In Vino Veritas Por Roberto Valencia
Así se expresa en latín una gran verdad: que detrás del vino, encuentra uno el rostro oculto de si mismo. No significa esto exceso de vino, sino justo en el departir amigable, en las libaciones propias de quien hace un alto en la vida cotidiana para celebrar algo o a alguien. Así el vino se ha hecho central en las culturas occidentales. México ha ido ganando prestigio en la elaboración de grandes marcas de vino, junto a países latinoamericanos como Chile o Argentina. La cultura del buen beber en la Nueva España está muy bien documentada por los historiadores como Bernal Díaz del Castillo quien se asombraba que en este continente, nuestros ancestros fueran asiduos a las bebidas fermentadas, al chíngere y las elaboraciones espirituosas locales.

Todavía en 1768 Francisco Xavier Clavigero el primer criollo en escribir la “historia antigua de México”, adelantándose a nuestro gran ensayista Octavio Paz, descubre que en el País cristianizado por españoles, “son y siempre han sido muy sobrio en la comida, pero es vehemente su inclinación a los licores espirituosos…

hoy la abundancia de semejantes licores y la impunidad de la embriaguez los han puesto en tal estado que la mitad de la nación no acaba el día en su juicio… usaban varias especies de vino o bebida equivalente que hacían  de maguey, de la palma, de las cañas de maíz y del maíz mismo, que es el que llaman en otras partes chicha… “

Nuestra cultura vitivinícola está en aumento. ¿Qué diría el buen misionero Clavigero del mexicano actual? Creemos que México ha refinado mucho más sus costumbres alimenticias, si bien somos campeones de obesidad en el mundo, también hemos de afirmar que son cada vez más los mexicanos que adoptan buenas costumbres alimenticias y aparejado a ello, como no, el buen beber. Hay quienes recomiendan aparejar la leche, después de un buen vino, frase común entre los monjes era repetir “vino post late DIVINUM!”

Se consume más y mejor vino de mesa en México hoy y es posible en los ágapes encontrar buenas variedades, buenos maridajes y excelentes tertulias acompañadas de la verdad que suele descubrir el vino.

Al viejo Plinio le atribuyen los historiadores la autoría de la frase “in vino veritas, in Sanitas aqua”.  En México tenemos la costumbre del buen comer y el buen beber, documentemos nuestro buen humor citando de nuevo al buen misionero, el P. Francisco Xavier Clavigero en su mini ensayo “Carácter y costumbres de los mexicanos”:  "acostumbraban los mexicanos comer muy poco, pero bebían mucho en varias horas del día, ya vino de maguey, o de maíz, ya de chía ya de cacao, o cuando no había otra cosa, el agua natural”.

Es bueno el vino, para la salud, en medida. El gran problema es que entre los adolescentes es un problema serio y grave. Entre las principales secundarias y bachilleratos, por no decir ya en las universidades, encontramos serios indicios de jóvenes cuyo pre-alcoholismo, ni siquiera es detectado por sus padres. En alguna ocasión tuve que sancionar a algunos jóvenes que llegaron borrachos a clase, al citar a sus padres me argumentaron que sus hijos "jamás bebían".... cuando asombrosamente el apodo entre los amigos del jovenzuelo era precisamente "el pomo".  Educarnos en el buen beber, en saber beber, en saber detenerse cuando ya estamos bebidos, en saber escuchar cuando alguien quiere aconsejarnos del tema, es hoy una reflexión que debemos llevar a las aulas.

Algunos criterios que como educador podemos inculcar a nuestros estudiantes: 1. Saber elegir qué vino nos conviene beber. No todos los vinos hacen bien y a algunas jovencitas o jovencitos, se les "sube" más rápidamente uno que otro. Cada organismo es diferente. 2. Saber cuándo parar de beber.  Esa es la parte más difícil. 3. Nunca conducir cuando estamos bebidos 4. Guardar nuestra reputación y buena fama ante nuestro grupo escolar, sin asistir nunca a clase bajo el efecto de bebidas alcohólicas 5. Dialogar con nuestros padres sobre el punto. Cada familia es diferente y tiene diferentes puntos de vista sobre cómo educar a los hijos en el buen beber. Para los protestantes cristianos el tema está cerrado "está prohibido beber por el mismísimo Dios". Pero para otras familias es común beber en fiestas, vacaciones, o en las comidas. El problema es que muchos padres no saben cuándo sus hijos se van de largo. 6. Dialogar con nuestros maestros sobre el tema. 7. Como maestros NUNCA PROPICIAR que nuestros alumnos se excedan en el beber y mucho menos que vean a un profesor o profesora en estado inconveniente. En el área de educación es como echar por debajo toda nuestra labor educativa por la simple razón que el alumno descalificará al maestro por verlo en una conducta inapropiada. 8. Como instituciones educativas NO PROMOVER en nuestras aulas, ni fiestas de "full cover", "barra libre" o viajes donde abiertamente sabemos que los estudiantes pueden incurrir en excesos.

Son en mi opinión, algunas sugerencias donde podríamos educar mejor a nuestros estudiantes. Una duda que siempre me ha surgido, es por qué cada vez más en nuestras escuelas, va en aumento el número de mujeres que sucumben a la bebida, dejando en mal mucho más que su reputación. Es un problema que aún no logro comprender.




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