Miguel Hernández confiaba en el ser humano y en su corazón, pues le era muy difícil concebir que sus profundos sentimientos les fueran motivos de sufrimientos.

Nunca supo lo que es el amor de madre. Tampoco escuchó el consejo preciso del padre ni sintió el cariño de la abuela o el cobijo de un primo o hermano. Su corazón ya no responde a esos impulsos. La inteligencia emocional es nula. Él no conoció ni aprendió a tener esos sentimientos. Sólo sabe defenderse, cuidarse las espaldas, buscar cómo conseguir comida para tres días. 

Porque no se puede andar maltratando a la vida misma, no se puede andar maltratando a la razón misma, no se puede andar maltratando a la esperanza, no se puede andar maltratando a quien es justo o a quien es decente o a quien dice las cosas PRECISAMENTE claras ( pese a quien le pese ) o a quien da una información muy depurada (un esfuerzo) de sinrazones, de rodeos manipuladores o de engaños. Así es.

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