La impunidad en México, el mensaje erróneo Por Tobías Cruz
Después del terrible caso de los desaparecidos de Ayotzinapan, salieron a la luz una serie de atrocidades conocidas por todos con repercusiones globales. Los medios más importantes del orbe documentaron el caso, y esto preocupó al Gobierno Federal por las consecuencias económicas y el freno a las inversiones de empresas extranjeras en el territorio mexicano.

El mundo volteó la mirada a México y la gran impunidad que impera en el ámbito político. Las relaciones oficiales con el crimen organizado y la gran corrupción que existe en todo el sistema mexicano. El problema de fondo, el cáncer que hay que erradicar es; la impunidad.

Qué mensaje manda un país que saca a la luz un escándalo donde gobernadores se ven involucrados en tráfico de influencias, contrataciones a sobre precio, represión, mentiras, agresiones, asesinatos sin resolver, enriquecimiento inexplicable y un largo etcétera sin que sean sancionados.

Algunos escándalos se olvidan y los funcionarios continúan su "intachable carrera política".
Entonces; ¿qué mensaje manda el sistema político mexicano a los ciudadanos que lo conforman? El mensaje claro de "sí se puede".

Sí se puede enriquecerse, sí se puede hacer negocios y traficar con las influencias. Sí se puede reprimir, incluso matar, indirectamente, claro. Sí se puede desviar recursos públicos para beneficio personal. Sí se puede abusar del dinero del pueblo para vivir cómodamente. Bastarían cientos de hojas para ejemplificar actos de corrupción en todos los ámbitos políticos. Pero el sí se puede es lo que ha permitido el cinismo de la clase política mexicana, lo que hoy despierta al pueblo mexicano, estudiantes y no estudiantes a marchar en las calles exigiendo la aparición de los 43 normalistas desaparecidos en Ayotzinapan. Aunque existan evidencias de que uno de los restos encontrados en el basurero de Cocula, pertenezcan a uno de los estudiantes, los padres de familia no pierden la fe.

Entre tanto barullo, el escándalo de los normalistas ha salpicado a todos los partidos políticos. Los ciudadanos no les creen. El presidente empezó bien con la detención de Elba Esther Gordillo. Se le aplaudió por el ícono de corrupción que ella representa. Pero ¿y el gobernador Rafael Moreno Valle?, el pupilo de la maestra. Acusado de represión y autoritarismo. De desvío de recursos públicos y endeudamiento. De girar instrucciones para legislar una ley absurda que terminó con la muerte de José Luis Tehuatlie Tamayo. De no hacer caso a las recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. De burlarse de los medios y de la sociedad fabricando mentiras que después fueron desmentidas por todos los que en algún momento creyeron su hipótesis del cohetón y la onda expansiva.

Este tipo de casos dan un mensaje erróneo a la clase política. Cualquier abuso es perdonado. Pueden los políticos siempre aplastar a los que les molesten.

En cualquier país de primer mundo, como les llaman a los países desarrollados, esta clase de abusos no existen. Los hay pero son perseguidos y juzgados. Recuerdo el caso de la funcionaria sueca que fue destituida por usar recursos públicos para comprar chocolates. En México, los gobernadores abusan de estos para vivir muy bien y festejar a lo grande la opulencia que permite el poder.

La caída del gobernador de Guerrero, ¿la solución?

Muchos actores políticos dijeron que esta no era la solución. Por supuesto que lo fue. Por estas razones: el entramado político en la entidad se disuelve. El nuevo gobernador, entra en funciones por la omisión y pocos resultados de su antecesor. Lo que obliga a que sea más cuidadoso en su actuar. Los diputados, gente del gobernador y comprometidos a ser serviles, tienen la oportunidad de realizar su trabajo y ver por los intereses de la sociedad. Ser un contrapeso para el gobierno. Lo mismo con el poder judicial. Este seguramente será renovado por el nuevo gobernante. Los negocios y compromisos "chuecos" sin duda serán revisados. El funcionario, por instinto de supervivencia intentará realizar su trabajo de manera adecuada. El que no cumpla, quiero pensar, será destituido de su cargo. Guerrero tiene la oportunidad de empezar el camino a la estabilidad social. Lo que jamás hubiera sucedido con Ángel Aguirre. Bueno es lo que se espera. Puede también no pasar nada.

Cero protección a los gobernadores, altos funcionarios y bajos funcionarios es lo que necesita México para salir adelante. El Presidente Peña ha anunciado un decálogo de acciones para que en el país no vuelvan a suceder lamentables actos de barbarie. Entre ellos está la acción de impulsar la creación de una Comisión Anticorrupción. Si empieza contra los gobernadores, podría anotarse un punto. Si no, caerá un escalón más en la ruta del desprestigio.

Ya basta de logros mediáticos e irreales. La gente no es tonta. Palpa si en verdad hay logros o son jarabe de palo. Es indignante ver presos por robo de celulares o manifestaciones, como en el caso de Puebla, y día con día admirar los excesos de los funcionarios públicos sin que recaiga en ellos una sanción. Al final la sociedad los sanciona con el rechazo, con el repudio y la memoria. Pero... La impunidad gana. Aunque se documenten sus excesos y existan delitos que perseguir, viven tranquilamente disfrutando de lo que se robaron, lo que generó el negocio de su vida; ser funcionario público. En el momento que se haga algo en contra de quien abusó de ese poder, hasta ese momento que el mensaje sea de castigo y no de colusión o encubrimiento, México verá una luz de esperanza. De no ser así, el clima de hartazgo social crecerá hasta llegar a niveles muy peligrosos.

Hasta la próxima


@Cruztobas
tobiascruz@revistareplica.com




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