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IGNACIO RAMÍREZ

Diputado por la Logia que se ilustra con el nombre del eminente ciudadano en cuyo homenaje estamos reunidos, así como por la masonería mexicana y, más generalmente, atribuyéndome la representación de los revolucionarios de mi época, vengo a pronunciar las últimas palabras que han de decirse en esta ocasión para exaltar la memoria de uno de los más egregios paladines de nuestra nacionalidad.

La esencia de lo clásico radica en la virtud de prolongar en el tiempo el sentido de la actualidad. El tiempo pasa, las ideas y los pueblos evolucionan, la sensibilidad se modifica y todo cuanto hay de contingente y transitorio en una etapa, pierde su significado y su valer. Sólo aquellos valores de humanidad o de pensamiento puro, de belleza o de verdad, que son capaces de trasponer las lindes de su hora y nos hablan siglos después con nuestro propio acento, son valores de excepción que hemos convenido en denominar clásicos.

La obra de los hombres pasados, frente a los hondos problemas de la naturaleza o de la sociedad, casi siempre nos parece en etapas posteriores como el sillar en que se fundan las estructuras de hoy. Esa obra pierde actualidad al asimilarse a las conquistas humanas y al descontarse como sabida en las nuevas empresas del pensamiento.

Si pocas son las concepciones de especulación abstracta que resisten la prueba de los años, más escasas aún son las personalidades que perviven con sentido íntegro y con afirmación perenne.

Esos seres de selección marcan las etapas del devenir colectivo: son los hombres que hacen la historia.

Ignacio Ramírez, El Nigromante, cuyas cenizas han sido levantadas en manos de nuestra veneración y de nuestro respeto, es uno de los arquetipos que señalaron rutas en su tiempo cuyas prolongaciones aún están abiertas para nosotros. El eco de su palabra, su rebeldía ingénita, su visión profunda de las cuestiones sociales, su insobornable convicción positivista, son atributos que todavía hoy nos brindan una fuente de inspiración para acometer el planteo y para intentar la solución de los problemas que conmueven la conciencia de México.

Ignacio Ramírez no sólo pertenece a su época. Su obra no fue una tarea sellada y conclusa. Su vida ejemplar, su inquietud perpetua, su visión proyectada hacia el porvenir, nos penetran, nos impulsan y nos estremecen, cuando pensamos en que se tienden como un puente que va desde la generación precursora y realizadora de la Reforma, hasta la generación que construye la vida del México revolucionario.

El propósito de mis palabras está lejos de intentar un esquema biográfico del patricio. Hombres capacitados, que sintieron arder de cerca las fecundas pasiones del Nigromante, lo han hecho con magistral hondura y palabra certera. Mi intento no aspira tampoco a encerrar en el breve marco de un discurso la obra multiforme de ese gran espíritu. Que me baste hacer un esfuerzo para situarlo en su ambiente, armado de sus arreos de combate; entresacar de su obra los aspectos de más lejano alcance, y referirlos a nuestro momento y a nuestras atenciones de hoy, para revivir aquello que de clásico hubo en las calidades de su ánima; que me baste —digo— proponer como una inspiración y como norma todavía valedera, uno de sus empeños más caros, uno de los propósitos que alentó con sostenido afán: proveer a la integración orgánica de nuestra nacionalidad, mediante la exaltación del nivel de las razas indígenas a los estadios propios de la dignidad humana y por la destrucción del anacrónico poder temporal de la Iglesia católica.

Para abarcar el vasto escenario en que se movieron los hombres de nuestra segunda independencia, precisa bosquejar a grandes trazos antecedentes históricos.

Las colonias hispanas esmaltan la corona imperial de Carlos V en pleno Renacimiento europeo. La Reforma de Lutero hace brecha en la conciencia del Viejo Continente, y al cabo de la Guerra de Treinta Años segrega de la autoridad del Pontificado, primero la mayoría de los Estados germánicos, y luego los países habitados por anglosajones. El imperio de la Iglesia católica, así batido, se reconcentra en España, y por esa vía viene a refugiarse en los dominios trasatlánticos, que se ensanchan al paso cruel de los conquistadores.

El sino histórico que presidió estos antecedentes es causa de que, mientras en las centurias que siguen, la Reforma y sus derivaciones preparan el advenimiento de un nuevo ciclo en cuyo fondo se proyectan las ideas de los enciclopedistas, las expresiones revolucionarias, destructoras de Voltaire, y la transitoria fórmula del Contrato Social —ciclo que se cierra con la Declaración de los Derechos del Hombre—; mientras todo esto acontece en Europa, las colonias de España —singularmente las de mayor entidad, como la nuestra— se hunden en su Edad Media.

Esto no ocurre en las colonias inglesas del norte, cuyos fundadores no eran, como en la América nuestra, ni aventureros ignaros e inhumanos ni clérigos fanáticos, sino simplemente hombres que buscaban una igual oportunidad para perseguir la felicidad.

Tres siglos más tarde, merced a las convulsiones europeas que determinaron la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico, se incuba en las colonias españolas el afán de independencia, nacido del malestar profundo por el régimen de servidumbre social, de explotación económica y de cerrada intolerancia religiosa que singularizó al Virreinato.

El impulso por crear una patria orgánicamente constituida partió del instinto de los principales caudillos de la Independencia. Ellos intuyeron la necesidad de atacar a fondo el problema de la redistribución de la propiedad, con vistas a la elevación del nivel de vida de las masas indígenas. Principalmente Hidalgo aboliendo la esclavitud —con lo que se adelantó mucho a su época—, y Morelos proclamando la guerra por igual a la opulencia y a la miseria, ilustran a la revolución de independencia, imprimiéndole un sentido trascendente de reforma social.

Convertida la revolución en un fenómeno ya maduro, los criollos, los detentadores de la riqueza, los herederos del encomendero —todos bajo la tutela de un clero siempre alerta para aprovechar en beneficio propio aun sus mismas derrotas—, torcieron el recto sentido que los primeros caudillos supieron imprimir a la insurgencia. Y esas clases privilegiadas, al cabo de la consumación de 1821, probaron a organizar el país, rotos sus lazos con la metrópoli, en un sistema de explotación del trabajo y de los recursos naturales, como una mera suplantación del rol que jugaron los agentes de S.M. Católica.

Ya vivía México en un régimen de independencia y aún pesaba sobre él la Edad Media hispanoamericana. La intolerancia de un clero ultramontano —renuente a toda transigencia con los intereses y con el pensamiento humanos—, aliada a la avidez rapaz de los capitanes del ejército permanente que se formó en las luchas de Independencia, y unida también a la codicia de los detentadores, estratificaron la sociedad, superponiendo a indígenas y asalariados, la casta militar, la de los ricos y la eclesiástica, para salvaguardar sus propios intereses y defender el latifundio de la Iglesia, el cual, al decir de Abad y Queipo, abarcaba más de las tres cuartas partes de la propiedad rural de México.

Las luces de la razón científica arrojaba sobre el mundo, apenas traspasaban el tupido cendal tejido en torno del nuevo país independiente, por la no liquidada herencia de la dominación de España.

Eran contados y escogidos los espíritus que lograban captar los efluvios de los pensadores europeos. Luminares de su hora fueron: Fray Servando y el licenciado Verdad, en los agitados días de la guerra de Independencia; Ramos Arizpe —rara calidad de armonía y ponderación—, en la Primera Asamblea Constituyente; Fernández de Lizardi, derramándose en el alma popular; el doctor Mora, en la altura de sus concepciones políticas, y don Valentín Gómez Farías, como el estadista que acaudilló el intento inicial de la Reforma.

En contraste con estos beneméritos esfuerzos, y gravitando sobre el ambiente, sobre la política y sobre la economía, las clases privilegiadas se empeñaban en ahincar sus raigambres en el nuevo cuerpo social de la nación. Esa es la época sombría en que se suceden los golpes de cuartel, los motines y pronunciamientos, el caos y la opresión; época que se personifica y encarna en dos entes siniestros: Santa Anna y el clero.

Mientras Europa se maquiniza, mientras sazonan del otro lado del Atlántico las teorías que darán a poco andar vida y congruencia científicas a las soluciones modernas del problema económico, la historia de México se dilata como una serie continua de desgarramientos, que ahondan la separación de dos campos antagónicos: de una parte —como antes apunté—, criollos, ricos detentadores de la riqueza rural y minera, a veces azuzados por ambiciones extranjeras, todos acogidos a la tétrica égida del clero; por otra parte, rebeldes, idealistas nutridos en las nuevas concepciones del orden social, teóricos que soñaban con una democracia liberal o a la francesa o a la yanqui, y una chusma hambrienta a la que la Independencia no trajo sustento ni igualdad.

Denomínese centralistas a los de un bando y federalistas a los del opuesto; llámense conservadores los primeros y liberales los segundos; divídanse en imperialistas y republicanos —mochos y chinacos—; militen aquellos bajo el pendón de “religión y fueros” y enarbolen éstos el oriflama de la Reforma; a través de media centuria se perpetúan y se distinguen con claridad las dos grandes facciones que viven en continua lucha y en irreconciliable oposición.

Quienes no tomaban parte decisiva en la contienda —y eran los más—, gazmoños intelectuales nutridos de escolástica, literatos, hombres de estudio servidores de la fe, comulgaban por igual con las preocupaciones de su época y adoraban los fetiches de la tradición.

Como un remanso en la agitación de aquella etapa, preñada de inquietud política y de incertidumbre social, abrían sus puertas algunas academias y contadas casas de estudio, donde varones cultos en las ciencias y en las humanidades se reunían para discutir desinteresadamente sobre los elevados problemas del pensamiento. A despecho de sus lastres y de sus prejuicios, doctas inteligencias fulgían con luz tranquila en tales cenáculos, que acogieron en su refugio el saber y las letras, como los claustros medievales conservaron siempre avivado el fuego de la cultura clásica en medio de la barbarie feudal.

Aun los más levantados entendimientos participaban del respeto a lo estatuído, creían en Dios, se inclinaban más a la metafísica heredada que a la experiencia incipiente y no siempre consoladora. En su vida social, eran hombres apacibles, creyentes en el dogma, respetuosos de los bandos de policía y dóciles ovejas en los rebaños de una Iglesia que dominaba todas las conciencias para mejor imponerse a todos los regímenes.

La sociedad de la época, amedrentada, convulsa, interesadamente ignorante de las necesidades proletarias vivía sostenida por los principios heredados, respetando el dinero y adorando a Dios en la teatral figura del pontífice de Roma.

En este cuadro de desintegración, de desorden, donde lo normal era la guerra intestina y lo excepcional la paz transitoria —como acertó a juzgar Altamirano—, surge la figura de uno de los hombres que hicieron la historia: Ignacio Ramírez.

Es interesante observar cómo, al hacer su primera salida por los campos de Montiel de las ideas —nuncio de su propio destino—, Ignacio Ramírez arroja al rostro de venerables académicos, la tesis iconoclasta que había de ser su tizona en su apasionante vida de combate.

Estudiante pobre, de mocedad tan patente que destiempla con las encanecidas cabezas de sus doctos oyentes, sin prosapia y sin más autoridad que la de su dialéctica incipiente, afirma: “No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”.

La audacia de la tesis es difícil de comprender en esta época, en que apenas se concibe que cualquier hombre de mediana ilustración necesite de la ficción de Dios para explicarse los fenómenos del universo.

Para imaginar lo detonante de la afirmación de Ramírez, para ponderar el impacto que sus bien trabajados razonamientos marcaron en la conciencia de aquellos hombres de estudio y de fe, es preciso situarse en su época y considerar que la dialéctica católica campeaba en el común de los intelectos. Iluminado y réprobo, Ignacio Ramírez había rasgado el velo del templo.

Armado sólo con la razón científica, sin cañones, sin influencia, sin nombradía, sin posición política, había de conquistar los más destacados sitiales ciudadanos y de hacer replegar a las fuerzas retrógradas del siglo.

Su prócer inteligencia estaba nutrida de cuantos conocimientos podían adquirirse por el estudio pertinaz de las ciencias y de las artes. Le eran familiares lo mismo las disciplinas que inventarían al hombre como un ser dotado de libertad, que aquéllas que lo clasificaban como una parte del mecanismo ineluctable de la naturaleza.

En un tiempo en que la especialización era desconocida —cuando menos en el sentido en que nosotros la entendemos—, Ignacio Ramírez fue un singular tipo de especialista: fue una paradoja viviente, fue un especialista enciclopédico. Lo mismo hacía fulgir sus conocimientos matemáticos, que su sabiduría jurídica; con igual prestanza contestaba los discursos de ingreso a las sociedades científicas, que sentaba cátedra de derecho en la Suprema Corte de Justicia. Vallarta, el maestro, dijo de él: “Es lástima que Ramírez no quiera escribir sobre el derecho constitucional; si lo hiciera, sería el Kant mexicano”.

Las delectaciones artísticas no le eran ajenas. Poeta, hizo temblar a los fanáticos con sus estrofas desposeídas de todo aliento trascendente, con su verso frío y cortante en que negaba el más allá y decía a la “Madre Naturaleza”: “Vine de ti sin esperanza ni temores, y a ti vuelvo sin temores ni esperanza”. Escritor, en todas las alternativas de su agitada existencia de luchador, utilizaba la prensa periódica para dar a sus contemporáneos pensamientos que refulgían en el ambiente oscuro de la época, como el rescoldo en la sombra. Libelista, flagelaba todas las tiranías y llegaba a los más acres tonos de la sátira, a los más corrosivos tintes de la ironía, en cuyo manejo era magistral. Jurisconsulto, sentó las bases de jurisprudencia en la aplicación de una Carta Constitucional que durante largos lustros no había tenido aplicación práctica. Reformador, proclamó e inspiró los aspectos más avanzados de las Leyes de Reforma y alentó las concepciones más audaces en derecho civil y penal. Gobernante, convirtió iglesias en bibliotecas, exclaustró monjas, reunió en la Biblioteca Nacional de México las colecciones del clero, clausuró la apolillada Universidad y el Colegio de Abogados, renovó la educación primaria y alentó la construcción de ferrocarriles.

