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EL IMPERIALISMO SOVIÉTICO EN EL EXTREMO ORIENTE

Entre las huestes comunistas de nuestro país, ingenuas, candorosas e inocuas, es general la creencia de que el régimen soviético libra a las naciones de todas las miserias propias de los sistemas políticos adoptados por los Estados burgueses y las expurga de la infamante tarea del imperialismo. Quien se enfrenta con éste, lógicamente se veda a sí mismo de caer en los vicios que afanosamente combate. No se explicaría que un país que se defiende de las acechanzas de una grande potencia, se volviera contra su vecino —más pequeño y débil aún— para domeñarlo. Y sin embargo este es el caso de la Rusia soviética.

La URSS desarrolla un programa de expansión imperialista, que no difiere en sus propósitos ni en sus métodos, de los métodos y los propósitos que presidieron la política del zarismo.

Para probar este aserto será bastante con retroceder al lector al creciente conflicto chino-soviético —no solucionado aún en definitiva— que por momentos hizo pensar en la inminencia de una nueva contienda internacional —discrimen o prolegómeno de una futura conflagración general.

En la pugna de China con el Soviet, que involucró a Norteamérica como tercero en discordia, se destacan: el interés de la nacionalidad china, cuyo pueblo al despertar a la conciencia de sus deberes y responsabilidades, va destruyendo el estatuto plagado de servidumbres y humillaciones que le fue impuesto paulatinamente por las potencias, y el interés de dos imperialismos que chocan entre sí: el ruso —éste representado por los soviets, por la monarquía o por la democracia burguesa— y el norteamericano; con la circunstancia de que el imperialismo norteamericano implica para los chinos un mal menor, y lo utilizan, por tanto, como instrumento en su ruda tarea de liberación.

La medida drástica —brutal si se quiere— adoptada por los nacionalistas chinos al incautarse del ferrocarril ruso que atraviesa por la Manchuria, expulsando al personal designado por Moscú, no fue sino un acto de fuerza por medio del cual pretendieron los chinos —inútilmente hasta hoy— destruir una de tantas concesiones arrebatadas asimismo por la fuerza a la nación china, cuando se hallaba indefensa y atemorizada, bajo la férula de su indolente monarquía.

Ciertamente, los nacionalistas de hoy, buscando la realización de sus propósitos, vincularon su causa con el interés norteamericano de penetrar al mercado manchú. Pero tales procedimientos a nadie deben causar extrañeza, ya que es esa, justamente, la táctica defensiva de China; y el Estado que aprovecha las antinomias que advierte en los intereses de las diversas potencias, para obtener la abolición de un régimen intolerable, de concesiones y de privilegios, que todas ellas impusieron de consumo, no debe merecer más que la admiración de los hombres dotados de un espíritu recto.

El nacionalista chino supo aprovechar la propaganda que el interés ruso llevó a su territorio, no sólo para vencer a los “tuehu-nes” (caudillos militares que dominaban en China a la manera medieval y que se sometían en todo a los mandatos de las potencias), despertando en la colectividad el sentimiento de la unidad nacional, sino también para cercenar el poderío de las potencias occidentales y del Japón, hasta obligar a aquéllas y a éste a modificar sensiblemente los antiguos tratados unilaterales por otros en que la injusticia es menos palmaria aunque aún subsisten muchos privilegios para los extranjeros; ahora, el mismo nacionalista apoya, haciéndolo suyo, el interés de Norteamérica, que juzga menos nocivo, frente al interés ruso; y mañana se aliará con otras potencias para arruinar a su rival, hasta que por fin logre la redención de su patria, recuperando todos los atributos inherentes a la soberanía nacional.

¿Qué de extraño tiene esa política, cuando es la que secularmente —y no con finalidades de tal modo levantadas— han seguido las potencias? ¿Qué de inmoral, cuando va enderezada en contra de aquellos poderes que no experimentaron el menor escrúpulo en hacer de la China indefensa y abatida y somnolienta, terreno propicio para todas las concupiscencias internacionales?

No es menester averiguar la veracidad de la afirmación soviética —ni siquiera desmentida por la cancillería norteamericana— de que el secretario Stimson propuso la neutralización del ferrocarril ruso que corre por la Manchuria, para tomar el hecho por cierto.

Ese es un viejo anhelo de nuestros vecinos del septentrión. Ya en 1910, a la hora en que Rusia y el Japón negociaban los intereses de ambas potencias en la Manchuria, pasando de la enemistad a la alianza en el lapso de un lustro contado después de la guerra ruso-japonesa, el secretario Knox formulaba la proposición que hace pocas semanas atribuyó el Soviet al coronel Stimson.

Lo interesante es observar que el imperialismo zarista se opuso a los designios de Knox con igual decisión aunque no con la misma vehemencia —con que hoy se oponen los “Comisarios del Pueblo” a los designios de Stimson esto es: el imperialismo ruso, en 1910 o en 1929, siempre se opuso a la organización imperialista norteamericana en Manchuria, que hoy apoyan los nacionalistas chinos.

A guisa de ilustración, y aunque no sea necesario para demostrar la fuerza de la proposición que sustenta este artículo, recordará al lector que la Manchuria ha sido el punto de partida de los grandes conflictos de Oriente. Por la hegemonía sobre ella se produjo la guerra ruso-japonesa, hasta lograr el Mikado la cesión en su favor de las concesiones “de alquiler” arrebatadas por Rusia a China el 27 de marzo de 1898: Puerto Arturo, Talienwan y las aguas adyacentes. La guerra manchuriana culminó en la alianza anglo-japonesa, destruida diez y siete años más tarde por exigencias rotundas de Hughes. Y la Manchuria, en fin, constituye el obstáculo mayor para forjar la unidad china, hasta que ocurrió la formidable derrota de los “tsines” norteños y la trágica muerte del mariscal-bandolero Chang Tso Liu.

La conquista del mercado manchú puede ser causa de una de las grandes crisis que perturben la paz del mundo, y de fijo que a estas horas aumenta las preocupaciones de los estadistas reunidos en las conferencias llamadas del desarme naval que se registran en Londres. Sólo que en esta ocasión las potencias no podrán decretar la suerte de la Manchuria a espaldas de China, porque China ha dejado de ser “un gran cuerpo social sin músculos y sin cabeza” —como lo calificaron los comisionados de investigación rusos en 1908— para convertirse en una nacionalidad que resurge a la vida, que tiene voluntad, que adquiere pujanza y que, sobre todo, cuenta con estadistas capaces de conducirla por el sendero de su redención.

Pero volviendo al tema central de estos comentarios, insistiremos en la posición internacional que ha tomado el Soviet.

En el duelo político que la Rusia soviética de los primeros años venía sosteniendo con las grandes potencias del mundo, contó siempre con una fuerza que la hacía temible y grandiosa: la de erigirse en metrópoli espiritual de las nacionalidades sometidas.

Entonces Rusia predicaba a la conciencia de los pueblos, despertándoles el afán por organizar sus propias nacionalidades; la URSS parecía desdeñar los empeños de Europa por mantenerla al margen del continente blanco, como si se sintiera orgullosa del papel histórico que le cabía como cerebro y alma de los pueblos irredentos del lejano “Levante”. No se cuidaba de las murallas que se le oponían, porque estaba cierta —como expresó Wilson— de que las ideas penetran por todas partes, como el viento y la luz. Nació de la miseria y del dolor de la guerra, y pensaba que el dolor y la miseria de las grandes potencias la ayudarían a vencer en el mundo.

