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LA REPÚBLICA EN LA IZQUIERDA*

Al cumplir la Segunda República Española su quinto aniversario, quiero dar voz a mi emoción personal —reavivada por el recuerdo de días convividos al lado de algunos de sus iniciadores, en épocas de persecución y de lucha— y decir con cuanta afinidad el pensamiento revolucionario de México se suma y se confunde con el de los constructores de la nueva patria hispana.

No basta la comunidad de sangre para ligar a dos pueblos. Más que eso, ligan entre sí a dos nacionalidades la unidad de miras para avizorar los mismos problemas humanos, el paralelismo de aspiraciones y la convergencia hacia idénticas expectativas.

Por eso, mientras señorearon el poder las facciones derechistas, de intento y por irreductible imperativo de mi convicción, cesé de interesarme en las diarias incidencias de la política española. La República no podía ni puede estar representada por rezagos del sistema que fue desplazado por anacrónico, por caduco, por hallarse corroído de toda carcoma moral, cual era el régimen monárquico.

Porque la acción derechista en el cuerpo del nuevo engranaje político no se sustentaba siquiera en lo tradicional español visto como rodrigón del presente e inspiración del porvenir o entendido como marca de legitimidad que a ningún pueblo le es permitido perder, sino que pretendía —en un esfuerzo no bien disimulado de neutralización— adulterar las nuevas formas y los impulsos revolucionarios, para esconder bajo la capa de instituciones republicanas el pacto y la condescendencia con las fuerzas enemigas de la nacionalidad, traicionando así en sus principios cardinales a la República.

De España se ha dicho que ha conocido todas las formas de la gloria, y hace un lustro conoció una nueva; hacer honor a su pasado del único modo como es glorioso hacerlo: liquidándolo para que no pese sobre el porvenir.

Reducida por sino histórico a su aislamiento peninsular; exhausta bajo la mano de la monarquía, el peso del clero y la garra de una dictadura militar, España había vivido años de ignominia que las virtudes innatas de su pueblo no merecían tolerar.

Incapacitada para buscar su recuperación material en empresas anexionistas, mancillaba su tradición al jugar papeles de comparsa en el tablado de África, simulando “cumplir el testamento de Isabel la Católica”, pero en realidad manteniendo una guerra tan insensata como extenuadora de las mejores energías humanas y de las mermadas riquezas que reclamaban otro más justo empleo.

El pueblo español, bajo una opresión que parecía sin esperanza, era fiel a la doctrina de Séneca, que Ganivet considera como esencia de su ser nacional: no se dejaba vencer por nada extraño a su espíritu; pensaba, en medio de los accidentes de la política monárquica, que tenía dentro de sí una fuerza fecundante, algo firme e indestructible, como un eje adamantino que le permitiría resurgir, íntegro y lozano, para cumplir mejores destinos.

Mientras España no pudo reconcentrar sus energías dentro de su propio territorio y labrar prosperidad y justicia de bancarrota y privilegio, en tanto no acertó a reconstruir la esencia de su espíritu, que tan abundantemente había dejado escapar por todas sus puertas y hacia todos los vientos, era para nosotros, la España de la monarquía, una entidad ajena, antitética, pudiera decirse hostil.

Por eso los revolucionarios de México acogimos con el calor con que se acoge lo que es nuestro el movimiento que creó la Segunda República.

El vaivén de acontecimientos políticos de México me llevó hasta España cuando sobre ella caía todo el peso de la dictadura de Primo de Rivera, y entonces aprendí a conjugar el sentimiento y la rebeldía de lo mexicano revolucionario con el ansia de renovación que latía allá, sofocada donde quiera por la violencia. La cárcel era el punto de remate para los conspiradores republicanos; y allí y en la lucha por organizar las fuerzas populares contra la monarquía, fue donde renové conocimiento y amistad con Marcelino Domingo y otros de los hombres que incubaron con su espíritu la Segunda República.

Puedo afirmar que desde entonces —siete años antes del triunfo republicano en las elecciones generales del año 31— el sentimiento de quienes preparaban el nuevo orden de cosas era un sentimiento de izquierdas que pugnaba por la reforma agraria, por la evolución del derecho obrero, por el desafuero total de las influencias clericales en la vida pública y en la escuela, por una educación exenta de prejuicios, por el reconocimiento efectivo de la autodeterminación de las regiones, como unidades históricas y políticas, y porque los mandamientos institucionales que se forjaran como base de la República, tuvieran una estricta aplicación y una cabal vigencia.

