Los retos de Peña Nieto Por Manola Álvarez Sepúlveda
Se le entregó la constancia de Presidente Electo a Enrique Peña Nieto. Se publicó el Bando que comunica a todo el pueblo esta circunstancia. Y ahora sólo queda esperar que el equipo de transición haga su trabajo de forma eficiente para que el nuevo mandatario empiece su gestión a partir del verdadero estado de la administración pública que encontrará, no así de lo que Felipe Calderón dijo en su sexto y último informe presidencial.

No hubo el estallido social que había amenazado la izquierda mexicana. Los gobernadores, senadores y diputados del frente progresista aceptaron que el fallo del Tribunal Federal Electoral, es una determinación que no admite ningún recurso de impugnación ni depende de que lo reconozcan las fuerzas políticas.

Lo que sigue es la ceremonia protocolaria. Se espera que este acto republicano regrese al recinto del Congreso de la Unión ahora enriquecido con la presencia de todas las bancadas de las dos Cámaras (Congreso General) y, por qué no, de las protestas urbanas del grupo #Yo soy 132.
Bueno también el de los integrantes de Morena.

Según el artículo 87 de la Constitución, la alternativa de cambio de sede por causas de fuerza mayor, implicaría que el nuevo Presidente rindiese su protesta ante los integrantes de las mesas directivas de ambas Cámaras, en cualquier recinto o, en último y extremo caso, ante el Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

El agua toma su nivel
Pero una vez que Andrés Manuel López Obrador abandonó a los partidos que lo postularon (PRD, PT, Movimiento Ciudadano) con la intención de convertir a Morena en un partido político, las prioridades de ese Movimiento serán la obtención de financiamiento de los gobernadores y legisladores de la izquierda para poder realizar todos los trámites –que por cierto son muy complicados y tardados– a fin de obtener el registro como partido y volver a competir por la presidencia en el 2018: elegir cuadros directivos, discutir y aprobar una declaración de principios, crear un programa de acción y sus respectivos estatutos. Marcelo Ebrard, ahora competencia de Andrés Manuel, seguirá los pasos de éste ya que los próximos 6 años quedará sin cargo nacional para promoverse a partir, tal vez, de su posición en la ONU, ubicación que le daría la oportunidad de hacerlo a nivel internacional con algunas repercusiones mediáticas nacionales. Y falta conocer si Miguel Ángel Mancera tiene las mismas intenciones de AMLO y de Ebrard. Como verá el lector, apenas se está escribiendo esta parte de la historia de las izquierdas.

Es obvio que Enrique Peña Nieto buscará rescatar los logros de su partido y restar los negativos que le heredaron algunos priistas, los que se alejaron de la declaración de principios como punto de partida del nacionalismo revolucionario y la justicia social que pregona.

La esencia del nuevo régimen
El partido Nacional Revolucionario (PNR), antecedente del PRI, surgió como la “escuela de la democracia”, tal y como lo manifestara Plutarco Elías Calles. Había que lograr el cambio del gobierno de caudillos al gobierno de las instituciones. Así empezó esta larga y a veces incomprendida historia que vale la pena recuperar sin entrar al detalle:

Después de la Revolución se quedaron grupos que seguían a determinados caudillos sin formación institucional. Por ello el presidente Calles consideró necesario crear el sistema de partidos políticos debidamente organizados para que con el apoyo popular propusieran candidatos que beneficiaran la participación política y por ende al proceso revolucionario de nuestro país. Dijo entonces que el concepto de no reelección no era totalmente democrático y que en México había surgido por las circunstancias especiales de nuestra historia. De ahí que propusiera al Congreso la modificación de la Constitución para que se permitiera la reelección presidencial con un período intermedio.