Pero llegó la hora en que los intereses genuinamente imperialistas de Rusia (¿pues qué otra denotación pueden tener las concesiones ferrocarrileras o los territorios arrebatados por el zarismo por medio de la fuerza o con la amenaza del empleo de la fuerza, a una nación indefensa?) se ven en peligro, y entonces el Soviet no recuerda más su misión libertaria, para convertirse, simplemente, llanamente —hasta en sus procedimientos de arrogancia y de crueldad, de “ultimata” frecuentes y de invasiones armadas— en una de tantas puissances de proie, del tipo de aquéllas otras que avasallan a los pueblos en nombre de la civilización o que desembarcan infantes de marina en cualquier playa indefensa.

El Nacional, 2 de febrero de 1930.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

A través de la manipulación, las élites dominadoras intentan

conformar progresivamente las masas a sus objetivos.

Paulo Freire

Apareció el ausente

Esperando el mundo se deshace y la fruta madura

Federico García Lorca.

 

Hace unos días en este espacio pregunté: ¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde diablos se ha metido?

¿Por qué ya no se deja ver?

Mi respuesta fue que este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que hasta quienes fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo, y los segundos porque le hacen el fuchi.

También transcribí lo que opiné respecto a su aspiración a la candidatura que finalmente ganó el hoy gobernador Melquiades Morales Flores: “Si participas en el proceso interno, le dije en aquella ocasión, perderás debido a que tu principal rival (Melquiades Morales Flores) es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. Concluí, pues, que al exsecretario de Finanzas le había faltado presencia política, es decir, haber dedicado más tiempo a compartir con sus paisanos las buenas y las malas. O dicho en otras palabras: le falló (a él o a su padrino) la estrategia que los “clásicos” llaman baños de pueblo.

Después de algunas consideraciones sobre su personalidad académica y las dificultades que tendría para recuperar lo andado, así como para demostrar a los poblanos que es un cuento lo de su carácter reservado, huraño e iracible.

Días después recibí un correo electrónico enviado por él, mismo que me permitió transmitir íntegro en virtud de que —como lo acostumbran los políticos con oficio— responde las preguntas apuntadas sin entrar en las honduras de las aclaraciones subjetivas:

“Estimado Alejandro:

Te agradezco los amables comentarios que me dedicaste hace unos días en tu columna con el título “El ausente”. No me extraña, como bien dices, que algunas personas ahora me recuerden más por mis muchos defectos que por mis pocas virtudes. Esa es la naturaleza humana y el trato normal a un político que no está en una posición política destacada. Sin embargo, más que explicaciones sobre mi carácter deseo contarte que después de 29 años de trabajo honesto en el servicio público, actualmente estoy dedicado a la actividad privada.

Dedico mucho tiempo a la familia y al rancho en Cuetzalan que fue de mi bisabuelo, de mi padre y que ahora es mío.

Por otro lado, estoy asociado en un despacho con amigos y tengo algunos contratos en varias partes del país asesorando a gobiernos estatales y municipales, así como a algunas empresas privadas.

En la política continúo participando en Puebla como Consejero Político y en México participando en la organización de la próxima Asamblea Nacional en la Comisión para reformar los Estatutos para la elección de dirigentes del (PRI).

Como puedes ver me mantengo ocupado y optimista de que lo mejor de México y de Puebla aún está por venir.

Recibe un afectuoso saludo”

Usted, respetado lector, tiene la última palabra. Sin embargo, me permito recomendarle que no borre de su lista de personalidades a la gubernatura a José Luis Flores Hernández, un hombre cuya formación y oportunidades políticas deben de haberle dejado una espina clavada, misma que estoy seguro tratará de sacársela haciendo uso de su talento, relaciones, coraje, antecedentes y experiencia. Apúntelo pues, al lado de Rafael Moreno Valle Rosas, Germán Sierra Sánchez, Ana Teresa Aranda de Orea y Francisco Fraile García. Al tiempo.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA DECADENCIA DEL TRIÁNGULO INTERNACIONAL

Sorprende al mundo el año de 1930: planteando en el campo de la política internacional problemas de la mayor gravedad y trascendencia que haya debido confrontar la humanidad en la última década. No se han elaborado aún los últimos arreglos que han de servir a manera de remate de la estructura económica de la postguerra; no se han puesto las signaturas finales con que se cierre la página inquietante que proyectó la liquidación económica de la guerra —con todo su acervo complejo de adeudos internacionales y de convenios para el pago de reparaciones—; no se ha finiquitado, en suma, esta grave cuestión que apareja, involucra y engendra otros problemas políticos y sociales de primera importancia, cuando ya los estadistas de las cinco grandes potencias navales —Inglaterra, Estados Unidos de América, Japón, Francia e Italia—, so pretexto de buscar el desarme naval, se ven compelidos, en realidad a ajustar su poderío e influencia como imperios que se atribuyen —en mayor o menor grado— la hegemonía política sobre el orbe.

Las conferencias que de aquí a pocos días van a iniciarse en la capital británica, están llamadas a determinar el ritmo de la política exterior de las primeras potencias; porque previamente a ellas se han destruido viejas alianzas y se han proyectado nuevas “ententes”, se ha alterado sensiblemente el cauce por donde discurrían, aquietándose las turbulentas corrientes de la vida interestatal, y es menester, en consecuencia estructurar una nueva armadura o establecer un nuevo equilibrio internacional.

No es sólo el interés propio de los hombres que han abierto su espíritu a las grandes inquietudes y emociones alemanas lo que debe movernos a contemplar, en su contenido básico y en sus inflexiones, un acontecimiento —o sucesión de acontecimientos— de tamaña magnitud. Es, además, y sobre todo: el deber que tienen todos los pueblos —sin excluir a los débiles o pequeños— de comprender cuál es la ruta y cuáles los designios y los intereses y las ambiciones en pugna de los grandes Estados, lo que impele al escritor a desentrañar la verdad de estos sucesos; ya que, fatalmente, la interdependencia de los Estados, que condiciona la vida moderna, no permite a las pequeñas naciones substraerse, a la influencia de la rotación de las grandes potencias. Como que las perspectivas de paz o de guerra —mediata o inmediata— afectan por entero a la humanidad.

El legado de 1929

Ya en el plano concreto de la observación, claramente se advierte que el ambiente predominante al iniciarse este año de 1930, es muy otro que aquel que prevalecía al comienzo de 1929. Si los años —convencional medida de tiempo— tienen un valor histórico por los acontecimientos que en su lapso comprenden, este año de 1929 dejó una profunda huella de desconcierto en el campo de la política internacional: desconcierto que se traduce en inquietud y en zozobra que es urgente calmar.

Ciertamente, a 1929 se le legaron graves problemas, de entre los cuales dos —el de la liquidación económica de la guerra y el de la evacuación anticipada de la Alemania— están a punto de quedar básicamente resueltos; pero en cambio 1929 heredó un espíritu de cordialidad y un orden político que se antojaba inalterable en tanto que legó a 1930 notas amargas, rencores mal contenidos y actitudes intransigentes.