La época en que los partidos derechistas ejercieron el poder es período que considero totalmente perdido para la obra de transformación que iba implícita en la mutación del régimen. Y juzgo que la revolución de octubre, y el posterior triunfo del Frente Popular, que fue, andando el tiempo, su feliz consecuencia, vinieron a salvar la nacionalidad española de un relapso que habría convertido sus instituciones en simples entelequias ayunas de sentido trascendente para la vida hispánica.

Pero la arrolladora victoria de las izquierdas, tan cercana en el tiempo, a este aniversario, hace que la ocasión presente tenga un énfasis más. La República izquierdista es dos veces la República, porque es ella misma en toda su puridad y puesta en el carril de su destino verdadero.

Ha sido eliminado hasta el estorbo representado por un jefe Ejecutivo cuyos antecedentes, cuyo matiz político y cuyas convicciones personales no se acordaban, ni era posible que se acordaran, con el pensamiento avanzado del Frente Popular.

Esta libertad para opinar en materias que atañen a la República Española, es fuero que los revolucionarios de México reclamamos para nosotros, porque sentimos que las distancias entre ambas naciones se salvan por el puente de los altos intereses sociales, que hoy por igual preocupan a los hombres de todas las latitudes.

Creo que, como la nuestra, es la Revolución Española un movimiento en marcha. No puede decirse de ella lo que Lepuy afirmó de la francesa del 1789, cuando quería enaltecerla poniéndole punto final. No es el fin último llegar al poder, sino emplearlo continuamente en el desarrollo de un programa de radicales reformas, que haga posible el imperio de la justicia social y la equitativa distribución de las riquezas entre quienes las producen. No basta haber conquistado el gobierno; hay que educar a los reemplazos nacionales, de tal manera que sepan mejorar la obra de hoy; hay que comunicar las regiones del territorio; hay que dar la tierra a quienes con su esfuerzo la hacen producir; hay que irrigar las comarcas calcinadas por la sequía; hay que hacer de cada hombre y de cada mujer un trabajador capacitado para exigir respeto a sus derechos clasistas y a sus derechos cívicos; hay que constituir, en fin, una nacionalidad con los restos de una descomposición social de siglos. Y ello es obra de sostenido aliento, que exige continuidad, tesón, desinterés.

Por eso la Revolución Española y la Revolución Mexicana son fuerzas en marcha, que se acercan a plena realización a través de superaciones sucesivas.

Sólo así podrá realizarse el pensamiento optimista, la vidente fe de Joaquín Costa, que se preguntaba si España habría de perderse para la humanidad, y luego contestaba a su duda con el más caluroso de los entusiasmos; “creamos nosotros aún en la eternidad de la raza española; pero creámoslo con fe viva, cimentada en obras.”

El Nacional, 15 de abril de 1936.

* Discurso pronunciado por el señor Froylán C. Manjarrez, ante el micrófono XEFO, en la velada que organizó el Partido Nacional Revolucionario con motivo del V Aniversario de la Segunda República Española.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

La historia se repite.

Ese es uno de los errores de la historia.

Charles Robert Darwin

EL FILO DE LA NAVAJA

No se ha de juzgar el valor del hombre por sus grandes cualidades, sino por el uso que de ellas sabe hacer.

Rochefoucauld.

 

El cargo más desgastante en cualquier gobierno es, sin duda, el de procurador general de justicia. En él confluyen todo tipo de influencias políticas, sin faltar desde luego las presiones que ejercen las mafias y los grupos cuyo método es el soborno. Pocos de sus titulares se han salvado de acusaciones o señalamientos que ponen en duda su honorabilidad. Y por ello es que casi todos han concluido su gestión con el prestigio desportillado.

Parafraseando a Salvador Díaz Mirón, podríamos decir que son pocas, muy pocas, las aves de este tipo que salen del pantano sin manchas en el plumaje.