Así fue como Álvaro Obregón presentó su candidatura a la Presidencia para el período inmediato al de Calles. Y es cuando los generales Francisco R. Serrano y Arnulfo R. Gómez se levantan en armas contra el gobierno callista y tratan de obtener el apoyo militar de los Estados Unidos; lo hacen prometiéndoles eliminar de la Constitución los artículos que molestaban a ese gobierno (sobre todo el 27 que regresaba la propiedad del subsuelo a la Nación). Fracasó el complot contra el gobierno, mismo que se realizaría en las maniobras militares de Balbuena, en donde pretendían asesinar al Presidente Calles junto con Álvaro Obregón, Joaquín Amaro y también José Álvarez, jefe del Estado Mayor presidencial, así como a todos los que acompañaran al Presidente en el presídium. Uno de los conspiradores, el general Eugenio Martínez, arrepentido de lo que sería la emboscada en contra de sus ex jefes, alertó al Presidente. No lo supo Serrano, tampoco Gómez, y los dos se alejaron del Distrito Federal para no caer en el impedimento que establecía la Constitución para los participantes en un levantamiento: no podían ser electos ni ocupar la presidencia. Serrano y Gómez esperaron los resultados de su atentado en Cuernavaca uno y en Veracruz el otro: se les aprehendió y fusiló mediando el juicio sumarísimo aplicado por levantarse en armas contra el gobierno.

Fanáticos vs gobierno
Durante el mandato de Calles se defendió la obligatoriedad de cumplir con los preceptos constitucionales que sacaron de la vida política nacional a las instituciones religiosas. De manera unilateral éstas decidieron cerrar los templos con la intención de poner al pueblo en contra de Calles: la jerarquía eclesiástica dijo que el gobierno había decretado dicho cierre. Y ocurrió lo que se conoce como Guerra Cristera, en la cual las fuerzas federales se enfrentaron a las tropas armadas y organizadas por los curas. Al mismo tiempo el gobierno mexicano emprendió una batalla diplomática contra los Estados Unidos cuyo Embajador en México y el Secretario de Estado organizaron lo que se llamó “Plan Green”: querían auspiciar un golpe de Estado contra Calles, precisamente. La intención: derogar el artículo 27 de la Constitución que reivindicaba la propiedad del subsuelo para la Nación y sentaba las bases para lo que después ocurrió: la Expropiación Petrolera. Las acciones de Calles lograron que el presidente Coolidge supliera al embajador Sheffield y al secretario de Estado Kellog, ambos señalados por conspirar contra México.

El “viejo PRI”
En 1928, durante su último informe, Calles manifestó ante diputados y senadores, que la democracia mexicana se consolidaría cuando en las curules del Congreso de la Unión estuvieran representadas las minorías políticas del país. Con ello estableció los principios de lo que posteriormente fue la Reforma Electoral. Por defender a la Constitución en su esencia laica y no aceptar la propuesta de los jerarcas católicos para reformarla, Álvaro Obregón firmó su sentencia de muerte, crimen que perpetró el fanático católico León Toral cuando Obregón ya era presidente electo. Emilio Portes Gil ocupó la presidencia interina y se encargó de lograr los acuerdos religiosos en los cuales el Clero político aceptó cumplir con la Constitución, como se los había exigido el presidente Calles. También convocó a elecciones y Pascual Ortiz Rubio, postulado por el PNR, llegó al máximo cargo del país. Poco después de rendir su protesta de ley, Ortiz Rubio sufrió un atentado. Fue tal la impresión sufrida, que el presidente se encerró en su despacho. Finalmente Ortiz tuvo que renunciar al cargo y su gestión gubernamental la concluyó Abelardo L. Rodríguez. Entonces los periodos presidenciales eran de 4 años.

Lázaro Cárdenas, que fue el primer presidente de seis años, se acogió a la Constitución y la Ley del Petróleo legislada durante el período de Plutarco Elías Calles, para decretar la Expropiación Petrolera. Este acto republicano contó con el apoyo del pueblo e hizo realidad lo que los constituyentes plasmaron en el artículo 27.

El temor de radicalizar la política mexicana hizo que después de ese logro, Cárdenas decidiera apoyar a Manuel Ávila Camacho –un hombre cargado a la derecha– en lugar de Francisco J. Múgica, el diputado constituyente cuyo radicalismo preocupaba a Cárdenas que bien lo conocía. Así se crea el Partido de la Revolución Mexicana y se postula al primer presidente que públicamente se declara católico.

Miguel Alemán Valdez llega al poder con una visión empresarial y cambia las prioridades de justicia social y de nacionalismo revolucionario establecidas en nuestra Carta Magna: le da un giro de 180 grados a la política mexicana. Y más tarde, como si se hubiesen puesto de acuerdo, los tecnócratas Miguel de la Madrid, Carlos Salinas de Gortari y Ernesto Zedillo acaban con los postulados, la ideología y fundamentos políticos del Partido Revolucionario Institucional, como se le llamó en 1946 cuando era presidente Miguel Alemán.

