Irán y los Zetas, complot montado Por Manola Álvarez Sepúlveda
El gobierno de Estados Unidos acusó a Manssor Arbabsiar, un iraní naturalizado estadounidense, un fracasado vendedor de todo, portador de pasaportes de Estados Unidos e Irán, y a Gholam Shakuri, integrante de la fuerza Quds, identificada como una unidad de operaciones especiales de la Guardia Revolucionaria de Irán (GRI).

Los delitos: conspirar para asesinar a un oficial extranjero; realizar viajes para llevar a cabo un asesinato bajo contrato; confabularse para emplear “armas de destrucción masiva (explosivos)”; y maquinar para cometer un acto de terrorismo internacional. Todo, supuestamente, sería realizado por integrantes de un cártel mexicano: los zetas.

Más que complot, lo mencionado parece un mal argumento cinematográfico. Sobre todo si partimos de que la GRI es un organismo cuya fama proviene de la estrategia de asegurarse de que nadie pueda rastrear hasta Irán la responsabilidad de sus actos, y de que suele operar valiéndose de testaferros que garanticen su secrecía.
Más que complot, lo mencionado parece un mal argumento cinematográfico. Sobre todo si partimos de que la GRI es un organismo cuya fama proviene de la estrategia de asegurarse de que nadie pueda rastrear hasta Irán la responsabilidad de sus actos, y de que suele operar valiéndose de testaferros que garanticen su secrecía.

En el documento oficial de cargos presentado ante un tribunal federal en Nueva York, el gobierno de Barack Obama describe la evolución del complot y afirma que entre mayo y septiembre de 2011 Arbabsiar viajó varias veces a México para reunirse con un individuo que se presentaba como socio de un cártel del narcotráfico internacional violento.

En las primeras reuniones, Aybabsiar le preguntó al mexicano sobre su conocimiento de explosivos C-4 ya que había interés de su primo de Irán (un general) en llevar a cabo atentados contra una embajada de Arabia Saudita. Pero cambió el propósito original para dar prioridad al asesinato del embajador de Arabia Saudita en Washington.

Eric Holder, fiscal general de Estados Unidos, informó que el FBI y la DEA habían logrado frustrar un importante acto terrorista en Estados Unidos, plan urdido por facciones del gobierno iraní, estrategia que incluía el crimen del embajador, Adel Al jubeir. También dijo que se habían planeado ataques con bombas contra las embajadas de su país y de Israel. Agregó que el “socio” era un informante confidencial de la DEA monitoreado y guiado por autoridades estadounidenses a lo largo de esa investigación. Ese informante secreto fue identificado como CS-1, confidente pagado por el gobierno estadounidense.

Previamente había sido acusado del delito de narcotráfico, inculpación que estuvo a cargo de las autoridades de un estado norteamericano y a cambio de la cooperación de CS-1 en varias operaciones de narcóticos, se pusieron de acuerdo, dijeron, para que los cargos fueran desechados (¿negociación con los narcotraficantes?) con base en que el agente en cuestión ya había ofrecido información confiable, misma que fue corroborada.

La descripción del supuesto CS-1 se ciñe a que es un cártel grande y bien conocido en América del Norte por sofisticado, violento y su facilidad para acceder al tráfico de armas y explosivos de tipo militar, aunque varios agentes dijeron que se trataba de los zetas.

Según las autoridades de Estados Unidos, se planeó el asesinato del embajador a partir de que se pagaría al sicario que lo perpetrara un millón y medio de dólares con la condición de que éste cubriera los gastos de cuatro de sus hombres. Que el asesinato podría llevarse a cabo en un restaurante frecuentado por el embajador en Washington, sin importar si en la operación se ocasionaba la muerte de inocentes, incluidos los senadores estadounidenses que acostumbran comer en ese lugar. Que el 20 de septiembre el agente CS-1 le informó a Arbabsiar que la operación estaba lista, por lo que requirió el pago adelantado de la mitad de lo acordado, o que el iraní viajara a México para servir como garantía de pago. Que en agosto Arbabsiar envío dos transferencias por cien mil dólares como primer pago, y con la aprobación de Gholam Shakuri viajó a México el 28 de septiembre.

Todo este embrollo alertó y produjo que las autoridades mexicanas de migración le negaran el ingreso porque sobre él pesaba una orden de arresto girada por una Corte de Estados Unidos. Así que se le colocó en un vuelo de regreso a Nueva York. Al día siguiente fue arrestado por agentes federales en el aeropuerto John F. Kennedy. Poco después, según el documento oficial, el iraní confesó su participación en el complot y compartió detalles del involucramiento de facciones del gobierno de Irán.

