Políticos, ¿enfermos mentales?

Política
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Las fobias que sin duda deben tener los administradores públicos, son las siguientes: cromelofobia, miedo al dinero y mitofobia, miedo a las mentiras...

México está en uno de sus peores momentos. Vuela caquita por aquí, por allá y por acullá. Y en gran parte es responsabilidad de los malos políticos que han manejado los recursos del pueblo y el destino del país. Así como la sociedad pide exámenes de confianza para los servidores públicos y policías, es necesario realizar un diagnóstico exhaustivo a las mentes de los que toman decisiones en el ámbito político nacional, local y municipal.

Imagine a un gobernante bipolar, esquizofrénico, con ansiedad, o disfunción cerebral, plagado de fobias y alucinaciones. Que en arranques de histeria ejerza acciones que dañen la economía, la política, el patrimonio de sus gobernados.

Obviamente jamás trascenderá a los medios que éste está enfermo o que padece algún problema psiquiátrico. Sería declararlo ipso facto inhabilitado para ejercer sus funciones de servidor público.

Lo ideal para que tomen nota los diputados, que deberían ser los representantes del pueblo, pero distan de serlo, es legislar para que entre los exámenes que se debe practicar un aspirante a algún puesto de elección popular, se incluyan de manera obligatoria, el análisis de sangre buscando uso de psicotrópicos, así como una evaluación de la mente.

Existen muchos males que no emergen hasta que se está en constante estrés. Ahí, la mente humana sufre una descarga que expone las fobias inconscientes. La medicación prolongada afecta el desempeño del enfermo, evitando confiar los destinos de miles de personas que se encuentren dentro del radio que pueda afectar la mala toma de decisiones del enfermo mental.

Las fobias

Éstas son acciones inconscientes provocadas por algún trauma. Un miedo intenso y desproporcionado ante objetos y situaciones concretas. Existen muchas fobias. Miedo al hielo o a la escarcha por ejemplo, miedo al papel, al Papa, a los políticos, a las responsabilidades, (ahora comprendo), a los piojos, a las muñecas, a los niños, a la gente calva, a la suegra, a algún color, a los títeres, a los payasos, a la tuberculosis, al frio, a volar, a tartamudear, etc. Quizá cause un poco de hilaridad, pero son miedos incontrolables, que toman presa a la persona para actuar de manera irracional. Puede, en algunos casos controlarla el que la padece, y otras veces sufre un shock tan grande, que el miedo a volver a vivir la situación se incrementa hasta manejar al individuo y obligarlo a no salir de casa.

Una de las causas por las que surge una fobia, es que la persona haya tenido una experiencia traumática en su edad temprana. La fobia puede ser directa cuando está asociada a lo que la produjo. Por ejemplo un niño ha sido atacado por varias abejas en su infancia, por lo que tiene un miedo irracional a las abejas. E indirecta cuando ha sido presa de alguna experiencia traumática como una violación, esta acción desemboca en una fobia a cualquier cosa, que subconscientemente se relacione con el evento.

En todos los casos, la fobia es la acción de evitar la situación determinada que generó el trauma. Entre las miles de fobias que existen me llamaron la atención las siguientes: a ser tocado (afensfosfobia), a las calles (agirofobia), a las opiniones (allodoxafobia), a las personas (antropofobia), a alguien con mal olor (autodisomofobia), a ensuciarse (automisifobia), a los microbios (bacilofobia), a las bacterias (bacteriofobia), a las multitudes (oclofobia), al polvo (coniofobia). Imagine a un político con una de estas fobias, o varias, o todas. Seguramente se vería su gestión incompleta.

Puede causar risa o simpatía, pero es algo muy serio. Las fobias son incontrolables y requieren de tratamiento efectivo, ya sea psiquiátrico o psicológico. Es por eso que cualquier gobernante, por ley debería someterse a un arduo diagnóstico, para que sus gobernados estén seguros que no habrá ningún error causado por una actitud o decisión mal tomada, guiada por el miedo inconsciente a algo en particular.

Y ya en el ámbito de la broma, las fobias que sin duda deberían tener los administradores públicos, son las siguientes: cromelofobia, miedo al dinero y mitofobia, miedo a las mentiras. El resultado de no haber legislado este diagnóstico, es que hoy en día contamos con cientos de políticos que sin duda son presas de las siguientes fobias: fromenofobia, miedo a pensar, ideofobia, a las nuevas ideas, bibliofobia, a los libros, decidofobia, a las decisiones. Pero lo más recurrente, es la ergasiofobia, miedo a trabajar.

Hasta la próxima.

Tobías Cruz