Uno de sus aspectos más admirables fue su vocación innata de maestro. Su oratoria arrebatadora detenía el curso del tiempo. Una constelación de luchadores se desprendió del semillero de sus aulas; los hombres forjados en su fragua no sólo fueron espíritus fieles en la cátedra y le guardaron fe en la conciencia, sino que llegaron al sacrificio mismo de la vida. Leonardo Márquez, El Tigre de Tacubaya, tiñó sus garras en la sangre de dos de sus discípulos. Ignacio Ramírez fue sembrador y árbol señero plantado en la linde de dos campos: el pensamiento prócer y la acción fecunda.

Pero la fase de su personalidad que más me apasiona y que mejor refleja los problemas de ambas épocas —la suya y la nuestra—, es donde aparece como rebelde, como luchador, como periodista de combate, como “atleta jamás vencido ni desalentado”. Ministro de Juárez por imposición pública, coronando su carrera cívica, no es tan grande como planteando el problema de la nacionalidad mexicana y señalándole soluciones que, si no fueran bastantes, si no acertaron a resolverlo —por las limitaciones de su tiempo—, sí fueron videntes y son aún inspiradoras nuestras.

En un siglo que soportó a centenares de héroes militares, Ignacio Ramírez se destaca como un encumbrado héroe civil, en el cerco de los hombres de convicción y de capacidad y de limpieza que en la perspectiva de la historia convergen en la personalidad de Juárez.

Hablar de la Reforma sin aludir a Juárez equivale a narrar la batalla de Waterloo sin mencionar a Wellington. Por eso me detendré un momento para rendir pleitesía al egregio paladín.

A diferencia de los caudillos que en la historia han sido, en circunstancias de abrumadora responsabilidad y de correspondiente autoridad, Juárez no se rodea de inteligencias mediocres, de caracteres desteñidos; antes bien, por encima de ocasionales distanciamientos, el Benemérito mantiene a su vera a los hombres de vanguardia del Partido Liberal que se destacan por su reciedumbre. Él mismo reconoce la superioridad de inteligencia de Ocampo, de Ramírez o de Lerdo, sobre sus personales aptitudes. Sin embargo, ellos y otros señalados valores humanos formaron su centro de gobierno. Él era la legalidad, la integridad, la ponderación y la firmeza: el carácter y la ley; ellos eran la iniciativa audaz, la especulación fecunda y la dialéctica. Quienes han visto la figura individual de Juárez menor que la de sus colaboradores, no han advertido que si así lo parece es porque la talla de éstos era gigantesca. Juárez atalaya su siglo desde la peana que le forman esas brillantes inteligencias y esos acerados caracteres que se unifican y resumen en la figura inmortal del gran republico.

De Ignacio Ramírez la sabiduría, la contextura de su espíritu —dúctil sólo para flagelar—, la energía de la salud robusta y el estoicismo de la sangre, estaban al servicio de un pensamiento fundamental, persistente, más duradero que su vida humana: integrar nuestra nacionalidad. Con ese evangelio precursó la Reforma; por esa convicción llevó grillos en la cárcel y sufrió miserias con los suyos.

Las más crueles vejaciones que los tiranos aplican a quienes dicen siempre su verdad en voz alta, armados sólo de valor civil, no fueron bastantes para torcer la senda de este hombre que había cifrado la máxima aspiración de su vida pública en el destronamiento de los señores tradicionales: el cura y el caudillo.

La nombradía de este hombre singular, para quien, como para el gran Leonardo, nada de lo que es humano le era ajeno, traspuso la dilatada extensión del Atlántico. Polemizó con Castelar y de esa noble justa surgió triunfante su tesis de independencia iberoamericana. Pero lo capital de su obra, lo trascendente, no radica en sus aventuras intelectuales, ni en los azares de su vida militante: reside en su visión límpida de los problemas nacionales, que proyectó, tal que una flecha disparada hacia el porvenir, desde las columnas de los periódicos, desde la tribuna, desde la cátedra.

Honrémonos al recordar aquí algunos de los aspectos de su pensamiento que son aún de actualidad lozana y nuestra.

Hoy se cuestiona la utilidad de derecho romano como materia fundamental de la educación jurídica, cuando ya en 1868 Ramírez decidía la disputa desestimando la importancia que se ha atribuido a este aspecto de la disciplina escolar, para subrayar la necesidad de formar abogados que estuvieran más cerca de las realidades del pueblo a que debían servir.

Respecto de su solución al problema de la cultura de las masas indígenas, su acción y su palabra son elocuentes. Había sido el principal inspirador de un sistema de becas municipales en favor de estudiantes aborígenes. Si esta medida, por insuficiente, no hubiera tenido mayores alcances, quedaría justificada por el hecho aislado de haber servido para que Ignacio M. Altamirano fuera quien fue.

Claro está que Ramírez no podía enfocar, desde su tiempo, una interpretación económica del devenir histórico, y, por ende, no alcanzó a ver que la asimilación del indio a planos superiores de…IGNACIO RAMÍREZ bienestar no se logra por la mera influencia taumaturgica de la enseñanza. Tal empresa ha de llevarse a término por la transformación del régimen de propiedad y del usufructo de las fuentes de riqueza, principalmente de la tierra y de los instrumentos de producción; y la cultura, en el conjunto de la obra, representa el coronamiento de ella. En suma: la cultura hace lo suyo, pero no es la sola palanca para lograr la incorporación de los estratos retrasados al cuerpo vivo de la nacionalidad.

Ramírez, sin embargo, trazaba en su programa capítulos tan certeramente dirigidos como éste: A la pregunta que se formulaba: “¿Qué debemos enseñar a los indios?”, después de rechazar el catecismo, la poesía, la historia en su sentido inactual y la metafísica, respondía: “Fuera de los conocimientos elementales, como lectura, escritura, aritmética, álgebra, geometría, dibujo, canto y gimnasia, los indígenas deben conocerse a sí mismos y tener nociones exactas sobre lo que los rodea, no como sabios, sino como hombres bien educados, responsables de sus acciones y miembros de una sociedad deliberante y soberana”. Y adelante añadía: “… Y esta educación debe ser común para hombres y mujeres”.

En otro aspecto de su programa sobre educación, se lee: “A cada paso hablamos de colonias extranjeras y de colonias militares; en vez de estos ensueños, ¿no convendría plantear una docena de colonias agrícolas en los centros más notables por la aglomeración de los indígenas? El gasto sería menor y los provechos seguros. La base de la colonia sería una escuela; y el gasto se cubriría con los fondos que puede designar el presupuesto para otras empresas”.

Si no fuera porque somos testigos de que nos olvidamos de esta enseñanza del pasado cuando articulamos el programa de acción y de gestión de los revolucionarios de ahora, podría creerse que los conceptos que acabo de citar, fueron inspiradores de un capítulo importante de nuestro Plan Sexenal.

Ramírez decía: “La mitad de nuestro plan de estudios debe suprimirse para todos, aún para los indígenas; los laboratorios de química, los gabinetes de física, deben tomar posesión de las capillas en nuestras aldeas: así veremos a éstas como esos cometas que la ciencia ha sorprendido, convirtiéndose en anillos refulgentes y en una lluvia de estrellas. Entonces podrán imprimirse numerosas obras en los idiomas nacionales, porque habrá quien las lea”.

Estos conceptos, setenta años viejos, parecen dirigirse como verbo actual de admonición a quienes han olvidado que los bienes nacionales deben destinarse al servicio real de la nación.

Y no es que yo crea posible aplicar remedios del pasado a males del presente. Ya he dicho con sinceridad mi sentir sobre el rol de la educación en la labor integradora de nuestra entidad nacional. Es tiempo de que declare cómo, si me asombra y me entusiasma la visión positivista y humana de las cuestiones educativas que tuvo don Ignacio Ramírez, no aceptó sus concepciones más que como equivalentes a las de nuestro tiempo. En la época de él, se disputaban la conciencia en formación los oscurantistas, —respaldados por el pasado y azuzados por el clero—, y los liberales de ideas positivistas que enfrentaban la razón al dogma. En la época nuestra, son los residuos de un liberalismo cuya capa han tomado el clero y la reacción para mejor engañarnos, los que disputan la educación de la juventud al Estado revolucionario, el cual debe concebirla en forma de preparación franca para la lucha de clases.

Con la misma decisión que Ramírez, el reformista, disputó al partido clerical la educación de la juventud, con idéntica resolución y con igual firmeza, debemos nosotros plantear la cuestión en sus verdaderos términos.

La educación que se haya de impartir, siempre bajo el control y la más estrecha responsabilidad del Estado, debe preparar a las nuevas generaciones para formar en los rangos de la clase proletaria, en lucha con la clase capitalista; debe forjar trabajadores de lúcida visión, y ha de allanar el camino para llegar, por otros medios más directos y eficaces, a socializar los instrumentos de la producción económica. Que sepan los miembros de la clase detentadora de la riqueza, que al mandar a sus hijos a la escuela los descastan, para filiarlos en las falanges del proletariado. Si no aceptan esta educación clasista, con que el gobierno de la revolución ha de responder a los trabajadores de la sangre por ellos vertida en los años de la lucha armada, que se atengan a sus recursos o que dejan a sus hijos en la ignorancia. La máxima capacidad económica del Estado para fundar y sostener planteles de enseñanza, debe ser íntegramente aprovechada por quienes, al ingresar a la escuela, ingresan ipso facto al dominio del proletariado.

La idea capital que inspiró el constante batallar de don Ignacio Ramírez —idea que he querido subrayar en el decurso de esta disertación—, es la de integrar nuestra nacionalidad. He significado, en las propias palabras del Nigromante, la preferente estimación que concedió al aspecto educativo en esa tarea de siglos; me he esforzado por indicar el tesón de su singular combate con el clero católico. Ahora, para que se forme un juicio menos incompleto de la manera cabal como envolvía sus soluciones al problema, que me sea permitido citarlo nuevamente.

Discutiendo la división política de nuestro territorio, en el Congreso Constituyente del 57, al impugnar el proyecto a debate, decía:

Me opongo desde luego a esa absurda división territorial, que no estima necesidades geográficas, sociales, raciales. Encerrado en su choza y en su idioma, el indígena no se comunica con las otras tribus ni con la raza mixta, sino por medio de la lengua castellana. Y en ésta, ¿a qué se reducen sus conocimientos? A las fórmulas estériles para el pensamiento, de un mezquino trato mercantil, y las odiosas expresiones que se cruzan entre los magnates y la servidumbre.

Tenía razón el Nigromante: error de la Colonia, que heredó México independiente, fue mala organización política y económica, a causa de la cual quedó incapacitado el país para controlar todas sus extensiones territoriales. La corona española no intentó articular las provincias dependientes del Virreinato, y sin esa articulación, sin nexos comerciales, sin comunicaciones con sentido económico y con una diversidad étnica como la nuestra, no puede constituirse una nación orgánica.

Y en lo social, don Ignacio Ramírez comprendía con nitidez la naturaleza del salario, cuando afirmaba con sentido irónico, en el mismo Congreso: “… y el alimento no es para el jornalero, hombre máquina, un derecho, sino una obligación de conservarse para el servicio de los propietarios”.

Hidalgo y Morelos —dije hace un rato— intuyeron la necesidad de proveer a una reforma de fondo en nuestra estructura social, para fundar una patria. Los hombres de la Reforma —entre los cuales Ignacio Ramírez, al decir de Justo Sierra, “personificaba el pensamiento más alto de la revolución”— plantearon con más experiencia problema de tamaña entidad. Pero no es sino a la generación de nuestra época, o más concretamente: a los que heredamos las tradiciones y las responsabilidades del partido revolucionario histórico, a quienes toca cumplir con el deber que nos fue legítimamente legado, de hacer de México una organización coordinada en un sistema político y económico propio.

Cuando, en torno del homenaje que rendimos al patricio, han cruzado en nuestra mente las sombras augustas de los fundadores de la nacionalidad, de los forjadores que batieron el hierro informe de nuestro acervo humano, para modelar en él la unidad de raza que aún busca su expresión auténtica, y la integridad orgánica que apenas se pergeña, he sentido en toda su verdad la concepción que presenta el desarrollo histórico, no como un retorno a las formas superadas de la existencia colectiva, sino como un impulso que asciende en espiral y coloca a cada generación en un estadio más alto, pero siempre situado en perpendicular sobre los ciclos consumados.

Así se instituyen las estirpes que se superponen en la dimensión del tiempo. Desde el vértice en que nos hallamos no es fácil distinguir en línea recta a nuestros mayores: Hidalgo y Morelos, Guerrero, Ramos Arizpe, Gómez Farías, Juárez con Ramírez y Ocampo, con Lerdo y Santos Degollado.

De esa estirpe histórica, de que a justo título nos sentimos orgullosos, desprendemos hoy al Nigromante para tributar un homenaje a su memoria.

El Nacional, 8 de octubre de 1934.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

El elector goza del sagrado privilegio

de votar por un candidato que eligieron otros.

Ambrosio Bierce

Gays

EL CAMBIO DEL RÉGIMEN TERRITORIAL, BASE DE LA ESTABILIDAD SOCIAL

Desde este mismo sitio se ha intentado subrayar, a la luz de su significado propio, la esforzada actitud personal del primer mandatario frente al cumplir en el gobierno la palabra empeñada con el pueblo, desde su campaña electoral. Actitud exenta de imperativos demagógicos, carente de incentivos militantes y de animosidades, que no tienen acomodo en la conducta pública de un jefe de Estado cuyos únicos nortes son el deber, la convicción y la ley.

Cuando el presidente Cárdenas, en seguimiento de esos propósitos, traspasa la línea que las fuerzas de retroceso habían tenido por valladar infranqueable para la acción revolucionaria del Estado, y procede a transformar el régimen de tenencia territorial en la Comarca Lagunera, los intereses inevitablemente heridos reaccionan, usando para defenderse argumentos sin veracidad y sin consistencia. Seguramente también sin buena fe.

