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PROBLEMAS DE AMÉRICA

El reconocimiento como función internacional y el ejemplo inmortal de Poncio Pilatos.

Perdida en el cúmulo de noticias de menor interés que a diario sirven las agencias cablegráficas, encuentro una información de capital importancia, que debe movernos a estudio y reflexión; es el anuncio de un cambio fundamental que habrá de operarse en la gestión de gobierno del nuevo prócer de la Casa Blanca, en el criterio que informe la política norteamericana para otorgar o negar el reconocimiento oficial de los Estados Unidos a los gobiernos de nuestro hemisferio —y particularmente a los de Centroamérica— donde la transmisión del poder no se efectúe por modo pacífico y constitucional.

Este cambio sustancial de política —según pregonan escritores de positiva autoridad que de cerca observan los lineamientos que va trazando Herbert Hoover en el plan general de su gestión— consiste en el abandono de la doctrina que se ha aplicado —irregularmente y tan sólo de una manera parcial— en nuestro hemisferio, de no entablar relaciones con los gobiernos que emanan de un golpe de fuerza, para volver con toda libertad a la política tradicional del reconocimiento de las autoridades que se establezcan de jure o de facto.

Debemos entender por esto —y me apresuro a indicarlo para evitar una inflexión de equívoco— que los Estados Unidos van a renunciar espontáneamente a la situación preeminente que les resulta de la fuerza que representa la facultad de negar su reconocimiento a los gobiernos de facto o a los que emanen de una revolución o de un golpe de Estado, sino que pretende, o va derechamente, a romper los compromisos que han contraído en determinados sectores del continente, de no reconocer a tales autoridades. Esto influirá especialmente en la vida centroamericana por existir ya fórmulas contractuales que norman las relaciones oficiales.

Condicionalismo y paternalismo

Observemos cuáles han sido las razones determinantes de la política norteamericana, y su dualidad de aplicación según que se tratara del reconocimiento de gobiernos correspondientes a países que se asientan en la zona adyacente al Canal de Panamá, o en el resto del mundo, para comprender el verdadero valor del fenómeno que se opera en la conciencia yanqui, el cual ha producido el descrédito y, consecuentemente, la crisis de los sistemas ensayados cerca de las Repúblicas de la América Central, y en ocasiones, por extensión, en algunos otros Estados colombinos.

Precisamente porque los Estados Unidos conocen mejor que ninguno la fuerza que supone la negativa o el otorgamiento del reconocimiento de gobiernos, han establecido distingos esenciales en su política. Washington aconsejó el reconocimiento de todo poder que ejerciera autoridad de facto sobre cualquier Estado del planeta; pero ese sabio consejo no encontraron sus compatriotas que fuera aplicable respecto a aquellos países que se desearan someter a la órbita de la influencia de la Unión.

Es que el libertador deseaba para su pueblo una patria libre y honesta, pero no alcanzó a comprender el afinanciamiento de este desbordante imperio que contemplamos. Y el reconocimiento, o por mejor decir, el desconocimiento ha sido el arma más poderosa que se ha esgrimido para apoyar la dominación. (En nuestra época —acaso me equivoque— sólo dos gobiernos han resistido la vida sin el oxígeno del reconocimiento norteamericano: el del presidente Obregón, en México, durante cerca de tres años, y el del presidente Ayora, en el Ecuador, más o menos por un lapso igual).

A mayor abundamiento, habrá que observar cómo el ejercicio del condicionalismo de sedicente legitimidad para otorgar el reconocimiento se ha limitado no sólo a la América, sino que, dentro de la América nada más a determinados países, y dentro de esos países, no de una manera general y absoluta. Y este condicionalismo es contemporáneo, precisamente, de la aparición del paternalismo proclamado por Roosevelt en su célebre mensaje del 6 de diciembre de 1904 con el cual modificó en su esencia y radicalmente la doctrina simplista enunciada por Monroe en 1823.

Razones de ética y pecados mortales

La aplicación de una política del género de la que me ocupa reclamaba una razón moral que oponer a la crítica y el establecimiento de cláusulas precisas que normaran la condicionalidad del reconocimiento de los poderes de los Estados. Así, tomando por causa el deseo de dar estabilidad a los regímenes legítimos contra las frecuentes revoluciones que asolaban a Centroamérica, se convino, como antes apunté, en forma contractual y solemne, que no se otorgaría el reconocimiento a ningún poder que se estableciera en cualquiera de las cinco repúblicas centroamericanas, cuando no hubiere emanado por las vías legítimas. (Tratados de 20 de diciembre de 1907 y 7 de febrero de 1923, del primero de los cuales México fue signatario, como los Estados Unidos, pero como éstos, sin ser sujeto de la condicionalidad).

Hallaron de este modo los Estados Unidos la manera de abrirse el camino para el logro de sus grandes propósitos (y sobre todo para el afianzamiento de su poderío interoceánico que tiene por pivotes la defensa del Canal de Panamá y la construcción y defensa del proyectado canal a través de los lagos de Nicaragua), porque con el toma y daca de los reconocimientos y los desconocimientos, no quedó al cabo de unos cuantos lustros ningún partido de gobierno que se oponga a los designios del severo Tío Sam. La tragedia de Nicaragua es el más doloroso exponente de los resultados de esta política.

La crisis de los sistemas experimentados

¿Cómo es posible, entonces, que el “condicionalismo”, agente eficaz del “paternalismo” haya caído en descrédito ante la opinión de los mismos ciudadanos americanos y especialmente, como es la verdad, ante la de los más interesados en la política de expansión imperial? Es que el condicionalismo legitimista, a los ojos norteamericanos, ha cumplido ya su misión y sólo quedan de él sus graves inconvenientes.

El condicionalismo engendró, necesariamente, la intervención pacífica y armada, porque aquel poder que se comprometió a no reconocer sino a la autoridad investigada por la legalidad de hecho se convirtió en árbitro de la vida política interior de los países que son sujetos de la condicionalidad, adentrándose hasta en la vida íntima de éstos, para saber cuándo y a quién podía otorgar “la merced” de su reconocimiento.

Luego, cuando los partidos y los candidatos fuertemente castigados por sus luchas internas o por la decepción de llegar a la victoria y hallarse con el veto del desconocimiento decidieron consultar previamente a la Casa Blanca su capacidad de elegibilidad, el gobierno de Washington fue adquiriendo la potestad de juez y hasta la de supervisor directo de la elección…

Mientras Tío Sam necesitó vencer resistencias, no le importó que la crítica acerba minara su prestigio exterior y aún soportó con paciencia los clamores de casa. El hombrecillo sin escrúpulos que con tan mala fortuna dirigió la cancillería del Potomac en el segundo periodo de Coolidge desarrolló impasible su política de intrusión en los negocios grandes y chicos de los países situados dentro de la “zona de influencia” yanqui, hasta que fue menester apelar nuevamente a la dialéctica jurídica de Hughes para apaciguar los espíritus en la VI Conferencia Internacional Americana.

Pero ahora los Estados Unidos tiene expedita la senda para la penetración pacífica. Lo que les resta es, al contrario, apagar los rescoldos que aún quedan de la hoguera encendida por las medidas de fuerza y recobrar su libertad de acción para negar y otorgar su reconocimiento a los gobiernos hispanoamericanos sin sujeción a la sedicente doctrina legitimista.

“Ham and eggs or big stick”

Wilson, como Hughes, como Kellogg, o como cualquiera otro estadista norteamericano, tendieron a la misma finalidad: el afianzamiento de la hegemonía económica y política de la Unión sobre todo el continente. Los procedimientos son los que cambian. Y en el momento actual hacen crisis todos los sistemas ensayados por los políticos y juristas para triunfar los que son inherentes a estos businessmen que escalan el poder. Mejor que una prédica apostólico-democrática al estilo de Nilson, desmentida por algún desembarco de infantes de marina en playas indocolombinas; y mejor que una convención o tratado articulado por la sapiencia de Hughes, resulta para el éxito de los designios norteamericanos una plática de sobremesa entre un embajador y un presidente.

De ahí que se imponga en esta hora la política del Ham and eggs cuyo más alto representativo es el embajador Morrow, respaldada por la del Big Stick que ensayó en Nicaragua el hoy flamante secretario de Estado Henry L. Stimson.

Por lo demás, los Estados Unidos pueden ya desentenderse de nuestras riñas caseras para seguir el ejemplo inmortal de Poncio Pilatos, desnaturalizado por la barbarie cristiana:

—¿Quién tiene la razón: Jesús o Barrabás?

—Allá ellos… si en el conflicto no van los intereses de Roma..!

El reconocimiento, función internacional

La política norteamericana que he esbozado en las líneas anteriores, demuestra que en el orden internacional el problema del reconocimiento de los gobiernos ocupa de día en día mayor significación. Cada tiempo, en el decurso de la vida, va proyectando nuevas complejidades que ponen a prueba la sensibilidad de los pueblos y la capacidad de sus estadistas. No bien se halla una fórmula que resuelva o encauce por sendas tranquilas las viejas diferencias que separan a los pueblos, cuando aparecen otros motivos de inquietud que fuerzan a contemplar nuevas normas que rijan la vida común, a manera de llevar la paz a los espíritus. Cuando la guerra, con todos los caracteres que la distinguen, desapareció de hecho —y está en vías de serlo de derecho— de entre los peligros inminentes de flagelo para nuestro hemisferio, la agresión de los Estados fuertes tomó la forma de las intervenciones —pacíficas o armadas, permanentes o temporales— y cuando la reacción de los pueblos, encarándose valientemente contra tamaños excesos, va obligando a que se repudie la política intervencionista (por lo menos oficialmente, pero aún de parte del interventor, como lo hizo en La Habana el presidente de la delegación norteamericana Charles Evans Hughes), se perfilan en el horizonte nuevas causas de inquietud, que emanan de procedimientos ayunos de franqueza y de lealtad las célebres interposiciones amistosas y la arbitraria política del reconocimiento.

Por eso, una vez que se comprueba que la interdependencia de los Estados Unidos es la que condiciona la vida moderna, se convierte en un problema de carácter internacional, que obliga a considerarlo detenidamente como tal, lo que antes no era más que una fórmula de cortesía. Y es un deber, en consecuencia, de las cancillerías y de los órganos de la opinión de Hispanoamérica, propugnar que el reconocimiento de los poderes públicos no se considere por más tiempo como un atributo inherente a la soberanía de cada Estado, sino que se rija por normas precisas en las que muy bien pueden caber razones superiores de ética, pero que obliguen por igual al conjunto de las naciones.

