La sangre de los cadetes de Veracruz Por Manola Álvarez Sepúlveda
Se cumplen 100 años de la invasión que los norteamericanos hicieron al Puerto de Veracruz. Este aniversario y el libro de estudio de uno de los cadetes herido o muerto por las balas de los soldados de los Estados Unidos, obra que forma parte de la biblioteca familiar, me lleva a recordar cómo ha sido la política internacional del vecino del norte.

La historia latinoamericana contiene numerosos ejemplos de intervenciones de Estados Unidos. Muchas no han sido con acciones militares directas sino mediante métodos indirectos u ocultos.

Alguno de los medios empleados para tal fin, incluyen un amplio repertorio que va desde sobornar a los dirigentes políticos de un país, hasta ejercer presiones políticas y económicas sobre un gobierno. Y desde luego organizar conspiraciones que después atribuyen a los militares descontentos con el régimen de su país.
Hoy, la modernidad, les permite usar la tecnología para espiar a los jefes de estado y a los líderes de opinión con la intención de obtener y utilizar la información y así lograr beneficios políticos y económicos.

Los numerosos golpes de Estado ocurridos en América Latina han sido, en la mayoría de los casos, auspiciados por el gobierno norteamericano y, en otros, organizados y dirigidos por sus embajadores.

Cuando los gobiernos latinoamericanos no ofrecen suficientes garantías de seguridad a las inversiones, Estados Unidos promueve golpes de Estado para deponerlos y en su lugar colocar a gobernantes adictos y que entiendan mejor la conveniencia de un equilibrio racional de fuerzas. Pero se reserva en apelación el recurso de la intervención armada.

México no ha sido la excepción. Por el contrario ha sufrido la experiencia de varias intervenciones norteamericanas. En marzo de 1836 se declaró la separación de la provincia de Texas, constituyéndose en una República independiente de nuestro país con el regocijo y, obvio, el apoyo moral y material del gobierno norteamericano.

En marzo de 1845, Estados Unidos se anexó Texas para empezar el desmembramiento de la extensa República Mexicana. Más tarde en 1846 sin previa declaración de guerra, los norteamericanos invadieron California y el 25 de julio de ese año la bandera de Estados Unidos fue izada en Monterrey. A principios de 1847 empezó la guerra que fue para México un desastre. La conquista norteamericana comprendió además de Texas los estados de Nuevo México, Arizona, Alta California y Utah, con porciones de Colorado y Wyoming (Tratados de 1848 y 1851).

En 1914 Franklin Delano Roosevelt subsecretario de Marina, poco antes de realizarse la invasión a Veracruz declaró: “Yo no deseo la guerra, pero no veo como podemos evitarla. Más pronto o más tarde es lo mismo. Estados Unidos debe ir ahí y limpiar la suciedad de la política mexicana.”

Roosevelt, el creador de la política de “buena vecindad”, dirigió las maniobras de los barcos de guerra norteamericano que atacaron Veracruz y años más tarde declaró que siempre había creído que el embrión de la política de buena vecindad se originó entonces en su mente. En sus declaraciones a la prensa en 1942 dijo:

“El origen de la política de buena vecindad data de un día en la vida del Presidente, cuando como secretario adjunto de la Marina, al iniciarse la primera administración de Wilson, Estados Unidos se percató de que la situación con México se había convertido en crítica. El presidente Wilson decidió que el insulto que se había hecho al pabellón norteamericano en Tampico (no saludarla con el debido número de cañonazos) iba más allá de lo tolerable, dada la actitud poco amistosa y poco democrática de la administración de México. La flota recibió órdenes de ocupar Veracruz, el cual quedó durante varios meses bajo las fuerzas de Estados Unidos.

“Quizá la historia demuestre que este episodio fue requerido por las circunstancias pero el hecho innegable es que hubo muchos muertos de una y otra parte y que la mala impresión que este hecho perduró en América Latina durante toda una generación”.

La razón principal por la que Estados Unidos ha intervenido en América Latina y por ende en México, se encuentra en el discurso que el general Douglas Mc Arthur, entonces jefe del Estado Mayor del ejército norteamericano, pronunció ante los veteranos de la Primera Guerra Mundial:

“Toda nación que posee algo de valía tiene la obligación de estar preparada para defenderse de los ataques brutales o de lo esfuerzos injustos que contra ella se hagan, para apoderare de lo que es suyo.
“…desde los albores de la historia hemos visto al agresor militar suplantar al impreparado…
“…La riqueza no es una protección contra las agresiones, en realidad nada hay tan falta de protección, ni que tanto provoque la codicia, conduciendo fatalmente al rompimiento de la paz como la riqueza indefensa, rodeada de naciones armadas,”

La verdadera razón de la intervención en Veracruz, fue el mandar el mensaje a nuestros gobernantes sobre la reivindicación constitucional de la propiedad del subsuelo para la nación, mismo que interpretamos de la siguiente manera: si nos privan de nuestra riqueza petrolera actuaremos en la misma forma. De ahí que haya resultado absurdo su pretexto baladí sobre la “falta” de los honores correspondientes a su bandera. Es increíble. Sobre todo para una nación que adorna su ropa interior con su lábaro patrio.

El general Álvaro Obregón, político y estratega militar brillante, decía que a los norteamericanos era más conveniente tenerlos de enemigos que de amigos, porque lo primero nos prevenía y nos hacía desconfiados, y lo segundo era siempre peligroso, porque sin darnos cuenta se iba cediendo más de lo que el decoro nacional aconseja”.

(Así que mucho cuidado con las negociaciones bilaterales y las leyes secundarias).

Después del ataque miliar a Veracruz fragatas cubanas hicieron visitas a los objetivos bombardeados por los barcos norteamericanos, entre ellos la Escuela Naval Militar. Y en ella se encontró un libro de Táctica Naval, escrito por Rudolf Von Labresé, capitán de Navío de la armada austriaca.

En el mismo escribió Juan Rivera, capitán de corbeta

“Al hacer con mi compañero el teniente José Naudes Gucht López, la segunda visita a la Escuela Naval hallé esta obra en el departamento en que encontramos el día 24, las dos camas en que debieron estar los heroicos alumnos heridos o muertos durante el bombardeo que a ella hizo el crucero norteamericano “Chester” en la mañana del día 22 teniéndolo como un recuerdo que he resuelto entregar a su dueño o familiares si la casualidad me los depara en el mañana. Veracruz, 29 de abril de 1914. Juan Rivera Capitán de la Marina cubana.

“Nota: En este local leí en una pizarra: Defendieron este lugar los alumnos Menardo Blanco, Luciano Frías, Vásquez Reyna, Rodriguez Sabega, Guillermo Cano.” Por razones militares, el capitán Rivera tuvo que regresar a Cuba y no pudo entregar el ejemplar de la biblioteca de la Escuela Naval a esa institución. En 1925 se lo hizo llegar al jefe del Estado Mayor Presidencial de Plutarco Elías Calles, general José Álvarez y Álvarez de la Cadena, mi padre, quien lo conservó como un recuerdo de la valentía de los cadetes de la Escuela Naval y del comportamiento de los Estados Unidos.

Esto lo tuvo presente cuando en 1927 logró evitar una nueva invasión a nuestro país de parte de los norteamericanos (“El Plan Green”) para impedir que se reglamentara el artículo 27 Constitucional.

En el momento oportuno, este libro tendrá que formar parte de la biblioteca de la Escuela Naval.

alvarezenriqueta@hotmail.com



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