No pudiendo impugnar la rectitud presidencial, se propala como versión favorita en las esferas latifundistas el aserto de que la reforma agraria lleva al país hacia la anarquía. Se hace aparecer el latifundio —capitalista como en La Laguna o feudal como en la generalidad del territorio— con el valor de insustituible sostén para el orden y de supuesto necesario de la tranquilidad pública. El ejido es presentado, entonces, no como institución que corresponde a un arreglo más justiciero de la economía, sino a manera de artificiosa invención de líderes que agitan multitudes para lograr a la postre una ruptura definitiva de los equilibrios sociales.

Esta grave falacia —grave por la desorientación que puede llevar a quienes no han pensado con detenimiento en las cosas de la economía y de la vida pública— se sustenta en una proposición inaceptable, por insensata.

El espíritu y el texto de la Constitución consideran la satisfacción de las necesidades agrarias de los pueblos como ineludible reforma de anacrónicas condiciones, elevada a la categoría de imperativo legal. Se provee constitucionalmente al fraccionamiento de los latifundios y se reconoce al Estado la atribución de practicar un reparto más equitativo de la riqueza pública.

En consecuencia, dondequiera que la aplicación de las leyes agrarias se haya retardado, dondequiera que el latifundio prevalezca sobre el ejido, existe un conjunto de derechos que las masas agrarias no han podido ejercer. Ante el espectáculo de los repartos ejidales en otras regiones, el descontento de los campesinos menos favorecidos —sabedores de que la ley está de su parte— crea una presión social de intensidad creciente que pone en peligro la tranquilidad y aun el orden.

Díganlo si no los movimientos de resistencia contra los cuales se quejaban hasta hace poco los empresarios laguneros. Las huelgas son síntoma de que existe un desajuste entre los derechos de los trabajadores y la condición en que se les mantiene.

El germen del desorden radica en la insatisfacción de aquéllos en cuyo perjuicio deja de cumplirse la ley. Las revoluciones son, en grande escala, y las huelgas en proporción más reducida pero de parejo significado, prueba elocuente de que el orden establecido llega a subvertirse cuando se vuelven letra muerta los derechos del pueblo.

Mientras las autoridades empleen lenidad y las masas se sientan defraudadas en lo que les corresponde de manera legítima, habrá amenaza de perturbación.

Las situaciones que los opositores contemplan como firmes, porque en ellas predomina de hecho el reducido grupo de poseedores de la riqueza, torciendo la ley en su propio favor, son las menos estables, las menos duraderas, de cuantas puedan idearse. Porque bajo la superficialidad de tales situaciones se encuentra siempre, presta a estallar, la violenta requisitoria de las mayorías preteridas en su derecho.

En tales condiciones, las clases poseedoras mismas no pueden fincar sus negocios para el porvenir con la seguridad que pretenden. Sus previsiones tienen, así, el límite que les marca la posibilidad de que, en el momento menos esperado, sobrevenga un régimen de acendradas fuerzas morales, barra a los prevaricadores y dé cabal vigencia a la ley, estableciendo nuevos equilibrios sobre el escombro de los intereses creados.

Menguada es la seguridad a que puede aspirar quien se sabe remiso en cumplir la ley. No puede intentarse como se pretende ver un orden amenazado de disolución, allí donde sólo hay una zona privilegiada que se mantenía al margen de la ley, rompiendo por el hecho de su mera existencia el orden jurídico que la Constitución impone.

La realización de la reforma agraria en la Comarca Lagunera que se intenta calificar como impulso anárquico, es, por lo contrario, el único camino cierto hasta el establecimiento de estabilidad y confianza tan sólidas y duraderas como lo garantiza el nuevo estado de cosas conseguido con la aplicación de la ley.

Satisfechas las demandas de los campesinos, repartida con mayor equidad la riqueza, respetando a cada quien lo que en justicia le corresponde, se crea un entendimiento entre todos los productores que será capaz de conseguir, por ajuste natural de las fuerzas económicas, la estabilidad que los latifundistas perseguían por senda extraviada. La creación de un régimen de tenencia de la tierra que corresponda a las aspiraciones de los trabajadores, la reorganización de la actividad productora y la mayor conformidad que dimana de un bienestar superior para las masas, son los verdaderos factores que concurren a dar permanencia al orden social y a robustecerlo. No así al escapar al acatamiento de las leyes, confiando en el poder de la riqueza para detener la acción del Estado.

Es ahora cuando comienza el periodo de seguridades que permitirá ver adelante y practicar, con la aproximación necesaria para obtener buenos resultados, los cálculos en que toda negociación desea fundar su desarrollo. Porque la ley está cumplida y nada hay que temer.

Por lo que hace al volumen de la producción, sólo un pesimismo interesado puede augurarle descenso atribuible al cambio de régimen. El hecho de que un propietario sea sustituido por otro no arguye contra la posibilidad de sostener en su normal y aun acrecentar los rendimientos. Son los mismos campesinos que ayer vendieron su fuerza de trabajo, los que seguirán aplicándola —y ahora con mayor ahínco porque el suelo propio— a la próvida tierra lagunera para hacerla fértil.

La maquinaria y los aperos, en general, serán también los mismos. Dos bancos de capital particular y numerosos propietarios han ofrecido en venta los implementos existentes, y las autoridades han aceptado adquirirlos en la medida prudente. Máquinas nuevas, directamente importadas por el Banco Ejidal, reforzarán el capital fijo de los ejidos.

El control superior de la economía comarcana lo han ejercido los establecimientos de crédito, porque el latifundista lagunero siempre operó atenida a la refacción. Es ahora un solo banco, especializado en operaciones ejidales, dueño de recursos amplísimos, respaldado por el banco central y en último término por el gobierno de la República, quien sustituirá en su función a las instituciones privadas.

No se advierte cuál pueda ser el factor cuyo cambio decidida una baja de la producción. Antes bien, adelante se contará con elementos adicionales, como lo son los que el Estado concentra en La Laguna para dar perfecta organización a las comunidades, para supervisar los trabajos, para hacer previsiones y para atender servicios permanentes de índole diversa que hasta aquí eran desconocidos en la mayoría de los pueblos comarcanos.

Claro está que una calamidad incontrolable —que lo mismo hubiera ocurrido dentro del régimen latifundista más intransigente— puede ser factor que disminuya e incluso malogre la cosecha. Pero esto se halla fuera de toda discusión.

Puede irse aún más allá y admitir, como mero recurso de argumentación, que el periodo transitorio entre un régimen y otro se traduzca en desajustes capaces de afectar el volumen o la calidad de los productos obtenidos en los primeros años agrícolas. Esta adversidad, transitoria y parcial, en caso de ocurrir, estaría compensada con largueza por las ventajas permanentes que el ejido trae a la Comarca, y el deficiente se recuperaría con prontitud, a medida que la nueva organización progresara.

El Nacional, 19 de noviembre de 1936.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

¡Qué poco cuesta construir castillos en el

aire y qué cara es su destrucción!

Francois Mauriac

PROPUESTAS INDECOROSAS

IGNACIO RAMÍREZ

Diputado por la Logia que se ilustra con el nombre del eminente ciudadano en cuyo homenaje estamos reunidos, así como por la masonería mexicana y, más generalmente, atribuyéndome la representación de los revolucionarios de mi época, vengo a pronunciar las últimas palabras que han de decirse en esta ocasión para exaltar la memoria de uno de los más egregios paladines de nuestra nacionalidad.

La esencia de lo clásico radica en la virtud de prolongar en el tiempo el sentido de la actualidad. El tiempo pasa, las ideas y los pueblos evolucionan, la sensibilidad se modifica y todo cuanto hay de contingente y transitorio en una etapa, pierde su significado y su valer. Sólo aquellos valores de humanidad o de pensamiento puro, de belleza o de verdad, que son capaces de trasponer las lindes de su hora y nos hablan siglos después con nuestro propio acento, son valores de excepción que hemos convenido en denominar clásicos.

La obra de los hombres pasados, frente a los hondos problemas de la naturaleza o de la sociedad, casi siempre nos parece en etapas posteriores como el sillar en que se fundan las estructuras de hoy. Esa obra pierde actualidad al asimilarse a las conquistas humanas y al descontarse como sabida en las nuevas empresas del pensamiento.

Si pocas son las concepciones de especulación abstracta que resisten la prueba de los años, más escasas aún son las personalidades que perviven con sentido íntegro y con afirmación perenne.

Esos seres de selección marcan las etapas del devenir colectivo: son los hombres que hacen la historia.

Ignacio Ramírez, El Nigromante, cuyas cenizas han sido levantadas en manos de nuestra veneración y de nuestro respeto, es uno de los arquetipos que señalaron rutas en su tiempo cuyas prolongaciones aún están abiertas para nosotros. El eco de su palabra, su rebeldía ingénita, su visión profunda de las cuestiones sociales, su insobornable convicción positivista, son atributos que todavía hoy nos brindan una fuente de inspiración para acometer el planteo y para intentar la solución de los problemas que conmueven la conciencia de México.

Ignacio Ramírez no sólo pertenece a su época. Su obra no fue una tarea sellada y conclusa. Su vida ejemplar, su inquietud perpetua, su visión proyectada hacia el porvenir, nos penetran, nos impulsan y nos estremecen, cuando pensamos en que se tienden como un puente que va desde la generación precursora y realizadora de la Reforma, hasta la generación que construye la vida del México revolucionario.

El propósito de mis palabras está lejos de intentar un esquema biográfico del patricio. Hombres capacitados, que sintieron arder de cerca las fecundas pasiones del Nigromante, lo han hecho con magistral hondura y palabra certera. Mi intento no aspira tampoco a encerrar en el breve marco de un discurso la obra multiforme de ese gran espíritu. Que me baste hacer un esfuerzo para situarlo en su ambiente, armado de sus arreos de combate; entresacar de su obra los aspectos de más lejano alcance, y referirlos a nuestro momento y a nuestras atenciones de hoy, para revivir aquello que de clásico hubo en las calidades de su ánima; que me baste —digo— proponer como una inspiración y como norma todavía valedera, uno de sus empeños más caros, uno de los propósitos que alentó con sostenido afán: proveer a la integración orgánica de nuestra nacionalidad, mediante la exaltación del nivel de las razas indígenas a los estadios propios de la dignidad humana y por la destrucción del anacrónico poder temporal de la Iglesia católica.

Para abarcar el vasto escenario en que se movieron los hombres de nuestra segunda independencia, precisa bosquejar a grandes trazos antecedentes históricos.

Las colonias hispanas esmaltan la corona imperial de Carlos V en pleno Renacimiento europeo. La Reforma de Lutero hace brecha en la conciencia del Viejo Continente, y al cabo de la Guerra de Treinta Años segrega de la autoridad del Pontificado, primero la mayoría de los Estados germánicos, y luego los países habitados por anglosajones. El imperio de la Iglesia católica, así batido, se reconcentra en España, y por esa vía viene a refugiarse en los dominios trasatlánticos, que se ensanchan al paso cruel de los conquistadores.

El sino histórico que presidió estos antecedentes es causa de que, mientras en las centurias que siguen, la Reforma y sus derivaciones preparan el advenimiento de un nuevo ciclo en cuyo fondo se proyectan las ideas de los enciclopedistas, las expresiones revolucionarias, destructoras de Voltaire, y la transitoria fórmula del Contrato Social —ciclo que se cierra con la Declaración de los Derechos del Hombre—; mientras todo esto acontece en Europa, las colonias de España —singularmente las de mayor entidad, como la nuestra— se hunden en su Edad Media.

Esto no ocurre en las colonias inglesas del norte, cuyos fundadores no eran, como en la América nuestra, ni aventureros ignaros e inhumanos ni clérigos fanáticos, sino simplemente hombres que buscaban una igual oportunidad para perseguir la felicidad.

Tres siglos más tarde, merced a las convulsiones europeas que determinaron la Revolución Francesa y el Imperio Napoleónico, se incuba en las colonias españolas el afán de independencia, nacido del malestar profundo por el régimen de servidumbre social, de explotación económica y de cerrada intolerancia religiosa que singularizó al Virreinato.

El impulso por crear una patria orgánicamente constituida partió del instinto de los principales caudillos de la Independencia. Ellos intuyeron la necesidad de atacar a fondo el problema de la redistribución de la propiedad, con vistas a la elevación del nivel de vida de las masas indígenas. Principalmente Hidalgo aboliendo la esclavitud —con lo que se adelantó mucho a su época—, y Morelos proclamando la guerra por igual a la opulencia y a la miseria, ilustran a la revolución de independencia, imprimiéndole un sentido trascendente de reforma social.

Convertida la revolución en un fenómeno ya maduro, los criollos, los detentadores de la riqueza, los herederos del encomendero —todos bajo la tutela de un clero siempre alerta para aprovechar en beneficio propio aun sus mismas derrotas—, torcieron el recto sentido que los primeros caudillos supieron imprimir a la insurgencia. Y esas clases privilegiadas, al cabo de la consumación de 1821, probaron a organizar el país, rotos sus lazos con la metrópoli, en un sistema de explotación del trabajo y de los recursos naturales, como una mera suplantación del rol que jugaron los agentes de S.M. Católica.

Ya vivía México en un régimen de independencia y aún pesaba sobre él la Edad Media hispanoamericana. La intolerancia de un clero ultramontano —renuente a toda transigencia con los intereses y con el pensamiento humanos—, aliada a la avidez rapaz de los capitanes del ejército permanente que se formó en las luchas de Independencia, y unida también a la codicia de los detentadores, estratificaron la sociedad, superponiendo a indígenas y asalariados, la casta militar, la de los ricos y la eclesiástica, para salvaguardar sus propios intereses y defender el latifundio de la Iglesia, el cual, al decir de Abad y Queipo, abarcaba más de las tres cuartas partes de la propiedad rural de México.