Diario de Yucatán, número 1418, 17 de abril de 1929.

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica

EL DESARROLLO DE PUEBLA, EN CHINO

El que nada se perdona a sí mismo, merece que se lo perdonemos todo.

Confucio.

Y yo como el chinito, nomás milando.

 

“Cooperación en lugar de competencia", dijo Yu Xianchen, consejero comercial y económico de la Embajada china en México, diplomático que ayer estuvo en la comida organizada por la Coordinación de Asesores con la intención de promover las bondades del «comunismo capitalista”.

Al escuchar la frase, en apariencia tranquilizadora para los industriales de casa, y a Cecilio Garza Limón, embajador de México en China, se me ocurrió suponer que el representante asiático estaba muy bien enterado del choque de criterios y las diferencias de opiniones que le han ganado espacios periodísticos a don Antonio Zaraín García y a don Mario Riestra Venegas. Y me dio la impresión de que, con la clásica bonhomía mandarina que antecede al mandoble decapitador, el agregado comercial trataba de convencer a uno y a otro para que unidos trabajen por la Puebla que, según parece, tarde o temprano caerá en las garras de los tigres asiáticos a pesar —que conste— del espíritu conciliador de la “China Poblana” (Mirrha para los cuates) magistralmente recordada por Eduardo Merlo.

Lejos del Museo de Arte Virreinal donde se verificó la reunión de marras, y desde luego acompañado de otras personas, el secretario de Finanzas Rafael Moreno Valle seguramente machacaba la necesidad de que los gobiernos estatales se desliguen del esquema operativo “que nos obliga a mantener la intermediación de la banca de desarrollo”, criterio, por cierto, manifestado al periódico El Economista en enero de 2000. Quizás hasta insistía sobre la urgente descentralización de acciones financieras para que, sin necesidad del paternalismo del Estado, las entidades puedan calificar su deuda, sanear finanzas, evaluar sus contingencias y obtener mejores condiciones de crédito; después, claro, de reformar la Constitución Política de México.

Así tenemos que los funcionarios poblanos mencionados podrían ser poseedores de ideas más o menos parecidas, aunque cada uno se maneje en frecuencias distintas. Digamos que los tres trabajan para cumplir y cumplirle a su jefe, pero que sus acciones se pierden entre la descoordinación que produce la incomunicación, el celo profesional, el personalismo o el protagonismo; y que es obvio que tanto el equipo del gobernador Melquiades Morales Flores como nuestros industriales y empresarios saben que pronto seremos víctimas o beneficiarios (según su punto de vista) de lo que Mario Vargas Llosa define como “un fenómeno extraordinariamente positivo, quizás lo mejor que le ha ocurrido a la humanidad en su historia, que es la internacionalización total del planeta, la disolución progresiva de fronteras en todos los campos”, incluidos el cultural y el tecnológico.

Para que se concretara lo dicho por el escritor tendría —de acuerdo con la tesis del médico holandés Mandeville— que darse la delicada armonía de la sociedad y desaparecer los vicios privados. Me refiero a vicios como los que ensangrentaron la plaza de Tiananmén, por ejemplo, mismos que hicieron perder al Partido Comunista Chino el “mandato del cielo”. U otros como los que George Soros llama privativos de la élite política que ha perdido el apoyo de las masas. O aquellos que impiden la concreción bondadosa de la globalización sustentada “en los tres vectores de una sociedad compensada: la competitividad de las empresas, el empleo de los asalariados y el Estado de bienestar de todos” (Jorge Estefanía, dixit. Contra el pensamiento único. Ed. Santillana).

Esperemos, pues, que esta versión de la Nao de China no nos llegue como su antecesora, que vino cargada de seda, porcelana, mitos y leyendas, decires y probabilidades, aventuras descabelladas y descubrimientos perfeccionados entonces por los mapas y rutas de navegación. Que su nueva “tripulación” se haya olvidado de las enseñanzas que hicieron de Catarina de San Juan, “la China Poblana”, una mercancía cuya mala fortuna la impulsó al misticismo que atempera la miseria, perdona el abuso y hace olvidar la inquina mundana.

Pero, sobre todo, que la ética y la fuerza confuciana incentiven a nuestros funcionarios para que formen un frente común que proyecte a Puebla e impida la explotación que parece ser el sello de las empresas maquiladoras.

¡Uníos, caballeros del gabinete! Puebla se los agradecerá.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

EL CALVARIO DE CHINA

Para todos los espíritus que se mantienen atentos al desenvolvimiento de la vida internacional, el conflicto que ha aparecido en el lejano Oriente, a causa de la invasión japonesa sobre el territorio chino de Manchuria, representa uno de los sucesos más graves y más trascendentales que han ocurrido en la última década.

Importante es en sí este problema, como lo son todos los que resultan del choque de intereses de las grandes potencias en el extremo Oriente; pero más importante es aún en virtud de que la actitud altanera e intransigente del Imperio Japonés ha venido a exhibir la febledad de todo el esfuerzo acumulado en la posguerra para crear normas e instituir organismos de acción internacional capaces de allanar pacíficamente las diferencias que se susciten entre los Estados.

Ni la presión moral de la Sociedad de Naciones, ni los mandamientos expresos contenidos en los tratados, acuerdos y convenciones emanadas de la conferencia internacional celebrada en Washington en el invierno de 1921 a 1922, en que se plantearon los grandes problemas del Pacífico; han sido bastantes para evitar que continúe en forma progresiva y alarmante el abuso que de su propia fuerza hace el país del Sol Naciente en una invasión que retrotrae al mundo a las épocas, que se creían ya pasadas, de las conquistas políticas y territoriales confiadas a la acción de las armas.

De tiempo en tiempo, por periodos seculares, el interés político del mundo se desplaza de uno al otro confín del orbe. El Atlántico y el Mediterráneo, que hasta el siglo pasado constituían la causa principal de disputas entre las grandes potencias marítimas, han dejado de ser objeto de reales preocupaciones. Y desde los albores del siglo actual, son los complejos problemas del Pacífico los que inquietan preferentemente a los estadistas; y son también los que representa, para lo porvenir, las más terribles amenazas de guerra.

El campo esencial de la pugna entre las potencias navales se ha situado en China, por las perspectivas de explotación de los recursos naturales que ofrecen sus vastos territorios y por la posibilidad de dominio de mercados tan amplios como los que suponen los cuatrocientos o más millones de habitantes que pueblan a China.

Estos incentivos son demasiado poderosos para no dejar de atraer la codicia de los mercaderes de Occidente, los cuales, en su afán de dominio, no se han detenido siquiera ante consideraciones primarias de ética.

Desde la guerra del opio, en que Inglaterra, con el fuego de sus cañones, impuso al pueblo chino la costumbre de producir, consumir y comerciar con ese enervante (guerra iniciada en 1839 y terminada en agosto de 1842 con la toma de Shanghai por las tropas del Imperio Británico); desde esa contienda que dejó escrita una de las páginas más infamantes de la historia humana, se inició el rudo calvario por que ha tenido que cruzar el pueblo chino, cada vez más sujeto a la servidumbre que le han impuesto las potencias occidentales y el Japón.

El tratado de Nan-king que puso fin a la guerra anglo-china, si es verdad que abrió China al comercio internacional, del que ésta procuraba sustraerse, también lo es que ello fue al precio de su ruina como Estado independiente.

De ahí en más, la penetración de Occidente se hizo a base de golpes de mano, de expediciones militares o de simples amenazas, obligando las potencias, con pretextos y aun sin ellos, al celeste imperio, a que les otorgara sendas y jugosas concesiones territoriales, derechos de extraterritorialidad para los japoneses y europeos, control absoluto de las aduanas, pago de fantásticas indemnizaciones de guerra y otras de exacciones prácticamente innumerables.

El usufructo de las concesiones territoriales es, de hecho, un verdadero despojo ya que en el perímetro que abarcan no existe más autoridad que la emanada de la potencia beneficiaria. La extraterritorialidad de ciudadanos extranjeros, implica la intangibilidad de éstos por parte de cualquier tribunal del país, sea cual fuere el delito de que se hicieren responsables. Esto, sin contar con el establecimiento de oficinas de correos y telégrafos, ferrocarriles, estaciones carboníferas y otras muchas fuentes de explotación, bajo el dominio exterior.

China no puede establecer ni cobrar impuestos. Las recaudaciones aduanales son percibidas por las potencias y distribuidas entre ellas para amortización de deudas inconmensurables. Apenas se asigna un limitado porcentaje para el sostenimiento de la administración pública. La rica provincia del Tíbet pasó en realidad al dominio inglés por el tratado de Calcuta de 17 de marzo de 1890; Hon-Kong también, y de pleno derecho, por el tratado de Nan-king de 1842; en la Mongolia Central y Oriental, y en la Manchuria meridional, ejerce derechos casi soberanos el Japón; Shanghai es un establecimiento internacional, quedando sólo la vieja ciudad en manos de las autoridades chinas.

¿Qué soberanía resta a la nación China, al descontar todo esto?

Felizmente para China, mientras más enconadas se hicieron las pugnas entre las potencias, fue generándose un movimiento nacional de extraordinarias proporciones, que ha hecho despertar al pueblo chino de su secular somnolencia, para reclamar la restitución de sus derechos por medio de la sucesiva derogación de esos tratados cuya “santidad” proclama en estos momentos la cancillería del Japón, pero que no son en verdad más que las ligaduras impuestas a un gran pueblo durante un siglo en que tuvieron manos libres las puissances de proie.

Fueron estas disputas, las que, en la Conferencia de Washington a que aludí en los primeros párrafos de este artículo, echaron por tierra “los derechos especiales” que reclama para sí el Japón y que había impuesto a China en 1915. Son estas mismas disputas las que obligaron a formular la declaración conjunta de respeto a la integridad territorial de China. Y son, en fin, estas disputas, las que impusieron la doctrina americana de la “Puerta Abierta” en los mercados de Oriente, sobre la hegemonía unilateral a que aspira el Japón.

Por lo demás, China, aunque dividida en múltiples facciones, y azotada por la guerra intestina, por la peste y las inundaciones, no es ya la China asustadiza del Celeste Imperio, sino una China que cuenta con estadistas de tan alto valer como los discípulos de Sun Yat Sen, cuya dialéctica se impone en las reuniones internacionales y cuya “resistencia pasiva” hará que fracase la invasión nipona de la Manchuria.

