La amorografía de mi primer amor Por Celia Machorro Berna
Creí que jamás me enamoraría. Nunca lo había hecho. “El amor llegará cuando menos te lo esperes”, me había dicho mi madre, y así fue. Recuerdo ese día… y jamás creí que a partir de entonces, mi vida cambiaría por siempre. Escuché una voz que me exaltó y con la mirada busqué de dónde venía, pero no fue necesario esforzarme…adelante estaba él. Él, que no me quitaba la mirada de encima y sonreía en media luna. ¿Quién era? Jamás lo había visto en el colegio. Sentí que sus ojos me atravesaban hasta adentrarse en lo más profundo de mi ser. Sentí que no solo veía mi físico, pero mis pensamientos, mis emociones y mi alma. Su mirada seductiva, traviesa, pero con un toque de dulzura. Su amigo le secreteaba y le soltó un codazo, yo quité mi mirada, pero pude ver de reojo cómo me seguía mirando. Se fueron, y al instante, de mi mente se borró por completo su rostro y su voz, ¿cómo eran? Se fue y me quedé sacudida. Me sentía tan extraña…tan diferente...Como si él  hubiera dejado algo en mí. Las semanas pasaron y no me acordaba de aquel incidente, hasta que caminando por el pasillo mientras yo reía, nos encontramos frente a frente. Cara a cara.

Dos desconocidos se reconocen. Ambos incrédulos del encuentro. Me hundí en sus ojos y él en los míos, me sonrió y alentó el paso, yo hice lo mismo. ¿Quién era él? Al instante de nuevo olvidé su rostro… ¿por qué lo olvidaba? ¿Por qué me sentía así? Su mirada me sacudía abruptamente de una manera tan placentera y después me sentía elevada. Cuando me miraba sentía una inyección de adrenalina y endorfinas, ni todo el café del mundo me revivía tanto. Comencé a encontrármelo más y más. Su coche se aparcaba al lado del mío y tantas veces coincidimos en subirnos, pero jamás una palabra. Solo miradas, solo sonrisas y él nunca estaba solo. Siempre con alguien al lado que le daba algún codazo o me miraba a mí con una mirada tan cargada de intención, levantando las cejas y…una mirada ocultando algo, ¿había algo que yo no sabía? Y más de dos personas me decían cómo él me comía con la mirada. Y así pasaron los días…Hasta que de los labios de un amigo suyo salió “Ella es la que te gusta, ¿no es así?”. No sabía qué hacer. No sabía qué debía hacer. ¿Cómo debía sentirme? ¿Acaso había escuchado bien? ¿Era real? Hablaban de mí…Hablaban de mí…Le decían de mí. Me miraba y sonreía…y parecía apenado, ¿él apenado? No podía dejar de pensar en aquellos ojos negros profundos…Misterio, un misterio que quería descifrar. Esas largas pestañas rizadas…esos carnosos labios, que deseaba que pronunciaran mi nombre y abrazaran los míos. Esos fuertes brazos y pectorales…cuánto quería que me tuviera en sus brazos y me abrazara, que me apretara más y más a su pecho para escuchar el latido de su corazón y olerlo…tocarlo.

¿Cómo era él?, ¿cómo se sentía tocarlo? ¿Cómo era que dijera tu nombre? Cada encuentro y él me comía con la mirada…Yo veía en él a mi ideal. No tardé en averiguar su nombre y cuando lo hice fue como hallar una pieza en el rompecabezas de mi vida. Y yo escuchaba que él era de lo peor…un chico malo, un mujeriego seductor, pero él…me parecía tan bueno. Y no es solo su físico, pero había algo en él, algo en su mirada, en su sonrisa…Había una esencia, un ser que me atraía y añoraba conocer. Ignoraba los prejuicios y las advertencias…”Es un Casanovas… Es un egocéntrico. Es un mamón,  había escuchado, pero yo veía otra cosa y sentía que, detrás de su  máscara, había un ser bueno, dulce y sensible…que dentro de él había un vacío y yo inconscientemente deseé poder llenarlo. Dos amigas me preguntaban qué pasaba, que por qué me miraba así, pero  ¿cómo dar una repuesta que ni siquiera yo sabía? Solo nos conocíamos por aquél día, ¿por qué nos habíamos grabado tanto en nuestra memoria? Era tan extraño…Nunca nos habíamos hablado, nunca habíamos tenido un trato…Tan solo fueron encuentros, miradas, ¿así comenzó todo? Me estaba enamorando de un extraño. ¿Cómo se puede amar a alguien por su simple existir? Tan solo una palabra, ¡una palabra!, ¿qué tan difícil podía ser? Y todo comenzó a intensificarse y tornarse más complicado. Jamás me lo encontré, ni me lo he encontrado solo. Siempre con los amigos. Frente a todo su grupo actuaba de una manera altiva e indiferente…se iba y estando lejos de mí me seguía con la mirada, volteaba hacia atrás a donde yo estaba y no dejaba de sonreírme, ¿qué sucedía? Pero estando con tan solo dos, se comportaba dulce y me miraba como siempre cara a cara.

