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LA CONSTITUCIÓN DE WEIMAR Y EL RESURGIMIENTO DE ALEMANIA

Hace once años, en la histórica ciudad de Weimar fue promulgada la Constitución que norma la vida política del pueblo alemán. La imponente armadura imperial forjada por el Canciller de Hierro se había derrumbado al golpe de la gran guerra, y las instituciones del antiguo régimen habían sido barridas por el ciclón revolucionario de noviembre de 1918, que iniciaron los comunistas, consumaron los social-demócratas y, meses después coronaron todos los sectores de opinión, al concurrir a la elaboración de la nueva Carta Política nacional.

Como su hermana gemela —la democracia francesa que erigió la gloriosa Tercera República— la alemana surgió a la vida entre la desesperación y la angustia, la miseria y el dolor que engendra una guerra sin fortuna. Pero, como aquélla, hoy se ostenta sólida y ejemplar ante la admiración del mundo.

Una década de vida republicana

Una década de vida es tiempo bastante para juzgar de la fuerza de arraigo que han adquirido las nuevas instituciones alemanas. Se las creía inestables y pasajeras, más producto de la coacción exterior que del sentir nacional; y sin embargo, su estabilidad es tan firme como la de las más viejas y enraizadas democracias. Como que la República Alemana —contra lo que supone el vulgo carente de información— no es la resultante sólo de circunstancias desgraciadas, sino más bien el producto del genio germano que tuvo una manifestación asaz elocuente en el campo del derecho político en la hora trágica de la derrota; no es tampoco la opacidad mediocre que sustituye al esplendor y a la grandeza de los tiempos pasados, sino la constancia colectiva que se despierta aguijoneada por la magnitud del desastre, y recoge con valor el legado del abatimiento, de miseria y de descrédito universal que deja el imperio, para emprender con firmeza y serenidad la obra —que se antoja ciclópea— de la reconstrucción interior y de la liberación de los grillos que le fueron impuestos por los vencedores.

La República vino, y once años más tarde, aquella nación vencida, humillada y proscrita del concurso internacional, ha vuelto a él en los primeros rangos, y vincula sus obligaciones hacia las potencias victoriosas con su propio desarrollo económico; y no es tomada ya en el mundo sino como ejemplo de nación sabia y equilibrada.

El concurso de la nación en la obra constitucional

Era demasiado fuerte el espectáculo que ofrecía el mundo al final de la guerra, para que se contemplara detenidamente el ímprobo esfuerzo del pueblo alemán —y particularmente de sus estadistas— que sincrónicamente habían de atender a la horrenda miseria del pueblo, a la concertación de la paz y a la estructura de sus nuevas instituciones. De ahí que en la mente de la generalidad haya tomado cuerpo la idea de que la nueva forma de gobierno fue impuesta por la coacción exterior.

Nada más erróneo e injusto. La abdicación del monarca, de su heredero y de todos los jefecillos de Estado —príncipes, duques, grandes duques, etcétera— del Imperio, así como la proclamación de la República por el pueblo insurreccionado, fueron hechos que se consumaron en la jornada gloriosa del 9 de noviembre, dos días antes de que se firmara el armisticio de la gran guerra. Y después, la elaboración de la Carta constitucional no fue obra que se reservaran los partidos triunfantes —comunistas y socialistas— sino para la que fue convocada toda la nación.

Para la mejor ilustración del lector sobre este interesante hecho histórico, seguiré un momento al ilustre catedrático francés M. René Brunet, en una parte de su estudio sobre la Constitución alemana:

La Asamblea Constituyente —dice el docto maestro de derecho constitucional— fue electa por sufragio universal, posiblemente el más democrático que se haya registrado jamás. Todos los alemanes fueron electores, hombres y mujeres, oficiales y soldados, internados o lisiados con sólo que hubiesen cumplido veinte años de edad. Todos los electores eran elegibles, con sólo que fuesen alemanes por lo menos un año antes. El voto tuvo lugar por escrutinio secreto de lista, sin mezclas posibles, pero con la facultad que se otorgó a los partidos de presentar listas comunes. La repartición de curules tuvo lugar según el sistema de la representación proporcional conocido con el nombre de sistema Hondt.

Estas elecciones llevaron a la Asamblea Nacional 423 diputados, de los cuales fueron 39 damas. Y en esta representación quedaron comprendidos los seis grandes partidos que actúan en la democracia alemana, desde la extrema derecha, monárquica y conservadora, hasta la extrema izquierda comunista.

De no haber nacido la democracia alemana como consecuencia del sentimiento y de la voluntad general del país, la elocuencia de sus éxitos en la posguerra habría sido suficiente para haberla acreditado en la propia colectividad germana. Pero el hecho histórico, tal como queda antes apuntado, es que ella surgió a la vida sin vicio alguno de origen y como un producto de toda la nación.

La República y la unidad nacional alemana

Pero hay más: la unidad alemana se fortifica hasta convertirse en un bloque granítico por obra de la República democrática.

El puño de acero del príncipe Bismarck, creador del Imperio Alemán bajo la hegemonía prusiana, jamás pudo destruir la resistencia de los viejos Estados germanos, federados, algunos de grado y otros por fuerza. Y la resistencia fue mayor, y perenne, por parte de la Baviera, que opuso siempre a la arrogancia de los Hohenzollern la simplicidad rústica de los Wittelsbach.

Abrigaban la ilusión los “nacionalistas” franceses de que la guerra sirviera para motivar la disección de Alemania, suponiendo que la Baviera, unida a Austria una vez mutilada y desintegrado ya el Imperio de los Habsburgo, constituyeran el punto de apoyo para la erección de una Alemania del Sur.

Pero la resultante fue justamente la inversa; la guerra unió en un mismo sentimiento y en un mismo dolor a todos los pueblos germanos, en cuya alma surgió la noción de una patria común; y después, la revolución vino a allanar el camino, arrasando en un solo día con todas las dignidades y privilegios que hasta un día antes se habían reservado tantos reinos, principados y ducados como eran los que constituían el Imperio, los cuales han pasado, por mandato imperioso de la Constitución, a ser simples países dentro de la gran República apenas descentralizada.

Y lejos de que Baviera siguiera soñando en su autonomía, es ahora Austria la que suspira por el Anschluss para incorporarse a la patria común.

Un cielo del más puro azul democrático

En la imposibilidad de condensar en los límites de un artículo los lineamientos de esta sabia Constitución, me conformaré con reproducir a continuación un juicio emitido (no ahora que se camina de la détente à Pentente franco-alemana, sino en 1921, cuando aún estaba sangrante la herida de la guerra), por M. Joseph Barthélemy, quien acaso, es el más autorizado constitucionalista francés:

La Constitución alemana —habla M. Barthélemy de la Constitución Imperial— era un organismo de agresión, el instrumento político por excelencia para el ataque impulsivo; ella pesaba permanentemente como una nube negra sobre la paz del mundo. El viento de la guerra y el huracán de la Revolución dispersaron completamente estos nubarrones. En lo sucesivo, el cielo político alemán será de un azul democrático de lo más puro y diáfano, en cuyo horizonte se dibujará una ancha franja roja.