China inerme, ha confiado su defensa a la moral internacional. El Japón, en cambio, por sobre la opinión del Consejo de la Sociedad de Naciones, que lo conminó por trece votos contra uno a evacuar en plazo perentorio el territorio invadido, se empeña en resolver el conflicto por medio de negociaciones directas, seguro de que de este modo la presión de sus ejércitos y de su gran flota producirá una nueva capitulación de China.

En esta agresión de caracteres anacrónicos, en que se resucitan los procedimientos clásicos de una guerra de conquista, torpemente disfrazados con declaraciones de defensa de intereses, lo realmente interesante será saber si el mundo se allanará a soportar resignadamente la soberbia intransigencia de un Estado como lo es el Japón, condenado por la opinión general.

El Nacional, 30 de octubre de 1932.

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica

LOS CEROS DE LA DISCORDIA

La imprudencia suele preceder casi siempre a la calamidad.

Para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo. Dicho popular

 

La falta de uno o dos ceros podría ser la causa de las reacciones en contra del nombramiento de José Doger Corte. Esto es siempre y cuando comparáramos el dinero de don Pepe con los millones que tiene Bill Gates, por ejemplo. O para no irnos hasta las ligas mayores, basta cotejar el patrimonio personal del rector con la lana que hizo populares y respetables a don Manuel Espinoza Yglesias o a don Gabriel Alarcón Chargoy, por sólo citar a un par de poblanos que, sin ser profetas en su tierra, regresaron con las bolsas llenas para, benévolamente, aceptar el respeto de las personas que en Puebla habían sido sus enemigos, antagónicos, críticos y detractores, mismos que después fueron ahijados, becarios y beneficiarios de la filantropía de uno y el poder periodístico del otro.

En el primer caso, es decir, en el del controvertido gringo, Doger necesitaría que su “cash” y activos fuesen tasados en dólares y mínimo con dos ceros de más. Y en relación con los paisanos, que su balance también tuviera dos ceros adicionales, cuando menos.

Si esa fuera la condición económica de Doger Corte, le aseguro al lector que ni siquiera le habrían ofrecido el cargo de auditor general del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Puebla. Es probable que el supuesto Pepe supermillonario tomara la oferta como un chiste o una broma de mal gusto. Y que, como buen negociador, aprovecharía semejante “insulto” para recomendar al contador de su confianza que le hubiera manifestado algún interés locuaz por oler de cerca el enervante perfume que emana del poder burocrático.

Tenemos, pues, que la falta de esos dos ceros provocó las reacciones en contra del economista designado de manera sorpresiva por casi todos los representantes del pueblo, quienes, intuyo, detectaron las cualidades necesarias para vigilar el manejo de los recursos públicos administrados por el gobierno estatal y, a la vez, para conducir por el camino correcto a los 217 alcaldes de la entidad.

El asunto, además de las aristas publicadas por la prensa, tiene a mi juicio dos interesantes vertientes a saber:

La paradójica: la falta de los ceros de alguna manera ha propiciado lo que podríamos llamar “cala de un prestigio” todavía en entredicho y, por ende, en proceso de regeneración.

Y la curiosa: dicha resistencia metió a José Doger Corte en un proceso donde cualquier error u omisión acabará por aniquilarlo, peligro que debería exacerbar el feeling del exrector y, asimismo, mantenerlo en alerta, con los focos rojos prendidos.

Dicho en otras palabras: el nuevo auditor general acaba de adquirir varios compromisos. Por ejemplo:

Le está prohibido fallar.

No podrá mostrarse débil o comprensivo cuando de poner orden administrativo y contable se trata.

Jamás deberá transigir con los supuestos delincuentes, sean estos sus cofrades, cuates, excolaboradores, íntimos o compañeros de la casi siempre incomprendida actividad pública.

Tiene que armarse de valor para llevar una vida familiar y burocrática honesta, recta, transparente.

Le está prohibido hacer cosas buenas que parezcan malas.

Si existen, tendrá que eliminar las colas que puedan pisarle.

Y además quitarse de encima la definición de cuña que le endilgan aquellos que miran a la corrupción como el palo que lastima y ofende a la sociedad.

Si todo sale bien, el nuevo cargo de José Doger equivale a la cumbre lejana y oculta que utiliza el águila para sobrevivir: necesita arrancarse las plumas y esperar su renuevo. Es la única manera de volver a volar.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

STALIN, GANDHI Y OCCIDENTE

La actualidad internacional ofrece un panorama múltiple de fuertes impresiones, de acontecimientos de primera importancia que cada uno en sí mismo reclamaría el estudio y la contemplación de los hombres que estamos atentos a los sucesos que ocurren a diario dentro y fuera del país: la gran crisis política y económica por que atraviesa el Imperio Británico —crisis, prevista y comentada por el autor de estas líneas antes de que Inglaterra se decidiera a dar el paso insólito y trascendental del abandono del talón oro que le era tradicional como a ningún otro país—; el acercamiento franco-alemán, que recibe notable impulso merced a la visita que llevan a cabo en estos momentos el jefe del gobierno y el ministro de Relaciones de Francia a la capital de Alemania; el próximo viaje de los mismos estadistas franceses a la Unión Americana; y la bárbara agresión japonesa sobre China; todo esto junto con otros sucesos que sería prolijo enumerar, acusan que la marcha del mundo ha perdido su ritmo, que las tendencias más opuestas y los más encontrados intereses luchan desesperadamente, ya sea por asentar su hegemonía, o al menos por afianzar su existencia; pero acusan también el proceso anárquico de la vida actual en su aspecto internacional.

En torno a este torbellino que nubla el cielo del mundo capitalista, una figura tan noble como miserable en su aspecto —la figura de Mahatma Gandhi— impresiona no sólo por la sencillez de sus costumbres paupérrimas, sino también, y sobre todo, por el contraste de sus conceptos simplistas con la complejidad del pensamiento occidental.

Entre tanto, más allá de la Europa Occidental y con actitudes de altivez que se apoyan en la constancia, en la audacia y en la disciplina, la Rusia soviet se encara al régimen capitalista de tipo individual, reclamando para sí los éxitos que no logra alcanzar Occidente.

La Rusia de Stalin, la India de Gandhi, y Occidente, ofrecen en la era presente tres tipos de civilización, tres conceptos distintos sobre la forma de organizar la vida en sociedad, tres orientaciones distintas de entender el sentido de la vida.

Para Gandhi es la vuelta a las formas primitivas, la exclusión de las complejidades del maquinismo, y la serenidad al modo como la entendiera Sidarta Gautama, el camino de la felicidad. Por eso su prédica está comprendida en estos breves conceptos: teje tu lino, cultiva tu huerto, fabrica tu sal… ora. Por eso mismo ha merecido admiración y respeto la actitud de este hombre miserable, que apenas cubre sus carnes, que se alimenta con severa frugalidad, que pidió vivir en Londres en barrio apartado para morar entre los pobres, y que va, en nombre de trescientos cincuenta millones de hombres, a reclamar la liberación de su patria.

Occidente, por el contrario, representa la inquietud humana llevada a sus últimos extremos; es el pensamiento del hombre que se adentra en los dominios de la ciencia; es el titán que roba constantemente sus secretos a la naturaleza, para domeñarla, pero que se ata a sí mismo y se roe y se destruye. La tragedia de Prometeo simboliza el genio del hombre de sufre la cólera de los dioses; es una sublimación de la humanidad. La tragedia de Occidente, por el contrario, es el fracaso del esfuerzo, por falta de orientación y de sentido, que encuentra un paralelismo más justo en el grito de angustia de Fausto.

La noción individualista cifró el progreso humano en el egoísmo de cada hombre, y ahora se abate carcomida por la gangrena de anarquía que aparece en todas las ramas de la producción y del consumo. El capitalismo individualista creó la máquina para sustituir la mano de obra del hombre, pero no sustituyó al hombre como consumidor. De allí que la acumulación de riquezas se traduzca en la esterilidad de las mismas, y que la gente perezca de hambre y de frío al lado de una ociosa abundancia.

El problema, pues, radica en la posibilidad de un aumento de la capacidad de consumo del pueblo, que sea paralelo al proceso de aceleración de la producción.

La Rusia de los soviets no difiere del concepto occidental en cuanto ve a los métodos y a la técnica. Rusia electrifica, maquiniza, racionaliza, experimenta. El señor Stalin provee la manera de instalar en el Volga, o en los montes Urales, las más grandes plantas eléctricas, fábricas colosales, ingenios poderosos. Ucrania y las Estepas se convierten en inmensos latifundios de Estado. Y con la ciencia y la disciplina como puntos de apoyo sueña en forjar la estructura social y política de un nuevo mundo.

El choque es más violento entre la filosofía de Gandhi con el pensamiento creador de los soviets, que entre éste y la civilización de Occidente.

Decía yo en uno de mis artículos anteriores que la forma de organización adoptada por los soviets se aleja cada vez más del viejo concepto socialista para identificarse mejor como un capitalismo de Estado. Acaso el capitalismo internacional de Occidente se vea precisado a hacer las necesarias concesiones, hasta que se halle una sintetización entre el capitalismo individualista y el que profesan, mal de su agrado los soviets; quizá lo que se requiere en esta ancha parte del mundo —que no puede avenirse a retornar a la vida ascética de Gandhi y que necesita, por lo mismo, la ayuda de la ciencia aplicada a todos los órdenes de la producción—, sea expurgar el régimen capitalista del egoísmo que lo caracteriza, darle un sentido social a la producción, anteponer los intereses de la colectividad sobre los de los individuos.

Por ahora, aun cuando es indiscutible la hegemonía que ejerce en la mayor parte del globo el capitalismo individualista, frente a él, como una esperanza o como una fuerza que tiende a obligarlo a la transacción, se alza el capitalismo de Estado. Si ambos sistemas fracasan ¿quién podría negar la razón que simboliza Gandhi?

El Nacional, 21 de octubre de 1932.

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica

LA EFICACIA MATA LA DUDA

La verdad, por lo general, no se oye, se la ve.

Baltasar Gracián.

 

Arrieros somos y en el camino andamos.

Dicho popular.

