El palenque político de Puebla: una polla y dos gallos Por Alejandro Manjarrez

Gallo que no canta, algo tiene en la garganta


Quedó listo el escenario electoral.

Los contendientes están ya en el palenque.

Una, Martha Erika Alonso Hidalgo, aplicándose el maquillaje con el cual busca mostrarse bondadosa, confiable y bella, diametralmente opuesta a Rafael Moreno Valle, su controvertido y nunca bien ponderado esposo. Y los otros dos colocándose la máscara ésa descrita con la extraordinaria pluma de Octavio Paz, precisamente en El laberinto de la soledad.

Los tres harán todo lo posible para que el elector los vea como seres alados, milagrosos, mágicos, poderosos, con espolones.

Uno de ellos emulará a Germán List Arzubide cuando lance a los cuatro vientos sus estridentes críticas contra los otros dos y lo que hay detrás de sus pares rivales.

Valiéndose de su incendiaria verborrea, otro tratará de convencer al ciudadano de que sólo él es capaz de desaparecer los problemas sociales que agobian al estado de Puebla.

Y el tercero arremeterá contra sus críticos sacándoles los trapitos al sol para exhibirlos como corruptos, soberbios, cínicos y farsantes.

Tumb, tumb, tumb…
Se escuchan ya los tambores de guerra, sonido que ambienta la noche cuya  luna ilumina la macabra figura de los gurús, brujos o expertos en marketing político. Éstos avientan los huesitos a la tierra para saber qué estrategia seguir y cómo eliminar al candidato más peligroso para su cliente y, obvio, para ellos cuyo éxito depende del numero de cifras del cheque que sufraga sus honorarios.

Martha Erika Alonso se prepara para jugar con su condición femenina. Es probable que tire la navaja a la yugular del adversario más peligroso, ya sea por su capacidad oratoria o bien por su cultura política, misma que incluye información privilegiada (aún no sé cuál de los dos candidatos está en el espacio cerebral de Martha, ahí donde anida el resabio. Tal vez estén ambos). Podría, por qué no, revelar con la sonrisa brotándole de su colorido rostro, las contradicciones e hipocresía del candidato que antes ponderaba la capacidad e inteligencia de Rafael y que ahora lo sataniza endilgándole los epítetos que brotan de las bocas de la canalla. 

Miguel Barbosa Huerta hará su campaña valiéndose de la información que tiene sobre las “cañerías” del mercado electoral poblano. Atacará sin misericordia. Se defenderá como el bravucón del barrio. ¡No hubo moches!, gritará con la convicción del senador que domina la tribuna parlamentaria. En cada una de sus peroratas tendrá que validar su amenaza de meter a la cárcel al cónyuge de Martha Erika, mujer a la cual ha catalogado como una respetable dama víctima del machismo y la manipulación de su esposo, el ex gobernador y titiritero Moreno Valle. “Por sus revelaciones la conoceréis”, supongo que dirá antes de traer a cuento las denuncias de espionaje contra Rafita.

Enrique Doger Guerrero hará honor a su segundo apellido. Saldrá a la arena pública dispuesto a ganar la elección al costo que sea. No aceptará manchar con una derrota su cadena de éxitos basados en su estilo cabrón, contestatario y virulento. Tratará de sacar del closet a sus enemigos políticos, unos embozados y otros disfrazados con la máscara de la tragedia, la comedia, el drama, dependiendo la ocasión. Al final de cuentas el de Puebla es el teatro político que supera al aldeano de las fiestas carnestolendas. Se defenderá, como siempre lo ha hecho. Atacará, como aprendió a hacerlo cuando vivió inmerso en la grilla universitaria. No tendrá misericordia ni con la candidata de Moreno ni con el candidato de Morena. Sabe y conoce las entrañas del poder, de la izquierda, del cuarto de guerra donde se prepara el denuesto programado para desprestigiar al oponente.

Estimado lector: lo que vendrá después, cuando inicien las campañas es, como arguyen los médicos, de pronóstico reservado. Así que es mejor que concluya esta columna recordando con usted uno de los tantos cuentos de la picaresca mexicana…

 Le pregunta el novel jugador a uno de los galleros del palenque:

—¿Oiga amigo: y cuál de los gallos en el bueno?

—El giro, amigo, ése es el bueno —responde el amarranavajas.

El apostador mete todo su dinero al giro. Termina la pelea y su gallo acaba muerto en la arena. Deprimido y molesto busca al asesor casual. Lo encuentra y le reclama…

—¡Ya ni la jode usted! ¡Me engañó! ¡Perdió el giro…!

—No amigo, no lo engañé —responde el gallero—. Usted preguntó cuál era el bueno y yo le respondí. Si me hubiese preguntado cuál ganaría le habría dicho que el colorado que es un gallo hijo de la chingada…

Vistos los perfiles trazados a vuelapluma, con todo respeto les aconsejo que empiecen a preparar sus apuestas por el gallo (o la gallina) de su preferencia. Espero no los 

acmanjarrez@hotmail.com
@replicaalex




ARTÍCULOS ANTERIORES