Alemania ha pasado, casi sin transición, de un extremo al otro, y para lo porvenir ese país que era ayer la ciudadela del conservatismo monárquico, ofrece con ostentación al mundo el modelo, sabiamente edificado, de la democracia más completa: sufragio universal llevado hasta los últimos límites, rebajado hasta los veinte años de edad de los ciudadanos, tanto para las mujeres como para los hombres; república obligatoria; democracia directa que permita a los electores no solamente escoger sus representantes, sino pronunciarse, por vía de consulta positiva (legislación directa), sobre los grandes problemas de la vida nacional; libertades individuales y políticas que realicen, sin dejar nada en la sombra, el más difícil y estricto de los programas liberales.

Y esa franja roja que cree advertir M. Barthélemy en el ciclo democrático y diáfano del nuevo régimen alemán, es la constitución económica, que reposa sobre los consejos de obreros y los consejos económicos, organismos de carácter público amparados por la Constitución que no solamente coordinarán los intereses opuestos del trabajo y el capital dentro de los postulados del derecho industrial, sino que, además, proveerán lo necesario para la regulación y el desarrollo de la economía nacional de conformidad con los principios de la economía colectiva a la socialización industrial.

El Nacional, 13 de agosto de 1930.

Revista Réplica

En política, lo que comienza

con miedo, termina en tontería.

Samuel Taylor Coleridge

El cambio

No podemos evitar las pasiones, pero sí vencerlas.

Séneca

 

Dicen que el buen jugador de póquer nunca demuestra lo que está pensando, aunque tenga muy buen juego o la suerte lo haya castigado con un modesto par de cincos. Incluso hay tahúres que pueden modificar su expresión para tratar de confundir al contendiente, facultad conocida como bluff. “Está blofeando”, descubren aquellos que se las saben de todas, todas.

Algo parecido ocurre en política, donde esta, digamos, cualidad cuenta con varias definiciones, sentencias o consejos que se podrían resumir en una frase tan prosaica como certera.

“Para ser buen político hay que saber comer caca sin hacer gestos.”

Según las “reglas” no escritas, en los juegos de azar y en la política se deben ocultar las pasiones y disfrazar los sentimientos. Así, a simple vista, la disciplina parece fácil; sin embargo, ha puesto a sufrir a todos los que entraron a la política, ya sea por suerte, conveniencia, accidente, vocación o porque la ven como uno de los requerimientos (el principal) para aspirar al poder que generan los cargos de elección popular, en especial el de gobernador y presidente de la República.

Curiosamente, ayer apareció en Metepec un empresario que ingresó a la política, a pesar de que (según su discurso de antaño) la consideraba como una actividad poco digna para el género humano, quizás porque entonces todos los cargos públicos eran controlados por el Partido Revolucionario Institucional. De acuerdo con referencias periodísticas de la década pasada, en cada una de sus tribunas patronales nunca tuvo empacho en zurrar a todo aquel que se decía político, en especial a los servidores públicos de factura priista. Lo menos que les llegó a sugerir fue que se movían en terrenos donde la corrupción hacía las bases de amalgama.

Aquel estilo dio un giro de 180 grados, tal vez porque el tiempo o el cambio de partido en el poder logró lo que parecía imposible: se transformó en el zoon politikon aristotélico.

Dejó, pues, su actividad empresarial y, desde luego, antigobiernista, para de inmediato incorporarse al “tanque de cerebros” foxista. Me refiero a don Antonio Sánchez Díaz de Rivera, ex dirigente de la COPARMEX, en Puebla y en México, y hoy subsecretario de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL).

Con estas reflexiones y referencias pretendo destacar la trascendencia del discurso pronunciado ayer por el funcionario referido, palabras que, a mi juicio, revelan tres cosas.

Una: que ya sabe dominar sus pasiones (recordemos que tiene puesta la camiseta del PAN y que quiere ser candidato a gobernador).

Otra: que se quitó de la cabeza aquella vieja idea de que la corrupción es sinónimo de política (más le vale, porque podría revertírsele).

Y la tercera: que el gobierno de Melquiades Morales Flores va a la vanguardia en lo que a desarrollo social se refiere.

He aquí parte de lo que dijo el flamante funcionario del gobierno federal:

“Creo que a cualquier político le daría gusto, a cualquier gobernador le daría envidia, porque en este acto se ve un auténtico federalismo.

Cuando yo venía de la Ciudad de México… la señora secretaria (Josefina Vázquez Mota) me dijo:

‘Toño, siento no estar en ese acto porque no he sabido hasta ahorita que en algún otro estado se haga un evento como éste, en el que el gobierno del estado invite a todos los presidentes municipales. El que se presenten los programas que el gobierno del estado puede proporcionar a los presidentes, me parece que es un acto verdaderamente federalista… y no solo federalista, sino plural… el denominador es que todos quieren luchar por Puebla.’”

Con semejantes “confidencias”, don Toño tácitamente reconoce que este tipo de reuniones, “verdaderamente federalistas y plurales”, en Puebla ha puesto el ejemplo y “se dejan atrás los pactos secretos, pragmáticos, de clientelismo, pasando a políticas incluyentes, transparentes, para lograr un desarrollo humano e integral, tal y como lo quiere el presidente Vicente Fox Quesada”.

Además, el exempresario dijo que el esquema del gobierno poblano para impulsar el desarrollo social es el modelo que recomienda la SEDESOL a los gobiernos estatales. Asimismo, reconoció que el Fondo Concursable, los Proyectos Productivos y las Unidades Móviles de Desarrollo son la punta de lanza para que los mexicanos puedan alcanzar la justicia social (dijo bien común).

¿Será que don Toño ya conoce las reglas del buen jugador? ¿Habrá aprendido a no hacer gestos? ¿Tendrá la madurez política para aceptar que existen en México otras alternativas tan buenas o mejores como la que él representa?

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

EL IMPERIALISMO SOVIÉTICO EN EL EXTREMO ORIENTE

Entre las huestes comunistas de nuestro país, ingenuas, candorosas e inocuas, es general la creencia de que el régimen soviético libra a las naciones de todas las miserias propias de los sistemas políticos adoptados por los Estados burgueses y las expurga de la infamante tarea del imperialismo. Quien se enfrenta con éste, lógicamente se veda a sí mismo de caer en los vicios que afanosamente combate. No se explicaría que un país que se defiende de las acechanzas de una grande potencia, se volviera contra su vecino —más pequeño y débil aún— para domeñarlo. Y sin embargo este es el caso de la Rusia soviética.

La URSS desarrolla un programa de expansión imperialista, que no difiere en sus propósitos ni en sus métodos, de los métodos y los propósitos que presidieron la política del zarismo.

Para probar este aserto será bastante con retroceder al lector al creciente conflicto chino-soviético —no solucionado aún en definitiva— que por momentos hizo pensar en la inminencia de una nueva contienda internacional —discrimen o prolegómeno de una futura conflagración general.

En la pugna de China con el Soviet, que involucró a Norteamérica como tercero en discordia, se destacan: el interés de la nacionalidad china, cuyo pueblo al despertar a la conciencia de sus deberes y responsabilidades, va destruyendo el estatuto plagado de servidumbres y humillaciones que le fue impuesto paulatinamente por las potencias, y el interés de dos imperialismos que chocan entre sí: el ruso —éste representado por los soviets, por la monarquía o por la democracia burguesa— y el norteamericano; con la circunstancia de que el imperialismo norteamericano implica para los chinos un mal menor, y lo utilizan, por tanto, como instrumento en su ruda tarea de liberación.