Es muy fácil que la gente escuche argumentos si estos apoyan creencias religiosas o teorías basadas en las ciencias exactas. La réplica sale sobrando en este tipo de temas que producen discusiones bizantinas y nunca dejan contento a nadie. Más vale guardar silencio y, si acaso existe alguna duda, analizarla también en silencio, es decir, evitar la discusión para no meterse en problemas. Un ejemplo histórico:

Cuando Miguel Ángel aceptó tallar un bloque de mármol defectuoso, lo hizo sabedor de que la piedra le daba oportunidad de aprovechar un boquete causado por alguna mano torpe. No dijo nada, simplemente se puso a esculpirla hasta que de ella surgió el joven David con la honda en la mano.

Sodermini, uno de los clientes más ricos, críticos, exigentes y acres de la época, se acercó al taller para constatar cómo el artista había resuelto el defecto de la piedra. Recorrió con su vista la estatua desde un ángulo que, por su perspectiva, deformaba el rostro de la gigantesca figura. “La encuentro magnífica —dijo el visitante—, sin embargo, tiene la nariz demasiado grande”. Miguel Ángel se dio cuenta del engaño visual que había sufrido Sedermini y, sin aclarar nada, lo invitó a subir con él al andamio. En el camino, el escultor cogió un puñado de polvo para después hacer como si con el cincel modificara el trazo de la nariz, al tiempo que dejaba caer parte del material recogido. Obviamente no cambió el tamaño de la nariz, pero sí dio la impresión de hacerlo. Minutos después de aquella inteligente “farsa”, el artista dio un paso atrás y le preguntó a su invitado: “A ver, ¿qué le parece ahora?”. “Así me gusta mucho más”, respondió satisfecho Sodermini, “ahora sí que tiene vida”.

Con su inteligencia y sensibilidad, Miguel Ángel evitó discutir o imponer su criterio usando argumentos verbales. En lugar de ello, prefirió demostrar “in situ” la belleza de su obra, lección que nos sirve para establecer que las palabras salen sobrando cuando los hechos son patentes.

Al parecer, esta podría ser la política de comunicación en alguna de las áreas del gobierno que desarrollan su trabajo con discreta eficacia, tan discreta que la mayoría de los poblanos todavía no se han dado cuenta.

Una de ellas —según decreto del H. Congreso del Estado, creada en el mes de diciembre de 1999— es el Sistema Operador de Carreteras de Cuota (SEOCC), cuya única referencia “promocional” acaba de ocurrir el pasado 10 de noviembre, cuando el consejo de administración, integrado por los secretarios del gabinete y el director Víctor Enrique Mata Temoltzin, convino con la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla “regular la prestación de servicios sociales de la Universidad, para el desarrollo de estudios que servirán en la conformación de proyectos carreteros”.

Es obvio que este organismo público descentralizado no se dedica a hacer ni esculturas ni pinturas y menos aún la talla de bloques de mármol (brincos diera). Su función es menos creativa. Empero, en esta época de apertura comercial, de competencia calificada y de capitalismo salvaje, la labor que desarrolla resulta determinante para fomentar la confianza de los ciudadanos que por millones usan y pagan el peaje en las carreteras de cuota (de acuerdo al reporte de la SCT federal, de enero de 1999 a julio del 2000, los usuarios pagaron más de 6 mil millones de pesos). Podemos decir, pues, que en este caso no hay polvo que disfrace, produzca u oculte los cambios. Y que, si acaso llega a verse o a olerse, es porque está en construcción o en reconstrucción alguno de los tramos de la Vía Atlixcáyotl, carretera que, por cierto, deja mucha lana al “hombre de Champusco”; o bien porque empezó a construirse la autopista a Teziutlán. Todo ello con la importante participación de jóvenes profesionistas que, además de constatar cómo se aplican las cuotas y a dónde va a parar parte del dinero de los impuestos, están colaborando en grupos multidisciplinarios cuyo objetivo es eficientar el trabajo del organismo. Y aquí surge una pregunta:

¿Podrá el director del SEOCC convencer con hechos a los usuarios del beneficio que prestan las autopistas poblanas?

Tal vez. Se trata de que el dinero de las cuotas de peaje multiplique las buenas razones. Pero antes debe promocionar al sistema que dirige, sin perder de vista el impacto que han producido las autopistas del país al desarrollo económico y social de los mexicanos (10 mil 226 kilómetros concesionados y poco menos de 5 mil kilómetros controlados por Caminos y Puentes Federales). Y, sobre todo, responder con solvencia moral a quien confió en él para modelar e impulsar lo que hasta hace poco era algo así como un bloque defectuoso.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

PROBLEMAS DE AMÉRICA

El reconocimiento como función internacional y el ejemplo inmortal de Poncio Pilatos.

Perdida en el cúmulo de noticias de menor interés que a diario sirven las agencias cablegráficas, encuentro una información de capital importancia, que debe movernos a estudio y reflexión; es el anuncio de un cambio fundamental que habrá de operarse en la gestión de gobierno del nuevo prócer de la Casa Blanca, en el criterio que informe la política norteamericana para otorgar o negar el reconocimiento oficial de los Estados Unidos a los gobiernos de nuestro hemisferio —y particularmente a los de Centroamérica— donde la transmisión del poder no se efectúe por modo pacífico y constitucional.

Este cambio sustancial de política —según pregonan escritores de positiva autoridad que de cerca observan los lineamientos que va trazando Herbert Hoover en el plan general de su gestión— consiste en el abandono de la doctrina que se ha aplicado —irregularmente y tan sólo de una manera parcial— en nuestro hemisferio, de no entablar relaciones con los gobiernos que emanan de un golpe de fuerza, para volver con toda libertad a la política tradicional del reconocimiento de las autoridades que se establezcan de jure o de facto.

Debemos entender por esto —y me apresuro a indicarlo para evitar una inflexión de equívoco— que los Estados Unidos van a renunciar espontáneamente a la situación preeminente que les resulta de la fuerza que representa la facultad de negar su reconocimiento a los gobiernos de facto o a los que emanen de una revolución o de un golpe de Estado, sino que pretende, o va derechamente, a romper los compromisos que han contraído en determinados sectores del continente, de no reconocer a tales autoridades. Esto influirá especialmente en la vida centroamericana por existir ya fórmulas contractuales que norman las relaciones oficiales.

Condicionalismo y paternalismo

Observemos cuáles han sido las razones determinantes de la política norteamericana, y su dualidad de aplicación según que se tratara del reconocimiento de gobiernos correspondientes a países que se asientan en la zona adyacente al Canal de Panamá, o en el resto del mundo, para comprender el verdadero valor del fenómeno que se opera en la conciencia yanqui, el cual ha producido el descrédito y, consecuentemente, la crisis de los sistemas ensayados cerca de las Repúblicas de la América Central, y en ocasiones, por extensión, en algunos otros Estados colombinos.

Precisamente porque los Estados Unidos conocen mejor que ninguno la fuerza que supone la negativa o el otorgamiento del reconocimiento de gobiernos, han establecido distingos esenciales en su política. Washington aconsejó el reconocimiento de todo poder que ejerciera autoridad de facto sobre cualquier Estado del planeta; pero ese sabio consejo no encontraron sus compatriotas que fuera aplicable respecto a aquellos países que se desearan someter a la órbita de la influencia de la Unión.

Es que el libertador deseaba para su pueblo una patria libre y honesta, pero no alcanzó a comprender el afinanciamiento de este desbordante imperio que contemplamos. Y el reconocimiento, o por mejor decir, el desconocimiento ha sido el arma más poderosa que se ha esgrimido para apoyar la dominación. (En nuestra época —acaso me equivoque— sólo dos gobiernos han resistido la vida sin el oxígeno del reconocimiento norteamericano: el del presidente Obregón, en México, durante cerca de tres años, y el del presidente Ayora, en el Ecuador, más o menos por un lapso igual).

A mayor abundamiento, habrá que observar cómo el ejercicio del condicionalismo de sedicente legitimidad para otorgar el reconocimiento se ha limitado no sólo a la América, sino que, dentro de la América nada más a determinados países, y dentro de esos países, no de una manera general y absoluta. Y este condicionalismo es contemporáneo, precisamente, de la aparición del paternalismo proclamado por Roosevelt en su célebre mensaje del 6 de diciembre de 1904 con el cual modificó en su esencia y radicalmente la doctrina simplista enunciada por Monroe en 1823.

Razones de ética y pecados mortales

La aplicación de una política del género de la que me ocupa reclamaba una razón moral que oponer a la crítica y el establecimiento de cláusulas precisas que normaran la condicionalidad del reconocimiento de los poderes de los Estados. Así, tomando por causa el deseo de dar estabilidad a los regímenes legítimos contra las frecuentes revoluciones que asolaban a Centroamérica, se convino, como antes apunté, en forma contractual y solemne, que no se otorgaría el reconocimiento a ningún poder que se estableciera en cualquiera de las cinco repúblicas centroamericanas, cuando no hubiere emanado por las vías legítimas. (Tratados de 20 de diciembre de 1907 y 7 de febrero de 1923, del primero de los cuales México fue signatario, como los Estados Unidos, pero como éstos, sin ser sujeto de la condicionalidad).

Hallaron de este modo los Estados Unidos la manera de abrirse el camino para el logro de sus grandes propósitos (y sobre todo para el afianzamiento de su poderío interoceánico que tiene por pivotes la defensa del Canal de Panamá y la construcción y defensa del proyectado canal a través de los lagos de Nicaragua), porque con el toma y daca de los reconocimientos y los desconocimientos, no quedó al cabo de unos cuantos lustros ningún partido de gobierno que se oponga a los designios del severo Tío Sam. La tragedia de Nicaragua es el más doloroso exponente de los resultados de esta política.

La crisis de los sistemas experimentados

¿Cómo es posible, entonces, que el “condicionalismo”, agente eficaz del “paternalismo” haya caído en descrédito ante la opinión de los mismos ciudadanos americanos y especialmente, como es la verdad, ante la de los más interesados en la política de expansión imperial? Es que el condicionalismo legitimista, a los ojos norteamericanos, ha cumplido ya su misión y sólo quedan de él sus graves inconvenientes.

El condicionalismo engendró, necesariamente, la intervención pacífica y armada, porque aquel poder que se comprometió a no reconocer sino a la autoridad investigada por la legalidad de hecho se convirtió en árbitro de la vida política interior de los países que son sujetos de la condicionalidad, adentrándose hasta en la vida íntima de éstos, para saber cuándo y a quién podía otorgar “la merced” de su reconocimiento.

