La leche, La Vitamina D y la pigmentación de la pielPor Lucía D. Ríos Delgado Falcón

Robert Lowie, antropólogo reconocido, consideró como un hecho sorprendente que los asiáticos orientales como chinos, japoneses, coreanos e indochinos manifestaban un rechazo hacia la utilización de la leche. La comida china no contaba con platillos preparados con leche o sus derivados.

Cuando Estados Unidos acudió para ayudar a la alimentación de los países subdesarrollados, después de la segunda guerra mundial, los funcionarios de la U.S. Agency for Internacional Development, optaron por elegir a la leche como arma en la guerra contra el hambre. Entre los años 1955 y 1975, algunos organismos oficiales mandaron millones de toneladas de leche fundamentalmente, a los países necesitados del mundo.

Tiempo después de haber arribado los primeros cargamentos a África, Latinoamérica, Oceanía y otros lugares necesitados, se comenzó a escuchar el rumor de que la gente enfermaba por beber esta leche.


En 1962, llegaron 40 millones de kilos de leche deshidratada a Brasil, la cual provocaba distención abdominal, cólicos y diarrea en las personas, a lo que E.U.A. respondió que la gente no sabía cómo prepararla, ya que se la comían a puños o la mezclaban con agua contaminada. Lo que no investigaron fue que las personas que enfermaban estaban acostumbradas a tomar leche de vez en cuando y en pequeñas cantidades, no en vasos enteros.

Muchos médicos estadounidenses que trabajaban con poblaciones indígenas y habitantes de los guetos, se dieron cuenta que sólo un vaso de leche era suficiente para producir desagradables síntomas gastrointestinales en negros e indios, la causa: incapacidad de digerir el azúcar que contiene la leche, dicho azúcar, llamado “lactosa”, se define químicamente como un polisacárido o azúcar complejo, y se encuentra en la leche de todos los mamíferos, con excepción de pinnípedos (focas, leones marinos y morsas). Las moléculas de lactosa son complejas y no pueden entrar a la sangre sin ser descompuestas en glucosa y galactosa (azúcares simples) por la intervención de la enzima llamada lactasa; la cual, se descubrió, no estaba presente en dichas poblaciones. 

Hoy día sabemos que las poblaciones europeas del norte de los Alpes (holandeses, daneses, suecos y escandinavos en general) son capaces de digerir cualquier cantidad de lactosa gracias a que tienen suficiente lactasa.

Los seres humanos sólo tenemos una forma de incluir leche en nuestras dietas; robándola a otros animales lactantes lo suficientemente mansos como para dejarse ordeñar. Y no fue sino hasta que se dejaron domesticar dichos animales, cuando fuimos capaces de sintetizar la lactasa.

Después de tantos estudios, se llegó a la conclusión de que los intolerantes a la lactosa no son capaces de absorber el calcio presente en la leche, aunque se ingiera.

Y es aquí donde entra la relación de estas dos líneas; existen estudios que nos informan que la leche contiene vitamina D, la cual se absorbe por medio de la exposición a los rayos solares. Pero si la piel es morena, es decir, tiene una mayor cantidad de melanina, poco se va a absorber dicha vitamina; tendrá menos probabilidades de contraer enfermedades de la piel y de absorber la lactosa presente en la leche o derivados lácteos.

Al contrario, si se tiene piel clara, es indicador de la poca presencia  de melanina en el cuerpo y se podrá absorber mejor la vitamina D, se tiene mayor susceptibilidad a contraer enfermedades de la piel y se encuentra en mayor cantidad la enzima lactasa para degradar la lactosa presente en la leche o derivados.

Por ello encontramos una razón lógica entre las personas de piel clara para consumir la leche, y en las personas de piel obscura, su incapacidad para hacerlo. Cabe destacar que algunos individuos se han ido adaptando al medio y la pueden digerir, quienes nunca han sido expuestos presentan una incapacidad para producir dicha enzima.

Lucía Daniela Ríos Delgado Falcón
Lic. en nutrición y C.A.

f_lillianc@hotmail.com




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