Al principiar 1929 el luminoso triángulo de la paz —Briand-Chamberlain-Stressemann— sólidamente constituido, que nada hacía sospechar un cambio sustancial en los lineamientos o en el espíritu de la política trazada por tan conspicuos hombres de Estado. Sin embargo, a 1930 lo han saludado los sedicentes nacionalismos, rencorosos, desconfiados o altaneros, cuyo espíritu ha sustituido al espíritu de concordia que tuvo su culminación en Locarno y en Ginebra.

Del trinomio Briand-Chamberlain-Stressemann no resta nada. El Bismarck de la paz rindió su tributo a la muerte, empujado por la intensa tarea que le imponían las resistencias “nacionalistas” y revancheras: Sir Chamberlain ha pasado a la penumbra —momentánea o definitiva— corriendo la suerte de su partido, mientras Mac-Donald y Snowden destruyen con saña toda la armadura forjada por L’entente Briand-Chamberland; y Briand, el viejo batallador, el más selecto y el más universal espíritu de Europa, apenas si es, en el Quai d’Orsay, una facade que no logra encubrir la política dura de André Aardieu.

De “L’entente” europea a “L’entente” anglo-sajona

Esta decadencia de los hombres que mayor influencia han ejercido en el mundo occidental en el último lustro —de los hombres cuya gestión disipó las tormentas que ya se anunciaban en 1923—; esta decadencia acusa la más formidable y más grave transformación del orden político internacional, que se haya conocido en la postguerra.

Cuando Snowden, con sus exabruptos, fueteó el rostro de Henry Chéron —el obeso ministro de Hacienda de Francia—, el hecho parecía tener solamente un valor anecdótico —fuerte, pero circunstancial—. A nadie se le ocurría que al margen de la pelea por diez millones de dólares anuales que reclamaba el canciller del Tesoro británico, se engendraba la más radical transformación de la arquitectura política internacional. El mismo Briand, por salvar los convenios llamados a liquidar el pasivo económico de la guerra, pensando y obrando a impulsos de su sensibilidad más europea que francesa, soportó con paciencia las tremendas boutades del delegado británico y hurgó acá y acullá hasta encontrar los millones reclamados por el tesoro de Albión.

Pero la resignación de Briand y el sacrificio pecuniario de cuantos cedieron por satisfacer las demandas inglesas, no fueron bastantes para volver las corrientes políticas a su cauce habitual. En realidad, el programa del nuevo gobierno británico comprendía un cambio radical de la política del Imperio. Así pues, el episodio de Snowden era la iniciación de una marcha por derroteros distintos.

El pueblo inglés saludó con vítores de entusiasmo al triunfador de La Haya. No era solamente l’entente personal Briand-Chamberlain la que quedaba deshecha; era sobre todo, l’entente franco-británica la que tocaba a su fin; entente que hizo posible la guerra y la victoria sobre el militarismo prusiano, y que servía de sustento al nuevo equilibrio europeo.

Inglaterra —se pensó— volvía al “espléndido aislamiento” que proclamaran los viejos liberales. Mac-Donald —se dijo—, no ha hecho otra cosa que levantar el ánimo del partido en derrota.

Pero no. Mac-Donald iba más lejos. Mac-Donald cambiaba l’entente franco-británica que le aseguraba la hegemonía sobre Europa, por l’entente anglo-yanqui que le asegura la hegemonía del mundo.

Este es el verdadero sentido de la situación internacional que prevalece en esta hora histórica.

Tardieu vs Snowden

Ante la ruptura de los vínculos franco-británicos que se forjaron en 1904 frente a la amenaza del predominio del kaiser Guillermo y que se solidificaron en los años angustiosos de la guerra; y ante las asperezas de los actuales ministros ingleses contra Francia, la exaltación del Partido Laborista británico al poder no podía repercutir —como se esperaba y como aconteció en 1924— como un fenómeno favorable a los partidos de la izquierda francesa sensibles a la concordia y fervorosos de la paz. Era demasiado violenta la actitud de Snowden y asaz trascendente la nueva orientación impresa a la política internacional por Mac-Donald para que no se operara en Francia un movimiento de reacción —casi instintivo— hacia Tardieu, hacia Maginot, hacia Marín, hacia todos esos hombres, en fin que mantienen la tradición “clemencista” de desconfianza y de rencores.

Y entre tanto esto ocurre en Inglaterra y en Francia, en Alemania ha desaparecido el más alto y más hábil estadista de nuestro tiempo —Stressemann—, y vuelven a cobrar fuerza los vástagos del kaiserismo que parecían definitivamente vencidos.

Este es el panorama espiritual que se observa en Europa en los albores de este año de 1930, cuando las grandes potencias del mundo, a pretexto de buscar el desarme naval, van a reunirse para ajustar su poderío e influencia como imperios que se atribuyen la hegemonía sobre el orbe.

El Nacional, 9 de enero de 1930.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

Todo poder es una conspiración permanente.

Honoré de Balzac

El ausente

Quien crea que la vida carece de sentido, no solo es desgraciado, sino casi incapaz de sobrevivir.

Einstein.

 

¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde se ha metido? ¿Por qué ya no se deja ver?

Son preguntas obligadas porque parece que se lo tragó la tierra. Nadie sabe qué es lo que hace el que fuera Secretario de Finanzas –junto con el hoy gobernador y Germán Sierra Sánchez, aspirante también por la gubernatura del estado–, coordinador de la diputación federal poblana y director general de Banobras.

Este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que también aquellos que fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo. Y los segundos porque le hacen el fuchi, no obstante que hasta hace unos meses todavía ponderaban su capacidad y presumían su preparación. Son actitudes que de alguna manera comprueban que José Luis Flores se equivocó de estrategia política, de amigos, de colaboradores e incluso hasta de padrino.

Alguna vez este columnista le dijo frente a Luis Antonio Godina lo que probablemente nadie le había dicho (lo repito de memoria): “Si participas en el proceso interno perderás debido a que tu principal rival es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. No me lo creyó. Después ocurrió lo que el lector sabe. Y sus corifeos sufrieron una derrota de la cual todavía no se recuperan, entre otras cosas, porque dedicaron su esfuerzo y tiempo electoral a lanzar toda clase de infundios y epítetos en contra del entonces precandidato Melquiades Morales, para ellos el enemigo a vencer (en otra ocasión le daré nombres, pelos y señas).

Lo que le faltó a José Luis Flores Hernández fue presencia pública, es decir, haber compartido con sus paisanos las buenas y las malas. Por ello inició su carrera política a contrapelo y se hizo notable su desarraigo: cuando llegó a la entidad tenía varios años de haber estado ausente obligado, desde luego, por sus estudios profesionales en el Distrito Federal y los posteriores en Estados Unidos. También por su trabajo en el gobierno federal y más tarde en el vecino país. De ahí que su arribo fuera algo casual ya que prácticamente sin conocerlo ni haberlo planeado Manuel Bartlett lo invitó a colaborar: José Ángel Gurría (amigo de ambos) le dio la sorpresa diciéndole que lo había recomendado con quien gobernaría el estado de Puebla.

