Lo que viene conviene Por Alejandro C. Manjarrez

Mal que bien, los candidatos presidenciales metieron a la sociedad en un mundo de propuestas, sueños guajiros, descalificaciones, ocurrencias, odios y amores. Sin habérselo propuesto impulsaron el viraje que desde la década de los 80 buscaron los poderes fácticos asesorados o animados por los gringos “democratizadores”. Se logró así lo que ninguno de sus arcángeles o diablos –depende de quién se trate– habían podido hacer.

Josefina Vázquez Mota carga el fardo que representa el presidente Felipe Calderón, cuyo pasivo cuenta con 60 mil asesinatos sin resolver y 10 mil mexicanos desaparecidos. Esto además de la misoginia del poder político nacional y los errores provocados por la tozudez de su gurú o asesores, gente toda empeñada en dos acciones: la guerra de lodo y el encubrimiento de personajes como Juan Molinar Horcasitas, por ejemplo, autor indirecto de la muerte de los niños que perecieron en el incendio de la Guardería ABC, quizá porque en ese caso judicial están involucrados importantes personajes relacionados con la familia presidencial.


Enrique Peña Nieto soporta el peso del priismo que lleva la marca de la “Escuela Política Edomex”, donde se ha multiplicado el exquisito estilo que Carlos Hank González definió con su famosa frase: “Un político pobre, es un pobre político”. Tiene el oficio y talento políticos (mano izquierda) que legaron a sus paisanos personajes de la talla de Narciso Bassols, Ignacio Manuel Altamirano, Adolfo López Mateos e Isidro Fabela, por citar a unos cuantos. Pero Peña nos ha demostrado que no es suficiente admirar a los personajes célebres y menos aún conformarse con el entrenamiento digamos que utilitario, ejercicio que nunca podrá suplir a la cultura.

Andrés Manuel López Obrador no ha podido borrar el origen priista que tanto le ha pesado y que un día decidió abandonar para repudiarlo hasta el hartazgo. El tabasqueño lleva sobre su espalda los justos o injustos reclamos producto de los actos de protesta inspirados en su estilo respondón, a veces ubicándose en las antípodas de la ortodoxia política. Sus impulsos personales contrastan con sus propuestas de gobierno. Y ha sido rebasado por la estrategia que, posiblemente, de acuerdo con su orientación, diseñó su tanque de cerebros cuyo objetivo es ganar las elecciones a como dé lugar. Tal vez a eso se deba que un día se muestre bondadoso y fraterno, al siguiente metido en los burgos donde domina el odio, y después retornando al espacio amoroso en el cual, a veces, se maneja con la cola entre las piernas.

Gabriel Quadri de la Torre carga con el pecado de pertenecer al partido de Elba Esther Gordillo, la lideresa en cuya nómina de afectos figuran distintas personalidades del mundo oficial, unos dispuestos a la controversia más defensiva que ofensiva, otros a dejarse seducir por lo que representa el SNTE, y los menos arrepentidos del origen del cargo que ostentan, mismo que depende del poderío caciquil de la maestra.

La génesis del cambio
Apunté líneas arriba que en la década de los 80 ocurrió la siembra de la semilla cuyo fruto podríamos estar viendo. La Heritage Foundation, organización estadunidense ultra conservadora, produjo un documento tan agresivo como invasivo: proponía buscar la forma de poner a México de rodillas para lo cual había que inducir a sus políticos para que eliminaran los históricos compromisos ideológicos. Hubo entonces dinero a raudales para, decían, promover la democracia en América Latina, empezando por nuestro país. Manuel de Jesús Clouthier del Rincón fue visto con agrado por los conservadores del vecino país. Carlos Salinas de Gortari, su adversario y al mismo tiempo alternativa para el proyecto gringo, representaba, más que al PRI, al neoliberalismo económico que el priista Salinas había abrevado en Harvard. Cuauhtémoc Cárdenas resultó el candidato incómodo debido a sus antecedentes familiares y políticos, mismos que no encajaban en el planteamiento de la fundación mencionada.

A la artimaña electorera, por cierto nada democrática y muy infiltradora, se acompañaron acciones mediáticas diseñadas para obligar al cambio político: el consorcio Time-Life-Warner Brothers armó reportajes y produjo el documental sobre la muerte del agente de la DEA, Enrique (Kiki) Camarena, crimen que puso a México en los anales de la corrupción institucionalizada. A pesar de todo y del dinero que se envió a México, Clouthier perdió la elección y Salinas llegó al gobierno para romper los paradigmas de su partido y llevar a cabo la desideologización del Estado mexicano: modificó los artículos 3ro. 27, 123 y 130 de la Constitución, cambios que impulsaron la presencia y crecimiento en México de otras religiones, entre ellas la profesada por la mayoría del pueblo estadunidense. De ahí la paradoja que produjo el gusto de la Iglesia Católica que sin darse cuenta de la trampa, echó las campanas a vuelo porque “habían logrado” el reconocimiento constitucional.

Las sacudidas
En pleno ejercicio de su poder, Salinas fue “sorprendido” por la guerra que el Comandante Marcos le declaró al gobierno mexicano. Manuel Camacho Solís intervino como mediador y convenció a su amigo y jefe para que pactara con los insurrectos dándose la oportunidad de ubicarse ante el mundo como un estadista de avanzada, pacifista y humanista. Pero ni uno ni el otro contaron con la inteligencia del subcomandante que, como lo sugirió Gutenberg, inventor de la imprenta, usó al ejército de 26 soldados de plomo para derrotar al “enemigo”, sobrevivir y trascender internacionalmente en perjuicio de la fama pública del presidencialismo mexicano, entonces representado y exacerbado por Carlos Salinas.

