CLAUDIA DE PUEBLA Por Manola Álvarez S.

El periodismo es libre o es una farsa.
Rodolfo Walsh

Desde su primer día de gobierno, Rafael Moreno Valle Rosas mostró su interés para cambiar lo que él pudo haber visto como el estereotipo rústico de la provincia mexicana. De ahí su interés por maquillar a la capital y vestir de lujo al estado dotándolos de una obra pública que pretendió ser vanguardista. Lo malo es que semejante inversión y su esquema empresarial contrastó con la pobreza de la entidad empujándola hacia la lamentable posición estadística que hoy ocupa en las áreas de pobreza e inseguridad.

La prensa también formó parte de esas contradicciones politicas. Primero se la consideró pastoril, pueblerina y por ende estorbosa, rebasada e inservible: no encajó con el “alto perfil” del titular del poder Ejecutivo.

Y segundo resultó incómoda y molesta en virtud de su apertura y libertad para actuar, al principio obligada por el trato, a veces ofensivo, y después entusiasmada por haber “descubierto” el papel crítico que aplauden los lectores.

Este es pues un tema amplio e interesante debido a las sombras que originan un alto contraste; a saber: la opacidad del gobierno dio luminosidad a la prensa estatal. Dejaron de ser anecdóticos los ataques menores o graves —depende en cuál espacio del poder se hayan concebido— para formar parte de la vergüenza nacional. Lo bueno es que al final del día el estilo de los dos últimos titulares del poder Ejecutivo de Puebla (uno más inteligente que el otro) superó al de los gobernantes que hoy forman parte de las páginas negras de la historia poblana.

Escribió el periodista y escritor Arcadi Espada: “El periodismo nació de la sociedad para controlar al poder. Y ahora el poder maneja al periodismo para controlar a la sociedad”. Cuando lo dijo las redes sociales empezaban a conformarse como lo que hoy son: el contrapeso del poder político. Quien no percibió este fenómeno fue porque la soberbia le obnubiló su raciocinio o debido a que le faltó inteligencia para entender que el periodismo empezaba a librarse de la hegemonía del poder. Esto —lo subrayo— gracias a las redes sociales.

Mencioné al ex gobernador Moreno Valle porque, sin habérselo propuesto, él fue el impulsor de la nueva prensa poblana formada por los periodistas críticos cuyo criterio contrasta con y opaca el trabajo de los periodistas modelados por los “cañonazos” de dinero procedente de las arcas públicas. Con su menosprecio hacia la prensa, Rafael sacudió conciencias y puyó dignidades hasta lograr lo que parecía imposible: fomentar la libertad y la capacidad analítica del periodismo poblano.

Curiosamente el estilo aquel modeló a ciertos comunicadores que desde su origen académico buscaron ocupar espacios de dirección en las áreas de comunicación social gubernamentales. Buscaron la preparación no para ser mejores seres humanos sino con el deseo de venderse a los gobernantes como lo ultra del mercado laboral. La paradoja es que en varios casos cometieron el error parvulario que, por ejemplo, dio fama nacional a Victorino Álvarez García, uno de los alcaldes peor calificados de México, tanto que tuvo que dejar Puebla y refugiarse en alguno de los más alejados rincones del Caribe. La razón: su comunicador le vendió la idea de dejar que los periodistas lo criticaran: “No los peles —le dijo—, entre más te golpeen mas fuerte e invulnerable te hacen. —Y agregó parafraseando a Porfirio Díaz—: Esos pollos quieren más máis”. El famoso Vitin le hizo caso y su fama pública quedó como palo de gallinero.

Según lo publicado por varios medios y distintos articulistas o columnistas, en esas anda Claudia Rivera Vivanco, la ínclita alcaldesa de Puebla Capital. La “modernización” en el manejo de su imagen parece incluir aquella “estrategia” que puso en acción el comunicador de Álvarez García. Como en los tiempos del ex mandatario hoy coordinador de la fracción panista del Senado de la República, el estilo de gobernanza adoptado por Claudia aparenta incluir el menosprecio a la prensa local.

El impacto del voto morenista que hizo triunfadores a muchos de sus candidatos, muestra que éstos sólo son beneficiarios del fenómeno López Obrador. Es algo que al parecer soslayan los asesores o empleados de la alcaldesa poblana. Me refiero a quienes creen que Claudia está protegida por la panoplia de su propio carisma más el apoyo o simpatía del pueblo sabio. Y que gracias a ese súper escudo las críticas y los señalamientos le harán lo que el viento a Juárez. Craso error.

No hay duda. La presidenta municipal es una ciudadana suertuda. Esto porque de sus limitados espacios de gestión social que le permitieron relacionarse con el proyecto de Morena, brincó al gran escenario donde los errores se magnifican y las cualidades se minimizan. Luego entonces le está prohibido darse el lujo de repetir los errores de quienes viven asediados por la mala fama pública, en algunos casos debido al lastre que formó el consejo de sus allegados y, en otros, por causa de la tara llamada arrogancia, actitud ésta que vulnera a quienes se sienten paridos por los dioses. Sobran los ejemplos.

Por el bien de los habitantes de la capital del estado de Puebla, ojalá que tanto en el entorno burocrático de la presidenta municipal como en su propio actuar, se manifiesten los efectos de la inteligencia del servidor público que lee, dialoga, consensa, se prepara, rectifica y suma voluntades para evitar los errores del pasado. Se lo agradecerá Andrés Manuel López Obrador y (seamos optimistas) lo que éste representa: el cambio basado en la participación y opinión de los distintos sectores de la sociedad, incluida la prensa desde luego.

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@replicaalex




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