La medida drástica —brutal si se quiere— adoptada por los nacionalistas chinos al incautarse del ferrocarril ruso que atraviesa por la Manchuria, expulsando al personal designado por Moscú, no fue sino un acto de fuerza por medio del cual pretendieron los chinos —inútilmente hasta hoy— destruir una de tantas concesiones arrebatadas asimismo por la fuerza a la nación china, cuando se hallaba indefensa y atemorizada, bajo la férula de su indolente monarquía.

Ciertamente, los nacionalistas de hoy, buscando la realización de sus propósitos, vincularon su causa con el interés norteamericano de penetrar al mercado manchú. Pero tales procedimientos a nadie deben causar extrañeza, ya que es esa, justamente, la táctica defensiva de China; y el Estado que aprovecha las antinomias que advierte en los intereses de las diversas potencias, para obtener la abolición de un régimen intolerable, de concesiones y de privilegios, que todas ellas impusieron de consumo, no debe merecer más que la admiración de los hombres dotados de un espíritu recto.

El nacionalista chino supo aprovechar la propaganda que el interés ruso llevó a su territorio, no sólo para vencer a los “tuehu-nes” (caudillos militares que dominaban en China a la manera medieval y que se sometían en todo a los mandatos de las potencias), despertando en la colectividad el sentimiento de la unidad nacional, sino también para cercenar el poderío de las potencias occidentales y del Japón, hasta obligar a aquéllas y a éste a modificar sensiblemente los antiguos tratados unilaterales por otros en que la injusticia es menos palmaria aunque aún subsisten muchos privilegios para los extranjeros; ahora, el mismo nacionalista apoya, haciéndolo suyo, el interés de Norteamérica, que juzga menos nocivo, frente al interés ruso; y mañana se aliará con otras potencias para arruinar a su rival, hasta que por fin logre la redención de su patria, recuperando todos los atributos inherentes a la soberanía nacional.

¿Qué de extraño tiene esa política, cuando es la que secularmente —y no con finalidades de tal modo levantadas— han seguido las potencias? ¿Qué de inmoral, cuando va enderezada en contra de aquellos poderes que no experimentaron el menor escrúpulo en hacer de la China indefensa y abatida y somnolienta, terreno propicio para todas las concupiscencias internacionales?

No es menester averiguar la veracidad de la afirmación soviética —ni siquiera desmentida por la cancillería norteamericana— de que el secretario Stimson propuso la neutralización del ferrocarril ruso que corre por la Manchuria, para tomar el hecho por cierto.

Ese es un viejo anhelo de nuestros vecinos del septentrión. Ya en 1910, a la hora en que Rusia y el Japón negociaban los intereses de ambas potencias en la Manchuria, pasando de la enemistad a la alianza en el lapso de un lustro contado después de la guerra ruso-japonesa, el secretario Knox formulaba la proposición que hace pocas semanas atribuyó el Soviet al coronel Stimson.

Lo interesante es observar que el imperialismo zarista se opuso a los designios de Knox con igual decisión aunque no con la misma vehemencia —con que hoy se oponen los “Comisarios del Pueblo” a los designios de Stimson esto es: el imperialismo ruso, en 1910 o en 1929, siempre se opuso a la organización imperialista norteamericana en Manchuria, que hoy apoyan los nacionalistas chinos.

A guisa de ilustración, y aunque no sea necesario para demostrar la fuerza de la proposición que sustenta este artículo, recordará al lector que la Manchuria ha sido el punto de partida de los grandes conflictos de Oriente. Por la hegemonía sobre ella se produjo la guerra ruso-japonesa, hasta lograr el Mikado la cesión en su favor de las concesiones “de alquiler” arrebatadas por Rusia a China el 27 de marzo de 1898: Puerto Arturo, Talienwan y las aguas adyacentes. La guerra manchuriana culminó en la alianza anglo-japonesa, destruida diez y siete años más tarde por exigencias rotundas de Hughes. Y la Manchuria, en fin, constituye el obstáculo mayor para forjar la unidad china, hasta que ocurrió la formidable derrota de los “tsines” norteños y la trágica muerte del mariscal-bandolero Chang Tso Liu.

La conquista del mercado manchú puede ser causa de una de las grandes crisis que perturben la paz del mundo, y de fijo que a estas horas aumenta las preocupaciones de los estadistas reunidos en las conferencias llamadas del desarme naval que se registran en Londres. Sólo que en esta ocasión las potencias no podrán decretar la suerte de la Manchuria a espaldas de China, porque China ha dejado de ser “un gran cuerpo social sin músculos y sin cabeza” —como lo calificaron los comisionados de investigación rusos en 1908— para convertirse en una nacionalidad que resurge a la vida, que tiene voluntad, que adquiere pujanza y que, sobre todo, cuenta con estadistas capaces de conducirla por el sendero de su redención.

Pero volviendo al tema central de estos comentarios, insistiremos en la posición internacional que ha tomado el Soviet.

En el duelo político que la Rusia soviética de los primeros años venía sosteniendo con las grandes potencias del mundo, contó siempre con una fuerza que la hacía temible y grandiosa: la de erigirse en metrópoli espiritual de las nacionalidades sometidas.

Entonces Rusia predicaba a la conciencia de los pueblos, despertándoles el afán por organizar sus propias nacionalidades; la URSS parecía desdeñar los empeños de Europa por mantenerla al margen del continente blanco, como si se sintiera orgullosa del papel histórico que le cabía como cerebro y alma de los pueblos irredentos del lejano “Levante”. No se cuidaba de las murallas que se le oponían, porque estaba cierta —como expresó Wilson— de que las ideas penetran por todas partes, como el viento y la luz. Nació de la miseria y del dolor de la guerra, y pensaba que el dolor y la miseria de las grandes potencias la ayudarían a vencer en el mundo.

Pero llegó la hora en que los intereses genuinamente imperialistas de Rusia (¿pues qué otra denotación pueden tener las concesiones ferrocarrileras o los territorios arrebatados por el zarismo por medio de la fuerza o con la amenaza del empleo de la fuerza, a una nación indefensa?) se ven en peligro, y entonces el Soviet no recuerda más su misión libertaria, para convertirse, simplemente, llanamente —hasta en sus procedimientos de arrogancia y de crueldad, de “ultimata” frecuentes y de invasiones armadas— en una de tantas puissances de proie, del tipo de aquéllas otras que avasallan a los pueblos en nombre de la civilización o que desembarcan infantes de marina en cualquier playa indefensa.

El Nacional, 2 de febrero de 1930.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

A través de la manipulación, las élites dominadoras intentan

conformar progresivamente las masas a sus objetivos.

Paulo Freire

Apareció el ausente

Esperando el mundo se deshace y la fruta madura

Federico García Lorca.

 

Hace unos días en este espacio pregunté: ¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde diablos se ha metido?

¿Por qué ya no se deja ver?

Mi respuesta fue que este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que hasta quienes fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo, y los segundos porque le hacen el fuchi.

También transcribí lo que opiné respecto a su aspiración a la candidatura que finalmente ganó el hoy gobernador Melquiades Morales Flores: “Si participas en el proceso interno, le dije en aquella ocasión, perderás debido a que tu principal rival (Melquiades Morales Flores) es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. Concluí, pues, que al exsecretario de Finanzas le había faltado presencia política, es decir, haber dedicado más tiempo a compartir con sus paisanos las buenas y las malas. O dicho en otras palabras: le falló (a él o a su padrino) la estrategia que los “clásicos” llaman baños de pueblo.