Comencé a desesperarme, ¿¡qué quería?! Un día sí y un día no. La incertidumbre me estaba matando. El deseo y la atracción día a día crecían. Todo dependía de con quién estuviera; yo ya temía encontrármelo y su grupo de amigos me tenía en la mira, todos reposaban la mirada en mí y si me veían platicando con un chico se acercaban más y más. Cuando me miraba sentía como si me viniera un paro y al verlo él me devolviera el latido de mi corazón. Me tumbaba. No podía evitar verlo y sonreírle también, pero era yo quien siempre apartaba la mirada. No es que no quisiera, sino que temía sostenerla por más tiempo. Temía que leyera mis sentimientos…Que se adentrara más en mí. Repito, no lo conocía. No me conocía, pero…Cada vez que nos encontrábamos…Teníamos delante a un extraño conocido. No hablábamos, pero él sabía que algo había y yo también. Un mutuo secreto indescifrable y vetado. Nadie supo, nadie sabe, nadie sabrá… ¿qué sucedía?  No tardé en enterarme, de unos labios, de una hermosa y cruda verdad. No sé si era verdad, no sé si eran deducciones, pero me dijeron que yo le gustaba; que era mutuo. Sí,  pero él, esclavo de su propia fijación de complacer a sus amigos….de la presión social, no hacía nada. Él, del grupo de machos del colegio… ¿cómo iba a poder gustarle una nena menor que no fuera de su grupo?, ¿por qué ser de una, si se puede ser de muchas? Él podía renunciar a algo que en verdad quería por el simple hecho de pertenecer a ese grupo. Me llené de emociones contradictorias. Felicidad…Estaba desbordando dicha… ¿¡le gustaba?!, ¿en verdad sentía algo por mí? Coraje… ¿en verdad podía prestarse a semejantes cosas?, ¿dejarse llevar por la borregada e ignorar lo que él en verdad quería hacer? “Es un niño inmaduro”. Me envió una solicitud en Facebook y estaba más que segura que por un instante me había tenido en su mente…había pensado en mí. Esperé un mensaje que nunca llegó. ¿Por qué entonces lo había hecho? Al día siguiente se postró frente a mí con un solo amigo a lado…venía hacía mí, viéndome, decidido, pero se frenó…dudó y se fue. Qué lo frenó; no lo sé. Y me hundí más en la duda. No lo vi durante un mes, vacaciones de diciembre, pero pensé en él cada día, cada instante.  En mi mente, en mis sueños, en palabras y escritos. Al amanecer y caer la noche. En una canción, en una risa. Tan solo tenía la esperanza de que pudiera suceder algo.

