Puebla de mis rumores Por Alejandro C Manjarrez

Atento recordatorio 2

En Puebla, ciudad de los rumores, existe un nuevo impulso a esta “tecnología” que data ya de hace cuatro siglos. Claro, ahora tan moderna que sus efectos, si acaso no las superan, tienen la misma influencia o impacto al de las redes sociales. De ahí que, como lo dije hace meses, el rumor equivalga a una llamémosle red paradigital, dado que se trata de un tejido social saturado de datos que a veces suelen acompañarse con comentarios turbios o malévolos.

La red empezó a crecer y fortalecerse a los quince días de inaugurado el actual gobierno debido a la inercia de las controvertidas campañas electorales saturadas de lodo e infundios procedentes de las partes en competencia por el voto ciudadano. De ahí que en las calles, cafés, casonas y edificios públicos se escuchara un susurro de voces que –quizás por los nuevos tiempos que vivimos– rompieron la tradición para surgir al inicio del gobierno morenovallista.

Por ejemplo: se empezó a comentar de boca a boca, de oreja en oreja y de café en café, los dizque elevados sueldos de muchos funcionarios importados para que el gabinete tuviera un digamos que performance-retro.  Se creó así el cúmulo de quejas contra la nueva burocracia dorada. También se dijo que los nuevos servidores públicos habían dejado su chamba en el DF porque acá ganarían mucho más y tendrían prestaciones envidiables por novedosas y cuantiosas.

Otro de los rumores estableció que esas adquisiciones laborales llegaron a Puebla con la espada desenvainada para hacer negocios; o sea, dispuestos a resolver sus problemas económicos y, dependiendo de quién se tratase, a preparar su retiro y oxigenar sus proyectos personales de largo aliento.

El tercer comadreo se refería (y por obvias razones aún prevalece el chisme) al efecto inmobiliario que produjo la demanda de casas en los mejores barrios para los nuevos servidores públicos. Junto con esto se difundió que el gobierno había comprado autos blindados, contratado seguridad de primer mundo, destinado una partida especial para el apoyo de colegiaturas y pago de menaje de casa de las familias recién llegadas a Puebla y vinculadas con el poder Ejecutivo. En fin, los rumores saturaron las calles de la capital poblana para dar vigencia al título de la entrega que está usted leyendo, mismo que tomé del libro de Gastón García Cantú, el ilustre poblano que hizo una importante reflexión sobre los rumores, precisamente.

En ese mismo tenor está el chisme sobre el nepotismo que, dicen, forma parte de la administración estatal. Por ello se habla de la paradoja que conforma el matrimonio contralora-secretario de la SCT; de la misma manera se dice que la cuenta pública de uno será revisada por la otra. Abundando sobre tema, se incluyó a la Procuraduría de Justicia del Estado donde, según trascendió a la prensa, cobran varias familias emparentadas entre sí y relacionadas con el Procurador.

El rango de la rumorología en comento envuelve asimismo la crítica tendenciosa al programa de dotación de tractores, acción puesta en práctica por el gobierno, aparatos que no son eso en el estricto sentido del término (los campesinos se quejaron diciendo que parecen motocicletas y que mejor les hubieran dado un par de mulas). Y desde luego el cotilleo incluye la entrega de obras importantes o medianas a empresas extranjeras o nacionales, acción que para los expertos en los cuchicheos lleva una alta dosis de interés pecuniario.

Esta primera dotación de rumores conserva la “tecnología” inventada por los poblanos hace más de cuatrocientos años, cuando en aquella época éstos le ganaron a la Corona el juicio que sentó el precedente de autonomía municipal en México para, entre otras cosas, ejercer su sagrado derecho de ser barrocos y cabrones.

Podrían hablar sobre este asunto varios de los gobernadores que arribaron a Puebla con el sello del desarraigo. Y también algunos alcaldes que fueron obligados a dejar el cargo debido, precisamente, a rumores maliciosos como el que llevó a la cárcel al munícipe De Velasco, o el que propició un juicio por homicidio al gobernador de apellido Sánchez, quien fue sustituido (perdón por la referencia familiar) por Froylán C. Manjarrez.

Ya lo pregunté hace algunos meses (por ello incluyo en el título de la entrega el “Atento recordatorio 2”) y aún sigue siendo válida la duda: ¿Qué debería hacer el gobernador Moreno Valle Rosas?

Aparte de entender que el rumor se fomenta con la cerrazón oficial, mostrar su ánimo de transparencia para que de una vez por todas se acaben las hablillas. Empero, tendría que hacerlo partiendo de entender la sensibilidad y el bagaje y el legado de los poblanos que, por su influencia empresarial o social, son sin duda factores de opinión a los que el gobernante está obligado a escuchar. De no existir semejante voluntad, lo que sigue es que esas redes paradigitales se complementen con las redes sociales.

Y entonces sí… para qué le cuento.



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