Así fue como José Luis Flores apareció en la entidad. Lo precedía un interesante esfuerzo académico y todo tipo de reconocimientos profesionales. Sin embargo, quizás por su trayectoria en el ámbito financiero, nunca pudo quitarse de encima el toque de superioridad que reciben quienes adquieren su preparación en el “primer mundo”. Esto propició que desde su llegada a Puebla (supongo que sin quererlo) dejara ver una actitud de menosprecio hacia los poblanos que no habían tenido la oportunidad de estudiar en la nación del Tío Sam o que no pensaban en inglés o que no pertenecían a su círculo académico-social. Y como en sus nuevos colaboradores existía esa apreciación, al siguiente mes de su nombramiento, empezó a escucharse (en voz baja, claro) los comentarios en su contra. Por ejemplo: se dijo que era déspota, de mal carácter, grosero con el personal, inestable emocionalmente, exigente al grado de paroxismo, petulante, selectivo en la relación con los demás secretarios, aislado, a la sociedad angelopolitana, explosivo y poco afecto a relacionarse con su personal. Y lo peor es que durante los primeros años de su gestión la sociedad nunca lo vio o si lo hizo fue como si tratase de una persona emocionalmente lejana.

Imagino que a estas alturas ha de estar pensando “qué gano con visitar la ciudad de Puebla”.

Tal vez empero, cada día se ve más difícil que José Luis recupere lo andado y nos demuestre que es un cuento aquello de que tiene un carácter reservado y huraño. Esto porque por una parte quedó emocionalmente herido (candidatura, amigos, subordinados y colaboradores de campaña). Y por la otra debido a que los poblanos difícilmente aceptan o perdonan a quienes en el primer fracaso o incluso antes se alejan de ellos.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

EL IMPERIALISMO SOVIÉTICO EN EL EXTREMO ORIENTE

Entre las huestes comunistas de nuestro país, ingenuas, candorosas e inocuas, es general la creencia de que el régimen soviético libra a las naciones de todas las miserias propias de los sistemas políticos adoptados por los Estados burgueses y las expurga de la infamante tarea del imperialismo. Quien se enfrenta con éste, lógicamente se veda a sí mismo de caer en los vicios que afanosamente combate. No se explicaría que un país que se defiende de las acechanzas de una grande potencia, se volviera contra su vecino —más pequeño y débil aún— para domeñarlo. Y sin embargo este es el caso de la Rusia soviética.

La URSS desarrolla un programa de expansión imperialista, que no difiere en sus propósitos ni en sus métodos, de los métodos y los propósitos que presidieron la política del zarismo.

Para probar este aserto será bastante con retroceder al lector al creciente conflicto chino-soviético —no solucionado aún en definitiva— que por momentos hizo pensar en la inminencia de una nueva contienda internacional —discrimen o prolegómeno de una futura conflagración general.

En la pugna de China con el Soviet, que involucró a Norteamérica como tercero en discordia, se destacan: el interés de la nacionalidad china, cuyo pueblo al despertar a la conciencia de sus deberes y responsabilidades, va destruyendo el estatuto plagado de servidumbres y humillaciones que le fue impuesto paulatinamente por las potencias, y el interés de dos imperialismos que chocan entre sí: el ruso —éste representado por los soviets, por la monarquía o por la democracia burguesa— y el norteamericano; con la circunstancia de que el imperialismo norteamericano implica para los chinos un mal menor, y lo utilizan, por tanto, como instrumento en su ruda tarea de liberación.

La medida drástica —brutal si se quiere— adoptada por los nacionalistas chinos al incautarse del ferrocarril ruso que atraviesa por la Manchuria, expulsando al personal designado por Moscú, no fue sino un acto de fuerza por medio del cual pretendieron los chinos —inútilmente hasta hoy— destruir una de tantas concesiones arrebatadas asimismo por la fuerza a la nación china, cuando se hallaba indefensa y atemorizada, bajo la férula de su indolente monarquía.

Ciertamente, los nacionalistas de hoy, buscando la realización de sus propósitos, vincularon su causa con el interés norteamericano de penetrar al mercado manchú. Pero tales procedimientos a nadie deben causar extrañeza, ya que es esa, justamente, la táctica defensiva de China; y el Estado que aprovecha las antinomias que advierte en los intereses de las diversas potencias, para obtener la abolición de un régimen intolerable, de concesiones y de privilegios, que todas ellas impusieron de consumo, no debe merecer más que la admiración de los hombres dotados de un espíritu recto.

El nacionalista chino supo aprovechar la propaganda que el interés ruso llevó a su territorio, no sólo para vencer a los “tuehu-nes” (caudillos militares que dominaban en China a la manera medieval y que se sometían en todo a los mandatos de las potencias), despertando en la colectividad el sentimiento de la unidad nacional, sino también para cercenar el poderío de las potencias occidentales y del Japón, hasta obligar a aquéllas y a éste a modificar sensiblemente los antiguos tratados unilaterales por otros en que la injusticia es menos palmaria aunque aún subsisten muchos privilegios para los extranjeros; ahora, el mismo nacionalista apoya, haciéndolo suyo, el interés de Norteamérica, que juzga menos nocivo, frente al interés ruso; y mañana se aliará con otras potencias para arruinar a su rival, hasta que por fin logre la redención de su patria, recuperando todos los atributos inherentes a la soberanía nacional.

¿Qué de extraño tiene esa política, cuando es la que secularmente —y no con finalidades de tal modo levantadas— han seguido las potencias? ¿Qué de inmoral, cuando va enderezada en contra de aquellos poderes que no experimentaron el menor escrúpulo en hacer de la China indefensa y abatida y somnolienta, terreno propicio para todas las concupiscencias internacionales?

No es menester averiguar la veracidad de la afirmación soviética —ni siquiera desmentida por la cancillería norteamericana— de que el secretario Stimson propuso la neutralización del ferrocarril ruso que corre por la Manchuria, para tomar el hecho por cierto.

Ese es un viejo anhelo de nuestros vecinos del septentrión. Ya en 1910, a la hora en que Rusia y el Japón negociaban los intereses de ambas potencias en la Manchuria, pasando de la enemistad a la alianza en el lapso de un lustro contado después de la guerra ruso-japonesa, el secretario Knox formulaba la proposición que hace pocas semanas atribuyó el Soviet al coronel Stimson.

Lo interesante es observar que el imperialismo zarista se opuso a los designios de Knox con igual decisión aunque no con la misma vehemencia —con que hoy se oponen los “Comisarios del Pueblo” a los designios de Stimson esto es: el imperialismo ruso, en 1910 o en 1929, siempre se opuso a la organización imperialista norteamericana en Manchuria, que hoy apoyan los nacionalistas chinos.

A guisa de ilustración, y aunque no sea necesario para demostrar la fuerza de la proposición que sustenta este artículo, recordará al lector que la Manchuria ha sido el punto de partida de los grandes conflictos de Oriente. Por la hegemonía sobre ella se produjo la guerra ruso-japonesa, hasta lograr el Mikado la cesión en su favor de las concesiones “de alquiler” arrebatadas por Rusia a China el 27 de marzo de 1898: Puerto Arturo, Talienwan y las aguas adyacentes. La guerra manchuriana culminó en la alianza anglo-japonesa, destruida diez y siete años más tarde por exigencias rotundas de Hughes. Y la Manchuria, en fin, constituye el obstáculo mayor para forjar la unidad china, hasta que ocurrió la formidable derrota de los “tsines” norteños y la trágica muerte del mariscal-bandolero Chang Tso Liu.

