Puebla: reto de Claudia Rivera Por Alejandro C. Manjarrez

Con dinero baila el perro.
Y con un poco más hasta su dueño.


Claudia Rivera se las verá negras. Y no por su buen corazón que la transformó en amiga y protectora de los animales domésticos. No. El futuro tenebroso a que me refiero fue construido por la costumbre burocrática conocida como giros negros. O sea la recaudación ilícita de las cuotas generadas por los negocios cuyo éxito depende de la cantidad de alcohol que vendan, así como de la oferta sexual que permita el rumbo donde estén y de la posibilidad de prolongar los horarios de acuerdo, claro, con la demanda de los clientes. Agregue usted los vicios que se le ocurran, todos ellos al margen de la ley.
¡Vaya problema para la alcaldesa!
Claudia se encuentra así ante la disyuntiva de cumplir o no la promesa del presidente Andrés Manuel López Obrador quien, recordemos, se ha propuesto acabar con las negociaciones de origen corrupto. Y ni hablar que los giros negros forman parte de esa malhadada costumbre que, por cierto, produjo (y tal vez siga produciendo) las fortunas de varios presidentes municipales de Puebla y otras capitales del país.

La corrupción es sin duda una de las razones para que AMLO haya decidido eliminar a los inspectores de las distintas dependencias del gobierno. 

Imaginemos pues que en un arranque de honestidad, nuestra ínclita presidenta de la Puebla incluyente y angelical ordena extirpar la corrupción que producen los giros negros; que se cumpla la ley sin concesiones. Las primeras protestas surgirían, obvio, de los propietarios acostumbrados a “untar la mano” al inspector considerado parte del negocio dado que la utilidad para ambos depende de que uno mire hacia la virgen mientras que el otro multiplica sus ganancias trasgrediendo las leyes y sus reglamentos. A ese rezongo habría que agregar la presión política de los que son o fueron influyentes gracias a su cargo en el municipio y en los gobiernos pasados, alguno de ellos dueño de antros digamos que de primer mundo. Y lo peor: la llamada “caja chica” del ayuntamiento sufriría la falta de los dineros que tradicionalmente han servido para, en el mejor de los casos, negociar con los líderes de los movimientos sociales.

Como para medirle el agua a los camotes

Recordemos algunos fenómenos relacionados con los giros negros en otros dos de los municipios importantes del estado de Puebla, ambos ahora gobernados por Morena. A saber:

1) Cuando Mundo Lado Sánz (1987-90) tomó posesión de la presidencia municipal de Tehuacán, decidió acabar con los giros negros. Su primera orden fue cerrar los prostíbulos disfrazados de bares. La instrucción produjo tal rebumbio que hasta el gobierno de Mariano Piña Olaya intervino indicándole a Mundo que echara para atrás la orden. El alcalde se negó y ahí empezó su calvario: lo destituyeron del cargo, le fincaron delitos inexistentes y finalmente el tipo murió del infarto que le produjo el cúmulo de los ataques y presiones del poder. Así, en la Ciudad de las Granadas persistió la heterodoxa oferta llamémosle negra.

2) En San Andrés Cholula los giros negros se convirtieron en el aliciente político de los grupos que buscaban la presidencia municipal. Sucedió después de que la Universidad de las Américas Puebla no pudo impedir que en su entorno se instalaran los bares y antros que han hecho de la región una zona de intensa vida nocturna, con todo y sus asegunes (muertes accidentales, prostíbulos, crímenes, asaltos, secuestros, violaciones y delincuencia organizada). Según los números del “gran capitán”, la derrama económica que producen los jóvenes universitarios del mencionado plantel y de otras instituciones vecinas, podría alcanzar alrededor de los 40 mil millones de pesos por año. El territorio en comento incluye, además, la región donde se desarrolló el comercio inmobiliario, los servicios turísticos y las tiendas comerciales más importantes de la entidad. La mayor parte de estos causantes pagan impuestos millonarios a la tesorería del Ayuntamiento, recaudación que ubicó al municipio como uno de los más importantes de la entidad.  

Con dinero baila el perro

Si comparásemos estos tiempos con la época de los giros negros que apunto líneas arriba, tendríamos que decir que aquellos gobernantes vivieron alegres y en paz. Ello porque la violencia de los días actuales ha puesto en entredicho cualquier expectativa de solución. E incluya el lector los giros negros que de alguna manera se han convertido en sede u oficina nocturna de la delincuencia organizada o en vías de organizarse.

A ese fenómeno social se enfrenta Claudia Rivera Vivanco. Supongo que la economista ya fue enterada del problema. Lo digo porque las organizaciones dedicadas al negocio referido han demostrado sus habilidades para moverse en los pantanosos terrenos de la burocracia dorada. Saben qué hacer pues. Y con quién ponerse de acuerdo para enviar sus mensajes, alguno de ellos, quizá, destinado a la presidenta municipal de Puebla. 

Para sustentar lo escrito le cuento la experiencia que me compartió el general Víctor Manuel Ponce de León, nombrado por el entonces gobernador Manuel Bartlett como director de Tránsito del Estado:

El militar me citó para comentar lo que estaba pasando. Cuando llegué a su oficina pidió a quienes lo acompañaban que lo dejaran solo. Me extrañó la deferencia. Pensé que trataría de convencerme de que yo estaba equivocado ya que había escrito sobre la dependencia: dije que era la caja chica del gobierno estatal. En cuanto empezó a hablar me di cuenta de su intención ajena desde luego a mi hipótesis.

“Estoy metido en la cueva de Ali Babá, Alejandro. No sé qué hacer. Bartlett me envió a moralizar esta dirección y una semana después de que llegué, por cierto el día de mi cumpleaños, alguien me trajo un paquete de dinero. Dijo que era el regalo de los concesionarios que habían hecho una coperacha para festejarme. El bulto tenía cuatrocientos mil pesos que devolví de inmediato. Han pasado varias semanas y he comprobado que esta oficina es el receptáculo de los ductos que en vez de agua arrojan dinero a borbotones… Ya le presenté mi renuncia al gobernador junto con la auditoría que en sigilo mandé hacer al personal de confianza. Comprobé que hasta los de la Contraloría están inmiscuidos en el negocio”.

A los pocos días Víctor Manuel dejó el cargo para seguir con su vida de general en retiro y contador público en funciones. Se había librado del lodo ése que mancha a los plumajes más blancos. Ah, y los de la Contraloría siguieron retozando en el lodazal.

¿Qué pasará con la presidenta municipal de Puebla?

¿Podrá resistir los cañonazos que acostumbran lanzar los artilleros de la corrupción?

¿Logrará vencer a la jauría que cuida con celo perruno al negocio de los giros negros?

¡Vaya reto!

Esperemos que, en efecto, ella y sus pares de Tehuacán y San Andrés Cholula logren hacer historia; que moralicen a sus ayuntamientos y municipios. Andrés Manuel se los aplaudiría. Y la sociedad se los reconocería.

acmanjarrez@hotmail.com
@replicaalex


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