Luego, cuando los partidos y los candidatos fuertemente castigados por sus luchas internas o por la decepción de llegar a la victoria y hallarse con el veto del desconocimiento decidieron consultar previamente a la Casa Blanca su capacidad de elegibilidad, el gobierno de Washington fue adquiriendo la potestad de juez y hasta la de supervisor directo de la elección…

Mientras Tío Sam necesitó vencer resistencias, no le importó que la crítica acerba minara su prestigio exterior y aún soportó con paciencia los clamores de casa. El hombrecillo sin escrúpulos que con tan mala fortuna dirigió la cancillería del Potomac en el segundo periodo de Coolidge desarrolló impasible su política de intrusión en los negocios grandes y chicos de los países situados dentro de la “zona de influencia” yanqui, hasta que fue menester apelar nuevamente a la dialéctica jurídica de Hughes para apaciguar los espíritus en la VI Conferencia Internacional Americana.

Pero ahora los Estados Unidos tiene expedita la senda para la penetración pacífica. Lo que les resta es, al contrario, apagar los rescoldos que aún quedan de la hoguera encendida por las medidas de fuerza y recobrar su libertad de acción para negar y otorgar su reconocimiento a los gobiernos hispanoamericanos sin sujeción a la sedicente doctrina legitimista.

“Ham and eggs or big stick”

Wilson, como Hughes, como Kellogg, o como cualquiera otro estadista norteamericano, tendieron a la misma finalidad: el afianzamiento de la hegemonía económica y política de la Unión sobre todo el continente. Los procedimientos son los que cambian. Y en el momento actual hacen crisis todos los sistemas ensayados por los políticos y juristas para triunfar los que son inherentes a estos businessmen que escalan el poder. Mejor que una prédica apostólico-democrática al estilo de Nilson, desmentida por algún desembarco de infantes de marina en playas indocolombinas; y mejor que una convención o tratado articulado por la sapiencia de Hughes, resulta para el éxito de los designios norteamericanos una plática de sobremesa entre un embajador y un presidente.

De ahí que se imponga en esta hora la política del Ham and eggs cuyo más alto representativo es el embajador Morrow, respaldada por la del Big Stick que ensayó en Nicaragua el hoy flamante secretario de Estado Henry L. Stimson.

Por lo demás, los Estados Unidos pueden ya desentenderse de nuestras riñas caseras para seguir el ejemplo inmortal de Poncio Pilatos, desnaturalizado por la barbarie cristiana:

—¿Quién tiene la razón: Jesús o Barrabás?

—Allá ellos… si en el conflicto no van los intereses de Roma..!

El reconocimiento, función internacional

La política norteamericana que he esbozado en las líneas anteriores, demuestra que en el orden internacional el problema del reconocimiento de los gobiernos ocupa de día en día mayor significación. Cada tiempo, en el decurso de la vida, va proyectando nuevas complejidades que ponen a prueba la sensibilidad de los pueblos y la capacidad de sus estadistas. No bien se halla una fórmula que resuelva o encauce por sendas tranquilas las viejas diferencias que separan a los pueblos, cuando aparecen otros motivos de inquietud que fuerzan a contemplar nuevas normas que rijan la vida común, a manera de llevar la paz a los espíritus. Cuando la guerra, con todos los caracteres que la distinguen, desapareció de hecho —y está en vías de serlo de derecho— de entre los peligros inminentes de flagelo para nuestro hemisferio, la agresión de los Estados fuertes tomó la forma de las intervenciones —pacíficas o armadas, permanentes o temporales— y cuando la reacción de los pueblos, encarándose valientemente contra tamaños excesos, va obligando a que se repudie la política intervencionista (por lo menos oficialmente, pero aún de parte del interventor, como lo hizo en La Habana el presidente de la delegación norteamericana Charles Evans Hughes), se perfilan en el horizonte nuevas causas de inquietud, que emanan de procedimientos ayunos de franqueza y de lealtad las célebres interposiciones amistosas y la arbitraria política del reconocimiento.

Por eso, una vez que se comprueba que la interdependencia de los Estados Unidos es la que condiciona la vida moderna, se convierte en un problema de carácter internacional, que obliga a considerarlo detenidamente como tal, lo que antes no era más que una fórmula de cortesía. Y es un deber, en consecuencia, de las cancillerías y de los órganos de la opinión de Hispanoamérica, propugnar que el reconocimiento de los poderes públicos no se considere por más tiempo como un atributo inherente a la soberanía de cada Estado, sino que se rija por normas precisas en las que muy bien pueden caber razones superiores de ética, pero que obliguen por igual al conjunto de las naciones.

Diario de Yucatán, número 1418, 17 de abril de 1929.

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica

EL DESARROLLO DE PUEBLA, EN CHINO

El que nada se perdona a sí mismo, merece que se lo perdonemos todo.

Confucio.

Y yo como el chinito, nomás milando.

 

“Cooperación en lugar de competencia", dijo Yu Xianchen, consejero comercial y económico de la Embajada china en México, diplomático que ayer estuvo en la comida organizada por la Coordinación de Asesores con la intención de promover las bondades del «comunismo capitalista”.

Al escuchar la frase, en apariencia tranquilizadora para los industriales de casa, y a Cecilio Garza Limón, embajador de México en China, se me ocurrió suponer que el representante asiático estaba muy bien enterado del choque de criterios y las diferencias de opiniones que le han ganado espacios periodísticos a don Antonio Zaraín García y a don Mario Riestra Venegas. Y me dio la impresión de que, con la clásica bonhomía mandarina que antecede al mandoble decapitador, el agregado comercial trataba de convencer a uno y a otro para que unidos trabajen por la Puebla que, según parece, tarde o temprano caerá en las garras de los tigres asiáticos a pesar —que conste— del espíritu conciliador de la “China Poblana” (Mirrha para los cuates) magistralmente recordada por Eduardo Merlo.

Lejos del Museo de Arte Virreinal donde se verificó la reunión de marras, y desde luego acompañado de otras personas, el secretario de Finanzas Rafael Moreno Valle seguramente machacaba la necesidad de que los gobiernos estatales se desliguen del esquema operativo “que nos obliga a mantener la intermediación de la banca de desarrollo”, criterio, por cierto, manifestado al periódico El Economista en enero de 2000. Quizás hasta insistía sobre la urgente descentralización de acciones financieras para que, sin necesidad del paternalismo del Estado, las entidades puedan calificar su deuda, sanear finanzas, evaluar sus contingencias y obtener mejores condiciones de crédito; después, claro, de reformar la Constitución Política de México.

Así tenemos que los funcionarios poblanos mencionados podrían ser poseedores de ideas más o menos parecidas, aunque cada uno se maneje en frecuencias distintas. Digamos que los tres trabajan para cumplir y cumplirle a su jefe, pero que sus acciones se pierden entre la descoordinación que produce la incomunicación, el celo profesional, el personalismo o el protagonismo; y que es obvio que tanto el equipo del gobernador Melquiades Morales Flores como nuestros industriales y empresarios saben que pronto seremos víctimas o beneficiarios (según su punto de vista) de lo que Mario Vargas Llosa define como “un fenómeno extraordinariamente positivo, quizás lo mejor que le ha ocurrido a la humanidad en su historia, que es la internacionalización total del planeta, la disolución progresiva de fronteras en todos los campos”, incluidos el cultural y el tecnológico.

Para que se concretara lo dicho por el escritor tendría —de acuerdo con la tesis del médico holandés Mandeville— que darse la delicada armonía de la sociedad y desaparecer los vicios privados. Me refiero a vicios como los que ensangrentaron la plaza de Tiananmén, por ejemplo, mismos que hicieron perder al Partido Comunista Chino el “mandato del cielo”. U otros como los que George Soros llama privativos de la élite política que ha perdido el apoyo de las masas. O aquellos que impiden la concreción bondadosa de la globalización sustentada “en los tres vectores de una sociedad compensada: la competitividad de las empresas, el empleo de los asalariados y el Estado de bienestar de todos” (Jorge Estefanía, dixit. Contra el pensamiento único. Ed. Santillana).

Esperemos, pues, que esta versión de la Nao de China no nos llegue como su antecesora, que vino cargada de seda, porcelana, mitos y leyendas, decires y probabilidades, aventuras descabelladas y descubrimientos perfeccionados entonces por los mapas y rutas de navegación. Que su nueva “tripulación” se haya olvidado de las enseñanzas que hicieron de Catarina de San Juan, “la China Poblana”, una mercancía cuya mala fortuna la impulsó al misticismo que atempera la miseria, perdona el abuso y hace olvidar la inquina mundana.

Pero, sobre todo, que la ética y la fuerza confuciana incentiven a nuestros funcionarios para que formen un frente común que proyecte a Puebla e impida la explotación que parece ser el sello de las empresas maquiladoras.

¡Uníos, caballeros del gabinete! Puebla se los agradecerá.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

EL CALVARIO DE CHINA

Para todos los espíritus que se mantienen atentos al desenvolvimiento de la vida internacional, el conflicto que ha aparecido en el lejano Oriente, a causa de la invasión japonesa sobre el territorio chino de Manchuria, representa uno de los sucesos más graves y más trascendentales que han ocurrido en la última década.

Importante es en sí este problema, como lo son todos los que resultan del choque de intereses de las grandes potencias en el extremo Oriente; pero más importante es aún en virtud de que la actitud altanera e intransigente del Imperio Japonés ha venido a exhibir la febledad de todo el esfuerzo acumulado en la posguerra para crear normas e instituir organismos de acción internacional capaces de allanar pacíficamente las diferencias que se susciten entre los Estados.

Ni la presión moral de la Sociedad de Naciones, ni los mandamientos expresos contenidos en los tratados, acuerdos y convenciones emanadas de la conferencia internacional celebrada en Washington en el invierno de 1921 a 1922, en que se plantearon los grandes problemas del Pacífico; han sido bastantes para evitar que continúe en forma progresiva y alarmante el abuso que de su propia fuerza hace el país del Sol Naciente en una invasión que retrotrae al mundo a las épocas, que se creían ya pasadas, de las conquistas políticas y territoriales confiadas a la acción de las armas.

De tiempo en tiempo, por periodos seculares, el interés político del mundo se desplaza de uno al otro confín del orbe. El Atlántico y el Mediterráneo, que hasta el siglo pasado constituían la causa principal de disputas entre las grandes potencias marítimas, han dejado de ser objeto de reales preocupaciones. Y desde los albores del siglo actual, son los complejos problemas del Pacífico los que inquietan preferentemente a los estadistas; y son también los que representa, para lo porvenir, las más terribles amenazas de guerra.

