Intervención soterrada Por Manola Álvarez Sepúlveda*
El gobierno norteamericano lleva a cabo un silencioso atentado contra la soberanía nacional.

Es ilegal que los gobernantes mexicanos permitan la operación de la CIA y de otros cuerpos policiacos y militares estadounidenses en territorio nacional. Aunque digan que se trata de combatir a la delincuencia organizada que opera en México. Son pretextos, nada más.

Nunca ha sido gratuito el apoyo que el gobierno vecino ha dado al nuestro. Su interés es imponernos sus políticas económicas y militares. Por eso el gobierno mexicano debe explicar el por qué la CIA y la DEA están operando en nuestro territorio sin autorización del Congreso.

La Constitución en su artículo 76, establece como facultades del Senado, analizar la política exterior desarrollada por el Ejecutivo federal y aprobar los tratados internacionales y convenciones diplomáticas que éste celebre.
Y en el artículo 89 señala que lo anterior es obligación del Presidente de la República.

La actuación de militares norteamericanos para perseguir a delincuentes en territorio nacional es claramente ilegal, ya que por ser ésta una función exclusiva de las instancias de seguridad locales, convierte la relación con Washington en una situación de subordinación. Asimismo revela una alta dependencia del gobierno de Felipe Calderón respecto al gobierno de Estados Unidos en materia de delitos; es decir, se trata de un colonialismo en los asuntos de investigación y justicia penal.

Para que expliquen el por qué se permite que fuerzas militares extranjeras actúen en territorio nacional, la Comisión Permanente del Congreso de la Unión citó a comparecer al secretario de Gobernación, a la secretaria de Relaciones Exteriores y al secretario Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública. Se defendieron y negaron que el gobierno federal hubiera firmado, hace 18 meses, algún acuerdo de entendimiento con el gobierno de Barack Obama, o que se hubiese avalado la participación de personal norteamericano en suelo de México.

No quisieron revelar el número de agentes de Estados Unidos en nuestro territorio, empero, aseguraron que el gobierno de la República lleva a cabo labores de contrainteligencia para monitorear las actividades y despliegue extranjero por todo el territorio nacional. Andan desarmados y con status diplomático, dijeron. ¿Ustedes les creen?

Desmintieron asimismo las publicaciones del diario The New York Times y otros medios estadounidenses esgrimiendo razones de seguridad con la obvia intención de no precisar cuántos agentes extranjeros operan en México.

LOS INFILTRADOS
Un equipo integrado por 24 agentes de la CIA (Central de Intelligence Agency, por sus siglas en inglés), la DEA (Drug Enforcement Administration) y militares retirados del Comando Norte del Pentágono, han instalado un centro de inteligencia en una base militar mexicana que se encuentra en el norte del país. Este organismo está basado en el modelo de los “centros de fusión” que Estados Unidos opera en Afganistán e Irak, para vigilar a grupos insurgentes. Esto lo reportó el New York Times.

El diario mencionado también informó que se está considerando emplear contratistas de seguridad privada (mercenarios), equipo conformado, entre otros, por ex agentes de la DEA y ex integrantes de grupos especiales de las fuerzas armadas estadounidenses. Su misión: crear iniciativas que les permitan evadir las leyes mexicanas, mismas que limitan la presencia de fuerzas extranjeras de seguridad en el país. Se pretende integrarlos en una unidad de policía antinarcóticos mexicana especializada, la misma que llevó a cabo el operativo en coordinación con la DEA para detener al capo José Antonio Hernández Acosta. La labor del grupo estadounidense tiene en principio la cobertura de una especie de Academia de Capacitación dentro de la misma unidad. Hay fiscales mexicanos que trabajarían en la unidad para armar procesos judiciales exitosos.

LA REALIDAD
Según datos del Senado de Estados Unidos, en un período de cuatro años esas empresas han ganado 170.6 millones de dólares mediante contratos con los Departamentos de Defensa y de Estado. Esto lo reveló la cadena británica BBC Mundo.

De acuerdo con lo manifestado por José Luis Gómez del Prado, presidente del Grupo de trabajo de Naciones Unidas sobre la Utilización de Mercenarios, los millones que Estados Unidos dice destinar a ayudar a la guerra contra el narcotráfico, no llegan directamente a los gobiernos locales; se gastan en la venta de tecnología de guerra, dinero que queda en manos de los contratistas. Los contratos con empresas privadas incluyen la prestación de servicios, como mantenimiento de aviones, entrenamiento, labores de logística, inteligencia, vigilancia o tecnologías de la información.

A través de la Iniciativa Mérida, Estados Unidos ha otorgado capacitación a casi 4 mil 500 nuevos agentes de Policía Federal, y han ayudado a realizar intervenciones de telecomunicaciones, así como en el manejo de informantes y en el interrogatorio de sospechosos. La entrega de helicópteros es otra de sus acciones. Asimismo ha sobrevolado el territorio mexicano con naves no tripuladas manejadas a control remoto para, dicen, detectar narcotraficantes.

Sobre esto último la secretaria de Relaciones Exteriores, indicó durante su comparecencia en el Congreso de la Unión, que por no estar tripulados no se violaba la soberanía (sic); aceptó desconocer si llevaban o no instrumentos para detectar cualquier otra cosa y lo que se haría con los resultados. A este absurdo la ex canciller y ahora senadora Rosario Green Macías, respondió: “Nunca se había perdido tanto por tan poco”. Partiendo de tales hechos, sería conveniente que si Calderón desconfía de las policías, el Ejército y la Armada de México, que elabore un Tratado de Cooperación en el combate al narcotráfico cuidando el absoluto respeto a la soberanía nacional para que lo envíe al Senado y ahí se ratifique. Ya basta de enterarnos por los medios norteamericanos de cuestiones que ponen en peligro a nuestro país y que exhiben al órgano encargado de vigilar la política exterior.

