La honestidad, el anhelo* Por Alejandro C Manjarrez

Nada se parece más a un hombre honesto
que un pícaro que conoce su oficio.
George Sand


Está visto que los genes y las experiencias suelen formar el carácter y estilo del ser humano. El medio ambiente social también influye al grado de modificar el legado genético.

Pude comprobarlo a través de las entrevistas que realicé a varios de los políticos en apariencia probos o ricos de abolengo. Crucé estos datos con distintas lecturas, opiniones y noticias, información publicada en los distintos medios de comunicación de México y del mundo. Comparé lo dicho con los hechos. Pude comprobar que la corrupción forma parte de la vida de los servidores públicos, ya sea porque la toleran y la fomentan o, en el mejor de los casos, porque se ven obligados a soslayarla para sobrevivir y crecer dentro del sistema político mexicano.

Las actitudes de algunos de ellos demostraron que el omitir u olvidar los antecedentes que podrían comprometer a sus padrinos políticos, les permitió ascender e incluso, en algunos casos, obtener el poder desde el cual realizaron actividades y negocios donde la corrupción estuvo presente.

Otros se hicieron cómplices de los pillos con el deseo de lograr el espaldarazo que necesitaban para llegar a la zona de mando y, según su discurso, desde ahí luchar por la honestidad en el servicio público. Empero, al triunfar olvidaron su promesa contaminándose con el ejemplo de sus paradigmas cuyo éxito estuvo basado en la corrupción, ni más ni menos. Si acaso alguno de estos “animales políticos” tuvo cierta intención de honestidad, tal propósito, insisto, acabó devorado por la burocracia, el monstruo, la hidra de mil cabezas todas ellas enmascaradas. No se atrevieron a confesarse ante el pueblo.

* Fragmento del libro; Corrupción, herencia atroz, de Alejandro C. Manjarrez.  



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