Carta a Miguel Barbosa Huerta Por Alejandro C. Manjarrez

Mezcladas andan las cosas:
junto a las ortigas nacen las rosas

Señor candidato:
Por su actitud y discurso salta a la vista que usted es un caballero respetuoso de las mujeres. Nunca habla mal de ellas a pesar de que Martha Erika Alonso de Moreno Valle sea su principal adversario en la disputa por la gubernatura. Por ello es justificable que al calor de la improvisación usted haya soltado algunas frases cuya jiribilla le ganó una demanda ante el órgano electoral de Puebla, trámite que derivó en la precisa instrucción de la autoridad apercibiéndolo para que se abstenga de formular conceptos que pudieran poner en entredicho la dignidad política de la esposa de Rafael Moreno Valle Rosas. Con ello el colegiado en comento afirma que la candidata postulada por cinco partidos es ajena a los dislates políticos y burocráticos de su señor marido. Así que usted está limitado para articular definiciones peyorativas, circunstancia que forma la ficción jurídica que, en este caso, le prohíbe usar la libertad de expresión enunciada en nuestra Carta Magna.

Dicho lo anterior permítame, señor candidato, hacerle las siguientes preguntas:

¿De dónde diablos sacó que Martha Erika y Rafael son lo mismo, que votar por ella es la reelección de Moreno Valle? ¿Acaso algún morenovallista infidente le confió algo que la sociedad poblana ignore? ¿Se fue con la finta que construyó Andrés Manuel respecto a que el ex gobernador es el titiritero que mueve cruceta e hilos de las marionetas políticas que cobran en las nominas del gobierno?

Como es obvio que tardará en responder esta misiva (si es que lo hace), me tomo la libertad de compartirle las contradicciones que rodean la vida pública del matrimonio; a saber, que ella es independiente de él y que él tiene el control absoluto sobre ella y su equipo de campaña.

Ubicándome pues en el espacio habitado por los partidarios de la candidata en cuestión, especulo:

Marta Erika pudo haber ignorado la orden que derivó en la muerte del niño José Luis Tlehuatle Tamayo (Ley Bala). Si acaso, cuando llegó a enterarse, tuvo que callar para evitar que su armónico físico fuera blanco de un celularazo. Es complicado asegurarlo, empero, puede ser que allá en la íntima intimidad de Casa Puebla, después de enterarse de esa brutal barbaridad, la esposa haya regañado al marido a pesar del riesgo que corría por criticar a quien entonces tenía en sus manos su carrera política. Incluso, por qué no, hasta señalar enfática la transgresión a la filosofía del DIF encabezado por quien dijo —léase Martha Erika— que lo más importante había sido y sigue siendo el bienestar de la infancia poblana.

Senador: a partir de las apariencias sería un error suponer que ella metió la mano en u opinó sobre los nombramientos de diputados, consejeros y magistrados determinados por él. Sin embargo, debemos considerar que dicha conjetura puede ser válida si tomamos en cuenta que varios de ellos hoy forman parte de su estructura electoral, ya sea como colaboradores o bien como candidatos a diputados o senadores dispuestos a ayudarla para que, a fuerza de trabajo e ingenio, obtenga la votación necesaria que la lleve a encabezar el poder Ejecutivo. 

Asimismo, sería una simpleza pensar que Martha Erika haya estado de acuerdo e incluso apoyado las decisiones de su querido esposo. Me refiero a dejar como sucesor intermedio a Tony Gali (su operador personal), o designar como alcalde sui generis a Luis Banck (su fiel mosquetero), o expulsar de su entorno familiar a Fernando Manzanilla y cónyuge, u obstaculizar la candidatura de Blanca Alcalá Ruiz así como las aspiraciones políticas de Ana Teresa Aranda, o sacar del atolladero a Cabalán Macari (el guapo de Palacio), o —refiere la prensa— escoger para la Audi los terrenos de San José Chiapa aledaños a propiedades de la familia Alonso, o intervenir los teléfonos de amigos y enemigos, u ordenar al Congreso local la legislación de leyes que dieran impunidad, certeza y comodidad a las decisiones atrabiliarias del poder Ejecutivo (entre ellas la expropiación fast track), o meter a la cárcel a sus críticos sin importar la legalidad de su actuar y menos aun su edad e inocencia, o arrogarse el control político de casi todos los partidos con sede en Puebla (por cierto instituciones políticas que apoyan la candidatura de Martha Erika)…

Es posible, pues, que la adorada pareja de Martha la haya marginado de los excesos del poder, empezando, como diría el clásico, por el principio. Por ejemplo: no informarle el gasto inusual que el gobierno aplicó en la remodelación de Casa Puebla, mejoras que incluyeron lujos comunes en hoteles de Dubai o en hogares de millonarios como Donald Trump. Si así ocurrió es probable que su adversaria del PAN (y partidos anexos) se haya supuesto beneficiaria del buen gusto de Mario Marín quien, amable y visionario, hubiese decidido acondicionarla para quedar bien con los nuevos inquilinos.

Por todo ello usted tiene prohibido echar a volar la imaginación. Si lo hace sabe que podrían etiquetarlo como machista irredento, además, claro, de perder el registro de la candidatura e incluso del partido que lo postuló. Esto aparte de ser multado y encarcelado conforme lo establece el protocolo para la atención de la violencia política de género. Pero no se preocupe: por si lo olvidó le recuerdo que los consejeros electorales de nuestra pujante Puebla son ajenos a los dictados de la hegemonía morenovallista cuyo control se basa en parar de tajo a políticos y líderes sociales que hacen uso de su derecho a disentir.

Señor senador con licencia: no hay que soslayar que en esta fiesta (o carnaval electoral) sólo hay una reina y que ésta vive rodeada de corifeos, todos ellos prestos a elogiar desde su independencia de criterio hasta sus aportaciones políticas. Los mismos que sin rubor podrían asegurar que el futuro senador no rechistaría si su apreciable esposa le designa presidente del DIF poblano.

En fin, confiemos en que el próximo gobernante de Puebla se desligue de las malas influencias y que, libre y autónomo, llegue al poder con el ánimo de rescatar la cultura que otrora hizo de la entidad una referencia mundial, época en que, verbigracia, el poeta poblano Pérez Salazar y Venegas (s.XIX) legó a la literatura humorística su sátira que, dijeron los cronistas de la época, hería como un ramo de rosas…

Le deseo salud e inmortalidad política.



acmanjarrez@hotmail.com
@replicaalex


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