PREMIO O RECOMPENSA
La Oficina para el control de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos (ATF), promovió a tres de los supervisores de la operación “Rápido y Furioso”, los mismos que permitieron el trasiego ilegal de más de tres mil armas a México. Fueron fuertemente criticados por impulsar ese programa, incluso cuando se hizo evidente que la operación de marras estaba fuera de control. William G. McMahon, ex subdirector de operaciones en el oeste de la ATF y William D., Mewell y David Voth, encargado en Phoenix, recibieron como premio su promoción laboral: hoy ocupan nuevos cargos en la sede de la agencia en Washington gracias a “las habilidades y destrezas demostradas a lo largo de su carrera”. Lo publicó el Diario Los Angeles Times.

El programa “Rápido y Furioso” se desarrolló entre noviembre de 2009 y enero de 2011 con el objetivo de identificar a líderes de los cárteles de la droga mexicanos, permitiendo compras ilegales de armas de fuego para luego seguirlas hasta su destino. Casi 200 de esas armas fueron recuperadas en escenas de crímenes en México.

El importante pensador, lingüista destacado, filósofo y activista, Noam Chomsky, afirmó que “el problema de las drogas está en Estados Unidos, no en México. Es un problema de demanda y tiene que ser abordado aquí, pero no se hace así. Se ha demostrado una y otra vez que la prevención y el tratamiento son mucho más efectivos en costos que la acción policiaca, operaciones fuera del país, control fronterizo y más. Pero el dinero va en otra dirección y nunca tiene impacto. Cuando los líderes aplican durante décadas políticas que no tienen consecuencias para el objetivo declarado y son muy costosas, uno debe preguntarse, si están diciendo la verdad y si esas políticas son para otro objetivo, porque no reducen el uso de drogas.”

Todos los países incluyen en su legislación la prohibición de que miembros de un ejército extranjero se internen a su territorio sin autorización expresa. Y aquí permítanme recordar cuando viajé a Panamá con mi padre, diputado constituyente de 1917, general de brigada y ex jefe del Estado Mayor Presidencial de Plutarco Elías Calles. En cuanto pisamos suelo panameño, se presentó ante las autoridades para informar sobre su presencia en calidad de turista. También tengo presente cómo se indignó y decepcionó de la actuación del ejército (al que él junto con Joaquín Amaro había organizado) cuando en 1968 fue usado para reprimir a los estudiantes. Estoy segura de que lo mismo sucedería si pudiera ver la situación de desprestigio en que se ha puesto a las fuerzas armadas al utilizarlas para funciones policiacas que les son ajenas.

QUIEN NO CONOCE LA HISTORIA ESTÁ CONDENADO A REPETIRLA
La historia de Latinoamérica está llena de ejemplos de intervenciones norteamericanas. Y México no es la excepción, por el contrario, ha sufrido varias. Recordémoslas:
En marzo de 1836 se declaró la separación de la provincia de Texas, constituyéndose en una república independiente de la de nuestro país con el regocijo y el apoyo moral y material del gobierno norteamericano. En marzo de 1845, Estados Unidos se anexó Texas para comenzar el desmembramiento de la extensa República Mexicana. Más tarde en 1846, sin previa declaración de guerra, los norteamericanos invadieron California, y el 25 de julio de ese año la bandera de Estados Unidos fue izada en Monterrey. A principios de 1847 comenzó la guerra que fue para México un verdadero desastre. La conquista norteamericana comprendió, además de Texas, los estados de Nuevo México, Arizona, Alta California, y Utah, con porciones de Colorado y Wyoming (Tratado de Guadalupe Hidalgo).

En 1914, Franklin Delano Roosevelt, subsecretario de Marina, poco antes de realizarse la invasión a México, declaró: “Yo no deseo la guerra, pero no veo cómo podemos evitarla. Más pronto o más tarde es lo mismo. Estados Unidos debe ir ahí y limpiar la suciedad de la política mexicana.”

El general Douglas McArthur, jefe de Estado Mayor del ejército norteamericano, dijo ante los veteranos de la primera guerra mundial:

“Toda nación que posee algo de valía tiene la obligación de estar preparada para defenderse de los ataques brutales o de los esfuerzos injustos que contra ella se hagan para apoderarse de lo que es suyo”. Por su parte, el general Álvaro Obregón, político y estratega militar brillante de nuestra Revolución, comentó que: “A los norteamericanos era más conveniente tenerlos de enemigos que de amigos, porque lo primero nos prevenía y nos hacía desconfiados, y lo segundo era siempre peligroso, porque sin darnos cuenta se iba cediendo más de lo que el decoro nacional aconseja.”

¡Cuidado funcionarios mexicanos! La confianza o la conveniencia pueden llevarlos a propiciar otra intervención con el pretexto de ayudarnos a combatir el narcotráfico. Es el caso de la mañosa declaración sobre que las policías, el Ejército y la Armada de México, están infiltradas y son incompetentes.

Abogada y licenciada en Relaciones Internacionales, además de catedrática de la materia Relaciones México-Estados Unidos, impartida en la UNAM por oposición y en la UDLA por invitación.



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