Al PRI le urge un “alquimista” Por Alejandro C. Manjarrez
El PRI tiene un gran reto: pasar del populismo electorero al ejercicio pleno de la política como tal. Me refiero, obvio, al populismo en su acepción peyorativa no así a su origen ideológico (siglo XIX) que proponía el entrelazamiento de la democracia agraria con el socialismo campesino utópico. E indico el concepto “política” partiendo de lo que debería ser: una fuerza transformadora que impulse el desarrollo social.

¿Podrá el otrora partidazo remontar la cuesta que le construyeron sus mismos militantes o ex líderes naturales y en algún momento los beneficiarios del dedazo?
Para responder la pregunta de manera contundente, habría que estudiar desde las actitudes de sus dirigentes hasta las traiciones de sus militantes.
Esto porque el tema tiene connotaciones, digamos que sociopolíticas, cuyo origen data de cuando un gobernador hizo presidente a la persona más modesta desde el punto de vista intelectual, un individuo que se refirió a la ideología como el betún del pastel.

Así que dejo las profundidades del raciocinio o del análisis sesudo para abordar el asunto valiéndome del pragmatismo campechano o, si usted quiere, chabacano. Es, creo, la forma más adecuada para llamar la atención de los políticos de chile, de dulce y de manteca.

Hace poco dije en este espacio que el PRI se convertiría en una fuerza opositora muy importante. Lo que omití por prudencia periodística (estaba presente el dolor de la derrota y aún se escuchaba el plañir de los perdedores), fue que para adoptar su inesperado papel ese partido necesitaría de una nueva estructura y de mucho dinero. Logradas estas condiciones y lo que de ellas se deriva, la sociedad sería la principal beneficiada porque Puebla tendría un partido con la fuerza, la representatividad y la razón ideológica para seguirle las huellas social y económica al nuevo gobierno.

¿Dinero?, preguntará el siempre desconfiado lector. Pues sí, el maldito dinero que nada vale, como dice la canción, pero con el cual se pueden resolver varios problemas, entre ellos el de la liquidez necesaria para pagar la nómina y los gastos de operación que en el PRI poblano ascienden a poco más de tres millones de pesos al mes.

¿Estructura? En efecto, nuevos cuadros ajenos a la soberbia que afectó el sentido común de los viejos cuadros, “enfermedad” que propició el menosprecio hacia el candidato opositor soslayando, además, el deseo o necesidad que inspiró a los electores para el día de la elección salir a cobrarse los “agravios”, según lo dijo alguno de los analistas políticos nacionales.

Y aquí surge un problema mayúsculo: ¿de dónde diablos van a obtener 36 millones de pesos anuales? ¿De las “cuotas” de sus militantes? ¿Del gobierno? ¿Cuál? ¿Del PRI nacional? ¿De Enrique Peña Nieto? ¿De las loterías que organice? ¿De poner en acción la charola que ya perdió tamaño, brillo y eficacia? ¿De los “benefactores” que lo fueron hasta antes de la derrota? ¿De los funcionarios que de pobres pasaron a ser millonarios gracias precisamente al PRI? Tomo prestada una de las acepciones de los abogados francos y directos para decir: está cabrón su asunto. Y vaya que lo está porque de prerrogativas sólo reciben alrededor de diez millones de pesos, según mis fuentes. Esas mismas fuentes opinan que el problema podría resolverse si los priistas ricos se pusieran la mano en el corazón para devolver algo de esa riqueza a la matriz que los hizo pudientes, gracias a que su máximo líder los puso donde hay. Alguien tendría que convencerlos de la necesidad de optar por esa “filantropía”, en el entendido de que la solvencia de su partido podría brindarles una especie de protección contra las “persecuciones malvadas” de aquellos que se sentirán los reivindicadores de la honestidad en el servicio público.

¿Qué hacer entonces? Según otro de los priistas entrevistados por este columnista, sólo hay un camino y éste se llama transparencia. Sí, transparencia para contratar a un despacho de especialistas (borre a Estefan y a cualquier otro priista) que “descubran” el verdadero problema y propongan soluciones inteligentes. ¿Cuáles? Le prometo averiguar por dónde buscar al alquimista que tenga a su alcance la piedra filosofal del marketing político.

acmanjarrez@hotmail.com



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