El campo esencial de la pugna entre las potencias navales se ha situado en China, por las perspectivas de explotación de los recursos naturales que ofrecen sus vastos territorios y por la posibilidad de dominio de mercados tan amplios como los que suponen los cuatrocientos o más millones de habitantes que pueblan a China.

Estos incentivos son demasiado poderosos para no dejar de atraer la codicia de los mercaderes de Occidente, los cuales, en su afán de dominio, no se han detenido siquiera ante consideraciones primarias de ética.

Desde la guerra del opio, en que Inglaterra, con el fuego de sus cañones, impuso al pueblo chino la costumbre de producir, consumir y comerciar con ese enervante (guerra iniciada en 1839 y terminada en agosto de 1842 con la toma de Shanghai por las tropas del Imperio Británico); desde esa contienda que dejó escrita una de las páginas más infamantes de la historia humana, se inició el rudo calvario por que ha tenido que cruzar el pueblo chino, cada vez más sujeto a la servidumbre que le han impuesto las potencias occidentales y el Japón.

El tratado de Nan-king que puso fin a la guerra anglo-china, si es verdad que abrió China al comercio internacional, del que ésta procuraba sustraerse, también lo es que ello fue al precio de su ruina como Estado independiente.

De ahí en más, la penetración de Occidente se hizo a base de golpes de mano, de expediciones militares o de simples amenazas, obligando las potencias, con pretextos y aun sin ellos, al celeste imperio, a que les otorgara sendas y jugosas concesiones territoriales, derechos de extraterritorialidad para los japoneses y europeos, control absoluto de las aduanas, pago de fantásticas indemnizaciones de guerra y otras de exacciones prácticamente innumerables.

El usufructo de las concesiones territoriales es, de hecho, un verdadero despojo ya que en el perímetro que abarcan no existe más autoridad que la emanada de la potencia beneficiaria. La extraterritorialidad de ciudadanos extranjeros, implica la intangibilidad de éstos por parte de cualquier tribunal del país, sea cual fuere el delito de que se hicieren responsables. Esto, sin contar con el establecimiento de oficinas de correos y telégrafos, ferrocarriles, estaciones carboníferas y otras muchas fuentes de explotación, bajo el dominio exterior.

China no puede establecer ni cobrar impuestos. Las recaudaciones aduanales son percibidas por las potencias y distribuidas entre ellas para amortización de deudas inconmensurables. Apenas se asigna un limitado porcentaje para el sostenimiento de la administración pública. La rica provincia del Tíbet pasó en realidad al dominio inglés por el tratado de Calcuta de 17 de marzo de 1890; Hon-Kong también, y de pleno derecho, por el tratado de Nan-king de 1842; en la Mongolia Central y Oriental, y en la Manchuria meridional, ejerce derechos casi soberanos el Japón; Shanghai es un establecimiento internacional, quedando sólo la vieja ciudad en manos de las autoridades chinas.

¿Qué soberanía resta a la nación China, al descontar todo esto?

Felizmente para China, mientras más enconadas se hicieron las pugnas entre las potencias, fue generándose un movimiento nacional de extraordinarias proporciones, que ha hecho despertar al pueblo chino de su secular somnolencia, para reclamar la restitución de sus derechos por medio de la sucesiva derogación de esos tratados cuya “santidad” proclama en estos momentos la cancillería del Japón, pero que no son en verdad más que las ligaduras impuestas a un gran pueblo durante un siglo en que tuvieron manos libres las puissances de proie.

Fueron estas disputas, las que, en la Conferencia de Washington a que aludí en los primeros párrafos de este artículo, echaron por tierra “los derechos especiales” que reclama para sí el Japón y que había impuesto a China en 1915. Son estas mismas disputas las que obligaron a formular la declaración conjunta de respeto a la integridad territorial de China. Y son, en fin, estas disputas, las que impusieron la doctrina americana de la “Puerta Abierta” en los mercados de Oriente, sobre la hegemonía unilateral a que aspira el Japón.

Por lo demás, China, aunque dividida en múltiples facciones, y azotada por la guerra intestina, por la peste y las inundaciones, no es ya la China asustadiza del Celeste Imperio, sino una China que cuenta con estadistas de tan alto valer como los discípulos de Sun Yat Sen, cuya dialéctica se impone en las reuniones internacionales y cuya “resistencia pasiva” hará que fracase la invasión nipona de la Manchuria.

China inerme, ha confiado su defensa a la moral internacional. El Japón, en cambio, por sobre la opinión del Consejo de la Sociedad de Naciones, que lo conminó por trece votos contra uno a evacuar en plazo perentorio el territorio invadido, se empeña en resolver el conflicto por medio de negociaciones directas, seguro de que de este modo la presión de sus ejércitos y de su gran flota producirá una nueva capitulación de China.

En esta agresión de caracteres anacrónicos, en que se resucitan los procedimientos clásicos de una guerra de conquista, torpemente disfrazados con declaraciones de defensa de intereses, lo realmente interesante será saber si el mundo se allanará a soportar resignadamente la soberbia intransigencia de un Estado como lo es el Japón, condenado por la opinión general.

El Nacional, 30 de octubre de 1932.

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica

LOS CEROS DE LA DISCORDIA

La imprudencia suele preceder casi siempre a la calamidad.

Para que la cuña apriete tiene que ser del mismo palo. Dicho popular

 

La falta de uno o dos ceros podría ser la causa de las reacciones en contra del nombramiento de José Doger Corte. Esto es siempre y cuando comparáramos el dinero de don Pepe con los millones que tiene Bill Gates, por ejemplo. O para no irnos hasta las ligas mayores, basta cotejar el patrimonio personal del rector con la lana que hizo populares y respetables a don Manuel Espinoza Yglesias o a don Gabriel Alarcón Chargoy, por sólo citar a un par de poblanos que, sin ser profetas en su tierra, regresaron con las bolsas llenas para, benévolamente, aceptar el respeto de las personas que en Puebla habían sido sus enemigos, antagónicos, críticos y detractores, mismos que después fueron ahijados, becarios y beneficiarios de la filantropía de uno y el poder periodístico del otro.

En el primer caso, es decir, en el del controvertido gringo, Doger necesitaría que su “cash” y activos fuesen tasados en dólares y mínimo con dos ceros de más. Y en relación con los paisanos, que su balance también tuviera dos ceros adicionales, cuando menos.

Si esa fuera la condición económica de Doger Corte, le aseguro al lector que ni siquiera le habrían ofrecido el cargo de auditor general del Órgano Superior de Fiscalización del Estado de Puebla. Es probable que el supuesto Pepe supermillonario tomara la oferta como un chiste o una broma de mal gusto. Y que, como buen negociador, aprovecharía semejante “insulto” para recomendar al contador de su confianza que le hubiera manifestado algún interés locuaz por oler de cerca el enervante perfume que emana del poder burocrático.

Tenemos, pues, que la falta de esos dos ceros provocó las reacciones en contra del economista designado de manera sorpresiva por casi todos los representantes del pueblo, quienes, intuyo, detectaron las cualidades necesarias para vigilar el manejo de los recursos públicos administrados por el gobierno estatal y, a la vez, para conducir por el camino correcto a los 217 alcaldes de la entidad.

El asunto, además de las aristas publicadas por la prensa, tiene a mi juicio dos interesantes vertientes a saber:

La paradójica: la falta de los ceros de alguna manera ha propiciado lo que podríamos llamar “cala de un prestigio” todavía en entredicho y, por ende, en proceso de regeneración.

Y la curiosa: dicha resistencia metió a José Doger Corte en un proceso donde cualquier error u omisión acabará por aniquilarlo, peligro que debería exacerbar el feeling del exrector y, asimismo, mantenerlo en alerta, con los focos rojos prendidos.

Dicho en otras palabras: el nuevo auditor general acaba de adquirir varios compromisos. Por ejemplo:

Le está prohibido fallar.

No podrá mostrarse débil o comprensivo cuando de poner orden administrativo y contable se trata.

Jamás deberá transigir con los supuestos delincuentes, sean estos sus cofrades, cuates, excolaboradores, íntimos o compañeros de la casi siempre incomprendida actividad pública.

Tiene que armarse de valor para llevar una vida familiar y burocrática honesta, recta, transparente.

Le está prohibido hacer cosas buenas que parezcan malas.

Si existen, tendrá que eliminar las colas que puedan pisarle.

Y además quitarse de encima la definición de cuña que le endilgan aquellos que miran a la corrupción como el palo que lastima y ofende a la sociedad.

Si todo sale bien, el nuevo cargo de José Doger equivale a la cumbre lejana y oculta que utiliza el águila para sobrevivir: necesita arrancarse las plumas y esperar su renuevo. Es la única manera de volver a volar.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

STALIN, GANDHI Y OCCIDENTE

La actualidad internacional ofrece un panorama múltiple de fuertes impresiones, de acontecimientos de primera importancia que cada uno en sí mismo reclamaría el estudio y la contemplación de los hombres que estamos atentos a los sucesos que ocurren a diario dentro y fuera del país: la gran crisis política y económica por que atraviesa el Imperio Británico —crisis, prevista y comentada por el autor de estas líneas antes de que Inglaterra se decidiera a dar el paso insólito y trascendental del abandono del talón oro que le era tradicional como a ningún otro país—; el acercamiento franco-alemán, que recibe notable impulso merced a la visita que llevan a cabo en estos momentos el jefe del gobierno y el ministro de Relaciones de Francia a la capital de Alemania; el próximo viaje de los mismos estadistas franceses a la Unión Americana; y la bárbara agresión japonesa sobre China; todo esto junto con otros sucesos que sería prolijo enumerar, acusan que la marcha del mundo ha perdido su ritmo, que las tendencias más opuestas y los más encontrados intereses luchan desesperadamente, ya sea por asentar su hegemonía, o al menos por afianzar su existencia; pero acusan también el proceso anárquico de la vida actual en su aspecto internacional.

En torno a este torbellino que nubla el cielo del mundo capitalista, una figura tan noble como miserable en su aspecto —la figura de Mahatma Gandhi— impresiona no sólo por la sencillez de sus costumbres paupérrimas, sino también, y sobre todo, por el contraste de sus conceptos simplistas con la complejidad del pensamiento occidental.