Después de algunas consideraciones sobre su personalidad académica y las dificultades que tendría para recuperar lo andado, así como para demostrar a los poblanos que es un cuento lo de su carácter reservado, huraño e iracible.

Días después recibí un correo electrónico enviado por él, mismo que me permitió transmitir íntegro en virtud de que —como lo acostumbran los políticos con oficio— responde las preguntas apuntadas sin entrar en las honduras de las aclaraciones subjetivas:

“Estimado Alejandro:

Te agradezco los amables comentarios que me dedicaste hace unos días en tu columna con el título “El ausente”. No me extraña, como bien dices, que algunas personas ahora me recuerden más por mis muchos defectos que por mis pocas virtudes. Esa es la naturaleza humana y el trato normal a un político que no está en una posición política destacada. Sin embargo, más que explicaciones sobre mi carácter deseo contarte que después de 29 años de trabajo honesto en el servicio público, actualmente estoy dedicado a la actividad privada.

Dedico mucho tiempo a la familia y al rancho en Cuetzalan que fue de mi bisabuelo, de mi padre y que ahora es mío.

Por otro lado, estoy asociado en un despacho con amigos y tengo algunos contratos en varias partes del país asesorando a gobiernos estatales y municipales, así como a algunas empresas privadas.

En la política continúo participando en Puebla como Consejero Político y en México participando en la organización de la próxima Asamblea Nacional en la Comisión para reformar los Estatutos para la elección de dirigentes del (PRI).

Como puedes ver me mantengo ocupado y optimista de que lo mejor de México y de Puebla aún está por venir.

Recibe un afectuoso saludo”

Usted, respetado lector, tiene la última palabra. Sin embargo, me permito recomendarle que no borre de su lista de personalidades a la gubernatura a José Luis Flores Hernández, un hombre cuya formación y oportunidades políticas deben de haberle dejado una espina clavada, misma que estoy seguro tratará de sacársela haciendo uso de su talento, relaciones, coraje, antecedentes y experiencia. Apúntelo pues, al lado de Rafael Moreno Valle Rosas, Germán Sierra Sánchez, Ana Teresa Aranda de Orea y Francisco Fraile García. Al tiempo.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA CONSTITUCIÓN DE WEIMAR Y EL RESURGIMIENTO DE ALEMANIA

Hace once años, en la histórica ciudad de Weimar fue promulgada la Constitución que norma la vida política del pueblo alemán. La imponente armadura imperial forjada por el Canciller de Hierro se había derrumbado al golpe de la gran guerra, y las instituciones del antiguo régimen habían sido barridas por el ciclón revolucionario de noviembre de 1918, que iniciaron los comunistas, consumaron los social-demócratas y, meses después coronaron todos los sectores de opinión, al concurrir a la elaboración de la nueva Carta Política nacional.

Como su hermana gemela —la democracia francesa que erigió la gloriosa Tercera República— la alemana surgió a la vida entre la desesperación y la angustia, la miseria y el dolor que engendra una guerra sin fortuna. Pero, como aquélla, hoy se ostenta sólida y ejemplar ante la admiración del mundo.

Una década de vida republicana

Una década de vida es tiempo bastante para juzgar de la fuerza de arraigo que han adquirido las nuevas instituciones alemanas. Se las creía inestables y pasajeras, más producto de la coacción exterior que del sentir nacional; y sin embargo, su estabilidad es tan firme como la de las más viejas y enraizadas democracias. Como que la República Alemana —contra lo que supone el vulgo carente de información— no es la resultante sólo de circunstancias desgraciadas, sino más bien el producto del genio germano que tuvo una manifestación asaz elocuente en el campo del derecho político en la hora trágica de la derrota; no es tampoco la opacidad mediocre que sustituye al esplendor y a la grandeza de los tiempos pasados, sino la constancia colectiva que se despierta aguijoneada por la magnitud del desastre, y recoge con valor el legado del abatimiento, de miseria y de descrédito universal que deja el imperio, para emprender con firmeza y serenidad la obra —que se antoja ciclópea— de la reconstrucción interior y de la liberación de los grillos que le fueron impuestos por los vencedores.

La República vino, y once años más tarde, aquella nación vencida, humillada y proscrita del concurso internacional, ha vuelto a él en los primeros rangos, y vincula sus obligaciones hacia las potencias victoriosas con su propio desarrollo económico; y no es tomada ya en el mundo sino como ejemplo de nación sabia y equilibrada.

El concurso de la nación en la obra constitucional

Era demasiado fuerte el espectáculo que ofrecía el mundo al final de la guerra, para que se contemplara detenidamente el ímprobo esfuerzo del pueblo alemán —y particularmente de sus estadistas— que sincrónicamente habían de atender a la horrenda miseria del pueblo, a la concertación de la paz y a la estructura de sus nuevas instituciones. De ahí que en la mente de la generalidad haya tomado cuerpo la idea de que la nueva forma de gobierno fue impuesta por la coacción exterior.

Nada más erróneo e injusto. La abdicación del monarca, de su heredero y de todos los jefecillos de Estado —príncipes, duques, grandes duques, etcétera— del Imperio, así como la proclamación de la República por el pueblo insurreccionado, fueron hechos que se consumaron en la jornada gloriosa del 9 de noviembre, dos días antes de que se firmara el armisticio de la gran guerra. Y después, la elaboración de la Carta constitucional no fue obra que se reservaran los partidos triunfantes —comunistas y socialistas— sino para la que fue convocada toda la nación.

Para la mejor ilustración del lector sobre este interesante hecho histórico, seguiré un momento al ilustre catedrático francés M. René Brunet, en una parte de su estudio sobre la Constitución alemana:

La Asamblea Constituyente —dice el docto maestro de derecho constitucional— fue electa por sufragio universal, posiblemente el más democrático que se haya registrado jamás. Todos los alemanes fueron electores, hombres y mujeres, oficiales y soldados, internados o lisiados con sólo que hubiesen cumplido veinte años de edad. Todos los electores eran elegibles, con sólo que fuesen alemanes por lo menos un año antes. El voto tuvo lugar por escrutinio secreto de lista, sin mezclas posibles, pero con la facultad que se otorgó a los partidos de presentar listas comunes. La repartición de curules tuvo lugar según el sistema de la representación proporcional conocido con el nombre de sistema Hondt.

Estas elecciones llevaron a la Asamblea Nacional 423 diputados, de los cuales fueron 39 damas. Y en esta representación quedaron comprendidos los seis grandes partidos que actúan en la democracia alemana, desde la extrema derecha, monárquica y conservadora, hasta la extrema izquierda comunista.

De no haber nacido la democracia alemana como consecuencia del sentimiento y de la voluntad general del país, la elocuencia de sus éxitos en la posguerra habría sido suficiente para haberla acreditado en la propia colectividad germana. Pero el hecho histórico, tal como queda antes apuntado, es que ella surgió a la vida sin vicio alguno de origen y como un producto de toda la nación.

La República y la unidad nacional alemana

Pero hay más: la unidad alemana se fortifica hasta convertirse en un bloque granítico por obra de la República democrática.

El puño de acero del príncipe Bismarck, creador del Imperio Alemán bajo la hegemonía prusiana, jamás pudo destruir la resistencia de los viejos Estados germanos, federados, algunos de grado y otros por fuerza. Y la resistencia fue mayor, y perenne, por parte de la Baviera, que opuso siempre a la arrogancia de los Hohenzollern la simplicidad rústica de los Wittelsbach.