Carlos Alberto Julián y Nácer es una de las víctimas de esa especie de avalancha que arrasa con las reputaciones más prístinas. De ahí que lo publicado por “Intolerancia Diario” nos permita pergeñar lo que ocurre en las entrañas de la dependencia, donde las componendas son el pan nuestro de cada día.

Salta a la vista, pues, que la capacidad profesional del excandidato no le sirvió para protegerse de las salpicadas delincuenciales.

O que algunos parientes abusaron de su buena fe, comercializando la supuesta influencia familiar.

O que la declaración en contra de él y de su compadre Adán Cortés Ulloa sea una más de las feroces reacciones de exagentes judiciales resentidos o molestos por no haber recibido el reparto del botín, la impunidad o la protección prometida. De cualquier manera, la víctima vuelve a ser un exprocurador de Justicia, tal y como en su época ocurrió con otros como Gutiérrez Manzano, Sáiz de Miera, Peruyero, López Rubí y Fernández de Lara, por sólo citar a los más recientes.

De Zamudio recordamos su participación en el conflicto entre universitarios y gobierno. Sáiz de Miera fue acosado por las presiones que le provocaron una crisis existencial. A Peruyero lo rebasó la misma corrupción que había aplastado a Gutiérrez Manzano. López Rubí padeció la influencia y directriz del entonces “Gran Asesor”, además de sufrir las explosiones anímicas de su jefe, el gobernador Mariano Piña Olaya. A Gutiérrez Manzano lo vemos como chivo expiatorio de las atrocidades protagonizadas por los hermanos Inurreta, quienes, entre otras cosas, irrumpieron en el hogar de la madre de un militar de alto rango y de un prominente miembro de la colonia libanesa. Y Fernández de Lara le hizo al camaleón para poder sortear con éxito los efectos de un poder manejado con los excesos que promueve el valemadrismo.

¿Qué fue lo que a Nácer le dejó algunas muescas en su imagen?

En primer lugar, dos que tres dizque familiares se valieron de los apellidos o del paisanaje para lucrar y delinquir. Hubo uno —cuyo nombre no recuerdo— que murió asesinado supuestamente por sus cómplices, ladrones de autos y motociclistas. Otro (de ese sí sé su nombre, pero lo omito para no ulcerar los ojos del lector) que tiene una orden de aprehensión en su contra y se encuentra prófugo (este columnista lo denunció por fraude y, cuando se iba a ejecutar dicha orden, alguien por ahí lo alertó y, quizás, hasta le ayudó a ocultarse mientras buscaba la protección de la justicia federal, protección que a final de cuentas le fue negada). Y respecto a Cortés Ulloa, el lector ya sabe lo que se publicó en el diario referido.

Según vemos, a don Carlos Alberto la vida lo está castigando, ya que su bonhomía y buena fe no han sido recompensadas. Es, dicen, un excelente padre de familia y un amoroso cónyuge. También un amigo capaz de quitarse el saco para ayudar al cuate que se lo solicita (aquí es donde pudo haber perdido). Como maestro tiene muchos alumnos agradecidos. En la religión se ha destacado por su entrega espiritual. De la Secretaría de Gobernación más o menos salió bien librado. Y la candidatura lo hizo crecer en el difícil oficio político.

¿Por qué entonces la mala suerte? Pues por su cargo en la Procuraduría General de Justicia, lugar en el cual el más tullido de los coyotes (apunte usted desde abogados hasta agentes policiacos) es alambrista consumado. De ahí que, de no haber tenido ese cargo, seguramente otro sería su destino, experiencia que deberían tomar en cuenta aquellos que anhelan o gustan caminar por el filo de la navaja.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA OBRA DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

Cumple hoy un año de vida la Segunda República Española. Quienes nos sentimos orgullosos de haber hecho nuestra la causa de los republicanos españoles, no a contar de los días luminosos de la proclamación de la República, sino desde la época en que los hombres que ahora rigen los destinos de España preparaban el advenimiento de la democracia española, en la calle, en el destierro o en la cárcel, es justo que nos ufanemos de poder registrar, como un hecho trascendente en la Historia, el afianzamiento de las nuevas instituciones plasmadas por los representantes del pueblo español.

La República se planteó como un movimiento de limitadas proporciones, se ejecutó cuando ya se tenía una visión más amplia de la necesidad de imponer soluciones renovadoras de mayor trascendencia; y se ha consolidado como un fenómeno social y político de caracteres franca y progresivamente revolucionarios.