Las luces de la razón científica arrojaba sobre el mundo, apenas traspasaban el tupido cendal tejido en torno del nuevo país independiente, por la no liquidada herencia de la dominación de España.

Eran contados y escogidos los espíritus que lograban captar los efluvios de los pensadores europeos. Luminares de su hora fueron: Fray Servando y el licenciado Verdad, en los agitados días de la guerra de Independencia; Ramos Arizpe —rara calidad de armonía y ponderación—, en la Primera Asamblea Constituyente; Fernández de Lizardi, derramándose en el alma popular; el doctor Mora, en la altura de sus concepciones políticas, y don Valentín Gómez Farías, como el estadista que acaudilló el intento inicial de la Reforma.

En contraste con estos beneméritos esfuerzos, y gravitando sobre el ambiente, sobre la política y sobre la economía, las clases privilegiadas se empeñaban en ahincar sus raigambres en el nuevo cuerpo social de la nación. Esa es la época sombría en que se suceden los golpes de cuartel, los motines y pronunciamientos, el caos y la opresión; época que se personifica y encarna en dos entes siniestros: Santa Anna y el clero.

Mientras Europa se maquiniza, mientras sazonan del otro lado del Atlántico las teorías que darán a poco andar vida y congruencia científicas a las soluciones modernas del problema económico, la historia de México se dilata como una serie continua de desgarramientos, que ahondan la separación de dos campos antagónicos: de una parte —como antes apunté—, criollos, ricos detentadores de la riqueza rural y minera, a veces azuzados por ambiciones extranjeras, todos acogidos a la tétrica égida del clero; por otra parte, rebeldes, idealistas nutridos en las nuevas concepciones del orden social, teóricos que soñaban con una democracia liberal o a la francesa o a la yanqui, y una chusma hambrienta a la que la Independencia no trajo sustento ni igualdad.

Denomínese centralistas a los de un bando y federalistas a los del opuesto; llámense conservadores los primeros y liberales los segundos; divídanse en imperialistas y republicanos —mochos y chinacos—; militen aquellos bajo el pendón de “religión y fueros” y enarbolen éstos el oriflama de la Reforma; a través de media centuria se perpetúan y se distinguen con claridad las dos grandes facciones que viven en continua lucha y en irreconciliable oposición.

Quienes no tomaban parte decisiva en la contienda —y eran los más—, gazmoños intelectuales nutridos de escolástica, literatos, hombres de estudio servidores de la fe, comulgaban por igual con las preocupaciones de su época y adoraban los fetiches de la tradición.

Como un remanso en la agitación de aquella etapa, preñada de inquietud política y de incertidumbre social, abrían sus puertas algunas academias y contadas casas de estudio, donde varones cultos en las ciencias y en las humanidades se reunían para discutir desinteresadamente sobre los elevados problemas del pensamiento. A despecho de sus lastres y de sus prejuicios, doctas inteligencias fulgían con luz tranquila en tales cenáculos, que acogieron en su refugio el saber y las letras, como los claustros medievales conservaron siempre avivado el fuego de la cultura clásica en medio de la barbarie feudal.

Aun los más levantados entendimientos participaban del respeto a lo estatuído, creían en Dios, se inclinaban más a la metafísica heredada que a la experiencia incipiente y no siempre consoladora. En su vida social, eran hombres apacibles, creyentes en el dogma, respetuosos de los bandos de policía y dóciles ovejas en los rebaños de una Iglesia que dominaba todas las conciencias para mejor imponerse a todos los regímenes.

La sociedad de la época, amedrentada, convulsa, interesadamente ignorante de las necesidades proletarias vivía sostenida por los principios heredados, respetando el dinero y adorando a Dios en la teatral figura del pontífice de Roma.

En este cuadro de desintegración, de desorden, donde lo normal era la guerra intestina y lo excepcional la paz transitoria —como acertó a juzgar Altamirano—, surge la figura de uno de los hombres que hicieron la historia: Ignacio Ramírez.

Es interesante observar cómo, al hacer su primera salida por los campos de Montiel de las ideas —nuncio de su propio destino—, Ignacio Ramírez arroja al rostro de venerables académicos, la tesis iconoclasta que había de ser su tizona en su apasionante vida de combate.

Estudiante pobre, de mocedad tan patente que destiempla con las encanecidas cabezas de sus doctos oyentes, sin prosapia y sin más autoridad que la de su dialéctica incipiente, afirma: “No hay Dios; los seres de la naturaleza se sostienen por sí mismos”.

La audacia de la tesis es difícil de comprender en esta época, en que apenas se concibe que cualquier hombre de mediana ilustración necesite de la ficción de Dios para explicarse los fenómenos del universo.

Para imaginar lo detonante de la afirmación de Ramírez, para ponderar el impacto que sus bien trabajados razonamientos marcaron en la conciencia de aquellos hombres de estudio y de fe, es preciso situarse en su época y considerar que la dialéctica católica campeaba en el común de los intelectos. Iluminado y réprobo, Ignacio Ramírez había rasgado el velo del templo.

Armado sólo con la razón científica, sin cañones, sin influencia, sin nombradía, sin posición política, había de conquistar los más destacados sitiales ciudadanos y de hacer replegar a las fuerzas retrógradas del siglo.

Su prócer inteligencia estaba nutrida de cuantos conocimientos podían adquirirse por el estudio pertinaz de las ciencias y de las artes. Le eran familiares lo mismo las disciplinas que inventarían al hombre como un ser dotado de libertad, que aquéllas que lo clasificaban como una parte del mecanismo ineluctable de la naturaleza.

En un tiempo en que la especialización era desconocida —cuando menos en el sentido en que nosotros la entendemos—, Ignacio Ramírez fue un singular tipo de especialista: fue una paradoja viviente, fue un especialista enciclopédico. Lo mismo hacía fulgir sus conocimientos matemáticos, que su sabiduría jurídica; con igual prestanza contestaba los discursos de ingreso a las sociedades científicas, que sentaba cátedra de derecho en la Suprema Corte de Justicia. Vallarta, el maestro, dijo de él: “Es lástima que Ramírez no quiera escribir sobre el derecho constitucional; si lo hiciera, sería el Kant mexicano”.

Las delectaciones artísticas no le eran ajenas. Poeta, hizo temblar a los fanáticos con sus estrofas desposeídas de todo aliento trascendente, con su verso frío y cortante en que negaba el más allá y decía a la “Madre Naturaleza”: “Vine de ti sin esperanza ni temores, y a ti vuelvo sin temores ni esperanza”. Escritor, en todas las alternativas de su agitada existencia de luchador, utilizaba la prensa periódica para dar a sus contemporáneos pensamientos que refulgían en el ambiente oscuro de la época, como el rescoldo en la sombra. Libelista, flagelaba todas las tiranías y llegaba a los más acres tonos de la sátira, a los más corrosivos tintes de la ironía, en cuyo manejo era magistral. Jurisconsulto, sentó las bases de jurisprudencia en la aplicación de una Carta Constitucional que durante largos lustros no había tenido aplicación práctica. Reformador, proclamó e inspiró los aspectos más avanzados de las Leyes de Reforma y alentó las concepciones más audaces en derecho civil y penal. Gobernante, convirtió iglesias en bibliotecas, exclaustró monjas, reunió en la Biblioteca Nacional de México las colecciones del clero, clausuró la apolillada Universidad y el Colegio de Abogados, renovó la educación primaria y alentó la construcción de ferrocarriles.

Uno de sus aspectos más admirables fue su vocación innata de maestro. Su oratoria arrebatadora detenía el curso del tiempo. Una constelación de luchadores se desprendió del semillero de sus aulas; los hombres forjados en su fragua no sólo fueron espíritus fieles en la cátedra y le guardaron fe en la conciencia, sino que llegaron al sacrificio mismo de la vida. Leonardo Márquez, El Tigre de Tacubaya, tiñó sus garras en la sangre de dos de sus discípulos. Ignacio Ramírez fue sembrador y árbol señero plantado en la linde de dos campos: el pensamiento prócer y la acción fecunda.

Pero la fase de su personalidad que más me apasiona y que mejor refleja los problemas de ambas épocas —la suya y la nuestra—, es donde aparece como rebelde, como luchador, como periodista de combate, como “atleta jamás vencido ni desalentado”. Ministro de Juárez por imposición pública, coronando su carrera cívica, no es tan grande como planteando el problema de la nacionalidad mexicana y señalándole soluciones que, si no fueran bastantes, si no acertaron a resolverlo —por las limitaciones de su tiempo—, sí fueron videntes y son aún inspiradoras nuestras.

En un siglo que soportó a centenares de héroes militares, Ignacio Ramírez se destaca como un encumbrado héroe civil, en el cerco de los hombres de convicción y de capacidad y de limpieza que en la perspectiva de la historia convergen en la personalidad de Juárez.

Hablar de la Reforma sin aludir a Juárez equivale a narrar la batalla de Waterloo sin mencionar a Wellington. Por eso me detendré un momento para rendir pleitesía al egregio paladín.

A diferencia de los caudillos que en la historia han sido, en circunstancias de abrumadora responsabilidad y de correspondiente autoridad, Juárez no se rodea de inteligencias mediocres, de caracteres desteñidos; antes bien, por encima de ocasionales distanciamientos, el Benemérito mantiene a su vera a los hombres de vanguardia del Partido Liberal que se destacan por su reciedumbre. Él mismo reconoce la superioridad de inteligencia de Ocampo, de Ramírez o de Lerdo, sobre sus personales aptitudes. Sin embargo, ellos y otros señalados valores humanos formaron su centro de gobierno. Él era la legalidad, la integridad, la ponderación y la firmeza: el carácter y la ley; ellos eran la iniciativa audaz, la especulación fecunda y la dialéctica. Quienes han visto la figura individual de Juárez menor que la de sus colaboradores, no han advertido que si así lo parece es porque la talla de éstos era gigantesca. Juárez atalaya su siglo desde la peana que le forman esas brillantes inteligencias y esos acerados caracteres que se unifican y resumen en la figura inmortal del gran republico.

De Ignacio Ramírez la sabiduría, la contextura de su espíritu —dúctil sólo para flagelar—, la energía de la salud robusta y el estoicismo de la sangre, estaban al servicio de un pensamiento fundamental, persistente, más duradero que su vida humana: integrar nuestra nacionalidad. Con ese evangelio precursó la Reforma; por esa convicción llevó grillos en la cárcel y sufrió miserias con los suyos.

Las más crueles vejaciones que los tiranos aplican a quienes dicen siempre su verdad en voz alta, armados sólo de valor civil, no fueron bastantes para torcer la senda de este hombre que había cifrado la máxima aspiración de su vida pública en el destronamiento de los señores tradicionales: el cura y el caudillo.

La nombradía de este hombre singular, para quien, como para el gran Leonardo, nada de lo que es humano le era ajeno, traspuso la dilatada extensión del Atlántico. Polemizó con Castelar y de esa noble justa surgió triunfante su tesis de independencia iberoamericana. Pero lo capital de su obra, lo trascendente, no radica en sus aventuras intelectuales, ni en los azares de su vida militante: reside en su visión límpida de los problemas nacionales, que proyectó, tal que una flecha disparada hacia el porvenir, desde las columnas de los periódicos, desde la tribuna, desde la cátedra.

Honrémonos al recordar aquí algunos de los aspectos de su pensamiento que son aún de actualidad lozana y nuestra.

Hoy se cuestiona la utilidad de derecho romano como materia fundamental de la educación jurídica, cuando ya en 1868 Ramírez decidía la disputa desestimando la importancia que se ha atribuido a este aspecto de la disciplina escolar, para subrayar la necesidad de formar abogados que estuvieran más cerca de las realidades del pueblo a que debían servir.

Respecto de su solución al problema de la cultura de las masas indígenas, su acción y su palabra son elocuentes. Había sido el principal inspirador de un sistema de becas municipales en favor de estudiantes aborígenes. Si esta medida, por insuficiente, no hubiera tenido mayores alcances, quedaría justificada por el hecho aislado de haber servido para que Ignacio M. Altamirano fuera quien fue.

Claro está que Ramírez no podía enfocar, desde su tiempo, una interpretación económica del devenir histórico, y, por ende, no alcanzó a ver que la asimilación del indio a planos superiores de…IGNACIO RAMÍREZ bienestar no se logra por la mera influencia taumaturgica de la enseñanza. Tal empresa ha de llevarse a término por la transformación del régimen de propiedad y del usufructo de las fuentes de riqueza, principalmente de la tierra y de los instrumentos de producción; y la cultura, en el conjunto de la obra, representa el coronamiento de ella. En suma: la cultura hace lo suyo, pero no es la sola palanca para lograr la incorporación de los estratos retrasados al cuerpo vivo de la nacionalidad.

Ramírez, sin embargo, trazaba en su programa capítulos tan certeramente dirigidos como éste: A la pregunta que se formulaba: “¿Qué debemos enseñar a los indios?”, después de rechazar el catecismo, la poesía, la historia en su sentido inactual y la metafísica, respondía: “Fuera de los conocimientos elementales, como lectura, escritura, aritmética, álgebra, geometría, dibujo, canto y gimnasia, los indígenas deben conocerse a sí mismos y tener nociones exactas sobre lo que los rodea, no como sabios, sino como hombres bien educados, responsables de sus acciones y miembros de una sociedad deliberante y soberana”. Y adelante añadía: “… Y esta educación debe ser común para hombres y mujeres”.

En otro aspecto de su programa sobre educación, se lee: “A cada paso hablamos de colonias extranjeras y de colonias militares; en vez de estos ensueños, ¿no convendría plantear una docena de colonias agrícolas en los centros más notables por la aglomeración de los indígenas? El gasto sería menor y los provechos seguros. La base de la colonia sería una escuela; y el gasto se cubriría con los fondos que puede designar el presupuesto para otras empresas”.

Si no fuera porque somos testigos de que nos olvidamos de esta enseñanza del pasado cuando articulamos el programa de acción y de gestión de los revolucionarios de ahora, podría creerse que los conceptos que acabo de citar, fueron inspiradores de un capítulo importante de nuestro Plan Sexenal.