Abrigaban la ilusión los “nacionalistas” franceses de que la guerra sirviera para motivar la disección de Alemania, suponiendo que la Baviera, unida a Austria una vez mutilada y desintegrado ya el Imperio de los Habsburgo, constituyeran el punto de apoyo para la erección de una Alemania del Sur.

Pero la resultante fue justamente la inversa; la guerra unió en un mismo sentimiento y en un mismo dolor a todos los pueblos germanos, en cuya alma surgió la noción de una patria común; y después, la revolución vino a allanar el camino, arrasando en un solo día con todas las dignidades y privilegios que hasta un día antes se habían reservado tantos reinos, principados y ducados como eran los que constituían el Imperio, los cuales han pasado, por mandato imperioso de la Constitución, a ser simples países dentro de la gran República apenas descentralizada.

Y lejos de que Baviera siguiera soñando en su autonomía, es ahora Austria la que suspira por el Anschluss para incorporarse a la patria común.

Un cielo del más puro azul democrático

En la imposibilidad de condensar en los límites de un artículo los lineamientos de esta sabia Constitución, me conformaré con reproducir a continuación un juicio emitido (no ahora que se camina de la détente à Pentente franco-alemana, sino en 1921, cuando aún estaba sangrante la herida de la guerra), por M. Joseph Barthélemy, quien acaso, es el más autorizado constitucionalista francés:

La Constitución alemana —habla M. Barthélemy de la Constitución Imperial— era un organismo de agresión, el instrumento político por excelencia para el ataque impulsivo; ella pesaba permanentemente como una nube negra sobre la paz del mundo. El viento de la guerra y el huracán de la Revolución dispersaron completamente estos nubarrones. En lo sucesivo, el cielo político alemán será de un azul democrático de lo más puro y diáfano, en cuyo horizonte se dibujará una ancha franja roja.

Alemania ha pasado, casi sin transición, de un extremo al otro, y para lo porvenir ese país que era ayer la ciudadela del conservatismo monárquico, ofrece con ostentación al mundo el modelo, sabiamente edificado, de la democracia más completa: sufragio universal llevado hasta los últimos límites, rebajado hasta los veinte años de edad de los ciudadanos, tanto para las mujeres como para los hombres; república obligatoria; democracia directa que permita a los electores no solamente escoger sus representantes, sino pronunciarse, por vía de consulta positiva (legislación directa), sobre los grandes problemas de la vida nacional; libertades individuales y políticas que realicen, sin dejar nada en la sombra, el más difícil y estricto de los programas liberales.

Y esa franja roja que cree advertir M. Barthélemy en el ciclo democrático y diáfano del nuevo régimen alemán, es la constitución económica, que reposa sobre los consejos de obreros y los consejos económicos, organismos de carácter público amparados por la Constitución que no solamente coordinarán los intereses opuestos del trabajo y el capital dentro de los postulados del derecho industrial, sino que, además, proveerán lo necesario para la regulación y el desarrollo de la economía nacional de conformidad con los principios de la economía colectiva a la socialización industrial.

El Nacional, 13 de agosto de 1930.

Revista Réplica

En política, lo que comienza

con miedo, termina en tontería.

Samuel Taylor Coleridge

El cambio

No podemos evitar las pasiones, pero sí vencerlas.

Séneca

 

Dicen que el buen jugador de póquer nunca demuestra lo que está pensando, aunque tenga muy buen juego o la suerte lo haya castigado con un modesto par de cincos. Incluso hay tahúres que pueden modificar su expresión para tratar de confundir al contendiente, facultad conocida como bluff. “Está blofeando”, descubren aquellos que se las saben de todas, todas.

Algo parecido ocurre en política, donde esta, digamos, cualidad cuenta con varias definiciones, sentencias o consejos que se podrían resumir en una frase tan prosaica como certera.

“Para ser buen político hay que saber comer caca sin hacer gestos.”

Según las “reglas” no escritas, en los juegos de azar y en la política se deben ocultar las pasiones y disfrazar los sentimientos. Así, a simple vista, la disciplina parece fácil; sin embargo, ha puesto a sufrir a todos los que entraron a la política, ya sea por suerte, conveniencia, accidente, vocación o porque la ven como uno de los requerimientos (el principal) para aspirar al poder que generan los cargos de elección popular, en especial el de gobernador y presidente de la República.

Curiosamente, ayer apareció en Metepec un empresario que ingresó a la política, a pesar de que (según su discurso de antaño) la consideraba como una actividad poco digna para el género humano, quizás porque entonces todos los cargos públicos eran controlados por el Partido Revolucionario Institucional. De acuerdo con referencias periodísticas de la década pasada, en cada una de sus tribunas patronales nunca tuvo empacho en zurrar a todo aquel que se decía político, en especial a los servidores públicos de factura priista. Lo menos que les llegó a sugerir fue que se movían en terrenos donde la corrupción hacía las bases de amalgama.

Aquel estilo dio un giro de 180 grados, tal vez porque el tiempo o el cambio de partido en el poder logró lo que parecía imposible: se transformó en el zoon politikon aristotélico.

Dejó, pues, su actividad empresarial y, desde luego, antigobiernista, para de inmediato incorporarse al “tanque de cerebros” foxista. Me refiero a don Antonio Sánchez Díaz de Rivera, ex dirigente de la COPARMEX, en Puebla y en México, y hoy subsecretario de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL).

Con estas reflexiones y referencias pretendo destacar la trascendencia del discurso pronunciado ayer por el funcionario referido, palabras que, a mi juicio, revelan tres cosas.

Una: que ya sabe dominar sus pasiones (recordemos que tiene puesta la camiseta del PAN y que quiere ser candidato a gobernador).

Otra: que se quitó de la cabeza aquella vieja idea de que la corrupción es sinónimo de política (más le vale, porque podría revertírsele).

Y la tercera: que el gobierno de Melquiades Morales Flores va a la vanguardia en lo que a desarrollo social se refiere.

He aquí parte de lo que dijo el flamante funcionario del gobierno federal:

“Creo que a cualquier político le daría gusto, a cualquier gobernador le daría envidia, porque en este acto se ve un auténtico federalismo.

Cuando yo venía de la Ciudad de México… la señora secretaria (Josefina Vázquez Mota) me dijo:

‘Toño, siento no estar en ese acto porque no he sabido hasta ahorita que en algún otro estado se haga un evento como éste, en el que el gobierno del estado invite a todos los presidentes municipales. El que se presenten los programas que el gobierno del estado puede proporcionar a los presidentes, me parece que es un acto verdaderamente federalista… y no solo federalista, sino plural… el denominador es que todos quieren luchar por Puebla.’”

Con semejantes “confidencias”, don Toño tácitamente reconoce que este tipo de reuniones, “verdaderamente federalistas y plurales”, en Puebla ha puesto el ejemplo y “se dejan atrás los pactos secretos, pragmáticos, de clientelismo, pasando a políticas incluyentes, transparentes, para lograr un desarrollo humano e integral, tal y como lo quiere el presidente Vicente Fox Quesada”.

Además, el exempresario dijo que el esquema del gobierno poblano para impulsar el desarrollo social es el modelo que recomienda la SEDESOL a los gobiernos estatales. Asimismo, reconoció que el Fondo Concursable, los Proyectos Productivos y las Unidades Móviles de Desarrollo son la punta de lanza para que los mexicanos puedan alcanzar la justicia social (dijo bien común).