La conquista del mercado manchú puede ser causa de una de las grandes crisis que perturben la paz del mundo, y de fijo que a estas horas aumenta las preocupaciones de los estadistas reunidos en las conferencias llamadas del desarme naval que se registran en Londres. Sólo que en esta ocasión las potencias no podrán decretar la suerte de la Manchuria a espaldas de China, porque China ha dejado de ser “un gran cuerpo social sin músculos y sin cabeza” —como lo calificaron los comisionados de investigación rusos en 1908— para convertirse en una nacionalidad que resurge a la vida, que tiene voluntad, que adquiere pujanza y que, sobre todo, cuenta con estadistas capaces de conducirla por el sendero de su redención.

Pero volviendo al tema central de estos comentarios, insistiremos en la posición internacional que ha tomado el Soviet.

En el duelo político que la Rusia soviética de los primeros años venía sosteniendo con las grandes potencias del mundo, contó siempre con una fuerza que la hacía temible y grandiosa: la de erigirse en metrópoli espiritual de las nacionalidades sometidas.

Entonces Rusia predicaba a la conciencia de los pueblos, despertándoles el afán por organizar sus propias nacionalidades; la URSS parecía desdeñar los empeños de Europa por mantenerla al margen del continente blanco, como si se sintiera orgullosa del papel histórico que le cabía como cerebro y alma de los pueblos irredentos del lejano “Levante”. No se cuidaba de las murallas que se le oponían, porque estaba cierta —como expresó Wilson— de que las ideas penetran por todas partes, como el viento y la luz. Nació de la miseria y del dolor de la guerra, y pensaba que el dolor y la miseria de las grandes potencias la ayudarían a vencer en el mundo.

Pero llegó la hora en que los intereses genuinamente imperialistas de Rusia (¿pues qué otra denotación pueden tener las concesiones ferrocarrileras o los territorios arrebatados por el zarismo por medio de la fuerza o con la amenaza del empleo de la fuerza, a una nación indefensa?) se ven en peligro, y entonces el Soviet no recuerda más su misión libertaria, para convertirse, simplemente, llanamente —hasta en sus procedimientos de arrogancia y de crueldad, de “ultimata” frecuentes y de invasiones armadas— en una de tantas puissances de proie, del tipo de aquéllas otras que avasallan a los pueblos en nombre de la civilización o que desembarcan infantes de marina en cualquier playa indefensa.

El Nacional, 2 de febrero de 1930.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

A través de la manipulación, las élites dominadoras intentan

conformar progresivamente las masas a sus objetivos.

Paulo Freire

Apareció el ausente

Esperando el mundo se deshace y la fruta madura

Federico García Lorca.

 

Hace unos días en este espacio pregunté: ¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde diablos se ha metido?

¿Por qué ya no se deja ver?

Mi respuesta fue que este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que hasta quienes fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo, y los segundos porque le hacen el fuchi.

También transcribí lo que opiné respecto a su aspiración a la candidatura que finalmente ganó el hoy gobernador Melquiades Morales Flores: “Si participas en el proceso interno, le dije en aquella ocasión, perderás debido a que tu principal rival (Melquiades Morales Flores) es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. Concluí, pues, que al exsecretario de Finanzas le había faltado presencia política, es decir, haber dedicado más tiempo a compartir con sus paisanos las buenas y las malas. O dicho en otras palabras: le falló (a él o a su padrino) la estrategia que los “clásicos” llaman baños de pueblo.

Después de algunas consideraciones sobre su personalidad académica y las dificultades que tendría para recuperar lo andado, así como para demostrar a los poblanos que es un cuento lo de su carácter reservado, huraño e iracible.

Días después recibí un correo electrónico enviado por él, mismo que me permitió transmitir íntegro en virtud de que —como lo acostumbran los políticos con oficio— responde las preguntas apuntadas sin entrar en las honduras de las aclaraciones subjetivas:

“Estimado Alejandro:

Te agradezco los amables comentarios que me dedicaste hace unos días en tu columna con el título “El ausente”. No me extraña, como bien dices, que algunas personas ahora me recuerden más por mis muchos defectos que por mis pocas virtudes. Esa es la naturaleza humana y el trato normal a un político que no está en una posición política destacada. Sin embargo, más que explicaciones sobre mi carácter deseo contarte que después de 29 años de trabajo honesto en el servicio público, actualmente estoy dedicado a la actividad privada.

Dedico mucho tiempo a la familia y al rancho en Cuetzalan que fue de mi bisabuelo, de mi padre y que ahora es mío.

Por otro lado, estoy asociado en un despacho con amigos y tengo algunos contratos en varias partes del país asesorando a gobiernos estatales y municipales, así como a algunas empresas privadas.

En la política continúo participando en Puebla como Consejero Político y en México participando en la organización de la próxima Asamblea Nacional en la Comisión para reformar los Estatutos para la elección de dirigentes del (PRI).

Como puedes ver me mantengo ocupado y optimista de que lo mejor de México y de Puebla aún está por venir.

Recibe un afectuoso saludo”

Usted, respetado lector, tiene la última palabra. Sin embargo, me permito recomendarle que no borre de su lista de personalidades a la gubernatura a José Luis Flores Hernández, un hombre cuya formación y oportunidades políticas deben de haberle dejado una espina clavada, misma que estoy seguro tratará de sacársela haciendo uso de su talento, relaciones, coraje, antecedentes y experiencia. Apúntelo pues, al lado de Rafael Moreno Valle Rosas, Germán Sierra Sánchez, Ana Teresa Aranda de Orea y Francisco Fraile García. Al tiempo.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA DECADENCIA DEL TRIÁNGULO INTERNACIONAL

Sorprende al mundo el año de 1930: planteando en el campo de la política internacional problemas de la mayor gravedad y trascendencia que haya debido confrontar la humanidad en la última década. No se han elaborado aún los últimos arreglos que han de servir a manera de remate de la estructura económica de la postguerra; no se han puesto las signaturas finales con que se cierre la página inquietante que proyectó la liquidación económica de la guerra —con todo su acervo complejo de adeudos internacionales y de convenios para el pago de reparaciones—; no se ha finiquitado, en suma, esta grave cuestión que apareja, involucra y engendra otros problemas políticos y sociales de primera importancia, cuando ya los estadistas de las cinco grandes potencias navales —Inglaterra, Estados Unidos de América, Japón, Francia e Italia—, so pretexto de buscar el desarme naval, se ven compelidos, en realidad a ajustar su poderío e influencia como imperios que se atribuyen —en mayor o menor grado— la hegemonía política sobre el orbe.

Las conferencias que de aquí a pocos días van a iniciarse en la capital británica, están llamadas a determinar el ritmo de la política exterior de las primeras potencias; porque previamente a ellas se han destruido viejas alianzas y se han proyectado nuevas “ententes”, se ha alterado sensiblemente el cauce por donde discurrían, aquietándose las turbulentas corrientes de la vida interestatal, y es menester, en consecuencia estructurar una nueva armadura o establecer un nuevo equilibrio internacional.