Ramírez decía: “La mitad de nuestro plan de estudios debe suprimirse para todos, aún para los indígenas; los laboratorios de química, los gabinetes de física, deben tomar posesión de las capillas en nuestras aldeas: así veremos a éstas como esos cometas que la ciencia ha sorprendido, convirtiéndose en anillos refulgentes y en una lluvia de estrellas. Entonces podrán imprimirse numerosas obras en los idiomas nacionales, porque habrá quien las lea”.

Estos conceptos, setenta años viejos, parecen dirigirse como verbo actual de admonición a quienes han olvidado que los bienes nacionales deben destinarse al servicio real de la nación.

Y no es que yo crea posible aplicar remedios del pasado a males del presente. Ya he dicho con sinceridad mi sentir sobre el rol de la educación en la labor integradora de nuestra entidad nacional. Es tiempo de que declare cómo, si me asombra y me entusiasma la visión positivista y humana de las cuestiones educativas que tuvo don Ignacio Ramírez, no aceptó sus concepciones más que como equivalentes a las de nuestro tiempo. En la época de él, se disputaban la conciencia en formación los oscurantistas, —respaldados por el pasado y azuzados por el clero—, y los liberales de ideas positivistas que enfrentaban la razón al dogma. En la época nuestra, son los residuos de un liberalismo cuya capa han tomado el clero y la reacción para mejor engañarnos, los que disputan la educación de la juventud al Estado revolucionario, el cual debe concebirla en forma de preparación franca para la lucha de clases.

Con la misma decisión que Ramírez, el reformista, disputó al partido clerical la educación de la juventud, con idéntica resolución y con igual firmeza, debemos nosotros plantear la cuestión en sus verdaderos términos.

La educación que se haya de impartir, siempre bajo el control y la más estrecha responsabilidad del Estado, debe preparar a las nuevas generaciones para formar en los rangos de la clase proletaria, en lucha con la clase capitalista; debe forjar trabajadores de lúcida visión, y ha de allanar el camino para llegar, por otros medios más directos y eficaces, a socializar los instrumentos de la producción económica. Que sepan los miembros de la clase detentadora de la riqueza, que al mandar a sus hijos a la escuela los descastan, para filiarlos en las falanges del proletariado. Si no aceptan esta educación clasista, con que el gobierno de la revolución ha de responder a los trabajadores de la sangre por ellos vertida en los años de la lucha armada, que se atengan a sus recursos o que dejan a sus hijos en la ignorancia. La máxima capacidad económica del Estado para fundar y sostener planteles de enseñanza, debe ser íntegramente aprovechada por quienes, al ingresar a la escuela, ingresan ipso facto al dominio del proletariado.

La idea capital que inspiró el constante batallar de don Ignacio Ramírez —idea que he querido subrayar en el decurso de esta disertación—, es la de integrar nuestra nacionalidad. He significado, en las propias palabras del Nigromante, la preferente estimación que concedió al aspecto educativo en esa tarea de siglos; me he esforzado por indicar el tesón de su singular combate con el clero católico. Ahora, para que se forme un juicio menos incompleto de la manera cabal como envolvía sus soluciones al problema, que me sea permitido citarlo nuevamente.

Discutiendo la división política de nuestro territorio, en el Congreso Constituyente del 57, al impugnar el proyecto a debate, decía:

Me opongo desde luego a esa absurda división territorial, que no estima necesidades geográficas, sociales, raciales. Encerrado en su choza y en su idioma, el indígena no se comunica con las otras tribus ni con la raza mixta, sino por medio de la lengua castellana. Y en ésta, ¿a qué se reducen sus conocimientos? A las fórmulas estériles para el pensamiento, de un mezquino trato mercantil, y las odiosas expresiones que se cruzan entre los magnates y la servidumbre.

Tenía razón el Nigromante: error de la Colonia, que heredó México independiente, fue mala organización política y económica, a causa de la cual quedó incapacitado el país para controlar todas sus extensiones territoriales. La corona española no intentó articular las provincias dependientes del Virreinato, y sin esa articulación, sin nexos comerciales, sin comunicaciones con sentido económico y con una diversidad étnica como la nuestra, no puede constituirse una nación orgánica.

Y en lo social, don Ignacio Ramírez comprendía con nitidez la naturaleza del salario, cuando afirmaba con sentido irónico, en el mismo Congreso: “… y el alimento no es para el jornalero, hombre máquina, un derecho, sino una obligación de conservarse para el servicio de los propietarios”.

Hidalgo y Morelos —dije hace un rato— intuyeron la necesidad de proveer a una reforma de fondo en nuestra estructura social, para fundar una patria. Los hombres de la Reforma —entre los cuales Ignacio Ramírez, al decir de Justo Sierra, “personificaba el pensamiento más alto de la revolución”— plantearon con más experiencia problema de tamaña entidad. Pero no es sino a la generación de nuestra época, o más concretamente: a los que heredamos las tradiciones y las responsabilidades del partido revolucionario histórico, a quienes toca cumplir con el deber que nos fue legítimamente legado, de hacer de México una organización coordinada en un sistema político y económico propio.

Cuando, en torno del homenaje que rendimos al patricio, han cruzado en nuestra mente las sombras augustas de los fundadores de la nacionalidad, de los forjadores que batieron el hierro informe de nuestro acervo humano, para modelar en él la unidad de raza que aún busca su expresión auténtica, y la integridad orgánica que apenas se pergeña, he sentido en toda su verdad la concepción que presenta el desarrollo histórico, no como un retorno a las formas superadas de la existencia colectiva, sino como un impulso que asciende en espiral y coloca a cada generación en un estadio más alto, pero siempre situado en perpendicular sobre los ciclos consumados.

Así se instituyen las estirpes que se superponen en la dimensión del tiempo. Desde el vértice en que nos hallamos no es fácil distinguir en línea recta a nuestros mayores: Hidalgo y Morelos, Guerrero, Ramos Arizpe, Gómez Farías, Juárez con Ramírez y Ocampo, con Lerdo y Santos Degollado.

De esa estirpe histórica, de que a justo título nos sentimos orgullosos, desprendemos hoy al Nigromante para tributar un homenaje a su memoria.

El Nacional, 8 de octubre de 1934.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

El elector goza del sagrado privilegio

de votar por un candidato que eligieron otros.

Ambrosio Bierce

Gays

EL CAMBIO DEL RÉGIMEN TERRITORIAL, BASE DE LA ESTABILIDAD SOCIAL

Desde este mismo sitio se ha intentado subrayar, a la luz de su significado propio, la esforzada actitud personal del primer mandatario frente al cumplir en el gobierno la palabra empeñada con el pueblo, desde su campaña electoral. Actitud exenta de imperativos demagógicos, carente de incentivos militantes y de animosidades, que no tienen acomodo en la conducta pública de un jefe de Estado cuyos únicos nortes son el deber, la convicción y la ley.

Cuando el presidente Cárdenas, en seguimiento de esos propósitos, traspasa la línea que las fuerzas de retroceso habían tenido por valladar infranqueable para la acción revolucionaria del Estado, y procede a transformar el régimen de tenencia territorial en la Comarca Lagunera, los intereses inevitablemente heridos reaccionan, usando para defenderse argumentos sin veracidad y sin consistencia. Seguramente también sin buena fe.

No pudiendo impugnar la rectitud presidencial, se propala como versión favorita en las esferas latifundistas el aserto de que la reforma agraria lleva al país hacia la anarquía. Se hace aparecer el latifundio —capitalista como en La Laguna o feudal como en la generalidad del territorio— con el valor de insustituible sostén para el orden y de supuesto necesario de la tranquilidad pública. El ejido es presentado, entonces, no como institución que corresponde a un arreglo más justiciero de la economía, sino a manera de artificiosa invención de líderes que agitan multitudes para lograr a la postre una ruptura definitiva de los equilibrios sociales.

Esta grave falacia —grave por la desorientación que puede llevar a quienes no han pensado con detenimiento en las cosas de la economía y de la vida pública— se sustenta en una proposición inaceptable, por insensata.

El espíritu y el texto de la Constitución consideran la satisfacción de las necesidades agrarias de los pueblos como ineludible reforma de anacrónicas condiciones, elevada a la categoría de imperativo legal. Se provee constitucionalmente al fraccionamiento de los latifundios y se reconoce al Estado la atribución de practicar un reparto más equitativo de la riqueza pública.

En consecuencia, dondequiera que la aplicación de las leyes agrarias se haya retardado, dondequiera que el latifundio prevalezca sobre el ejido, existe un conjunto de derechos que las masas agrarias no han podido ejercer. Ante el espectáculo de los repartos ejidales en otras regiones, el descontento de los campesinos menos favorecidos —sabedores de que la ley está de su parte— crea una presión social de intensidad creciente que pone en peligro la tranquilidad y aun el orden.

Díganlo si no los movimientos de resistencia contra los cuales se quejaban hasta hace poco los empresarios laguneros. Las huelgas son síntoma de que existe un desajuste entre los derechos de los trabajadores y la condición en que se les mantiene.

El germen del desorden radica en la insatisfacción de aquéllos en cuyo perjuicio deja de cumplirse la ley. Las revoluciones son, en grande escala, y las huelgas en proporción más reducida pero de parejo significado, prueba elocuente de que el orden establecido llega a subvertirse cuando se vuelven letra muerta los derechos del pueblo.

Mientras las autoridades empleen lenidad y las masas se sientan defraudadas en lo que les corresponde de manera legítima, habrá amenaza de perturbación.

Las situaciones que los opositores contemplan como firmes, porque en ellas predomina de hecho el reducido grupo de poseedores de la riqueza, torciendo la ley en su propio favor, son las menos estables, las menos duraderas, de cuantas puedan idearse. Porque bajo la superficialidad de tales situaciones se encuentra siempre, presta a estallar, la violenta requisitoria de las mayorías preteridas en su derecho.

En tales condiciones, las clases poseedoras mismas no pueden fincar sus negocios para el porvenir con la seguridad que pretenden. Sus previsiones tienen, así, el límite que les marca la posibilidad de que, en el momento menos esperado, sobrevenga un régimen de acendradas fuerzas morales, barra a los prevaricadores y dé cabal vigencia a la ley, estableciendo nuevos equilibrios sobre el escombro de los intereses creados.

Menguada es la seguridad a que puede aspirar quien se sabe remiso en cumplir la ley. No puede intentarse como se pretende ver un orden amenazado de disolución, allí donde sólo hay una zona privilegiada que se mantenía al margen de la ley, rompiendo por el hecho de su mera existencia el orden jurídico que la Constitución impone.

La realización de la reforma agraria en la Comarca Lagunera que se intenta calificar como impulso anárquico, es, por lo contrario, el único camino cierto hasta el establecimiento de estabilidad y confianza tan sólidas y duraderas como lo garantiza el nuevo estado de cosas conseguido con la aplicación de la ley.

Satisfechas las demandas de los campesinos, repartida con mayor equidad la riqueza, respetando a cada quien lo que en justicia le corresponde, se crea un entendimiento entre todos los productores que será capaz de conseguir, por ajuste natural de las fuerzas económicas, la estabilidad que los latifundistas perseguían por senda extraviada. La creación de un régimen de tenencia de la tierra que corresponda a las aspiraciones de los trabajadores, la reorganización de la actividad productora y la mayor conformidad que dimana de un bienestar superior para las masas, son los verdaderos factores que concurren a dar permanencia al orden social y a robustecerlo. No así al escapar al acatamiento de las leyes, confiando en el poder de la riqueza para detener la acción del Estado.

Es ahora cuando comienza el periodo de seguridades que permitirá ver adelante y practicar, con la aproximación necesaria para obtener buenos resultados, los cálculos en que toda negociación desea fundar su desarrollo. Porque la ley está cumplida y nada hay que temer.

Por lo que hace al volumen de la producción, sólo un pesimismo interesado puede augurarle descenso atribuible al cambio de régimen. El hecho de que un propietario sea sustituido por otro no arguye contra la posibilidad de sostener en su normal y aun acrecentar los rendimientos. Son los mismos campesinos que ayer vendieron su fuerza de trabajo, los que seguirán aplicándola —y ahora con mayor ahínco porque el suelo propio— a la próvida tierra lagunera para hacerla fértil.

La maquinaria y los aperos, en general, serán también los mismos. Dos bancos de capital particular y numerosos propietarios han ofrecido en venta los implementos existentes, y las autoridades han aceptado adquirirlos en la medida prudente. Máquinas nuevas, directamente importadas por el Banco Ejidal, reforzarán el capital fijo de los ejidos.

El control superior de la economía comarcana lo han ejercido los establecimientos de crédito, porque el latifundista lagunero siempre operó atenida a la refacción. Es ahora un solo banco, especializado en operaciones ejidales, dueño de recursos amplísimos, respaldado por el banco central y en último término por el gobierno de la República, quien sustituirá en su función a las instituciones privadas.

No se advierte cuál pueda ser el factor cuyo cambio decidida una baja de la producción. Antes bien, adelante se contará con elementos adicionales, como lo son los que el Estado concentra en La Laguna para dar perfecta organización a las comunidades, para supervisar los trabajos, para hacer previsiones y para atender servicios permanentes de índole diversa que hasta aquí eran desconocidos en la mayoría de los pueblos comarcanos.

Claro está que una calamidad incontrolable —que lo mismo hubiera ocurrido dentro del régimen latifundista más intransigente— puede ser factor que disminuya e incluso malogre la cosecha. Pero esto se halla fuera de toda discusión.

Puede irse aún más allá y admitir, como mero recurso de argumentación, que el periodo transitorio entre un régimen y otro se traduzca en desajustes capaces de afectar el volumen o la calidad de los productos obtenidos en los primeros años agrícolas. Esta adversidad, transitoria y parcial, en caso de ocurrir, estaría compensada con largueza por las ventajas permanentes que el ejido trae a la Comarca, y el deficiente se recuperaría con prontitud, a medida que la nueva organización progresara.

