Los políticos simuladores Por Miguel Ángel C. Manjarrez
En México los políticos solo ven por sus intereses. Esto les obliga a simular, a engañar a los ciudadanos, a manipular a la gente valiéndose de tretas mediáticas.

“Cumplí con todo lo que prometí. Absolutamente con todo”. Aunque para desgracia de los gobernados, no siempre esto resulta cierto. Dicen hacer obras para tratar de convencernos que están trabajando, aunque tengan en total abandono las que inició o concluyó su antecesor o las que usan los ciudadanos todos los días. Aseguran logros que cuando son expuestos por algún medio de comunicación responsable, avocado a su labor de informar, montan en cólera y a través de sus jilgueros espetan excusas y argumentos cuya intención es descalificar las críticas constructivas, objetivas, necesarias, naturales y veraces.

Sus métodos de medición son absurdos. Cuando no generan el resultado deseado, inventan ciudadanos o respuestas para agradar al jefe. Gran error. Ignoran cómo esto será percibido en muchos casos para acrecentar o hacer más visibles sus errores. Provocan pues un efecto negativo irreversible.

Cualquier político con experiencia, sabe que a las críticas se les atiende con la cabeza fría y los pies en la tierra. Si las toman en cuenta logran credibilidad, respeto y ánimo ciudadano.

Les ha dado por participar en las redes sociales. Suponen que tendrán presencia. Pero no hacen caso al reclamo popular y juran que ese tipo de opiniones provienen de los enemigos del desarrollo o incluso de su “gran proyecto”.

Si un gobierno tiene necesidad de crear usuarios fantasmas que adulen al funcionario que informa, participa, opina o cualquier cosa, es que algo malo pasa en sus entrañas. Rechazan la interacción con la sociedad, o a ésta de plano no le interesa en lo más mínimo el mensaje del servidor público. Recuerden: no son Obama.

Otra artimaña que utilizan para manipular al posible elector, porque eso son los ciudadanos para la mayoría de los políticos, electores, es la excesiva exposición en los medios. Utilizan el dinero de los contribuyentes para sus aspiraciones personales. Por ello la escasa y casi nula transparencia en el uso de los recursos públicos. Lo que no han analizado, es que hoy en México no hay político con credibilidad o con alguna confianza de las masas. Así que los excesos de propaganda se convierten en un rechazo inmediato. Sales en la tele, te apago o le cambio. Apareces en internet de manera invasiva, y te quito en menos de un segundo.

Los “nuevos” aspirantes a lo que sea, son manejados por pseudo expertos en marketing, que no es lo mismo el marketing político que el marketing comercial. El manejo lo hacen como si estuvieran lanzando “el producto del año”, mismo que debe ser posicionado en las masas. La clara diferencia: un producto se prueba y gusta, o no; se recomienda y se consume periódicamente. Un político no. Al contrario. Entre más se conozca su banalidad, mayor posibilidad de rechazo tendrá. O si comete un error, falta u omisión, esto expandirá como fuego en pasto seco para quemar al individuo y acabar con sus aspiraciones políticas. En esos casos lo que puede servir al político es presumir resultados verdaderos. Dar conferencias, entrevistas. Tener participaciones inteligentes y de trascendencia. A nivel nacional e internacional.

Para contar con la simpatía de los ciudadanos, es necesario haber adquirido los siguientes elementos: presencia física, soltura, seguridad, buen timbre de voz, modulación de voz. Generar mensajes contundentes y de impacto social. Simpatía. Una sonrisa que no esté fingida. Cultura e inteligencia. Por mencionar los positivos más importantes.

Si el aspirante a servidor público cuenta con estos atributos, entonces que se promocione. Pero si cada vez que es entrevistado, expuesto pues, dice el mismo rollo de siempre, seguramente trabajará en su propia perdición. ¿Algún día podremos observar a alguien así en este país, y dejar de votar por el menos peor o el que le puede hacer pasar un mal rato al que tiene fama de ladrón? Ojalá que llegue ese día.

Son tiempos de suma relevancia en nuestro país. Como ciudadanos es necesario involucrarnos en la política y sus tretas; no permitir ser engañados. México no merece un más de lo mismo. Infórmese, lea, participe, opine y dialogue con todos a su alrededor. Aunque los políticos de siempre estén seguros que los ciudadanos somos fácilmente manipulables y medio atarantados, se equivocan, y de una manera atroz.

Hasta la próxima.



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