No es sólo el interés propio de los hombres que han abierto su espíritu a las grandes inquietudes y emociones alemanas lo que debe movernos a contemplar, en su contenido básico y en sus inflexiones, un acontecimiento —o sucesión de acontecimientos— de tamaña magnitud. Es, además, y sobre todo: el deber que tienen todos los pueblos —sin excluir a los débiles o pequeños— de comprender cuál es la ruta y cuáles los designios y los intereses y las ambiciones en pugna de los grandes Estados, lo que impele al escritor a desentrañar la verdad de estos sucesos; ya que, fatalmente, la interdependencia de los Estados, que condiciona la vida moderna, no permite a las pequeñas naciones substraerse, a la influencia de la rotación de las grandes potencias. Como que las perspectivas de paz o de guerra —mediata o inmediata— afectan por entero a la humanidad.

El legado de 1929

Ya en el plano concreto de la observación, claramente se advierte que el ambiente predominante al iniciarse este año de 1930, es muy otro que aquel que prevalecía al comienzo de 1929. Si los años —convencional medida de tiempo— tienen un valor histórico por los acontecimientos que en su lapso comprenden, este año de 1929 dejó una profunda huella de desconcierto en el campo de la política internacional: desconcierto que se traduce en inquietud y en zozobra que es urgente calmar.

Ciertamente, a 1929 se le legaron graves problemas, de entre los cuales dos —el de la liquidación económica de la guerra y el de la evacuación anticipada de la Alemania— están a punto de quedar básicamente resueltos; pero en cambio 1929 heredó un espíritu de cordialidad y un orden político que se antojaba inalterable en tanto que legó a 1930 notas amargas, rencores mal contenidos y actitudes intransigentes.

Al principiar 1929 el luminoso triángulo de la paz —Briand-Chamberlain-Stressemann— sólidamente constituido, que nada hacía sospechar un cambio sustancial en los lineamientos o en el espíritu de la política trazada por tan conspicuos hombres de Estado. Sin embargo, a 1930 lo han saludado los sedicentes nacionalismos, rencorosos, desconfiados o altaneros, cuyo espíritu ha sustituido al espíritu de concordia que tuvo su culminación en Locarno y en Ginebra.

Del trinomio Briand-Chamberlain-Stressemann no resta nada. El Bismarck de la paz rindió su tributo a la muerte, empujado por la intensa tarea que le imponían las resistencias “nacionalistas” y revancheras: Sir Chamberlain ha pasado a la penumbra —momentánea o definitiva— corriendo la suerte de su partido, mientras Mac-Donald y Snowden destruyen con saña toda la armadura forjada por L’entente Briand-Chamberland; y Briand, el viejo batallador, el más selecto y el más universal espíritu de Europa, apenas si es, en el Quai d’Orsay, una facade que no logra encubrir la política dura de André Aardieu.

De “L’entente” europea a “L’entente” anglo-sajona

Esta decadencia de los hombres que mayor influencia han ejercido en el mundo occidental en el último lustro —de los hombres cuya gestión disipó las tormentas que ya se anunciaban en 1923—; esta decadencia acusa la más formidable y más grave transformación del orden político internacional, que se haya conocido en la postguerra.

Cuando Snowden, con sus exabruptos, fueteó el rostro de Henry Chéron —el obeso ministro de Hacienda de Francia—, el hecho parecía tener solamente un valor anecdótico —fuerte, pero circunstancial—. A nadie se le ocurría que al margen de la pelea por diez millones de dólares anuales que reclamaba el canciller del Tesoro británico, se engendraba la más radical transformación de la arquitectura política internacional. El mismo Briand, por salvar los convenios llamados a liquidar el pasivo económico de la guerra, pensando y obrando a impulsos de su sensibilidad más europea que francesa, soportó con paciencia las tremendas boutades del delegado británico y hurgó acá y acullá hasta encontrar los millones reclamados por el tesoro de Albión.

Pero la resignación de Briand y el sacrificio pecuniario de cuantos cedieron por satisfacer las demandas inglesas, no fueron bastantes para volver las corrientes políticas a su cauce habitual. En realidad, el programa del nuevo gobierno británico comprendía un cambio radical de la política del Imperio. Así pues, el episodio de Snowden era la iniciación de una marcha por derroteros distintos.

El pueblo inglés saludó con vítores de entusiasmo al triunfador de La Haya. No era solamente l’entente personal Briand-Chamberlain la que quedaba deshecha; era sobre todo, l’entente franco-británica la que tocaba a su fin; entente que hizo posible la guerra y la victoria sobre el militarismo prusiano, y que servía de sustento al nuevo equilibrio europeo.

Inglaterra —se pensó— volvía al “espléndido aislamiento” que proclamaran los viejos liberales. Mac-Donald —se dijo—, no ha hecho otra cosa que levantar el ánimo del partido en derrota.

Pero no. Mac-Donald iba más lejos. Mac-Donald cambiaba l’entente franco-británica que le aseguraba la hegemonía sobre Europa, por l’entente anglo-yanqui que le asegura la hegemonía del mundo.

Este es el verdadero sentido de la situación internacional que prevalece en esta hora histórica.

Tardieu vs Snowden

Ante la ruptura de los vínculos franco-británicos que se forjaron en 1904 frente a la amenaza del predominio del kaiser Guillermo y que se solidificaron en los años angustiosos de la guerra; y ante las asperezas de los actuales ministros ingleses contra Francia, la exaltación del Partido Laborista británico al poder no podía repercutir —como se esperaba y como aconteció en 1924— como un fenómeno favorable a los partidos de la izquierda francesa sensibles a la concordia y fervorosos de la paz. Era demasiado violenta la actitud de Snowden y asaz trascendente la nueva orientación impresa a la política internacional por Mac-Donald para que no se operara en Francia un movimiento de reacción —casi instintivo— hacia Tardieu, hacia Maginot, hacia Marín, hacia todos esos hombres, en fin que mantienen la tradición “clemencista” de desconfianza y de rencores.

Y entre tanto esto ocurre en Inglaterra y en Francia, en Alemania ha desaparecido el más alto y más hábil estadista de nuestro tiempo —Stressemann—, y vuelven a cobrar fuerza los vástagos del kaiserismo que parecían definitivamente vencidos.

Este es el panorama espiritual que se observa en Europa en los albores de este año de 1930, cuando las grandes potencias del mundo, a pretexto de buscar el desarme naval, van a reunirse para ajustar su poderío e influencia como imperios que se atribuyen la hegemonía sobre el orbe.

El Nacional, 9 de enero de 1930.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

Todo poder es una conspiración permanente.

Honoré de Balzac

El ausente

Quien crea que la vida carece de sentido, no solo es desgraciado, sino casi incapaz de sobrevivir.

Einstein.

 

¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde se ha metido? ¿Por qué ya no se deja ver?

Son preguntas obligadas porque parece que se lo tragó la tierra. Nadie sabe qué es lo que hace el que fuera Secretario de Finanzas –junto con el hoy gobernador y Germán Sierra Sánchez, aspirante también por la gubernatura del estado–, coordinador de la diputación federal poblana y director general de Banobras.

Este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que también aquellos que fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo. Y los segundos porque le hacen el fuchi, no obstante que hasta hace unos meses todavía ponderaban su capacidad y presumían su preparación. Son actitudes que de alguna manera comprueban que José Luis Flores se equivocó de estrategia política, de amigos, de colaboradores e incluso hasta de padrino.