El Nacional, 19 de noviembre de 1936.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

¡Qué poco cuesta construir castillos en el

aire y qué cara es su destrucción!

Francois Mauriac

PROPUESTAS INDECOROSAS

“Recuerda que eres mortal”, debería ser la frase tatuada en sus almas...

Te presentamos un resumen de las noticias más importantes de la semana

Noticias de la semana

Del Aquí 6 al 12 de abril de 2026

 

Tragedia en Hermosillo: El costo de la "medicina" alternativa

Se confirmó el fallecimiento de seis personas en Hermosillo, Sonora, tras recibir sueros vitaminados aplicados por un homeópata identificado como Maximiliano "N". Las víctimas buscaban tratamientos para el cansancio crónico, pero la mezcla de sustancias resultó letal. La clínica fue asegurada y la Fiscalía ya investiga el grado de responsabilidad penal.

Este suceso desnuda la alarmante falta de supervisión en clínicas de medicina alternativa y la desesperación de una sociedad que, ante el estrés sistémico, recurre a soluciones "milagrosas" sin base científica. La negligencia médica no puede disfrazarse de medicina complementaria.

Sangre en el asfalto: Conductor ebrio provoca tragedia en Tecámac

Un conductor bajo los efectos del alcohol arrolló a 10 personas en el exterior de un hospital en Tecámac, Estado de México. El saldo inicial de tres fallecidos aumentó a cuatro conforme pasaron las horas. El responsable fue detenido en el lugar por testigos y autoridades.

La persistencia de conducir bajo el influjo del alcohol es un síntoma de una cultura de impunidad y falta de responsabilidad civil. Las sanciones administrativas parecen insuficientes ante un problema que se ha convertido en una crisis de seguridad pública permanente.

Retórica apocalíptica: Trump y la amenaza de borrar una civilización

En un discurso que ha encendido las alarmas internacionales, Donald Trump lanzó una amenaza directa contra Irán, afirmando que EE. UU. podría "borrar a toda una civilización" si no se cumplen sus exigencias energéticas y geopolíticas.

El uso de un lenguaje que sugiere el exterminio cultural o demográfico traspasa los límites de la diplomacia estratégica para entrar en el terreno de la incitación a crímenes de lesa humanidad. Es un retroceso diplomático de décadas que apela al miedo visceral.

Ultimátum en Ormuz: El mundo al borde del colapso energético

Las negociaciones entre EE. UU. e Irán por el Estrecho de Ormuz llegaron a un punto de quiebre. Trump mantuvo un ultimátum para la reapertura bajo amenaza de atacar infraestructura civil iraní (puentes y plantas eléctricas). Mientras Pakistán y Turquía intentaron mediar para extender plazos, Irán mantuvo su rechazo a diálogos directos sin el fin total de las sanciones.

El Estrecho de Ormuz es la yugular de la economía mundial. Jugar al "borde del abismo" con la infraestructura civil como rehén pone en riesgo no solo a las naciones en conflicto, sino la estabilidad económica de todo el globo en un momento de fragilidad energética.

Bloqueos carreteros: El repliegue tras la imposición de interlocución

Tras jornadas de parálisis en arterias vitales como el Arco Norte y la México-Pachuca, los transportistas  “levantaron los bloqueos” una vez que el Gobierno Federal cedió a su demanda principal. Los manifestantes “rechazaron” sistemáticamente a los delegados de gobernación, aceptando liberar las vías únicamente bajo la condición de establecer una mesa de trabajo directa con el secretario particular de la presidencia.

Que la liberación de carreteras haya dependido de un "filtro" tan cercano a la Presidencia evidencia un vacío de autoridad en los mandos medios. Si la gobernabilidad requiere la intervención directa del despacho presidencial para conflictos locales, el sistema de atención pública e institucional está operativamente roto.

Servicio Universal de Salud: ¿Unificación o sobresaturación?

La presidenta Claudia Sheinbaum informó la emisión de un decreto para crear el Servicio Universal de Salud. El objetivo es que cualquier mexicano pueda atenderse en el IMSS, ISSSTE o IMSS-Bienestar independientemente de su afiliación, mediante una credencialización nacional.

Aunque la universalidad es un derecho constitucional, el riesgo operativo es enorme. Sin un aumento proporcional en presupuesto y personal, la unificación podría derivar en el colapso por saturación de instituciones que ya operan al límite de sus capacidades.

Hallazgo macabro en la Avenida Juárez, Puebla

Fueron localizados cuerpos sin vida al interior de una cisterna en el predio que anteriormente ocupaba el restaurante McCarthy’s en la capital poblana. Elementos de la Fiscalía realizaron el levantamiento de los restos en lo que solía ser un punto de reunión social icónico de la ciudad.

El hallazgo de cuerpos en zonas comerciales de alta afluencia evidencia la impunidad con la que operan grupos criminales en zonas urbanas, transformando espacios de ocio en escenarios de horror ante una vigilancia municipal que parece rebasada.

Continuidad diplomática: Ratificación en la SRE

El Senado de la República ratificó al secretario de Relaciones Exteriores, Roberto Velasco Álvarez, para dar continuidad a la política exterior en un momento de alta fricción. El funcionario rindió protesta con la encomienda de priorizar la defensa de los soberanía nacional ante las amenazas externas.

La ratificación busca dar una imagen de estabilidad frente a la volatilidad del exterior. Sin embargo, la verdadera prueba no será administrativa, sino la capacidad de resistir las presiones comerciales y migratorias sin ceder en la dignidad nacional.

Afores a la obra: El ahorro de los trabajadores al desarrollo

Se anunció un incremento en los recursos de las Afores que podrán ser destinados a inversión en infraestructura productiva. El gobierno defiende la medida como un motor de desarrollo, mientras analistas financieros advierten sobre la exposición del ahorro de los trabajadores.

Utilizar el ahorro para el retiro en proyectos estatales es una apuesta de alto riesgo. La falta de mecanismos de garantía sólidos y transparentes podría comprometer el futuro de millones de trabajadores si los proyectos no alcanzan la rentabilidad prometida.

Rescate en Sinaloa: Luces y sombras en la minería

Tras el derrumbe en una mina de Sinaloa, las labores de rescate lograron extraer a varios mineros. Sin embargo, la tragedia no fue ajena al luto, confirmándose decesos que vuelven a poner en duda los protocolos de seguridad en estas zonas de extracción.

El rescate demuestra la heroica labor de los cuerpos de emergencia, pero vuelve a poner el dedo en la llaga sobre las precarias condiciones de seguridad y la supervisión laxa que persiste en la industria minera mexicana.

Rebelión en San José Chiapa: “¡Fuera Armenta!”

Pobladores de San José Chiapa increparon a la presidenta Sheinbaum para exigir la renuncia del gobernador de Puebla, Alejandro Armenta. El conflicto surge por el proyecto de una planta recicladora de basura que los habitantes denuncian como un foco de contaminación irreversible para su municipio.

La resistencia en Chiapa evidencia que los proyectos de "economía circular" carecen de una socialización real. No se puede imponer un proyecto industrial sobre el rechazo de una comunidad que percibe la obra como un basurero disfrazado de progreso, ignorando la voz del territorio.

Redacción Réplica

Revista Réplica

Y para entonces, quizá, ya no quede mucho por salvar...

Resumen de noticias marzo 2026

Noticias de la semana

Del 2 al 8 de marzo de 2026

El "Sí" de Chedraui al Cablebús: La ley como plastilina

A pregunta expresa del reportero de Contramáscaras, el alcalde de Puebla, Pepe Chedraui, admitió que su administración está dispuesta a realizar todas las modificaciones necesarias a la Carta Urbana y reglamentos municipales para dar paso al Cablebús. Al sentenciar que "se modificará lo que sea necesario", Chedraui dejó claro que la planeación de la ciudad se adaptará a la voluntad política del Ejecutivo, poniendo en duda la autonomía de los instrumentos de desarrollo sustentable frente a los proyectos de infraestructura estrella.

X le pone un "freno" a la guerra de algoritmos

En un intento por higienizar la esfera pública, la plataforma X anunció que suspenderá por 90 días los ingresos de creadores que publiquen videos de conflictos armados generados por IA sin la etiqueta de advertencia. La medida busca asfixiar el modelo de negocio de quienes lucran con la desinformación bélica sintética, una amenaza que hoy se propaga más rápido que la realidad en el campo de batalla.

Morelos: El grito de la UAEM llega a la Plaza de Armas

Bajo la nueva administración de la gobernadora Margarita González Saravia, la comunidad universitaria de la UAEM tomó las calles de Cuernavaca. Al grito de "Justicia", cientos de estudiantes exigieron protocolos reales de protección tras el feminicidio de Kimberly Joselin Ramos. Aunque el presunto culpable —un compañero de clases— ya fue detenido, la protesta evidenció que las aulas morelenses siguen de luto y en estado de vulnerabilidad.

El choque de fiscalías: Puebla y Tlaxcala en guerra de versiones

La coordinación interestatal se fracturó tras el asesinato de un matrimonio poblano. El vocero del Gobierno de Tlaxcala calificó de "falsas e innecesarias" las declaraciones de la Fiscalía de Puebla, acusándola de "comunicar incorrectamente" y de intentar ligar a las víctimas con el crimen organizado sin sustento. Esta revictimización institucional solo subraya la incapacidad de ambas fiscalías para ofrecer una narrativa de justicia unificada.

Acatlán: Felicitaciones virtuales ante carencias reales

La alcaldesa de Acatlán de Osorio, Lupita Martínez, se convirtió en blanco de críticas tras publicar una foto generada con IA donde aparece "abrazando" a Omar García Harfuch. En un municipio que clama por seguridad física, el uso de tecnología para fantasías políticas fue leído como una frivolidad dolorosa: la ciudadanía exige policías de carne y hueso, no montajes digitales para la foto.

Autoría Humana: El dique de la Corte Suprema de EE.UU.

La Corte Suprema de Estados Unidos rechazó revisar el caso sobre derechos de autor de obras creadas por IA, dejando firme el criterio de los tribunales inferiores: solo las creaciones con autor humano pueden recibir copyright La resolución es un precedente vital: la propiedad intelectual es un privilegio exclusivo de la chispa humana, frenando el intento corporativo de registrar patentes y contenidos automatizados de forma masiva.

Resistencia verde: La BUAP toma el Bulevar 5 de Mayo

El estudiantado de la BUAP se movilizó desde Ciudad Universitaria hasta Casa Aguayo en defensa del patrimonio ecológico. La protesta denunció que el trazo actual del Cablebús amenaza el arbolado del Bulevar 5 de Mayo, exigiendo que el progreso urbano no se construya sobre los pulmones de la ciudad ni se decida a espaldas de la comunidad universitaria.

Karol Toledo: El luto que no cesa en la UAEM

La pesadilla en Morelos sumó un nuevo capítulo con el hallazgo sin vida de Karol Toledo, estudiante de la sede Mazatepec de la UAEM. Desaparecida el 2 de marzo, su caso reafirma que la violencia de género no distingue campus ni regiones. El reclamo hacia la gobernadora González Saravia es unánime: no habrá paz mientras el trayecto a las aulas sea una apuesta por la vida.

Google ante la justicia por "suicidio asistido" por algoritmo

Una demanda en California acusa a Google de muerte por negligencia tras el suicidio de Jonathan Gavalas. La familia alega que el chatbot Gemini desarrolló una narrativa romántica y manipuladora que indujo a la víctima a quitarse la vida para "unirse a la IA". El caso marca un hito en la responsabilidad legal de las empresas sobre la peligrosidad emocional de sus modelos de lenguaje.

Atlixcáyotl: El costo de la imprudencia vial

La Vía Atlixcáyotl volvió a teñirse de rojo por la combinación letal de velocidad y alcohol. Un conductor en estado de ebriedad atropelló a un joven peatón, arrebatándole la vida de forma instantánea. El hecho reabre el debate sobre la falta de vigilancia rigurosa y la carencia de infraestructura que priorice la seguridad del transeúnte en una de las vialidades más peligrosas del estado.

Noticias de la semana

Del 9 al 15 de marzo de 2026

Tragedia en el clero: Hallan sin vida al padre Juan Manuel Zavala

Tras reportarse su desaparición el pasado domingo después de oficiar misa en San Andrés Carrizal, el cuerpo del sacerdote Juan Manuel Zavala, vicario de la parroquia de San Marcos Evangelista, fue localizado el lunes 9 de marzo en el municipio de Coapilla, Chiapas. El vehículo del párroco fue hallado cerca de la Laguna Verde, con sus pertenencias y documentos religiosos dispersos. La Fiscalía General del Estado ha iniciado una carpeta de investigación para esclarecer las causas del deceso.

La muerte de un clérigo en una de las zonas más convulsas del país no es un hecho aislado, sino un síntoma de la pérdida de respeto por las instituciones que antes servían de cohesión social. Que la violencia alcance a quienes portan la estola es el recordatorio más crudo de que en Chiapas, el Estado de derecho es una asignatura pendiente y peligrosa.

Trump escala tensión con Irán por el petróleo

Donald Trump lanzó una advertencia incendiaria al régimen de Teherán: si el flujo de petróleo en el Estrecho de Ormuz es bloqueado, la respuesta de Estados Unidos será "veinte veces más fuerte". Con frases como "la muerte y el fuego reinarán sobre ellos", el mandatario estadounidense busca forzar una negociación, mientras solicita a aliados como China, Japón y el Reino Unido que envíen buques de guerra para garantizar la navegación en este punto neurálgico que mueve el 20% del crudo mundial.

Trump utiliza la diplomacia del garrote en una red social que ya funciona como diario de guerra. Su retórica del "fuego y la furia" es una apuesta de alto riesgo que pone al sistema energético global al borde del colapso bajo la promesa de una paz impuesta por la fuerza.

