Blanca Alcalá, promesa fallida Por Manola Álvarez Sepúlveda
Llegó como una esperanza, como una bocanada de aire fresco. Era la primera mujer que gobernaría la ciudad de Puebla, la capital conservadora y misógina. Muchos de sus electores votaron por ella porque representaba un cambio, porque no era parte de la “burbuja marinista”. Se sabía que no contaba con las simpatías del grupo en el poder. Su formación académica como becaria en la Universidad de las Américas, la alejaba del grupo que rodeaba y cobijaba a Mario Marín.

Algo pasó porque sus colaboradores le fallaron o ella no supo ser su líder. Hubo varios que por sus ambiciones políticas y económicas personales afectaron la imagen de la Presidenta municipal. Por ello la ciudad se llenó de obras “chafas”, algunas en contra de la lógica histórica. Se suplió lo centenario por la “modernidad” de concreto. Se montaron “monumentos” o vitrinas de pésimo gusto. Sus sendas están para llorar. La obra pública, además de mal hecha e inconclusa, ha servido para que la acusen de tener constructores “consentidos”, a quienes les otorgó contratos a cambio de que pagaran una comisión a su hermano Miguel Ángel; no sabemos si es o no verdad porque hasta la fecha no lo ha desmentido.

El momento culminante de su capital político, fue cuando el PRI buscaba candidato a la gubernatura. Tenía muchos simpatizantes, pero en lugar de aprovechar la animadversión del gobernador hacia ella, para ganarse la simpatía de los electores, tuvo miedo y se hizo a un lado. Se dedicó a decir que ni declinaba ni aceptaba la postulación. Zavala fue designado candidato a la gubernatura y no lo apoyó. Tampoco lo hizo con el PRI. Fue una política anodina, timorata.

Cuando se aprobó la retrógrada y anticonstitucional ley de la familia, tuvo la oportunidad de fijar su postura ante el cabildo, pero en lugar defender el derecho de las mujeres para decidir la procreación de un hijo, prefirió salir corriendo. Y con el pretexto de una reunión en México, dejó que los regidores “votaran en libertad”. Dijo en corto que lo hacía por temor a las represalias del gobernador, quien podría usar al Congreso del estado para rechazar la cuenta pública del Ayuntamiento que gobierna.

La acusan también de haber dilapidado el dinero en asesorías muy caras. Yo creo que lo lamentable es que no sirvieron para nada. Por lo que se pudo ver, le aconsejaron que se promoviera en la ciudad de México, en los medios nacionales. Que se acercara a los columnistas y políticos del centro. Por ello tantos viajes y reuniones en la capital del país. Que realzara exageradamente su imagen juvenil, lo que la llevó a ser conocida como la “Heidi” poblana.

Se entiende que un gobernador con ambiciones de ser secretario de estado o presidente de la República, se balconeé a nivel nacional, pero qué beneficio le puede proporcionar a una presidenta municipal cuando lo lógico es que ésta aspirara a la gubernatura o al senado. No tenía por qué perder el tiempo conquistando a los políticos y periodistas del centro. Ya ven, ni los reconocimientos internacionales ni el montón de cédulas reales, algunas de ellas entregadas a personas valiosas como Rosario Green Macías y Héctor Aguilar Camín, le permitieron ser secretaria general del PRI. En fin, Blanca Alcalá fue una esperanza que al final resultó fallida.

Ahora nos encontramos ante otras dos en Puebla: Rafael Moreno Valle Rosas y Eduardo Rivera Pérez. Los electores los eligieron porque volvieron a apostar por un cambio. Nuevamente el anti marinismo resultó un factor determinante para la alternancia. Ojalá que dentro de unos años no tengamos que repetir el comentario.

Muy bien que traten de hacer todo lo que no se ha hecho, pero sin menospreciar o hacer de lado la opinión de la sociedad. En Puebla hay mucho talento y capacidad. Sólo es necesario encausarlo. No se vale olvidar la inteligencia de los poblanos, a veces barroca y en ocasiones directa.

Y en el estado de Veracruz otras dos esperanzas: Javier Duarte de Ochoa y Elizabeth Morales García, otra mujer que ha despertado la ilusión en los xalapeños, que esperan no se repita el “fenómeno” Blanca Alcalá.

En ambos territorios es necesario que realicen acciones que saquen a los estados de la mediocridad. Esperamos, pues, que no pasen por alto esa su responsabilidad histórica, que tengan presente que los ciudadanos no olvidan y menos aun perdonan.

alvarezenriqueta@hotmail.com




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