Alguna vez este columnista le dijo frente a Luis Antonio Godina lo que probablemente nadie le había dicho (lo repito de memoria): “Si participas en el proceso interno perderás debido a que tu principal rival es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. No me lo creyó. Después ocurrió lo que el lector sabe. Y sus corifeos sufrieron una derrota de la cual todavía no se recuperan, entre otras cosas, porque dedicaron su esfuerzo y tiempo electoral a lanzar toda clase de infundios y epítetos en contra del entonces precandidato Melquiades Morales, para ellos el enemigo a vencer (en otra ocasión le daré nombres, pelos y señas).

Lo que le faltó a José Luis Flores Hernández fue presencia pública, es decir, haber compartido con sus paisanos las buenas y las malas. Por ello inició su carrera política a contrapelo y se hizo notable su desarraigo: cuando llegó a la entidad tenía varios años de haber estado ausente obligado, desde luego, por sus estudios profesionales en el Distrito Federal y los posteriores en Estados Unidos. También por su trabajo en el gobierno federal y más tarde en el vecino país. De ahí que su arribo fuera algo casual ya que prácticamente sin conocerlo ni haberlo planeado Manuel Bartlett lo invitó a colaborar: José Ángel Gurría (amigo de ambos) le dio la sorpresa diciéndole que lo había recomendado con quien gobernaría el estado de Puebla.

Así fue como José Luis Flores apareció en la entidad. Lo precedía un interesante esfuerzo académico y todo tipo de reconocimientos profesionales. Sin embargo, quizás por su trayectoria en el ámbito financiero, nunca pudo quitarse de encima el toque de superioridad que reciben quienes adquieren su preparación en el “primer mundo”. Esto propició que desde su llegada a Puebla (supongo que sin quererlo) dejara ver una actitud de menosprecio hacia los poblanos que no habían tenido la oportunidad de estudiar en la nación del Tío Sam o que no pensaban en inglés o que no pertenecían a su círculo académico-social. Y como en sus nuevos colaboradores existía esa apreciación, al siguiente mes de su nombramiento, empezó a escucharse (en voz baja, claro) los comentarios en su contra. Por ejemplo: se dijo que era déspota, de mal carácter, grosero con el personal, inestable emocionalmente, exigente al grado de paroxismo, petulante, selectivo en la relación con los demás secretarios, aislado, a la sociedad angelopolitana, explosivo y poco afecto a relacionarse con su personal. Y lo peor es que durante los primeros años de su gestión la sociedad nunca lo vio o si lo hizo fue como si tratase de una persona emocionalmente lejana.

Imagino que a estas alturas ha de estar pensando “qué gano con visitar la ciudad de Puebla”.

Tal vez empero, cada día se ve más difícil que José Luis recupere lo andado y nos demuestre que es un cuento aquello de que tiene un carácter reservado y huraño. Esto porque por una parte quedó emocionalmente herido (candidatura, amigos, subordinados y colaboradores de campaña). Y por la otra debido a que los poblanos difícilmente aceptan o perdonan a quienes en el primer fracaso o incluso antes se alejan de ellos.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

Lo verdaderamente trágico es ver dónde ocurre esta transformación: en los cerebros que apenas se están formando...

Te presentamos un resumen de las noticias más importantes de la semana

Noticias de la Semana

Del 22 al 30 de junio de 2026

 

Polémica por entrevista falsa de Carlos Monsiváis en El Universal

El diario El Universal publicó una supuesta entrevista inédita realizada por el periodista Edmundo Cázarez al cronista Carlos Monsiváis (fallecido en 2010), en la que se le atribuían duras declaraciones contra Andrés Manuel López Obrador y un supuesto pasaje biográfico donde aseguraba haberle dado cobijo en su juventud tras un trágico accidente familiar. Tras desmentidos contundentes de la familia Monsiváis y de investigadores, quienes señalaron graves anacronismos cronológicos, el diario retiró la nota, admitió que no pudo comprobar la existencia de la grabación y ofreció una disculpa pública.

Este episodio representa una grave falla en el sistema de verificación de  uno de los diarios con mayor tradición en el país. El uso de figuras fallecidas para incidir en debates políticos actuales no solo roza una falta de ética profesional, sino que demuestra cómo las redacciones, en la prisa por la primicia o la agenda política, pueden ser vulnerables a la manipulación documental.

Ministra de la SCJN genera confusión sobre trabajadoras del hogar y materia penal

Durante las discusiones internas de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) relacionadas con los límites de la responsabilidad laboral y la tipificación de conductas delictivas, declaraciones emitidas por una de las ministras causaron desconcierto al mezclar conceptos sobre los derechos de las trabajadoras del hogar y causales de orden penal.

La claridad comunicativa es una obligación de los altos magistrados. Cuando un miembro de la SCJN utiliza un lenguaje impreciso para delimitar los derechos laborales de un sector históricamente vulnerable (como lo son las personas trabajadoras del hogar), abre la puerta a interpretaciones erróneas y a la desinformación jurídica. El máximo tribunal debe cuidar que sus criterios se expongan con total nitidez técnica para evitar la estigmatización laboral o penal.

Copa del Mundo 2026: México vence 3-0 a la República Checa

En las acciones de la Fase de Grupos de la Copa del Mundo 2026, la Selección Mexicana de Fútbol obtuvo una contundente victoria de 3-0 sobre la República Checa en el Estadio Azteca. Los goles de Mateo Chávez, Julián Quiñones y Álvaro Fidalgo sellaron un triunfo clave para el conjunto tricolor en la justa mundialista.

En lo deportivo, el resultado inyecta una dosis necesaria de optimismo y estabilidad al proceso de la selección de cara a la fase de eliminación directa. No obstante, el verdadero desafío radica en mantener este nivel de consistencia táctica frente a potencias de mayor jerarquía, evitando los habituales baches anímicos y futbolísticos que han frenado el desarrollo de México en torneos de esta envergadura.

Hallazgo de restos humanos calcinados en el Periférico Ecológico de Puebla

Entre el 22 y el 24 de junio se localizaron restos humanos calcinados en dos puntos distintos del Periférico Ecológico de Puebla (uno al interior de un vehículo Seat Ibiza quemado en la zona de Chapulco y otro a la altura del bulevar Carmelitas). Autoridades de seguridad pública indicaron que las primeras líneas de investigación apuntan a disputas entre grupos delictivos (como La Familia Michoacana y Los Toscano) por el control de mercados locales.

El uso recurrente del Periférico Ecológico como zona de desecho de cuerpos (con 16 casos documentados en los últimos tres años) evidencia fallas estructurales en el patrullaje, videovigilancia y control territorial por parte de las fuerzas del orden metropolitanas. La crudeza de los métodos empleados busca enviar mensajes de terror entre bandas, lo que exige una estrategia de inteligencia que vaya más allá del simple acordonamiento de las escenas del crimen.

Histórico sismo doblete azota el norte de Venezuela

El 24 de junio, Venezuela fue sacudida por dos violentos terremotos consecutivos con epicentros muy cercanos en Yaracuy (San Felipe y Yumare). El primer movimiento fue de magnitud 7.2 y el segundo, ocurrido solo 39 segundos después, alcanzó una magnitud de 7.5 a profundidad superficial. El desastre dejó un saldo preliminar de más de 180 fallecidos, miles de heridos y graves destrozos de infraestructura, afectando incluso patrimonios como la Ciudad Universitaria de Caracas.