Como final feliz el Departamento de Justicia declaró: “Agradecemos al gobierno de México por su coordinación y colaboración cercana en este asunto y por su papel en asegurar que el acusado fuera aprehendido de manera segura”. El gobierno de Obama informó que impuso sanciones financieras a cinco iraníes, incluidos los dos acusados vinculados al complot y casi declaró la guerra a Irán. La secretaria Hillary Clinton indicó que el gobierno evaluaba varias medidas para aislar aún más al régimen de Irán, y llamó a otras naciones a “unirse en la condena a esta amenaza a la paz y la seguridad internacional”. Esta maniobra denunciada por los norteamericanos es tan absurda que resulta muy difícil de creer, sobre todo cuando sabemos que la política internacional de Estados Unidos es crear conflictos para justificar sus intervenciones, casi siempre basadas en el pretexto de “proteger a sus nacionales”. Es pertinente pues, recordar que uno de los rasgos característicos de la proyección internacional de Estados Unidos, particularmente en lo que se refiere a seguridad nacional, ha sido la difusión de presuntos vínculos entre enemigos reales o imaginarios de Washington, independientemente de si tales nexos son reales o no. Recordemos las aseveraciones del secretario de Estado Colin Powell ante Naciones Unidas en el 2003: mintió cuando dijo que Estados Unidos poseía pruebas irrefutables de que Saddam Hussein desarrollaba armas de destrucción masiva.

En nuestro país tenemos, entre otros muchos documentos, el encontrado en la Embajada de los Estados Unidos en 1927, cuando en un operativo de contraespionaje, los miembros del Estado Mayor Presidencial, obtuvieron de la recamara del embajador Sheffield escritos secretos, mismos que fueron fotocopiados y regresados a su lugar. En uno de ellos se establecía que estaba en camino la realización de un complot para asesinar al presidente Plutarco Elías Calles. Y señalaban a varios militares pertenecientes a corrientes ideológicas completamente diferentes. Su intención era lograr que el Presidente aceptara la ayuda militar norteamericana para defenderse del inexistente complot, estratagema desvirtuada por nuestra inteligencia militar. He aquí la trascripción:

30 de enero de 1926. Asunto estabilidad del gobierno mexicano actual. Información secreta al subsecretario de Estado en Washington. Tengo el honor de informarle lo siguiente: Hay un complot militar para un golpe de Estado. El presidente Calles viajaría durante seis meses a bordo del cañonero “Bravo”. El gobierno entre tanto quedaría bajo una dictadura militar compuesta por los generales Eugenio Martínez, Juan Andrew Almazán, Marcelo Caraveo, Jesús Agustín Castro, Eulalio Gutierrez, general José Álvarez Jefe de Estado Mayor Presidencial. Al expirar los seis meses, el gobierno dictatorial hará una elección y ninguno de los miembros de la dictadura será electo presidente. La explicación para dejar fuera el nombre de Arnulfo Gómez es que no podría ser electo si fuese miembro del directorio. Como usted sabe este hombre tiene ambiciones presidenciales. James R. Sheffield, embajador en México.

Por otro lado mucho se ha especulado sobre la autoría de los atentados a las Torres Gemelas, tragedia que dio a Bush un importante repunte en su popularidad y un magnifico pretexto para iniciar la guerra que le redituó grandes beneficios económicos y políticos. En el caso de que diera resultado esta cuasi telenovela de espías y narcos, los beneficiarios serían los neoconservadores derechistas y los partidarios extremistas de Israel, que desde hace mucho presionan por una guerra contra Irán.

Por eso y otras razones afines, habrá que estar alertas sobre las verdaderas intenciones de algunos sectores de los Estados Unidos, organizaciones dispuestas a presionar a su gobierno para que intervenga militarmente en nuestro país valiéndose del supuesto sobre las alianzas entre grupos delictivos que operan en México y otros terroristas internacionales. Por algo Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Interior, sostuvo que la administración de Obama “ha estado pensando qué pasaría si Al Qaeda se uniera a los Zetas”. A esa declaración hay que agregar los dichos formulados por el director de inteligencia, James Clapter, quien aseguró que la narcoviolencia en la frontera con México supone una potencial amenaza terrorista para Estados Unidos. Y adicionar la más reciente de las declaraciones de Rick Perry, gobernador de Texas y precandidato republicano a la presidencia de su país, quien dijo que estaría dispuesto a enviar tropas a México para ayudar a combatir el crimen organizado.

Como antecedente está el operativo Receptor Abierto y también el Rápido y Furioso cuya estrategia falló porque dejaron pasar armas a México para seguir las huellas de los compradores y perdieron el control. O lo último y más peligroso dado que se trata de una amenaza, es la declaración sobre los narcos mexicanos: los catalogan como terroristas equiparándolos con aquello que representa un grave peligro para los estadounidenses. Sin exagerar esto ha puesto en peligro nuestra independencia, ya que dicha “revelación” estadounidense incluye la, para ellos, necesidad de potenciar su injerencia en el proceso de violencia que se desarrolla en nuestro país.

Como lo hemos visto y se ha escrito en casi todos los medios de comunicación, ni las armas ni la infiltración ayudaron a México; por el contrario, han incrementado la violencia. No obstante, el titular del poder Ejecutivo, en lugar de oponerse a estas acciones, las aplaude y declara que existen terroristas en México. ¿Maña, inocencia, complicidad? Pronto lo sabremos.



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