Entre tanto, más allá de la Europa Occidental y con actitudes de altivez que se apoyan en la constancia, en la audacia y en la disciplina, la Rusia soviet se encara al régimen capitalista de tipo individual, reclamando para sí los éxitos que no logra alcanzar Occidente.

La Rusia de Stalin, la India de Gandhi, y Occidente, ofrecen en la era presente tres tipos de civilización, tres conceptos distintos sobre la forma de organizar la vida en sociedad, tres orientaciones distintas de entender el sentido de la vida.

Para Gandhi es la vuelta a las formas primitivas, la exclusión de las complejidades del maquinismo, y la serenidad al modo como la entendiera Sidarta Gautama, el camino de la felicidad. Por eso su prédica está comprendida en estos breves conceptos: teje tu lino, cultiva tu huerto, fabrica tu sal… ora. Por eso mismo ha merecido admiración y respeto la actitud de este hombre miserable, que apenas cubre sus carnes, que se alimenta con severa frugalidad, que pidió vivir en Londres en barrio apartado para morar entre los pobres, y que va, en nombre de trescientos cincuenta millones de hombres, a reclamar la liberación de su patria.

Occidente, por el contrario, representa la inquietud humana llevada a sus últimos extremos; es el pensamiento del hombre que se adentra en los dominios de la ciencia; es el titán que roba constantemente sus secretos a la naturaleza, para domeñarla, pero que se ata a sí mismo y se roe y se destruye. La tragedia de Prometeo simboliza el genio del hombre de sufre la cólera de los dioses; es una sublimación de la humanidad. La tragedia de Occidente, por el contrario, es el fracaso del esfuerzo, por falta de orientación y de sentido, que encuentra un paralelismo más justo en el grito de angustia de Fausto.

La noción individualista cifró el progreso humano en el egoísmo de cada hombre, y ahora se abate carcomida por la gangrena de anarquía que aparece en todas las ramas de la producción y del consumo. El capitalismo individualista creó la máquina para sustituir la mano de obra del hombre, pero no sustituyó al hombre como consumidor. De allí que la acumulación de riquezas se traduzca en la esterilidad de las mismas, y que la gente perezca de hambre y de frío al lado de una ociosa abundancia.

El problema, pues, radica en la posibilidad de un aumento de la capacidad de consumo del pueblo, que sea paralelo al proceso de aceleración de la producción.

La Rusia de los soviets no difiere del concepto occidental en cuanto ve a los métodos y a la técnica. Rusia electrifica, maquiniza, racionaliza, experimenta. El señor Stalin provee la manera de instalar en el Volga, o en los montes Urales, las más grandes plantas eléctricas, fábricas colosales, ingenios poderosos. Ucrania y las Estepas se convierten en inmensos latifundios de Estado. Y con la ciencia y la disciplina como puntos de apoyo sueña en forjar la estructura social y política de un nuevo mundo.

El choque es más violento entre la filosofía de Gandhi con el pensamiento creador de los soviets, que entre éste y la civilización de Occidente.

Decía yo en uno de mis artículos anteriores que la forma de organización adoptada por los soviets se aleja cada vez más del viejo concepto socialista para identificarse mejor como un capitalismo de Estado. Acaso el capitalismo internacional de Occidente se vea precisado a hacer las necesarias concesiones, hasta que se halle una sintetización entre el capitalismo individualista y el que profesan, mal de su agrado los soviets; quizá lo que se requiere en esta ancha parte del mundo —que no puede avenirse a retornar a la vida ascética de Gandhi y que necesita, por lo mismo, la ayuda de la ciencia aplicada a todos los órdenes de la producción—, sea expurgar el régimen capitalista del egoísmo que lo caracteriza, darle un sentido social a la producción, anteponer los intereses de la colectividad sobre los de los individuos.

Por ahora, aun cuando es indiscutible la hegemonía que ejerce en la mayor parte del globo el capitalismo individualista, frente a él, como una esperanza o como una fuerza que tiende a obligarlo a la transacción, se alza el capitalismo de Estado. Si ambos sistemas fracasan ¿quién podría negar la razón que simboliza Gandhi?

El Nacional, 21 de octubre de 1932.

Froylán C Manjarrez

Revista Réplica

LA EFICACIA MATA LA DUDA

La verdad, por lo general, no se oye, se la ve.

Baltasar Gracián.

 

Arrieros somos y en el camino andamos.

Dicho popular.

Es muy fácil que la gente escuche argumentos si estos apoyan creencias religiosas o teorías basadas en las ciencias exactas. La réplica sale sobrando en este tipo de temas que producen discusiones bizantinas y nunca dejan contento a nadie. Más vale guardar silencio y, si acaso existe alguna duda, analizarla también en silencio, es decir, evitar la discusión para no meterse en problemas. Un ejemplo histórico:

Cuando Miguel Ángel aceptó tallar un bloque de mármol defectuoso, lo hizo sabedor de que la piedra le daba oportunidad de aprovechar un boquete causado por alguna mano torpe. No dijo nada, simplemente se puso a esculpirla hasta que de ella surgió el joven David con la honda en la mano.

Sodermini, uno de los clientes más ricos, críticos, exigentes y acres de la época, se acercó al taller para constatar cómo el artista había resuelto el defecto de la piedra. Recorrió con su vista la estatua desde un ángulo que, por su perspectiva, deformaba el rostro de la gigantesca figura. “La encuentro magnífica —dijo el visitante—, sin embargo, tiene la nariz demasiado grande”. Miguel Ángel se dio cuenta del engaño visual que había sufrido Sedermini y, sin aclarar nada, lo invitó a subir con él al andamio. En el camino, el escultor cogió un puñado de polvo para después hacer como si con el cincel modificara el trazo de la nariz, al tiempo que dejaba caer parte del material recogido. Obviamente no cambió el tamaño de la nariz, pero sí dio la impresión de hacerlo. Minutos después de aquella inteligente “farsa”, el artista dio un paso atrás y le preguntó a su invitado: “A ver, ¿qué le parece ahora?”. “Así me gusta mucho más”, respondió satisfecho Sodermini, “ahora sí que tiene vida”.

Con su inteligencia y sensibilidad, Miguel Ángel evitó discutir o imponer su criterio usando argumentos verbales. En lugar de ello, prefirió demostrar “in situ” la belleza de su obra, lección que nos sirve para establecer que las palabras salen sobrando cuando los hechos son patentes.

Al parecer, esta podría ser la política de comunicación en alguna de las áreas del gobierno que desarrollan su trabajo con discreta eficacia, tan discreta que la mayoría de los poblanos todavía no se han dado cuenta.

Una de ellas —según decreto del H. Congreso del Estado, creada en el mes de diciembre de 1999— es el Sistema Operador de Carreteras de Cuota (SEOCC), cuya única referencia “promocional” acaba de ocurrir el pasado 10 de noviembre, cuando el consejo de administración, integrado por los secretarios del gabinete y el director Víctor Enrique Mata Temoltzin, convino con la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla “regular la prestación de servicios sociales de la Universidad, para el desarrollo de estudios que servirán en la conformación de proyectos carreteros”.

Es obvio que este organismo público descentralizado no se dedica a hacer ni esculturas ni pinturas y menos aún la talla de bloques de mármol (brincos diera). Su función es menos creativa. Empero, en esta época de apertura comercial, de competencia calificada y de capitalismo salvaje, la labor que desarrolla resulta determinante para fomentar la confianza de los ciudadanos que por millones usan y pagan el peaje en las carreteras de cuota (de acuerdo al reporte de la SCT federal, de enero de 1999 a julio del 2000, los usuarios pagaron más de 6 mil millones de pesos). Podemos decir, pues, que en este caso no hay polvo que disfrace, produzca u oculte los cambios. Y que, si acaso llega a verse o a olerse, es porque está en construcción o en reconstrucción alguno de los tramos de la Vía Atlixcáyotl, carretera que, por cierto, deja mucha lana al “hombre de Champusco”; o bien porque empezó a construirse la autopista a Teziutlán. Todo ello con la importante participación de jóvenes profesionistas que, además de constatar cómo se aplican las cuotas y a dónde va a parar parte del dinero de los impuestos, están colaborando en grupos multidisciplinarios cuyo objetivo es eficientar el trabajo del organismo. Y aquí surge una pregunta:

¿Podrá el director del SEOCC convencer con hechos a los usuarios del beneficio que prestan las autopistas poblanas?

Tal vez. Se trata de que el dinero de las cuotas de peaje multiplique las buenas razones. Pero antes debe promocionar al sistema que dirige, sin perder de vista el impacto que han producido las autopistas del país al desarrollo económico y social de los mexicanos (10 mil 226 kilómetros concesionados y poco menos de 5 mil kilómetros controlados por Caminos y Puentes Federales). Y, sobre todo, responder con solvencia moral a quien confió en él para modelar e impulsar lo que hasta hace poco era algo así como un bloque defectuoso.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

We don't need to fear a machine that hates us; we need to prevent a machine that can act independently toward goals we can no longer control.

No porque imagine a un robot caminando por la calle con los ojos rojos diciendo: “Miguel, llegó tu hora”.

Resumen de noticias del mes de agosto de 2026

Pruebas sembradas, prisión sin sentencia y el precio de perder la libertad

Te presentamos un resumen de las noticias más importantes de la semana

Noticias de la semana

Del 1 al 6 de septiembre de 2026

 

Renovación en el Senado: Higinio Martínez Miranda asume la Presidencia de la Mesa Directiva

En el marco de la apertura del nuevo periodo de sesiones, el Senado de la República formalizó la integración de su nueva Mesa Directiva, eligiendo al senador Higinio Martínez Miranda para presidir los trabajos legislativos durante el año de ejercicio constitucional. La designación se concretó tras lograr la mayoría calificada del pleno, sucediendo en el cargo al liderazgo saliente para encabezar la conducción de los debates, la gestión parlamentaria y el trámite de las reformas prioritarias de la agenda nacional.

La elección de Higinio Martínez al frente de la Mesa Directiva coloca a un perfil de amplio recorrido y peso político territorial en la conducción del pleno. Su reto inmediato residirá en ejercer una presidencia institucional que trascienda el control de la mayoría, garantizando la imparcialidad en el arbitraje parlamentario, el respeto a la pluralidad de las bancadas de oposición y la fluidez del proceso legislativo en una coyuntura de alta polarización.

