La Puebla brava y el empoderamiento social Por Miguel Ángel C. Manjarrez
Un taxista fue secuestrado, con todo y su automóvil. Lo llevaron a una zona roja de Puebla. Ahí estaba amordazado en su taxi y el secuestrador entró a su vivienda, propiedad que tiene entrada por una calle y por otra, diseñada para el escape fácil. El ciudadano logró zafarse de una mano, brincar los asientos de su auto compacto, radiar a sus compañeros y pedir auxilio. Llegaron a la zona diez taxistas en pie de lucha, envalentonados a rescatar a su amigo y compañero. Comenzó una batalla campal. Los “familiares” del secuestrador superaron en número a los solidarios choferes, los acorralaron en la cuadra, los bajaron a golpes y les quitaron las unidades, los malandros comenzaron a chocar los taxis unos contra otros, como si se tratara de alguna especie de cuestión lúdica, los dejaron prácticamente inservibles, las víctimas atónitas. Ante tanto barullo y caos, lograron salir todos ellos con vida, con el patrimonio destruido y sumamente golpeados. La autoridad no apareció jamás. Los vecinos les llamaron alrededor de diez veces. El responsable principal del secuestro no regresó jamás a su morada. Todo esto a una cuadra del Boulevard Hermanos Serdán. 

El parque de las Ninfas 

A unas calles de la Facultad de Medicina de la Buap, está este espacio que ha sido tomando por la delincuencia. Los alumnos incautos iban a descansar y a ver sus celulares, los despojaban de ellos, los picaban con navajas. 

En entrevista con un alumno de la Facultad de Medicina de la BUAP, que por temor a represalias pidió mantuviéramos su identidad en el anonimato, dijo a la revista Réplica lo siguiente: 

    “Realmente, toda la comunidad universitaria del área de la salud, así como otras instituciones saben que el parque de la Ninfas representa un peligro latente a cualquier hora del día. Desde que ingresé a la universidad se me advirtió por parte de algunos compañeros acerca de circular por esa zona y que incluso no solo abarca esa zona, realmente comprende un radio de 3-4 calles a la redonda en torno a las facultades de salud y el Hospital Universitario. En la Facultad de Medicina, tenemos un grupo cerrado en Facebook en el cuál, se puede informar acerca de algunos asuntos relacionados con la seguridad en los alrededores. Una gran cantidad de compañeros dan testimonio de la creciente delincuencia en la zona, diariamente se notifica de actos de asalto o violencia hacia los compañeros, incluso en presencia de oficiales de policía o en zonas donde existen cámaras del CERI. A pesar de las múltiples denuncias realizadas por parte de los compañeros que han sido víctimas de la delincuencia que opera en la zona, las acciones emprendidas por parte de la presidencia municipal se han visto insuficientes y la gran mayoría solo se han quedado en palabras con los representantes. Los patrullajes que se acordaron serían permanentes en los horarios de mayor peligro para las personas, llegan a durar un par de semanas y no se vuelven a realizar, incluso se ha visto a los oficiales quedarse dormidos durante las horas de vigilancia”.

    “También, en un caso en el que asaltaron a un estudiante de medicina en las inmediaciones de la 31 poniente y la 13 sur, en donde existen 4 cámaras del CERI, se dió reporte a las autoridades sobre lo sucedido y, al solicitar las grabaciones de las cámaras de la zona, se informó que tales dispositivos “no servían” y no se podía hacer más sobre ello.”

Hasta aquí parte de la entrevista realizada el 10 de marzo de 2020.

Estas acciones delincuenciales un día sí y otro también, aunado a los lamentables acontecimientos de los estudiantes de medicina asesinados en Huejotzingo, llevaron al hartazgo a un grupo de la sociedad poblana; los estudiantes. La marcha del 5 de marzo, sin precedentes en la historia de Puebla, fue un reclamo contundente a los gobiernos municipal y estatal. Quieren vivir en paz, tranquilos y realizar sus sueños. La marcha fue apoyada por toda la sociedad.

Las autoridades deben responder con eficacia y prontitud, de no hacerlo corren el riesgo de perder la gobernabilidad del estado. Un factor para desaparecer los poderes, facultad del Senado de la República, asunto nada conveniente para la situación política de Puebla. Solo complicaría más las cosas y el que lo sufriría sería el ciudadano. 

De hacer caso omiso o culpar al pasado, las  marchas seguirán y el reclamo persistirá. Cada vez será peor. En el pasado marchas estudiantiles han logrado tirar gobiernos, solo que no había el poder de organización de ahora, con los elementos tecnológicos, ni una causa tan justa y empática con la sociedad. La inseguridad la vivimos todos.

Las mujeres

La otra muestra de empoderamiento social, la marcha del 8 de marzo, la de las mujeres, es un clamor de hace muchos años. Piden justicia y seguridad, ser tomadas en cuenta y respetadas. Sobre todo no ser asesinadas. Necesitan una fiscalía especializada pues no sienten un apoyo por parte de las autoridades. Deben soportar burlas y maltratos. Frases como: la golpeó,¿pues qué le hizo? Mejor pórtese bien y no haga enojar al marido. Un tema muy complejo que será tratado en otra entrega. Un asunto donde el gobierno estatal y el federal deben realizar acciones inmediatas que impacten el incremenrto delictivo y que lo contengan, para después mitigarlo de una manera tajante.

Plan de acción 

Todo gobierno debe tener un diagnóstico de las zonas conflictivas del territorio que administra. No perseguir culpables, sino evitar delitos. Si no lo tiene, instaurarlo de inmediato. Con redes informativas de ciudadanos. Esto lo pueden hacer con estructuras de la secretaría de gobernación que informen de los delitos, grupos denuncias, etc. o una línea directa con el gobernador para que el ciudadano llame a un número sin costo y de manera anónima o no, informe sobre lo que conoce o ve en su entorno. El centro de llamadas que recibe la información tendrá que hacer un análisis y depurar lo que no sirva. Enviar la información a un departamento de inteligencia y este dar seguimiento a la denuncia y comenzar a realizar un diagnóstico para de inmediato atacar directamente con acciones punitivas o preventivas a los grupos delincuenciales ya zonificados. Así disminuir el índice delictivo. Ya se cuenta con un proyecto pormenorizado pero nunca lo usaron las administraciones pasadas.

Lo delicado sería que se supiera dónde opera la delincuencia y no se hiciera nada. Eso sin duda sería colusión.

Ahí se los dejo para que reflexionen.

Hasta pronto

Miguel C Manjarrez                                         



miguelmanjarrez@hotmail.com

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