HIJOS COMPARTIDOS Por Esther Guadarrama Benavides
Las rupturas de pareja, ahora al parecer inevitables, son una marejada interminable de emociones, situaciones y circunstancias todas difíciles para la familia, teniendo consecuencias a muchos niveles y especialmente para los niños. Por lo que a partir de mi experiencia en el Centro de Convivencia Supervisada y como perito  en psicología del sistema judicial, es que sugiero las siguientes cuestiones para los padres en relación a sus hijos:

La primer cosa que necesita un progenitor es separar sus sentimientos, dividir la ruptura de la pareja de la relación con sus hijos, por difícil que parezca. Es de vital importancia preservar la relación con los hijos, aclarándoles en primer término juntos ambos padres, que la ruptura de pareja no implica que se les deja de querer, que tampoco la separación es causa de los hijos, y que con independencia de la separación, ambos padre y madre, siguen amándolos como siempre. Ello descargará a los niños de culpas, dudas y muchos conflictos, permitiéndoles a los niños estar más libres y facilitándoles la adaptación a las nuevas circunstancias que estén por delante.
En cuanto a la separación, cada progenitor tendrá que elaborar su duelo y debe reconocerse con claridad y verdad cuándo se requiere de ayuda profesional, y acudir a ella por el bien de todos, evitando amistades tóxicas que sólo dan consejos negativos basados en sus malas experiencias y sus asuntos inconclusos.

Comprender que aunque la lógica diga que un padre que no cumple con su obligación económica con su hijo no tiene derecho a verlo, esto es contrario al Derecho, puesto que una es la cuestión de “alimentos” antes denominada pensión alimenticia, que comprende las obligaciones económicas del progenitor que no tiene la guarda y custodia de sus hijos, y que incumplirla podría ser causal de pérdida la patria potestad de sus hijos, pero no evita la convivencia con el menor, porque la convivencia es derecho de los niños, y la Corte ha fallado a favor de mantener el derecho de convivencia del menor, basado en “el interés superior del menor” aun cuando se pierda la patria potestad.

Una vez aclarado esto, es vital comprender la co-parentalidad, es decir, la necesidad de acuerdos continuos entre los padres respecto al menor, de forma clara, concreta, específica y sin buscar ventajas personalizadas, evitando involucrar a los niños, por su bienestar.

Mantener un rol pacificador ante los hijos (Jayne, 2000), lo que implica no incluir a los menores en la disputa legal, evitando descalificar frente a los niños al otro progenitor y evitando mostrar o leer el contenido de documentos legales, ya que ello es sumamente dañino para los niños, lo que los confunde, generando odio y rencor hacia el otro progenitor, evitando que confíen y amen a una de las dos personas más importantes y fundamentales para su vida.

Estar dispuesto a disculparse con sus hijos por los errores cometidos en el proceso de separación, es un principio sanador, ya que seguramente y dentro del conflicto, no se tuvo tacto o se fue omiso en el cuidado físico y emocional del menor como parte del mismo conflicto de separación de la pareja, que se da en general, en tanto dolor, enojo, frustración y muchos sentimientos difíciles de manejar y por lo tanto, en muchas ocasiones imposibles de controlar.

Es bien importante, ayudar a los niños a generar una actitud que comparta positivamente con ambos padres y que incluya su nueva realidad, como lo puede ser la presencia de nuevas parejas y medios hermanos, retrasando en la medida de lo posible tener una nueva pareja, para que los niños puedan ir asimilando más los eventos. Evitar a toda costa querer sustituir a un progenitor con un padrastro o madrastra, ya que ello lastima a los niños a un punto incurable, puesto que se debe comprender que las figuras parentales son INSUSTITUIBLES, no importando lo que haya sucedido entre la pareja, no importando los actos de los padres, ellos para los hijos en su corazón y para su formación no pueden ser sustituidos por otra persona; es negar un derecho natural, es evitar que un niño crezca sano y que pueda en un futuro tener una vida sana y feliz.

En el enojo con la contraparte, los padres cuestionan la lealtad de los menores hacia el otro progenitor, puesto que se sienten traicionados por los hijos si quieren al otro progenitor. Debemos ser adultos responsables por encima del dolor y evitar cuestionar el amor que el menor le tiene al otro progenitor, reiterando el amor que se les tiene y procurando recordar los momentos agradables y sobre todo, generando nuevos momentos adecuados, sin interrogarlos sobre lo que hacen con el otro progenitor o lo que viven.

El punto más grave es caer en la tentación de explotar emocionalmente al menor, me refiero a contarle al niño la “supuesta verdad” de lo sucedido, enseñándole las cosas, manteniéndolo al tanto de los asuntos legales, llevándolo al juzgado cuando no es necesario, sometiéndolo a periciales en materia de psicología, testimoniales, exámenes médicos innecesarios, proceso de convivencias supervisadas, etc., es decir, utilizando al menor como arma de ataque contra el otro progenitor, lo que es lo más común en los divorcios necesarios, sin visualizar que el menor al verse involucrado, al participar activamente de la disputa legal, adquiere un falso poder, en donde se le hace creer al menor que toma decisiones en el divorcio, que decide si quiere ver o no a su progenitor, que su punto de vista es necesario y respetado, y muchas cosas, todas mentiras, para hacer que haga lo que se quiere, lo que conviene a los intereses personales, pero sin ver, que esto daña al menor, generando una relación simbiótica con un progenitor, compartiendo sentimientos que no le son propios, identificándose con otras figuras como lo son los abuelos que apoyan su postura, lo que le va a afectar en toda su vida y que van a evitar que tenga una posibilidad de un buen futuro como persona.

Evitar llevar a los juzgados a las nuevas parejas, especialmente en los momentos que los niños van a sus audiencias, porque seguramente los menores serán requeridos por el Juez para acudir y platicar con ellos, pero es bien importante ser adultos y separar la ruptura de la nueva pareja, evitando confrontaciones, evitando de igual forma llevar como personas cercanas y de apoyo a familiares que estén enojados por el divorcio (principalmente las abuelas) quienes no tienen tacto para decir las cosas y son sumamente tóxicas para los niños, puesto que en todo momento, le reiteran a los menores lo malo que son sus progenitores, con la bandera de que los están protegiendo.

El divorcio es sumamente complicado y desgastante, pero ser adultos y anteponer el amor a los hijos, es la tarea más importante que los padres requieren cumplir.

psic.esthergb@gmail.com



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