¿Será que don Toño ya conoce las reglas del buen jugador? ¿Habrá aprendido a no hacer gestos? ¿Tendrá la madurez política para aceptar que existen en México otras alternativas tan buenas o mejores como la que él representa?

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

EL IMPERIALISMO SOVIÉTICO EN EL EXTREMO ORIENTE

Entre las huestes comunistas de nuestro país, ingenuas, candorosas e inocuas, es general la creencia de que el régimen soviético libra a las naciones de todas las miserias propias de los sistemas políticos adoptados por los Estados burgueses y las expurga de la infamante tarea del imperialismo. Quien se enfrenta con éste, lógicamente se veda a sí mismo de caer en los vicios que afanosamente combate. No se explicaría que un país que se defiende de las acechanzas de una grande potencia, se volviera contra su vecino —más pequeño y débil aún— para domeñarlo. Y sin embargo este es el caso de la Rusia soviética.

La URSS desarrolla un programa de expansión imperialista, que no difiere en sus propósitos ni en sus métodos, de los métodos y los propósitos que presidieron la política del zarismo.

Para probar este aserto será bastante con retroceder al lector al creciente conflicto chino-soviético —no solucionado aún en definitiva— que por momentos hizo pensar en la inminencia de una nueva contienda internacional —discrimen o prolegómeno de una futura conflagración general.

En la pugna de China con el Soviet, que involucró a Norteamérica como tercero en discordia, se destacan: el interés de la nacionalidad china, cuyo pueblo al despertar a la conciencia de sus deberes y responsabilidades, va destruyendo el estatuto plagado de servidumbres y humillaciones que le fue impuesto paulatinamente por las potencias, y el interés de dos imperialismos que chocan entre sí: el ruso —éste representado por los soviets, por la monarquía o por la democracia burguesa— y el norteamericano; con la circunstancia de que el imperialismo norteamericano implica para los chinos un mal menor, y lo utilizan, por tanto, como instrumento en su ruda tarea de liberación.

La medida drástica —brutal si se quiere— adoptada por los nacionalistas chinos al incautarse del ferrocarril ruso que atraviesa por la Manchuria, expulsando al personal designado por Moscú, no fue sino un acto de fuerza por medio del cual pretendieron los chinos —inútilmente hasta hoy— destruir una de tantas concesiones arrebatadas asimismo por la fuerza a la nación china, cuando se hallaba indefensa y atemorizada, bajo la férula de su indolente monarquía.

Ciertamente, los nacionalistas de hoy, buscando la realización de sus propósitos, vincularon su causa con el interés norteamericano de penetrar al mercado manchú. Pero tales procedimientos a nadie deben causar extrañeza, ya que es esa, justamente, la táctica defensiva de China; y el Estado que aprovecha las antinomias que advierte en los intereses de las diversas potencias, para obtener la abolición de un régimen intolerable, de concesiones y de privilegios, que todas ellas impusieron de consumo, no debe merecer más que la admiración de los hombres dotados de un espíritu recto.

El nacionalista chino supo aprovechar la propaganda que el interés ruso llevó a su territorio, no sólo para vencer a los “tuehu-nes” (caudillos militares que dominaban en China a la manera medieval y que se sometían en todo a los mandatos de las potencias), despertando en la colectividad el sentimiento de la unidad nacional, sino también para cercenar el poderío de las potencias occidentales y del Japón, hasta obligar a aquéllas y a éste a modificar sensiblemente los antiguos tratados unilaterales por otros en que la injusticia es menos palmaria aunque aún subsisten muchos privilegios para los extranjeros; ahora, el mismo nacionalista apoya, haciéndolo suyo, el interés de Norteamérica, que juzga menos nocivo, frente al interés ruso; y mañana se aliará con otras potencias para arruinar a su rival, hasta que por fin logre la redención de su patria, recuperando todos los atributos inherentes a la soberanía nacional.

¿Qué de extraño tiene esa política, cuando es la que secularmente —y no con finalidades de tal modo levantadas— han seguido las potencias? ¿Qué de inmoral, cuando va enderezada en contra de aquellos poderes que no experimentaron el menor escrúpulo en hacer de la China indefensa y abatida y somnolienta, terreno propicio para todas las concupiscencias internacionales?

No es menester averiguar la veracidad de la afirmación soviética —ni siquiera desmentida por la cancillería norteamericana— de que el secretario Stimson propuso la neutralización del ferrocarril ruso que corre por la Manchuria, para tomar el hecho por cierto.

Ese es un viejo anhelo de nuestros vecinos del septentrión. Ya en 1910, a la hora en que Rusia y el Japón negociaban los intereses de ambas potencias en la Manchuria, pasando de la enemistad a la alianza en el lapso de un lustro contado después de la guerra ruso-japonesa, el secretario Knox formulaba la proposición que hace pocas semanas atribuyó el Soviet al coronel Stimson.

Lo interesante es observar que el imperialismo zarista se opuso a los designios de Knox con igual decisión aunque no con la misma vehemencia —con que hoy se oponen los “Comisarios del Pueblo” a los designios de Stimson esto es: el imperialismo ruso, en 1910 o en 1929, siempre se opuso a la organización imperialista norteamericana en Manchuria, que hoy apoyan los nacionalistas chinos.

A guisa de ilustración, y aunque no sea necesario para demostrar la fuerza de la proposición que sustenta este artículo, recordará al lector que la Manchuria ha sido el punto de partida de los grandes conflictos de Oriente. Por la hegemonía sobre ella se produjo la guerra ruso-japonesa, hasta lograr el Mikado la cesión en su favor de las concesiones “de alquiler” arrebatadas por Rusia a China el 27 de marzo de 1898: Puerto Arturo, Talienwan y las aguas adyacentes. La guerra manchuriana culminó en la alianza anglo-japonesa, destruida diez y siete años más tarde por exigencias rotundas de Hughes. Y la Manchuria, en fin, constituye el obstáculo mayor para forjar la unidad china, hasta que ocurrió la formidable derrota de los “tsines” norteños y la trágica muerte del mariscal-bandolero Chang Tso Liu.

La conquista del mercado manchú puede ser causa de una de las grandes crisis que perturben la paz del mundo, y de fijo que a estas horas aumenta las preocupaciones de los estadistas reunidos en las conferencias llamadas del desarme naval que se registran en Londres. Sólo que en esta ocasión las potencias no podrán decretar la suerte de la Manchuria a espaldas de China, porque China ha dejado de ser “un gran cuerpo social sin músculos y sin cabeza” —como lo calificaron los comisionados de investigación rusos en 1908— para convertirse en una nacionalidad que resurge a la vida, que tiene voluntad, que adquiere pujanza y que, sobre todo, cuenta con estadistas capaces de conducirla por el sendero de su redención.

Pero volviendo al tema central de estos comentarios, insistiremos en la posición internacional que ha tomado el Soviet.

En el duelo político que la Rusia soviética de los primeros años venía sosteniendo con las grandes potencias del mundo, contó siempre con una fuerza que la hacía temible y grandiosa: la de erigirse en metrópoli espiritual de las nacionalidades sometidas.