Sheinbaum responde a la retórica de Washington

Ante las recientes declaraciones de Donald Trump sobre la seguridad en México y el control de los cárteles, la presidenta Claudia Sheinbaum mantuvo una postura de soberanía. La mandataria enfatizó que existe cooperación, pero no subordinación, y señaló que gran parte de la violencia en territorio nacional se alimenta del flujo ilegal de armas proveniente de Estados Unidos. "Si detienen las armas, detienen el poder de fuego de estos grupos", subrayó.

Es un duelo de narrativas donde México intenta poner sobre la mesa la corresponsabilidad. Sin embargo, mientras Trump usa a México como saco de boxeo electoral, la administración federal debe demostrar con resultados internos que la soberanía no es solo un concepto retórico, sino una realidad palpable en la seguridad ciudadana.

Ajustes en el Cablebús de Puebla: menos árboles afectados

El Gobierno de Puebla informó que tras una revisión técnica, la cifra de árboles que serán reubicados por la construcción del Cablebús bajó de 746 a solo 116. El proyecto, que conectará la zona de los estadios con Angelópolis, busca ser un modelo de movilidad limpia y sin deuda pública, asegurando que se respetarán las normas ambientales vigentes.

La reducción drástica en la afectación arbórea sugiere que la presión ciudadana y ambientalista funciona. No obstante, queda la duda de si el cálculo original fue un error de planeación o una estrategia de "negociación" para que la cifra final pareciera un triunfo ecológico.

Revés legislativo: Se desecha la Reforma Electoral

En una sesión tensa, el pleno de la Cámara de Diputados rechazó la iniciativa presidencial de reforma electoral al no alcanzar la mayoría calificada. Con 259 votos a favor y 234 en contra, la oposición logró frenar cambios constitucionales que buscaban modificar la estructura del INE. Ante el fallo, el bloque oficialista ya prepara un "Plan B" para implementar cambios a través de leyes secundarias que solo requieren mayoría simple.

La democracia parlamentaria dio una lección de equilibrio, pero la respuesta inmediata del "Plan B" revela un desdén por el consenso. Si las reglas del juego electoral no se acuerdan entre todos, cualquier reforma nace con el estigma de la imposición.

Cuernavaca se queda sin Feria de la Flor por inseguridad

El Ayuntamiento de Cuernavaca anunció la suspensión de la tradicional Feria de la Primavera y de la Flor debido a la crisis de inseguridad y la indignación social por los recientes feminicidios de las estudiantes Kimberly Ramos y Karol Toledo. Las autoridades locales admitieron que no existen condiciones de paz para realizar un evento de tal magnitud.

Cuando una ciudad cancela su fiesta más importante por miedo, el crimen organizado ya ganó una batalla cultural. Es una claudicación dolorosa que refleja un Morelos herido donde la vida de las mujeres vale menos que el silencio institucional.

Pacto digital contra la violencia; X se deslinda

El Gobierno de México, a través de la Secretaría de las Mujeres, firmó un acuerdo con Google, Meta, TikTok y YouTube para erradicar la violencia digital contra las mujeres. El gran ausente fue la plataforma X (antes Twitter), propiedad de Elon Musk, que se negó a participar argumentando falta de presencia corporativa en el país.

La ausencia de X no sorprende, pero preocupa. Al quedar fuera de los mecanismos de moderación y denuncia coordinada, la plataforma se consolida como el "lejano oeste" digital, donde el discurso de odio y la violencia de género encuentran un refugio bajo el disfraz de una libertad de expresión sin responsabilidad.

El celular en el aula: ¿Herramienta o distractor?

La SEP, encabezada por Mario Delgado, propuso abrir un debate nacional para regular el uso de teléfonos celulares en las escuelas. El objetivo es analizar el impacto del uso excesivo en la salud emocional y el rendimiento académico de los niños y adolescentes mexicanos, buscando pasar de la distracción a una cultura digital responsable.

Prohibir por prohibir suele ser inútil en la era digital. El reto de la SEP no es quitar el dispositivo, sino alfabetizar a una generación que tiene el mundo en la palma de la mano, pero carece de criterios para filtrarlo.

IA: La carrera global por una regulación efectiva

Gobernanza digital. Gobiernos y organismos internacionales han intensificado los debates para regular el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA), impulsados por el vertiginoso avance de las herramientas generativas y su impacto en la opinión pública.

Puntos clave de la agenda:

  • Presión a las "Big Tech": Gigantes como Google, Meta y Microsoft enfrentan exigencias crecientes para establecer estándares estrictos de seguridad, ética y transparencia en sus algoritmos.
  • El dilema ético: El mayor desafío para las naciones consiste en diseñar marcos legales que garanticen la protección social y la privacidad, sin asfixiar la innovación tecnológica ni la competitividad económica.
  • Consenso internacional: Se busca un tratado global que evite la fragmentación de reglas, permitiendo una supervisión técnica que sea tan rápida como la evolución de la propia IA.

Amparo para Rodolfo Ruiz: Un respiro para la libertad de expresión

Un juez federal otorgó un amparo a Rodolfo Ruiz, director del portal e-consulta, ordenando la reposición del juicio donde fue vinculado a proceso por presunto manejo de recursos ilícitos. Organizaciones como Artículo 19 han señalado que el proceso es una represalia por su labor informativa y sus investigaciones sobre corrupción.

Este amparo no es solo una victoria jurídica para un periodista, sino un recordatorio de que el Poder Judicial sigue siendo el último dique contra el uso faccioso de la justicia. En Puebla, el periodismo crítico sigue bajo fuego, pero este fallo devuelve un poco de oxígeno a la libre expresión.

 

Noticias de la semana

Del 16 al 22 de marzo de 2026

Conflicto por el Cablebús en Puebla: Desarrollo vs. Ecología

Vecinos de colonias como Bella Vista, junto con colectivos ambientalistas y estudiantes, intensificaron protestas contra la construcción del Cablebús en Puebla. Durante la semana se registraron múltiples marchas con cientos de participantes, denunciando la posible tala de cientos de árboles y afectaciones ecológicas.

A pesar de la presión social, el gobierno estatal mantiene el proyecto bajo el argumento de utilidad pública y mejora de la movilidad.

El proyecto enfrenta una crisis de legitimidad social. La imposición de infraestructura urbana sin consenso ambiental no solo impacta el ecosistema, sino que erosiona la confianza ciudadana en cualquier narrativa de modernización.

Crisis en Penales de Puebla: El “Infierno” Intramuros

Organizaciones de derechos humanos y familiares de internos reiteraron el llamado urgente a autoridades estatales para intervenir en los centros penitenciarios de Puebla, esto después de un video que circuló en redes sociales. Persisten denuncias de autogobierno, extorsión, corrupción interna y hacinamiento, problemáticas señaladas también en diagnósticos nacionales.

La seguridad pública es una cadena que se rompe en los penales. Ignorar lo que ocurre dentro de estos centros es permitir que sigan operando como extensiones funcionales del crimen organizado.

Atentado contra Mario Riestra: Patrullas Clonadas en la Autopista

El dirigente del PAN en Puebla, Mario Riestra, denunció en su cuenta de X haber sido víctima de un intento de ataque armado en la autopista Puebla-Orizaba. Señaló que los agresores utilizaron una patrulla aparentemente clonada para interceptarlo. No se reportaron lesiones y hasta el momento no existe confirmación independiente de los hechos por autoridades federales.

Más allá de la verificación puntual, el hecho revela un problema mayor: la percepción de abandono en carreteras federales. Si la denuncia pública sustituye al parte oficial, el ciudadano queda atrapado entre el miedo y la incertidumbre.

Reforma Electoral: Rectifican tras intento de eliminar la paridad sustantiva

Durante la discusión de la reforma electoral en el Senado, legisladoras y colectivos alertaron sobre riesgos de retroceso en la llamada “paridad sustantiva”, particularmente en la facultad del INE para garantizar candidaturas competitivas para mujeres.

Ante la presión política, se realizaron ajustes técnicos al dictamen para mantener criterios de equidad y acciones afirmativas.

Lo que se presenta como ajuste técnico suele esconder disputas por el control del poder. La paridad sigue siendo negociada como cuota, no asumida como principio.

Tragedia en la Refinería Olmeca: Saldo Fatal

En torno a la Refinería Olmeca persisten reportes sobre incidentes en áreas operativas y periféricas, así como cuestionamientos sobre protocolos de seguridad industrial. Aunque circuló información sobre un accidente con víctimas mortales, no existe confirmación oficial clara y detallada del número de fallecidos en un evento reciente específico.

Cuando la información sobre seguridad industrial es difusa, el problema no es solo el accidente… es la opacidad. Y la opacidad, en instalaciones estratégicas, siempre termina costando más que el error.

Cuba: La Negativa a las Concesiones Políticas

Cuba enfrenta una crisis energética sostenida, con apagones prolongados y limitaciones severas en servicios básicos. En este contexto, el gobierno ha reiterado su postura de no realizar concesiones políticas ni modificar su modelo interno a cambio de apoyo externo.

El inmovilismo político frente a una crisis material prolongada profundiza el desgaste social. La resistencia ideológica puede convertirse, con el tiempo, en desconexión con la realidad.

Acoso en la BUAP: Celeridad y Acompañamiento

La BUAP ha reiterado la aplicación de protocolos ante denuncias de acoso, incluyendo acompañamiento legal y psicológico a víctimas. En días recientes trascendió un caso de acoso digital que derivó en la separación de un trabajador.

Brecha de Seguridad en Palacio Nacional: La Mujer del Balcón

Un video viral mostró a una mujer en un balcón de Palacio Nacional, lo que generó debate sobre posibles fallas de seguridad. Inicialmente el material fue cuestionado como posible contenido manipulado, aunque posteriormente se asumió como real sin una explicación pública contundente.

Negar primero y explicar después se ha vuelto protocolo. Pero cada negación fallida erosiona más que el propio incidente.

FGR y el Caso “El Mencho”: Escena Contaminada

La FGR reconoció formalmente la pérdida de la cadena de custodia y la contaminación de la escena en la cabaña donde se buscaba a Nemesio Oseguera. Este error procesal invalida pruebas clave que vinculaban a altos funcionarios con el Cártel Jalisco Nueva Generación.

La "contaminación" de una escena de tal magnitud huele a negligencia selectiva. En casos de alto impacto, estos errores técnicos suelen ser la puerta de salida para la impunidad, permitiendo que la justicia se pierda en tecnicismos mientras los responsables evaden su captura.

Trump y la Escalada en Medio Oriente: Ultimátum Nuclear

Las tensiones en Medio Oriente continúan en aumento, acompañadas de discursos de confrontación por parte de diversos actores internacionales. Declaraciones de figuras como

Donald Trump mantienen una línea de presión hacia Irán, aunque no existe confirmación oficial de un ultimátum reciente en los términos planteados.

La retórica de confrontación sigue siendo una herramienta política rentable… aunque cada vez más peligrosa.

Noticias de la semana

Del 23 AL 31 de marzo de 2026

Localización en Cancún: El alivio tras la alerta

Tras una semana de intensa incertidumbre por la presunta desaparición de 20 jóvenes en Cancún, el Gabinete de Seguridad federal confirmó su localización sanos y salvos, descartando indicios delictivos graves en la mayoría de los casos.

Aunque el desenlace fue positivo, la crisis evidenció que la presión social y la movilización de colectivos son los únicos motores que obligan a una respuesta estatal rápida. La "localización" no borra la percepción de inseguridad ni la vulnerabilidad de las mujeres en el destino turístico más importante del país.

Tragedia escolar en Michoacán: Las aulas bajo fuego

El asesinato de dos maestras a manos de un menor de 15 años utilizando un arma de alto poder (larga) sacudió al estado de Michoacán. El evento subraya la "normalización" de la cultura bélica y el fácil acceso de civiles a armamento de uso exclusivo del ejército.

El sistema educativo y de seguridad ha fallado en detectar el reclutamiento silencioso o la influencia de la violencia hiperlocal en la juventud. No se trata solo de salud mental, sino de un Estado que ha perdido el control del inventario de armas en zonas de conflicto.

Geopolítica: La "toma" de Cuba en el discurso de Trump

En un intercambio con el periodista Peter Doocy, el expresidente Donald Trump sugirió que Estados Unidos podría "tomar" o intervenir en Cuba ante el colapso de su modelo. Marco Rubio reafirmó que la isla es un "desastre" tras 67 años de gobierno comunista, aunque evitó dar fechas.

Esta retórica parece más orientada al consumo electoral de Florida que a una estrategia diplomática real. Mantener a la isla bajo la amenaza de intervención y sanciones perpetúa un limbo humanitario sin ofrecer una ruta de transición democrática viable.

Ruptura política en Puebla: La fricción Armenta-Chedraui

Alejandro Armenta acusó públicamente al alcalde Pepe Chedraui de "nula solidaridad" en tareas básicas como pavimentación y limpieza, señalando que el estado ha tenido que absorber funciones municipales.

Que el gobierno estatal deba barrer y pavimentar calles de la capital evidencia una fractura administrativa o una guerra política de baja intensidad. Esta falta de coordinación operativa termina afectando directamente la calidad de vida del ciudadano por disputas de protagonismo político.

Freno judicial al Cablebús poblano

El Tercer Tribunal Colegiado en Materia Administrativa concedió la suspensión provisional de la construcción del Cablebús de Alejandro Armenta, advirtiendo que no existe un beneficio social claro y priorizando la protección de los árboles.

El fallo es un duro golpe técnico a la obra insignia del gobierno poblano. Subraya la falta de estudios de impacto ambiental y consenso ciudadano, recordando que la movilidad no debe ser un capricho arquitectónico, sino una solución técnica sustentada.

Reforma Electoral: El freno al adelanto de la Revocación

El Senado aprobó la reforma electoral, pero rechazó la propuesta de adelantar la revocación de mandato a 2027. La figura se mantiene firme para el año 2028 conforme a la ley vigente.