Lo que había pasado no era normal; algo tenía que suceder. Yo pensaba en no forzar las cosas, seguir encontrándomelo, pero ya no hacer nada…dejar las cosas fluir. Si él me quería yo estaba allí. Solo faltaba un mensaje. Tan solo una palabra. Tan solo un esfuerzo suyo para romper con la extraña barrera que lo frenaba. Yo nada podía hacer, ¿hablarle yo? Él siempre con sus amigos; tan solo quedaría expuesta, además temía que la verdad no fuera la que yo suponía y saliera lastimada. Su rechazo no podría soportarlo por nada del mundo. Yo quería saber que le importaba. Yo quería saber qué pensaba de mí…. ¡que me dijera una palabra!, ¡tan solo una palabra! ¿Acaso podía estar enamorada de un extraño? ¿Por qué tenía ese efecto en mí? ¿Por qué? Yo estaba dispuesta a todo. Regresé al colegio y el primer día no lo vi. Cómo lo extrañaba…mi cuerpo deseaba tenerlo de nuevo a tan solo unos metros míos y que él y yo de nuevo nos hundiéramos el uno en el otro…Que por fin me hablara. Hasta que lo vi frente a frente, cara a cara. Sentí como mi corazón comenzó a palpitar rápidamente, cómo por mi cuerpo se expandía una oleada de calor y mi respiración se entrecortaba…Él me devoró con sus ojos y me sonrió, pero hacia él jaló a su ex y comenzó a abrazarla y siguió estrujándola no sin dejar de verme. Yo fingía que nada sucedía, para eso soy muy buena, pero, ¿a quién engaño? A todos menos a él. La abrazaba, le susurraba cosas y con cada palabra me insultaba, y con cada caricia me estaba abofeteando, con su mirada y sonrisa, reposadas en mí me acuchillaba  y con cada segundo que transcurría de su cuerpo pegado al de ella, acababa por desgarrarme el alma. Mi castillo construido se desmoronó por completo y los escombros cayeron aplastándome y encajándose en lo más profundo de mi alma. ¿Acaso el alma podía sangrar? Un vacío en mi pecho crecía más y más.

Quería correr, quería matarme…deseé jamás haberlo conocido. Celosa…no estaba, por mí que abrazara a quien quisiera, que se acostara con quien quisiera. Nada éramos, pero, ¿era necesario que me lo restregara en la cara? Y precisamente porque no éramos nada. Jamás habíamos hablado ¿Por qué lo hacía?, ¡¿por qué me lastimaba?! Nada le había hecho. Contuve el nudo en la garganta y me tragué todo. Hasta ahora que escribo todo, he podido llorar; mi catarsis para sanar esto que me está matando. Él y ella ya regresaron….Y con ello mi incertidumbre crece. Le deseo lo mejor en verdad. Quiero que sea feliz. No voy a negar que me hubiera encantado que él me amara y al menos importarle un poco…al menos para que me dirigiera la palabra. Le doy gracias…quizá fue lo mejor el que no me haya hablado. ¿Será un demonio que el destino quiso quitar de mi camino? No lo sé. Un demonio que me hizo caer, un demonio que robó mi corazón y pese a todo lo sigo amando. Le doy gracias por lo feliz que me hizo. Él es el único hombre que me hizo y me ha hecho  sentir esto. Mis hormonas se alborotan…Él altera mi cuerpo de una manera abrupta, pero placentera.  No es solo el vacío en el estómago, sino también la sensación con la que lo llena. No es solo la respiración entrecortada, pero el aliento que me da. Como él me eleva, pero a la vez su mirada me sacude aterrizando mis dos pies en tierra firme.  Lo quiero a él en todo sentido. Que me bese dulce y apasionadamente, que me abrace, que me diga que le importo, que le gusto…que me ame…. Y no quiero saber nada más de él ni volverlo a ver, pero si se acercara a mí y me dijera que le gusto, sin duda alguna iría su lado. ¿Acaso jamás le hablaré?, ¿ni siquiera cuando se vaya? ¿Cómo decirle adiós a alguien a quien nunca saludé? ¿Y cómo llorar por algo que nunca tuve? ¿Es posible amar a alguien que no conozco?, ¿En qué estaba pensando yo? Estaba enojada…conmigo por ser tan estúpida y creerme un cuento… ¿Era un cuento?, ¿qué sucedió en verdad?, ¿era solo un juego de chicos? Mala mi suerte de ser la muñeca. Nunca supe qué sucedía. Nunca supe qué pensaba…aún no lo sé. ¿Qué pasó?, ¿cómo fue que comenzó todo? Incertidumbre siempre. ¿Le habré gustado en verdad? No lo sé y no lo sé. ¿Qué hay detrás? Esta historia queda en la incertidumbre…en un mundo de ideas, de orgullo, de prejuicio…Misterio. Y nunca sabré que pasó en verdad y él nunca sabrá lo importante que fue para mí.

Espero poder olvidarlo, pero es cierto que una herida se cura, pero la cicatriz siempre queda. Espero poder enamorarme tan intensamente de nuevo y ser correspondida; porque algo es amar a  alguien, algo es que alguien te ame a ti, pero no hay nada como amar a la persona que te ama.

           
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