El Bicentenario, festejo chafa Por Manola Álvarez Sepúlveda
¿Qué le pareció la celebración del Bicentenario de la Independencia? ¿Le dejó complacido, creé que se reconoció la valía histórica a la gesta?

Después de haber observado esos festejos con el ánimo y el interés que despertó la conmemoración, comparto con usted mis apreciaciones.

Tomando en cuenta que desde que tomó posesión el presidente Felipe Calderón sabía que dentro de su gestión, específicamente al cuarto año, le tocaría la celebración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución, me pareció muy rascuache.

El desfile previo al grito fue como la distracción del medio tiempo de un partido de futbol americano: algunos de los carros alegóricos y de los participantes parecían integrantes de cualquiera de los circos que se instalan en Angelópolis. Y el llamado árbol de la vida una mala caricatura norteamericana burlándose de los típicos mexicanos chaparros, panzones y ridículos.
Todo esto, según Alonso Lujambio, costó 580 millones de pesos más IVA. Y se contrató a especialistas en espectáculos de inauguraciones de olimpiadas.  Es obvio que con el espíritu creativo de los mexicanos y un poco de conciencia histórica se hubieran podido hacer carros alegóricos referentes a la Independencia promoviendo que los mexicanos conocieran más a fondo los motivos del orgullo por nuestra identidad nacional.

Unos títeres de papel marchando, llevados por jóvenes voluntarios con tunas de diferentes colores en la cabeza. No nos dicen nada 7 mil según Lujambio, quien por cierto declaró sentirse muy satisfecho y orgulloso de su montaje circense. Un gran monigote blanco o gris, que no se parece a nadie, nos deja perplejos por el esfuerzo realizado para mostrar lo absurdo de la creatividad burocrática. El líder volador que llega para salvar a México, no se parece a Calderón ni a Marcelo Ebrard ni a López Obrador y menos a Peña Nieto. Un Quetzalcóatl mal disfrazado de dragón chino produjo indiferencia y hasta indignación. Y finalmente los fuegos artificiales contratados también a un ingeniero extranjero, sirvieron para quemar mucho dinero y producir una gran contaminación.

La ceremonia oficial estuvo llena de contrastes. Por un lado se trató de demostrar unidad invitando a los ex presidentes, y por razones de salud declinaron Luis Echeverría y Miguel De la Madrid. Asistieron Vicente Fox y Carlos Salinas de Gortari, pero a la mera hora parece que se arrepintió Calderón de haberlos invitado, sobre todo a Salinas que le estaba haciendo sombra. De ahí que tratara de ocultarlos y que no saliera en la foto con ellos.

El momento del grito le salió muy bien: la voz, la modulación y la actitud estuvieron a tono con la ocasión. Lo único que desentonó fue la expresión de Margarita Zavala, cuya sonrisa falsa y boba nunca desapareció de su rostro, y jamás gritó un ¡Viva! Como diría María Félix, una mujer sin porte, nunca se verá bonita.

Al día siguiente dio el otro grito en Dolores Hidalgo. Quiso hacerlo diferente recordando las palabras originales de Miguel Hidalgo. Pronunció el “Viva la Virgen de Guadalupe”, pero omitió el “Muera el mal gobierno y viva Fernando VII”. ¿Y entonces? La historia a modo, diría el clásico.

En la ceremonia del 16, las mujeres brillaron por su ausencia. El presídium fue totalmente masculino.

Los presidentes de las cámaras de diputados y senadores, ambos priistas, hicieron uso de la palabra para remarcar que somos un país libre pero desigual y que esto último deberá ser la prioridad del gobierno. Que la historia es la misma, no importa quién gane la presidencia, y que no se debe estar pensando en la próxima elección, sino en el bienestar de los mexicanos. Extrañamente cuando decía esto Manlio Fabio Beltrones, se descompuso la señal televisiva.

El discurso de Calderón estuvo fundamentado históricamente. Lo dijo con gran emoción y sentido patriótico. Al referirse a la Constitución manifestó su orgullo por haber sido la primera en el mundo que incluyó los derechos sociales, y la propiedad del subsuelo para la nación. Al escuchar esto me pregunté. ¿Me estaré volviendo panista o el presidente se siente imbuido del sentimiento nacionalista que le otorga la banda presidencial? Resultó extraño que la Banda Presidencial tuviera el color rojo arriba; parecía la bandera de otro país. Y de pena ajena el error de no saber sumar 100 años a la fecha actual, y referirse al próximo Centenario en el 3 mil.

No nos queda más que esperar que el Centenario de la Revolución sea algo más digno y auténtico y que no se monten espectáculos denigrantes,  al estilo televisa, los que tanto indignaban a los revolucionarios de verdad. Lo lamentable es que al escuchar a los “historiadores” de la televisión, no podemos esperar mucho. Varios de ellos han cometido errores históricos o sus apreciaciones son superficiales, tanto sobre la Revolución como de la Constitución.

En las transmisiones se podía apreciar a los asistentes contentos y emocionados. Ojalá que ese ánimo les dure lo suficiente para superar el enfrentamiento con la violencia, la corrupción y la ineptitud.

alvarezenriqueta@hotmail.com







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