Después se produjeron los llamados crímenes de Estado siendo asesinados el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo, el candidato Luis Donaldo Colosio y el destacado político Francisco Ruiz Massieu, éste último emparentado por cierto con el entonces Presidente de México. La política, el PRI, los políticos y el gobierno priista entraron en el tobogán que los llevaría al desprestigio. Y seis años después ocurrió el famoso cambio que tanto presumió el Partido Acción Nacional y también Ernesto Zedillo.

La vergüenza republicana
Ganó Vicente Fox Quesada la presidencia, cargo al cual le puso las botas y las zapatillas del vaquero dominado por su mujer. Este personaje no sólo mutiló el águila del escudo nacional sino que además castró a la institución republicana para injertarle la nueva figura que él mismo definió como “pareja presidencial”.

A estas alturas, los integrantes conservadores de la conservadora Heritage Foundation, deben haberse divertido mucho ante la estupidez que de plano rebasó las expectativas que propusieron en aquel documento, insisto, tan agresivo como invasivo. Y puede ser que hasta Felipe Calderón (al fin abogado) se haya lamentado por el apoyo y el manejo electoral que a favor de Fox promovió el PAN, a la sazón bajo su presidencia y control.

Conociendo a su jefe como tal (mandilón y dependiente de su esposa), Felipe empezó a armar su proceso interno para suplir al presidente con botas. Supo por dónde caminar y en qué momento retirarse de la férula conformada por la “pareja presidencial”. Aprovechó la indignación de los panistas custodios y los de cepa y los tradicionales con el objetivo de ganar la candidatura de su partido al máximo cargo del país. Y llegó a cruzarse la banda tricolor gracias a su visión electoral y al “pequeño detalle” que representó la señora Elba Esther Gordillo Morales, cuyos controles llegaban hasta el mismísimo seno del Instituto Federal Electoral.

Inicio del despertar
Calderón se hizo del poder gracias a sus conocimientos y habilidades de tipo electoral, además del apoyo y compromisos signados “de a bigote” con la lideresa del magisterio nacional. Y también por el voto útil que en su nombre y representación negoció Manuel Espino (por aquellos días presidente del PAN) con los gobernadores del PRI. Felipe repartió prebendas a espaldas del pueblo e hizo como que la virgen le hablaba para incumplir su promesa de denunciar y consignar a los corruptos, entre ellos algunos de esos gobernadores que, ayudándolo, consiguieron su impunidad.

El ruido de la metralla, las cabezas humanas regadas por doquier, los cadáveres colgados y quemados y disueltos en ácido y encostalados, enturbiaron la santa paz que sin duda el Presidente supuso que habría de lograr para pasar a la historia como el renuevo de la patria anhelada por los fundadores de Acción Nacional. A este terrible fenómeno se adicionó la purga y el congelamiento de algunos panistas incómodos. Y de esta forma inició el deterioro de la estructura que le había servido durante su larga lucha por alcanzar el poder presidencial.

Estas y otras historias que llenarían las páginas de un libro, propiciaron lo que alguna vez vislumbró José de San Martín: “Hace más ruido un sólo hombre gritando que cien mil que están callados”, dijo el general libertador. Y empezaron a gritar los jóvenes de México que por su edad estuvieron ausentes pero perceptivos dado que sufrieron las consecuencias y puede ser que hasta hayan heredado (la genética suele sorprendernos) el sentimiento de indignación que produjo ese trayecto negro lleno de crímenes, corrupción, componendas de todos colores, traiciones ideológicas, injusticias y pactos sellados con el moño de la corrupción institucionalizada.

E inició el despertar de la sociedad: las redes sociales hicieron el milagro.

Lo que viene conviene
Pronto tendremos nuevo Presidente. No importa quién gane porque el que sea encontrará a cientos de miles de jóvenes dispuestos a levantar la voz porque les hartó la costumbre de acogerse al cómodo pero improductivo silencio.
De ganar Josefina (algo que parece poco menos que imposible) tendría que reinventarse para dejar de ser el objeto político del cual buscan aprovecharse los vengadores de la dignidad perdida en los dos últimos sexenios.

Si como lo perfilan las encuestas el triunfo es para Enrique, éste tendría que abandonar la tradición priista para dar a su gobierno un perfil acorde con las exigencias del sector social informado que, según parece, está en contra de dar legitimidad a su posible victoria electoral.

Andrés Manuel va en caballo de hacienda ya que aunque pierda seguirá vigente y con la influencia de encabezar a Morena, la organización que se convertirá en partido político y de paso en la conciencia nacional compartida con los jóvenes.

Gabriel pasará a la historia, pero como el arma mortal inventada por Elba Esther para con ella suicidarse política y civilmente.
Por eso es que digo, que lo que viene conviene para nuestra República ofendida.

acmanjarrez@hotmail.com
Twitter: @replicaalex



ARTÍCULOS ANTERIORES
moncler kurtka parajumpers cena canada goose sklep moncler sklep woolrich outlet parajumpers kurtka moncler sale peuterey kurtka damska canada goose warszawa parajumpers outlet canada goose parka canada goose kurtki belstaff kurtka