Entonces Rusia predicaba a la conciencia de los pueblos, despertándoles el afán por organizar sus propias nacionalidades; la URSS parecía desdeñar los empeños de Europa por mantenerla al margen del continente blanco, como si se sintiera orgullosa del papel histórico que le cabía como cerebro y alma de los pueblos irredentos del lejano “Levante”. No se cuidaba de las murallas que se le oponían, porque estaba cierta —como expresó Wilson— de que las ideas penetran por todas partes, como el viento y la luz. Nació de la miseria y del dolor de la guerra, y pensaba que el dolor y la miseria de las grandes potencias la ayudarían a vencer en el mundo.

Pero llegó la hora en que los intereses genuinamente imperialistas de Rusia (¿pues qué otra denotación pueden tener las concesiones ferrocarrileras o los territorios arrebatados por el zarismo por medio de la fuerza o con la amenaza del empleo de la fuerza, a una nación indefensa?) se ven en peligro, y entonces el Soviet no recuerda más su misión libertaria, para convertirse, simplemente, llanamente —hasta en sus procedimientos de arrogancia y de crueldad, de “ultimata” frecuentes y de invasiones armadas— en una de tantas puissances de proie, del tipo de aquéllas otras que avasallan a los pueblos en nombre de la civilización o que desembarcan infantes de marina en cualquier playa indefensa.

El Nacional, 2 de febrero de 1930.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

A través de la manipulación, las élites dominadoras intentan

conformar progresivamente las masas a sus objetivos.

Paulo Freire

Apareció el ausente

Esperando el mundo se deshace y la fruta madura

Federico García Lorca.

 

Hace unos días en este espacio pregunté: ¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde diablos se ha metido?

¿Por qué ya no se deja ver?

Mi respuesta fue que este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que hasta quienes fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo, y los segundos porque le hacen el fuchi.

También transcribí lo que opiné respecto a su aspiración a la candidatura que finalmente ganó el hoy gobernador Melquiades Morales Flores: “Si participas en el proceso interno, le dije en aquella ocasión, perderás debido a que tu principal rival (Melquiades Morales Flores) es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. Concluí, pues, que al exsecretario de Finanzas le había faltado presencia política, es decir, haber dedicado más tiempo a compartir con sus paisanos las buenas y las malas. O dicho en otras palabras: le falló (a él o a su padrino) la estrategia que los “clásicos” llaman baños de pueblo.

Después de algunas consideraciones sobre su personalidad académica y las dificultades que tendría para recuperar lo andado, así como para demostrar a los poblanos que es un cuento lo de su carácter reservado, huraño e iracible.

Días después recibí un correo electrónico enviado por él, mismo que me permitió transmitir íntegro en virtud de que —como lo acostumbran los políticos con oficio— responde las preguntas apuntadas sin entrar en las honduras de las aclaraciones subjetivas:

“Estimado Alejandro:

Te agradezco los amables comentarios que me dedicaste hace unos días en tu columna con el título “El ausente”. No me extraña, como bien dices, que algunas personas ahora me recuerden más por mis muchos defectos que por mis pocas virtudes. Esa es la naturaleza humana y el trato normal a un político que no está en una posición política destacada. Sin embargo, más que explicaciones sobre mi carácter deseo contarte que después de 29 años de trabajo honesto en el servicio público, actualmente estoy dedicado a la actividad privada.

Dedico mucho tiempo a la familia y al rancho en Cuetzalan que fue de mi bisabuelo, de mi padre y que ahora es mío.

Por otro lado, estoy asociado en un despacho con amigos y tengo algunos contratos en varias partes del país asesorando a gobiernos estatales y municipales, así como a algunas empresas privadas.

En la política continúo participando en Puebla como Consejero Político y en México participando en la organización de la próxima Asamblea Nacional en la Comisión para reformar los Estatutos para la elección de dirigentes del (PRI).

Como puedes ver me mantengo ocupado y optimista de que lo mejor de México y de Puebla aún está por venir.

Recibe un afectuoso saludo”

Usted, respetado lector, tiene la última palabra. Sin embargo, me permito recomendarle que no borre de su lista de personalidades a la gubernatura a José Luis Flores Hernández, un hombre cuya formación y oportunidades políticas deben de haberle dejado una espina clavada, misma que estoy seguro tratará de sacársela haciendo uso de su talento, relaciones, coraje, antecedentes y experiencia. Apúntelo pues, al lado de Rafael Moreno Valle Rosas, Germán Sierra Sánchez, Ana Teresa Aranda de Orea y Francisco Fraile García. Al tiempo.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

Resumen de noticias junio 2026

El Coordinador de Comunicación Social

Te presentamos un resumen de las noticias más importantes de la semana

Noticias de la semana

Del 29 de junio al 5 de julio de 2026

 

Copa del Mundo 2026: México 2 – 0 Ecuador (Dieciseisavos de Final)

En partido disputado en el Estadio Azteca el pasado 30 de junio, la Selección Mexicana rompió una racha de 40 años sin ganar un partido de eliminación directa en un Mundial al derrotar 2-0 a su homólogo de Ecuador. Los goles fueron obra de Julián Quiñones y Raúl Jiménez. Con este resultado, el combinado nacional avanzó invicto y sin recibir gol a los Octavos de Final.

Un espejismo de efectividad que capitalizó el peso de la localía y las graves carencias ofensivas de Ecuador. Si bien el planteamiento inicial de Javier Aguirre fue agresivo y asfixió al rival en los primeros 30 minutos, la dosificación del esfuerzo en el segundo tiempo evidenció el histórico mal de este equipo: ceder la iniciativa y replegarse en exceso, una estrategia de alto riesgo frente a sinodales con mayor jerarquía técnica.

Debate Presidencial: Regulación de IA y Uso de Celulares en Educación

La presidenta Claudia Sheinbaum anunció la apertura de foros de consulta nacional para debatir el impacto de las redes sociales en la infancia, la restricción del uso de teléfonos móviles en escuelas de nivel básico y la urgencia de establecer un marco regulatorio integral para la Inteligencia Artificial en México.

La iniciativa ataca un problema de salud pública y pedagogía impostergable, pero el reto no radica en el diagnóstico sino en la viabilidad de su aplicación. Intentar regular la IA en un país con brechas digitales tan profundas y con un entramado institucional de transparencia debilitado arriesga a generar un marco meramente punitivo o inaplicable que inhiba la innovación en lugar de proteger los derechos digitales de los ciudadanos.

Estrategia Comercial T-MEC: Postura de Marcelo Ebrard

El Secretario de Economía, Marcelo Ebrard, aclaró de manera oficial que México no optará por postergar la definición del Tratado de Libre Comercio hasta el límite técnico del año 2036. En su lugar, el gobierno mexicano buscará un esquema de revisiones anuales activas para desarticular controversias de manera ágil con los socios del norte.

La propuesta de revisiones anuales es un arma de doble filo. Aunque se presenta como una vía diplomática para resolver disputas energéticas y agrícolas sobre la marcha, inyecta un factor de incertidumbre permanente para las inversiones a largo plazo bajo el modelo del *nearshoring*. Ebrard intenta amortiguar el impacto político de los procesos electorales internos de Estados Unidos y Canadá, pero expone la economía nacional a una negociación geopolítica perpetua.

Filtración en Puebla: Fotoinfracciones en Comitiva Oficial

Registros vehiculares difundidos en plataformas digitales exponen que una de las camionetas blindadas asignadas a la comitiva oficial de la gubernatura de Puebla acumula múltiples fotoinfracciones vigentes en las vialidades del estado por exceder flagrantemente los límites de velocidad permitidos.