El reto del nuevo PRI
Si no quiere pasar a la historia como uno más de los traidores del PRI, Enrique Peña Nieto tendrá que rescatar los valores perdidos durante la modernización tecnocrática del país y en consecuencia de su partido. Y le urge porque la imagen que Andrés Manuel López Obrador dejó en muchos ciudadanos, especialmente en los jóvenes que desconocen nuestra historia, fue que llegaba al poder un grupo de políticos corruptos que lo único que desean es su bienestar y que se oponen a toda apertura e inclusión. López Obrador no les dijo que las reformas políticas promovidas y legisladas por el PRI que permitieron los diputados de partido y después los plurinominales, no fueron producto de una imposición al régimen, sino una apertura voluntaria (tal vez visionaria) del partido en el poder. Permítanme compartir con ustedes una anécdota personal.

Cuando me inicie en los estudios universitarios en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM. Me sentía el antecedente de un integrante del Movimiento #Yo soy 132. Dialogaba con mi padre, diputado constituyente de izquierda, que había sido jefe de Estado Mayor de Plutarco Elías Calles, y lo increpaba diciéndole que era un reaccionario porque estaba de acuerdo con el régimen priista.

Su respuesta aun la recuerdo. Me dijo que los jóvenes no conocíamos como estaba el país en la época de Porfirio Díaz, en donde a los trabajadores se les pagaba en las tiendas de raya, no tenían ningún derecho laboral, no existían las huelgas, se comerciaba con los indios yaquis, la salud para los pobres no existía, la propiedad del subsuelo era de los dueños del suelo y éstos eran las empresas deslindadoras norteamericanas e inglesas, y la Iglesia tenía un papel político y económico muy importante. Que por ese desconocimiento no valorábamos los logros de los regímenes revolucionarios. Por ejemplo: la Ley del Trabajo, que garantizaba a los trabajadores sus condiciones laborales y su derecho a constituir un sindicato para defenderse de los patrones; la existencia del Seguro Social y del ISSSTE, que garantizaban la salud de todos los mexicanos; y el Banco de México que puso coto a la especulación financiera. Cuando le inquirí cómo se había desarrollado la Revolución, me dijo:

“Las nuevas generaciones y quienes lo vivieron pero pretenden haberlo olvidado, deben saber que el movimiento militar revolucionario no se efectuó, como por desgracia lo hacen aparecer algunos escritores ignorantes y otros más ignorantes directores de películas y de telenovelas, con grupos desordenados de mugrientos y desarrapados borrachos y pizpiretas del tipo Juana Gallo. No. Hubo unidades militares que llegaron a tener una buena organización para su época, las que en batallas muy reñidas hicieron brillar el genio militar de los jefes que las dirigieron. Fue por ello que lograron diezmar al ejército federal, hacer huir al dictador Huerta y doblegar a los políticos que formaban el gobierno espurio del chacal.”

Asimismo le pregunté cuál fue el sentido de los diputados constituyentes para hacer una nueva Constitución, en lugar de la reforma a la de 1857 que proponía Venustiano Carranza. He aquí su respuesta:

“Nosotros pensamos que en lugar de legislar conforme a las reglas de determinada escuela jurídica, debíamos sujetarnos a las muy especiales condiciones de la población que representábamos. Optamos por una forma de tipo socialista en la que primero que cualquier otra idea, se tomara en cuenta el beneficio social y a fin de lograr el mayor provecho para la colectividad; que se restringieran en la Constitución, hasta donde fuera preciso, los derechos individuales de propiedad, culto público religioso de enseñanza, etcétera. De esta forma la Constitución de México se adelantó a todas las del mundo. Fue la primera que legalizó los derechos sociales”.

“Estos avances son los que conformaron la declaración de principios del Partido Revolucionario Institucional y por ello estamos de acuerdo con los regímenes que han surgido de sus filas”.*

Los cambios y traiciones a los postulados de la Revolución Mexicana y de la Constitución de 1917, son los que hicieron que la derecha llegara al poder. Toca ahora al presidente Peña Nieto reivindicar la esencia del nacionalismo revolucionario y hacer a un lado la corrupción para rescatar lo valioso del mal llamado “viejo PRI”.

alvarezenriqueta@hotmail.com
*Álvarez y Álvarez José, Justicia Social, Anhelo de México, coedición buap Senado de la República, 2011



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