Este fenómeno sísmico de tipo "doblete" expuso la precaria resiliencia de la infraestructura urbana en Venezuela y la falta de una cultura de protección civil unificada. La debilidad en los códigos de construcción de las últimas décadas y la crisis de servicios públicos complican drásticamente las labores de rescate y la evaluación de daños (mediante semáforos estructurales), obligando a una profunda revisión de la gestión de riesgos en el norte de Sudamérica.

Cancelación de paro nacional tras acuerdo entre transportistas y Gobernación

La Alianza Mexicana de Organización de Transportistas (AMOTAC) suspendió la movilización nacional que tenía programada para el 24 de junio en las principales autopistas del país. La decisión se tomó luego de que la Secretaría de Gobernación (Segob) entabló mesas de diálogo de última hora, acordando la creación de un C5 especializado para atender denuncias de asaltos, extorsiones y garantizar mayor seguridad carretera.

Aunque la desactivación del paro evitó el colapso vial del centro del país, la amenaza constante de movilizaciones subraya que la inseguridad en las carreteras sigue siendo una herida abierta para la economía. La efectividad de este acuerdo dependerá de que las soluciones —como el monitoreo coordinado en el C5— se traduzcan de inmediato en una baja de los índices delictivos reales, y no se queden únicamente en una estrategia de contención política temporal.

Comisión Reguladora de Telecomunicaciones otorga prórroga para registrar líneas celulares

La Comisión Reguladora de Telecomunicaciones (CRT) anunció una prórroga escalonada para que los usuarios de líneas de telefonía móvil en la modalidad de prepago vinculen su línea con la Clave Única de Registro de Población (CURP). El trámite, que vencía originalmente el 30 de junio, se extenderá mediante un calendario oficial organizado por la terminación numérica del celular desde agosto hasta el 31 de diciembre de 2026, bajo la advertencia de suspensión del servicio a quienes incumplan.

La extensión del plazo es una medida pragmática ante los millones de líneas telefónicas que aún carecen de registro, evitando una desconexión masiva que afectaría la dinámica económica y social de los usuarios de prepago. A pesar de que el gobierno defiende la medida como una herramienta indispensable de seguridad pública contra la extorsión, subsiste un justificado recelo ciudadano en torno a la privacidad y el resguardo de los datos personales por parte de las operadoras.

Reunión privada entre la presidenta Claudia Sheinbaum y el rey Felipe VI de España

En el marco de su viaje a México para asistir al partido de la Copa del Mundo en Guadalajara, el rey Felipe VI de España fue recibido en Palacio Nacional por la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. El encuentro privado de carácter diplomático se manejó bajo un formato hermético, sin conferencias de prensa posteriores, en medio de la conocida postura del gobierno mexicano que prioriza el reconocimiento histórico de las culturas originarias.

La reunión representa una sutil distensión en las tradicionalmente complejas relaciones diplomáticas bilaterales de los últimos años. Mantener el diálogo abierto a nivel de jefes de Estado es benéfico para ambas naciones debido a los profundos lazos económicos y culturales. La vía institucional prudente parece imponerse sobre la confrontación retórica, permitiendo la convivencia de las diferencias ideológicas sin que estas paralicen la relación bilateral.

Fiscalía de Morelos investiga de oficio agresión de exdirector de Pemex a su esposa

Tras la difusión en redes sociales de videos en los que se aprecia al exdirector de Pemex, Víctor Rodríguez Padilla, agrediendo físicamente a su esposa, María Felisa Jiménez, la Fiscalía General del Estado de Morelos abrió una carpeta de investigación de oficio por violencia familiar. La víctima hizo un llamado público de auxilio dirigido a la presidenta de la República, quien confirmó que se le brindará apoyo y protección institucional en coordinación con la Secretaría de las Mujeres.

La apertura de una investigación de oficio es el paso legal correcto, pero pone en evidencia el enorme peso que siguen teniendo las redes sociales para forzar la actuación expedita de las fiscalías locales. Tratándose de un exfuncionario de alto perfil, el caso es una prueba de fuego para el discurso gubernamental de "cero tolerancia" a la violencia de género. El proceso debe conducirse con total transparencia, sin privilegios políticos y garantizando de manera irrestricta la seguridad física y psicológica de la denunciante y sus hijos menores de edad.

Tormenta del 28 de junio colapsa e inunda la capital poblana

Una fuerte tormenta acompañada de granizo y rachas intensas de viento azotó la zona metropolitana de Puebla el domingo 28 de junio, registrando acumulaciones de hasta 75 milímetros de agua. Las precipitaciones provocaron el colapso de coladeras, inundaciones en los estacionamientos y pasillos de importantes plazas comerciales (como Parque Puebla, Plaza Loreto y Paseo San Francisco), la caída de árboles y el trágico fallecimiento de una persona en la Recta a Cholula tras caerle un ejemplar arbóreo sobre su vehículo.

Este colapso urbano no es un evento fortuito atribuible únicamente a la naturaleza, sino la consecuencia de deficiencias estructurales acumuladas. Como lo señalan académicos de la IBERO Puebla, la antigüedad y obsolescencia de la red de drenaje, sumadas a la falta de un mantenimiento preventivo y desazolve riguroso ante la temporada de lluvias, convierten cualquier tormenta intensa en una emergencia civil. Las autoridades municipales y estatales están obligadas a transitar de la reacción inmediata a una planificación hidráulica urbana profunda.

Redacción Réplica

Revista Réplica

Hoy, el agua en Puebla ya está soltando el primer hervor

Pues quizá dejó en manos de una runfla de vividores, mediocres y corruptos el buen nombre de su administración. Su buen nombre, para ser precisos...

Se va a otra donde la “carnita” que consiga ya no sea un filete angus y se convierta en un pellejo de perro callejero

Para los periodistas jóvenes que se atreven a recorrer este sinuoso camino, sabiendo que el periodismo no es un oficio dócil, sino un acto de servicio y de rebeldía. Para quienes convierten la palabra en faro y en espada, dando voz a los silenciados, protegiendo a los desprotegidos y desnudando a los políticos que se sirven y no sirven a la sociedad. A ustedes, que enfrentan la censura con dignidad y defienden, aun con la vida, la libertad de expresión. Que las duras realidades nunca los obliguen a claudicar ni a pactar con la mentira, porque en ustedes late la respiración más honda de la democracia.

—Vean ustedes lo que encontré sobre mi escritorio. Es dinero que dejó algún pendejo con la clara intención de comprometerme, de corromperme. Voy a investigar y cuando agarre al autor de este atentado, les prometo que lo llevaré a juicio. Y si puedo yo mismo fusilaré al cabrón. —Volteó a ver la foto del presidente en turno antes de justificar con energía castrense: —El jefe máximo no tendrá inconveniente.

Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad.

John Kenneth Galbraith

Llegué con el entonces director del Canal 13. Me recibió entusiasta y comunicativo. Después del saludo de amigos, soltó una información que, de haberse difundido en esa época, habría causado un revuelo internacional:

“Ya verán cómo se las gastan los revolucionarios”, ironizó uno de los estrategas de Mucio P. Martínez. No obstante, los simpatizantes de Francisco I. Madero desdeñaron la información, quizá porque faltaba poco para que el presidente León de la Barra dejara el poder a Madero...

Todo lo que se ignora, se desprecia.

Antonio Machado

Una vieja historia que renuevan los modernos virreyes...

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