Más allá de la indignación en redes, el hecho fractura el discurso oficial de legalidad y austeridad. Las unidades de seguridad pública o protección ejecutiva están obligadas a ceñirse a los reglamentos de tránsito locales, salvo en emergencias operativas debidamente justificadas. La omisión del pago o la justificación de estas multas alimenta la percepción ciudadana de un régimen de privilegios e impunidad selectiva.

Reordenamiento Territorial: Iniciativa de Licencias de Uso de Suelo del Gobierno de Puebla

El Ejecutivo del Estado de Puebla envió una iniciativa de reforma al Congreso Local con el propósito de que el Gobierno del Estado concentre las facultades de expedición, control y dictaminación de licencias de uso de suelo en proyectos catalogados como estratégicos, de alto impacto o de infraestructura estatal. Esta atribución técnica e impositiva recae actualmente en las administraciones de los 217 ayuntamientos de la entidad.

Esta propuesta representa una centralización administrativa que tensa directamente el Pacto Federal y vulnera la autonomía municipal consagrada en el Artículo 115 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Aunque el discurso oficial justifica la medida bajo la premisa de agilizar la obra pública estatal, dar certeza jurídica a las inversiones frente al *nearshoring* y mitigar la corrupción de los "cárteles inmobiliarios" locales, en la práctica el Estado arrebata a los municipios un mecanismo clave de recaudación y ordenamiento territorial. El riesgo inmediato es la creación de un cuello de botella burocrático en las dependencias estatales, desatendiendo de manera tajante las necesidades y problemáticas geográficas específicas de cada comunidad al interior del estado.

Ataque al Periodista Marcos Ramos en Chiapas

El periodista regional Marcos Ramos fue víctima de un atentado armado en el estado de Chiapas, resultando herido mientras realizaba la cobertura de la situación de seguridad en la zona fronteriza. Las autoridades locales iniciaron la carpeta de investigación correspondiente.

Chiapas se consolida como una de las zonas de mayor riesgo e indefensión para la prensa en el país. El ataque a Ramos evidencia la ineficacia crónica del Mecanismo Federal de Protección a Periodistas frente al empoderamiento de los poderes fácticos en las entidades. La normalización de la violencia contra comunicadores regionales silencia la información local y perpetúa zonas de opacidad informativa total.

Polémica en el Tri: Devolución de Relojes Rolex a Influencer Estadounidense

El creador de contenido estadounidense Stephen Deleonardis, conocido como *Steve Will Do It*, obsequió relojes Rolex (con un valor total estimado en más de un millón de dólares) a los jugadores y cuerpo técnico de la Selección Mexicana tras la victoria ante Ecuador. El influencer entregó las piezas en el Centro de Alto Rendimiento (CAR) como "recompensa" al haber ganado una apuesta de 2 millones de dólares a favor del Tri. Sin embargo, apenas 24 horas después de viralizarse los videos, la Selección Nacional de México emitió un comunicado oficial confirmando que, de común acuerdo, el plantel decidió regresar la totalidad de las piezas de alta gama al youtuber.

Un acierto institucional que evitó una inminente sanción de escritorio. Aunque los futbolistas recibieron los obsequios con entusiasmo inicial en redes sociales, la Federación Mexicana de Futbol (FMF) reaccionó de forma pragmática frente al estricto Código de Ética de la FIFA, el cual prohíbe explícitamente la aceptación de dádivas de gran valor económico para blindar la integridad del torneo frente a sospechas de manipulación o influencia externa. Más allá del desenlace legal, el episodio evidencia la preocupante vulnerabilidad de los filtros de concentración del equipo nacional, permitiendo el ingreso de personajes ajenos con agendas de monetización digital en pleno desarrollo de la Copa del Mundo.

Caso Ismael "El Mayo" Zambada: Apertura de Información

En respuesta a las solicitudes institucionales y presiones diplomáticas, se liberaron nuevos fragmentos de información, bitácoras aéreas y reportes de inteligencia judicial respecto al operativo que derivó en la detención y traslado de Ismael "El Mayo" Zambada a los Estados Unidos.

La paulatina apertura de esta información confirma las severas grietas de comunicación y la desconfianza estructural en la relación bilateral de inteligencia entre México y las agencias estadounidenses (DEA/FBI). La narrativa oficial se ha visto obligada a corregir y matizar sus posturas originales conforme la justicia norteamericana expone sus evidencias, comprometiendo el discurso de soberanía nacional en el combate a la delincuencia organizada.

Copa del Mundo 2026: México 2 – 3 Inglaterra (Octavos de Final)

En un encuentro calificado como un clásico instantáneo, la Selección Mexicana quedó eliminada de la Copa del Mundo tras caer 3-2 ante Inglaterra en el Estadio Azteca. Los británicos se adelantaron con un doblete de Jude Bellingham y un penal de Harry Kane; por México respondieron Julián Quiñones y Raúl Jiménez por la vía penal. Inglaterra jugó con 10 hombres desde el minuto 54 por la expulsión de Jarell Quansah.

El fin del sueño mundialista desnudó las carencias del fútbol mexicano ante las potencias de élite. Aunque el equipo de Aguirre mostró carácter y combatividad al jugar en superioridad numérica gran parte del segundo tiempo, los errores groseros en las coberturas defensivas durante el primer lapso costaron la eliminación. La falta de variantes tácticas y la dependencia absoluta de las individualidades veteranas demuestran que el verdadero nivel de México sigue estando lejos de los primeros planos del fútbol internacional.

Feminicidio de la Periodista Roxana Guzmán en Veracruz

El cuerpo sin vida de la periodista veracruzana Roxana Guzmán fue localizado con huellas de violencia. Organizaciones civiles, colectivos periodísticos y agencias internacionales de derechos humanos exigieron a la Fiscalía del Estado la aplicación inmediata del protocolo de feminicidio y la atracción del caso con base en su actividad profesional.

El asesinato de Roxana Guzmán reactiva la alerta máxima sobre Veracruz, un territorio históricamente letal para los trabajadores de los medios de comunicación. Abordar este crimen exige una fiscalía local que actúe con rigor técnico y perspectiva de género, rompiendo de forma tajante el vicio institucional de la criminalización de las víctimas o la desestimación de su labor informativa como el móvil principal del crimen. La impunidad en estos casos perpetúa el mensaje de que matar a un periodista en México carece de consecuencias legales.

Redacción Réplica

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—Vean ustedes lo que encontré sobre mi escritorio. Es dinero que dejó algún pendejo con la clara intención de comprometerme, de corromperme. Voy a investigar y cuando agarre al autor de este atentado, les prometo que lo llevaré a juicio. Y si puedo yo mismo fusilaré al cabrón. —Volteó a ver la foto del presidente en turno antes de justificar con energía castrense: —El jefe máximo no tendrá inconveniente.

Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad.

John Kenneth Galbraith

Llegué con el entonces director del Canal 13. Me recibió entusiasta y comunicativo. Después del saludo de amigos, soltó una información que, de haberse difundido en esa época, habría causado un revuelo internacional:

“Ya verán cómo se las gastan los revolucionarios”, ironizó uno de los estrategas de Mucio P. Martínez. No obstante, los simpatizantes de Francisco I. Madero desdeñaron la información, quizá porque faltaba poco para que el presidente León de la Barra dejara el poder a Madero...

Todo lo que se ignora, se desprecia.

Antonio Machado

Una vieja historia que renuevan los modernos virreyes...

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