Violencia en Zacatecas: Detonación de artefacto explosivo genera alerta

El día 30 de agosto, se registró la explosión de un vehículo con carga explosiva en la zona de Ojocaliente, Zacatecas. El incidente, atribuidos preliminarmente a pugnas entre grupos del crimen organizado, movilizó a fuerzas federales y estatales, reavivando el debate sobre la efectividad del operativo de seguridad en la entidad.

El empleo de artefactos explosivos improvisados refleja un escalamiento táctico preocupante por parte de la delincuencia organizada. La respuesta de las autoridades debe ir más allá del despliegue reactivo de elementos; requiere fortalecer las labores de inteligencia y contención en los límites territoriales para desarticular la operatividad financiera y logística de estas células.

Rendición de cuentas: Claudia Sheinbaum presenta su Segundo Informe de Gobierno

La presidenta Claudia Sheinbaum encabezó la presentación de su Segundo Informe de Gobierno, destacando avances en materia de infraestructura, cobertura de programas sociales y la consolidación de la estrategia nacional de seguridad. Ante un auditorio integrado por gabinete, gobernadores y legisladores, la mandataria reiteró el compromiso de mantener la estabilidad Macroeconómica y la soberanía energética.

El ejercicio de rendición de cuentas balanceó de manera sólida los indicadores de inversión social, pero dejó cuestionamientos abiertos en el margen de maniobra fiscal de cara al siguiente ciclo presupuestal. La narrativa oficial contrapone logros tangibles con desafíos estructurales de fondo, como la consolidación fiscal de Pemex y el impacto de la desaceleración comercial exterior.

Promoción anticipada en Puebla: Armenta se compromete a revisar actos al margen de la ley

Alejandro Armenta fijó postura pública respecto a la proliferación de bardas y propaganda electoral anticipada que promociona a diversos actores locales. El mandatario poblano señaló que se abrirá una revisión interna para deslindar responsabilidades, aunque evitó confirmar de forma categórica si habrá destituciones de funcionarios públicos presuntamente involucrados.

La aplicación de la normativa electoral no puede supeditarse a matices administrativos. Prometer revisiones sin fijar consecuencias operativas o sanciones ejemplares envía un mensaje ambiguo hacia el servicio público. La verdadera prueba de voluntad política radicará en sancionar el uso indebido de recursos e influencia sin importar el nivel jerárquico del infractor.

Esclarecimiento de hecho delictivo: Detienen a presuntos responsables del multihomicidio de Jonathan Meléndez y su familia

La Fiscalía General de Justicia del Estado de México (FGJEM) detuvo a Diego Sebastián “N” y Gerardo “N”, señalados como los presuntos responsables del multihomicidio de Jonathan Meléndez —tecladista de la banda Camilo Séptimo—, su esposa, su hija de tres años y una trabajadora del hogar en Atizapán de Zaragoza. De acuerdo con las indagatorias ministeriales, el principal implicado era socio y amigo del músico, con quien mantenía una relación de confianza que le permitió ingresar al inmueble. El móvil principal fue de carácter económico: el apoderamiento de claves de acceso a billeteras frías para transferir una cifra millonaria estimada en 3.5 millones de dólares en bitcoins, activos que el imputado habría comenzado a transferir posteriormente.

La celeridad para lograr la detención de los sospechosos contrasta con la brutalidad del hecho y pone de relieve cómo los activos digitales no regulados y de difícil rastreo se han convertido en un incentivo para delitos de alto impacto. La fiscalía tiene el reto no solo de acreditar la responsabilidad penal en el juicio para evitar recovecos legales, sino de coordinar la trazabilidad financiera del patrimonio sustraído para asegurar la reparación del daño a las víctimas indirectas.

Medida de apremio judicial: Ejecutan arresto administrativo a Luis de Llano por desacato a condena civil

El productor de televisión Luis de Llano fue ingresado al Centro de Sanciones Administrativas de la Ciudad de México para cumplir dos órdenes de arresto —con una duración total de 30 horas acumulables— emitidas por una jueza del Tribunal Superior de Justicia de la Ciudad de México. La medida no responde a una orden de aprehensión por un nuevo delito penal, sino a un arresto de carácter civil dictado como medida de apremio ante el incumplimiento reiterado de la sentencia definitiva en el juicio interpuesto por Sasha Sokol por daño moral. El productor ha omitido de forma contumaz ofrecer las disculpas públicas encomendadas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación y publicar la síntesis del fallo.

El recurso al arresto por desacato demuestra los límites y la complejidad del cumplimiento forzoso en materia civil sobre derechos de la personalidad. Si bien el arresto administrativo es la herramienta legal idónea para apremiar el acatamiento de resoluciones judiciales, la reticencia del imputado abre la puerta para que la autoridad jurisdiccional contemple la configuración del delito de desobediencia a un mandato legítimo de autoridad, trasladando el conflicto de la vía civil al ámbito de la responsabilidad penal.

Declaraciones bilaterales: Trump desestima el comercio con México pero elogia a la presidenta Sheinbaum

Desde el Despacho Oval, Donald Trump lanzó duras críticas hacia la relación comercial bilateral, señalando un déficit de 195 mil millones de dólares y asegurando que su país podría prescindir de los bienes mexicanos al afirmar que "no tienen nada que realmente necesitemos, salvo tamales picantes y tomates". Sin embargo, matizó su postura al descartar una ruptura comercial inmediata, destacando el respeto personal que profesa hacia la presidenta Claudia Sheinbaum.

La retórica de Trump combina el lenguaje proteccionista dirigido a su base electoral con una diplomacia pragmática basada en la relación directa con la jefatura de Estado. Reducir una balanza comercial integrada por cadenas de valor de alta tecnología e manufactura pesada a productos agrícolas es una simplificación ideológica; sin embargo, el matiz diplomático hacia Sheinbaum refleja que el margen de negociación bilateral se mantendrá centrado en la vía presidencial directa.

Avance de agenda civil: Encuesta refleja amplio respaldo a la eutanasia en la CDMX

Un reciente estudio de opinión realizado en la Ciudad de México reveló que la mayoría de los encuestados se muestra a favor de la regulación del derecho a una muerte digna mediante la eutanasia. Los datos sugieren una transformación cultural en la población capitalina, la cual presiona a la III Legislatura local para abrir el debate técnico y jurídico formal.

Aunque el respaldo ciudadano resulta claro, la eventual legislación no debe responder únicamente a un pulso estadístico. El Congreso capitalino enfrentará el reto de diseñar un marco legal riguroso que no solo respete el libre desarrollo de la personalidad, sino que garantice salvaguardas médicas, éticas y jurídicas impenetrables ante posibles vacíos o abusos.

Caso Zenyazen Escobar: Hallan sin vida a diputado federal en Veracruz; autoridades analizan hipótesis

El diputado federal por Morena y exsecretario de Educación de Veracruz, Zenyazen Escobar García, fue localizado sin vida al interior de su vehículo. De acuerdo con las primeras indagatorias de la fiscalía y reportes preliminares en el sitio, el automóvil no presentaba impactos externos ni señales de un ataque armado directo, orientando las investigaciones principales hacia una detonación efectuada desde el interior del vehículo y la presunción de suicidio.

La cautela operativa debe prevalecer sobre las precipitaciones políticas. Tratar un evento de esta naturaleza con rigor forense e imparcialidad es indispensable para descartar presiones externas, evitar la especulación mediática y garantizar que las periciales esclarezcan los hechos con absoluta certeza jurídica.

Operativo interinstitucional: Capturan a "El Amarillo", presunto líder criminal en Acapulco

En un despliegue coordinado por fuerzas federales, se logró la detención de Govén Ulisses “N”, alias “El Amarillo”, identificado por las autoridades de seguridad como líder de una célula delictiva vinculada a "Los Rusos", con principal centro de operaciones y generación de violencia en el puerto de Acapulco, Guerrero. La captura se concretó durante un operativo ejecutado en la zona metropolitana de Puebla, donde el imputado mantenía propiedades y vehículos de alto valor.

La aprehensión de un objetivo cuya red de influencia se extiende entre el puerto de Acapulco y zonas de resguardo patrimonial evidencia la complejidad territorial del crimen organizado. Neutralizar la cabeza operativa resulta estéril si no se desarticulan simultáneamente las redes de financiamiento y lavado de dinero que permiten a estas estructuras operar con movilidad entre distintas entidades.

Redacción Réplica

Revista Réplica

Los trabajadores deben justificar lo que ganan. Demostrar que su trabajo es importante para el desarrollo y crecimiento de la empresa. Y los empresarios, decidirse a luchar, a crear nuevas estrategias para el funcionamiento óptimo de sus negocios...

“Aquí estamos todos los que queremos lavar el honor de México, aunque para ello haya que ofrendar la vida. El sufrimiento de 60 millones de pobres nos lo exige. Y el futuro de las próximas generaciones nos obliga a ser honestos a carta cabal...

El país tuvo excesos en todo: asesinatos de personajes públicos; en la “fabricación” de nuevos millonarios; en actos de corrupción protegidos por la impunidad que proporciona el máximo poder político ...

Escribió Mario Benedetti que las piernas de la amada son fraternas/ cuando se abren buscando el infinito/ y apelan al futuro como un rito/ que las hace más dulces y más tiernas...

No falta, y el lector seguramente conoce a alguno de ellos, aquel ejemplo que gracias a su poder o habilidad política tiene facultades para reproducir su influencia y, por qué no, también a su especie, “cualidades” que se manifiestan en los tres poderes e incluso en los tres niveles de gobierno...

En efecto, Adolfo López Mateos se había casado por la Iglesia con la hermosa hija de los Gutiérrez. Y aunque fue otra de sus muchas aventuras románticas, quizá la última, el matrimonio aquel hizo las veces de colofón a la pasión amorosa de este hombre enamorado de las mujeres jóvenes a quienes la naturaleza hizo bellas, bien proporcionadas y portadoras de la cadencia que incentiva la libido de los hombres...

—Vean ustedes lo que encontré sobre mi escritorio. Es dinero que dejó algún pendejo con la clara intención de comprometerme, de corromperme. Voy a investigar y cuando agarre al autor de este atentado, les prometo que lo llevaré a juicio. Y si puedo yo mismo fusilaré al cabrón. —Volteó a ver la foto del presidente en turno antes de justificar con energía castrense: —El jefe máximo no tendrá inconveniente.

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