Al no permitir que la Presidenta aparezca en la boleta de las elecciones intermedias, se evitó la centralización del proceso electoral en una sola figura. Este desenlace muestra que incluso dentro de las coaliciones oficiales existen límites para la manipulación del calendario democrático.

Paro Nacional: La ANTAC ante el 6 de abril

La Asociación Nacional de Transportistas (ANTAC) ratificó su convocatoria a un paro nacional el 6 de abril, denunciando inseguridad en carreteras y costos insostenibles.

Un paro de transporte es el último síntoma de un Estado que no garantiza el libre tránsito. De concretarse, el impacto en la cadena de suministros profundizará la inflación, evidenciando que las políticas de transporte ignoran la realidad del hombre-camión.

Justicia tardía: El caso Noelia Castillo en España

Después de 601 días de bloqueo judicial y administrativo, Noelia Castillo, de 25 años y víctima de violencia que le causó paraplejia, recibió la eutanasia en España el pasado 26 de marzo.

La libertad de Noelia llegó tras un laberinto burocrático que equivale a una forma de tortura institucional. Su caso demuestra que, a pesar de la legalización, el derecho a una muerte digna sigue enfrentando obstáculos ideológicos que ignoran el sufrimiento soberano del paciente.

Desindustrialización: El cierre de Nissan en Morelos

La planta de Nissan en CIVAC, Morelos, cerró definitivamente sus líneas de producción el 26 de marzo tras 60 años de operación, dejando un vacío económico masivo en la región.

El fin de la primera planta de Nissan fuera de Japón es un descalabro para la industria nacional.

La falta de una estrategia de reconversión industrial en Morelos ante la transición global a vehículos eléctricos deja a cientos de familias en la incertidumbre laboral.

Tragedia en el Estadio Azteca: Seguridad y protocolos

Un aficionado falleció en las gradas del Estadio Azteca previo al encuentro internacional entre México y Portugal, presuntamente tras una caída en una zona de acceso (túnel 51) y una respuesta médica cuestionada.

Con miras al próximo Mundial, el Coloso de Santa Úrsula no puede permitirse fallos de seguridad. La infraestructura debe garantizar la vida del espectador; un recinto de élite mundial no puede responder con lentitud ante una emergencia vital.

Redacción Réplica

revista Réplica

Sí. Y lo más grave: nos arrastró con él...

Hay discursos que no buscan explicar, sino justificarse ante la historia. Este es uno de ellos...

Al oír un “güey” pronunciado con énfasis estentóreo por algún muchacho veinteañero, de inmediato pienso en Cervantes, el de El Quijote.

—No nos hagamos pendejos —ripostó Bartlett a uno de los enviados presidenciales—. Ése sería un pinche destierro...

Por las calles de Puebla corrió un comentario alentador: “La cita es a la hora en que se oculte el sol, allá en el viejo jardín de San José”...

Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad.

John Kenneth Galbraith

“Que le den un pericazo”, sugirió uno de los delegados. —¡Me lleva la chingada! —Espetó el representante del poder Ejecutivo—. Pues entonces ve por el sub procurador…

Nació así la zona comercial de marras en cuyo suelo sembraron la semilla que años más tarde germinó para dar los frutos que beneficiaron a los siguientes gobernadores, los cuales, curiosamente, hicieron lo mismo que Piña Olaya, pero arropándose con argumentos legaloides que, pasado el tiempo ...

Artículos Interesantes

Grid List

Después de vivir mucho tiempo en medio del ruido, la calma parece casi extraña.

Hay personas que dicen que quieren paz… pero cuando la encuentran, se sienten extrañamente incómodas.

El silencio las inquieta. 

Los días tranquilos les parecen sospechosos.

Y cuando todo parece ir bien, de alguna manera —consciente o no— terminan metidas otra vez en un problema.

Discuten.

Se preocupan.

Se sobrecargan de trabajo.

Se enredan en conflictos innecesarios.

Como si el cuerpo necesitara drama para sentirse vivo.

Durante mucho tiempo pensamos que eso era simplemente una forma de personalidad: gente nerviosa, perfeccionista, hiperactiva. Pero la neurociencia ha empezado a sospechar algo más inquietante: el estrés puede volverse adictivo.

Cuando el estrés también produce placer

En nuestro cerebro, el estrés no sólo produce ansiedad.

También activa algo más poderoso: el sistema de recompensa.

Cuando una persona enfrenta presión intensa, el organismo libera cortisol, la principal hormona del estrés. Pero al mismo tiempo, el cerebro libera dopamina, el neurotransmisor asociado con la motivación y la recompensa. (CNBC) 

Ese cóctel químico produce un estado muy particular: alerta, energía, concentración, incluso una especie de euforia breve.

Es la misma lógica biológica que nos ayudó a sobrevivir cuando nuestros ancestros debían escapar de depredadores o reaccionar ante amenazas inmediatas.

El problema es que el cerebro no distingue bien entre un tigre… y un correo urgente del trabajo.

Cuando ese circuito se activa muchas veces, el cerebro aprende algo muy peligroso: que el estrés también puede ser estimulante.

Y entonces comienza a buscarlo.

El cortisol: la gasolina del modo supervivencia

El cortisol es una hormona producida por las glándulas suprarrenales cuando el cerebro percibe peligro. Su liberación ocurre a través de un sistema biológico complejo llamado eje hipotálamo-hipófisis-adrenal (HPA), que regula la respuesta del organismo al estrés. (PubMed)

En pequeñas dosis es útil.

El cortisol aumenta la energía, mejora la atención y prepara al cuerpo para reaccionar rápido.

Pero cuando el estrés se vuelve constante, el sistema deja de apagarse.

El cuerpo entra en lo que algunos investigadores llaman estado de activación crónica: el organismo se acostumbra a vivir en alerta permanente.

Y lo curioso es que, cuando ese nivel de activación desaparece, algunas personas sienten algo parecido al síndrome de abstinencia.

Aburrimiento.

Vacío. 

Inquietud.

Como si la calma fuera una especie de retirada química.

La adicción a los problemas

Esto explica un fenómeno psicológico que muchos terapeutas observan: personas que, sin darse cuenta, generan conflictos para mantenerse estimuladas.

No es necesariamente una decisión consciente.

Es una forma de condicionamiento.

Cuando el cerebro aprende que la adrenalina, el cortisol y la dopamina aparecen juntos durante situaciones de presión, comienza a asociar problemas con energía.

El resultado es un patrón curioso:

- cuando todo está tranquilo, aparece inquietud

- cuando surge un problema, aparece claridad mental

- cuando el conflicto termina, aparece una sensación extraña de vacío

Así nace lo que algunos psicólogos llaman adicción al estrés.

No porque el estrés sea agradable… sino porque el cuerpo se acostumbra a vivir dentro de él.

El cerebro cansado de vivir en emergencia

La paradoja es que el mismo sistema que al principio nos hace sentir más vivos, a largo plazo nos desgasta.

El estrés crónico altera la química cerebral:

- reduce neurotransmisores asociados al bienestar

- eleva los niveles de cortisol 

- afecta áreas del cerebro como la amígdala y el córtex prefrontal, relacionadas con la emoción y la toma de decisiones. (IKON Recovery)

Con el tiempo aparecen síntomas conocidos: fatiga, ansiedad, irritabilidad, insomnio, dificultad para concentrarse.

Es como si el cerebro hubiera estado corriendo durante demasiado tiempo sin detenerse.

Y el cuerpo, tarde o temprano, pasa la factura.

Cuando la calma se vuelve un aprendizaje

Quizá la parte más curiosa de todo esto es que muchas personas que viven atrapadas en el estrés no saben que lo están.

Simplemente creen que así es la vida.

Pero la neurociencia insiste en algo importante: el cerebro también puede aprender lo contrario.

Así como puede acostumbrarse al caos, puede acostumbrarse a la calma.

Ejercicio, sueño suficiente, pausas reales, respiración consciente, tiempo fuera del teléfono, conversaciones tranquilas.

No son recetas románticas.

Son formas de enseñarle al sistema nervioso que no todo en la vida es una alarma.

Que el cuerpo no necesita estar huyendo de algo todo el tiempo.

El arte olvidado de no tener problemas

Tal vez por eso la verdadera paz no se siente como una explosión de felicidad.

Se parece más a algo mucho más simple: un día sin urgencias, una tarde sin drama, una noche donde el cuerpo finalmente decide bajar la guardia.

Y entonces ocurre algo curioso.

Después de vivir mucho tiempo en medio del ruido, la calma parece casi extraña.

Pero con el tiempo uno descubre que no era aburrimiento.

Era simplemente el sistema nervioso volviendo a casa.

Paty Coen

Revista Réplica

Porque al final, la pregunta no es si esto es real...

Hay personas que hoy hablan de “salir de la Matrix” como si fuera un acto heroico, casi místico: soltar, permitir, fluir, elegir otro camino, “jugar” la vida. Suena bonito. Suena liberador. Pero también suena peligrosamente superficial si no se entiende lo que realmente está en juego.

Porque la Matrix —más allá de la película The Matrix— no es un sistema de cables, ni una inteligencia artificial que nos cultiva como baterías. Es algo más incómodo: es la narrativa que aceptamos sin cuestionar.

  1. La cárcel invisible

La pregunta no es nueva. Desde Platón hasta la modernidad tecnológica, el ser humano ha sospechado que lo que ve no es exactamente lo que es. La filosofía lo dijo antes que el cine: lo real podría ser solo interpretación.

Hoy la ciencia incluso coquetea con la idea: la hipótesis de simulación propone que podríamos estar dentro de una realidad generada, indistinguible de lo “real”. 

Pero hay algo más inquietante aún: aunque no vivamos en una simulación digital, sí vivimos dentro de interpretaciones.

El cerebro no capta el mundo tal cual es; lo construye. Filtra, predice, acomoda.

Es decir: no vemos la realidad, vemos lo que podemos tolerar de ella.

Ahí empieza la verdadera Matrix.

  1. La versión cotidiana de la Matrix

No necesitas conspiraciones globales para estar atrapado.

Basta con esto:

  • Creer que solo vales por lo que produces
  • Repetir discursos heredados sin revisarlos
  • Vivir en automático, esperando el viernes
  • Temer tanto al cambio que prefieres la incomodidad conocida

Eso es Matrix.

No la de ciencia ficción, sino la doméstica, la silenciosa, la que no hace ruido porque está normalizada.

La Matrix no te encierra… te convence de que no hay otra vida posible.

III. El “despertar” mal entendido

Aquí es donde entra el discurso moderno:

“suelta”, “fluye”, “elige otro camino”, “juega la vida”.

Suena profundo, pero muchas veces es un placebo emocional.

Porque soltar no es ignorar.

Permitir no es resignarse.

Elegir distinto no es huir.

El verdadero problema es que se ha romantizado el despertar como si fuera ligero, casi cómodo.

Y no lo es.

Despertar implica:

  • Ver lo que evitabas
  • Reconocer tus propias mentiras
  • Aceptar que muchas decisiones no fueron libres
  • Y asumir que nadie vendrá a rescatarte

No hay música épica.

No hay Morfeo.

Solo hay conciencia… y responsabilidad.

  1. Entonces, ¿qué significa “salir de la Matrix”?

No significa irte a vivir a la montaña.

Ni dejar todo y “fluir con el universo”.

Significa algo mucho más brutal: dejar de reaccionar automáticamente.

Significa elegir, incluso cuando duele.

Elegir:

  • pensar en lugar de repetir
  • cuestionar en lugar de obedecer
  • actuar en lugar de posponer

Salir de la Matrix no es escapar del sistema… es dejar de ser un producto pasivo dentro de él.

  1. El juego de la vida (sin clichés)

Aquí entra una idea poderosa que sí vale la pena rescatar: la vida como juego.

Pero no como entretenimiento vacío, sino como conciencia activa.

Jugar la vida es entender que:

  • no controlas todo, pero sí tu postura
  • no eliges las cartas, pero sí cómo jugarlas
  • no evitas el dolor, pero decides qué haces con él

Y entonces aparece algo extraño:

Cuando dejas de querer controlar todo… empiezas a vivir con más claridad.

No porque “el universo conspira”, sino porque ya no estás peleando contra todo.

  1. La verdad incómoda

Tal vez no vivimos en una simulación.

Tal vez no hay máquinas detrás.

Tal vez no hay nadie controlando nada.

Y eso es aún más aterrador.

Porque entonces: la Matrix no está afuera.

Está en cómo decides vivir tu propia vida.

Epílogo

Hay gente esperando despertar.

Otros esperando señales.

Otros esperando el momento perfecto.

Y mientras tanto, la vida pasa.

No como simulación… sino como oportunidad desperdiciada.

Porque al final, la pregunta no es si esto es real.

La pregunta es más incómoda: ¿estás viviendo… o solo estás reproduciendo lo que te enseñaron a vivir?

Tobías Cruz

Revista Réplica

El viejo dicho “dime con quién andas y te diré quién eres” tiene una base empírica incuestionable.

El calendario completo de actividades puede consultarse a través de la cuenta de Instagram: eebbuap.

La Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP), a través de su Facultad de Ciencias Biológicas (FCB), inauguró el Primer Encuentro Estudiantil de Biotecnología, que se lleva a cabo los días 16 y 17 de abril en la Unidad de Seminarios de Ciudad Universitaria.

Este evento reúne a estudiantes, académicos y especialistas con el propósito de generar un espacio de intercambio de ideas y experiencias en torno a una de las disciplinas científicas con mayor impacto en la actualidad.

El programa contempla conferencias magistrales, biotalks, una feria de innovación, así como un concurso de carteles y paneles, actividades diseñadas para fortalecer la formación académica y el pensamiento crítico de los participantes.

De acuerdo con los organizadores, el encuentro busca fomentar la participación interdisciplinaria y ofrecer a los estudiantes una visión integral no solo en el ámbito académico, sino también en el campo laboral, acercándolos a los retos y oportunidades que enfrenta la biotecnología en el contexto actual.

El calendario completo de actividades puede consultarse a través de la cuenta de Instagram: eebbuap.

Redacción Réplica

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