual para comprobar cómo celebra y fomenta el infantilismo. En su mayor parte el cine, la música, la literatura y la moda son dirigidos a l@s jóvenes. Si miras las carteleras,  la mayoría de las películas son creadas para adolescentes. Esto nos lleva a creer que la juventud es el estado más valioso: el que debemos preservar a toda costa. Cada día es más importante vernos jóvenes, pero sobre todo, comportarnos como si lo fuéramos. Las inyecciones de Botox para borrar las arrugas y la cirugía estética son sólo la manifestación física de un estado mental.

¿Cuándo inició?
Muchos analistas sociales atribuyen esta tendencia a un momento clave en la historia moderna. Ocurrió a finales de  1960 y a principios de los 70, cuando los jóvenes comenzaron a rebelarse contra la autoridad y el estilo de vida de sus padres. Lejos de ser una etapa más en su vida, esto se convirtió en una actitud, que fue pasándose de generación en generación: negarse a crecer.

Todo el mundo, aún las personas con hij@s y otras responsabilidades de adulto, optaron por seguir considerándose jóvenes a los 40 y 50 años de edad. El problema se recrudece cuando la necesidad de los padres de seguir sintiéndose jóvenes suplanta el papel de figura de autoridad, que ofrece orientación y transmite conocimientos. El resultado: una sociedad repleta de adultos que, como Peter Pan, decidieron no crecer.

El eterno adolescente…

  • Cree que el amor es una necesidad y exige afecto. Al mismo tiempo le cuesta trabajo demostrarlo.
  • No tiene la capacidad de tolerar la frustración. Lo quiere todo ¡ya! Se muestra celoso, criticón, miedoso al cambio y suele tener grandes altibajos emocionales.
  • Busca a quién culpar por todo lo que ocurre en su vida. Evita enfrentarse a la realidad y a las relaciones que exigen madurez y compromiso.
  • Quiere recibir, nunca dar. Más bien está en la dinámica de imponer o arrebatar.
  • No aprende de sus experiencias. Piensa que las buenas o las malas que ha tenido son producto de la suerte o el destino.
  • No sabe manejar el estrés; se vuelve ansioso o pesimista.
  • En sus relaciones se vuelve dependiente, indeciso; o por el contrario, toma decisiones alocadas.
  • Es hipersensible a la crítica, pero insensible a los sentimientos ajenos.

Son l@S protagonistas de historias como éstas: “mi novio no está preparado para casarse, aún no ha madurado lo suficiente” El novio de 37 años. (vale aclarar que su inmadurez no le ha impedido tener hijos con otras mujeres). O escuchar a una mujer que se autonombra “chava” con 35 años y se considera “demasiado joven para ser mamá” o cuando escuchas a adultos de verdad que no encuentran pareja, porque sus contemporáneos sólo quieren flirtear como si estuvieran en los 20s.

“Chav@s” de más de 30 que siguen siendo mantenid@s por sus padres porque están estudiando la maestría… el doctorado… y no terminan de independizarse, no sólo en la parte económica, sino también en la emocional.

El  adulto:

  • Entiende que el amor es compartir. Puede ser vulnerable y receptiv@, sabe expresar amor y aceptar muestras de afecto.
  • Se conoce. Cuando se siente frustrado o irascible, trata de comprender por qué, para actuar de manera apropiada.
  • Analiza y enfrenta los problemas a la mayor brevedad posible. Trata de encontrar soluciones no de buscar “culpables”.
  • Es capaz de dar y recibir en igual medida.
  • Entiende que los problemas son lecciones y la vida un eterno aprendizaje.  Asume la responsabilidad y las consecuencias por todo lo que hace, con integridad.
  • Sabe qué desea y cómo lograrlo.
  • Tiene confianza en sí mism@ para alcanzar sus metas.
  • Sabe cuando debe trabajar en equipo y cuando sol@.

Como verás no se trata de quejarse: “¡cómo está este mundo de hoy! bla, bla bla…” sino de tomar consciencia de nuestros actos y sus consecuencias, ya sean positivas o negativas, más aún si tenemos hij@s, ya que unos adolescentes no pueden educar y guiar a otr@s adolescentes. Es como ciegos guiando a otros ciegos.
Claro que es bueno cuidarse, mantener una buena salud y una apariencia linda, de hecho es una obligación de amor hacia nosotr@s  mism@s, pero, de eso a seguir en el eterno “que alguien lo haga por mí” hay mucha diferencia.

Cada etapa de la vida es hermosa, vivamos y enseñemos a vivir con dignidad cada una de ella. Dejemos que los verdaderos adolescentes vivan la suya plenamente con el soporte, apoyo, protección y guía DE ADULTOS  DE VERDAD.

PSICT. LAURA MOISÉS
*Educación  *Sexualidad  *Psicoterapia

despertar.es@hotmail.com



ARTÍCULOS ANTERIORES