En los años prolongados de la dictadura del general Primo de Rivera y durante el gobierno innocuo de don Dámaso Berenguer, ante la necesidad de provocar las menores resistencias en el interior, y ante el peligro de concitarse la enemistad de las potencias extranjeras, los republicanos españoles restringían al mínimo sus aspiraciones: “Haga usted la República conservadora, y nosotros la apoyaremos” —decía en una célebre epístola Marcelino Domingo, uno de los más valerosos e intransigentes republicanos, a José Sánchez Guerra, ex primer ministro de la corona y a la sazón líder de la oposición a la monarquía.

Fue de este modo como don Niceto Alcalá Zamora, antiguo ministro, ocupó la más alta jerarquía en la oposición republicana y acaudilló la insurrección incruenta del 14 de abril.

Pero cuando la República fue un hecho, el espíritu revolucionario del pueblo español se desbordó como un torrente salido de cauce, no conformándose con las soluciones propias de un liberalismo conciliador y romántico, sino reclamando una transformación íntegra de los modos de vida de la nación española, para libertarse lo mismo del latifundista que del cura, del capataz que del cacique.

Contemplar, aunque sea en sus líneas generales, este proceso ejemplar de transformación social y política, es rendir un justo homenaje a los artífices de la Segunda República Española.

España vive aún dentro de la etapa constituyente de la era republicana. Votada la Constitución, electo el presidente de la República y reformado el gabinete con toda la fuerza legal, no por eso fueron disueltas las Cortes Constituyentes, juzgando, preciso que con el mismo espíritu con que fueron dictadas las leyes fundamentales, debe procederse a la elaboración de los ordenamientos complementarios que habrán de revestir al nuevo estatuto jurídico de la nación española.

Los aspectos salientes de la compleja tarea que han emprendido el gobierno y la Asamblea Constituyente españoles, pueden resumirse del modo siguiente:

Primero: Integración del nuevo Estado español;

Segundo: Elaboración de las normas jurídicas que han de regir la vida política de España, y

Tercero: Reorganización de las condiciones de vida de la colectividad española en sus múltiples aspectos sociales, económicos y espirituales.

La forma de integrar el Estado fue el primer problema que se planteó a la consideración de los nuevos estadistas, a la caída de la monarquía. Como he explicado en otros momentos este problema radica en la existencia real de un conjunto de colectividades que, aun cuando se reconocen todas ellas como de origen hispánico, conservan —a despecho de los siglos de dominación de las Casas de Austria y de Borbón— características raciales, costumbres y cultura, genuinas, que afirman la personalidad de las regiones hispánicas en el grado en que cada pueblo ha hecho, un culto del cultivo de lo propio.

El regionalismo, que aparecía como el escollo que pudo haber precipitado el fracaso del gran esfuerzo constructor de la República, ha sido resuelto con rara habilidad, canalizando las corrientes particularistas, a modo de que la suma de cultura y de los demás valores de las regiones, lejos de que produzcan la desintegración española, constituyan un aporte para enriquecer el acervo nacional.

Así, desde la celebración del Pacto de San Sebastián, se resolvió el problema inquietante de la autonomía de Cataluña, que durante largos años agitó a España e interesó al mundo.Hoy no resta, a este respecto, más que la aprobación por las Cortes Constituyentes del Estatuto Catalán.

El federalismo español se distingue de los demás sistemas federales que se han ensayado en Europa y en América, en que no enmarca dentro de cuadros jurídicos precisos, el grado en que deba ejercerse la autonomía, sino que deja al desarrollo natural de cada región, la conquista de los derechos de autonomía. Castilla y Andalucía, sin género de duda, no extremarán sus demandas en la medida en que lo hacen Cataluña y los países vascongados, pero éstos como aquéllas, sin desatender el cultivo de lo propio, seguirán siendo parte del Estado español, ya no por obra de alianzas fortuitas de casas dinásticas que sólo supieron mantener su dominio con apoyo de la violencia, sino por la voluntad expresa del pueblo.

De las normas jurídicas que han de presidir el funcionamiento de la democracia española, lo que más se destaca es la decisión de confiar la gestión parlamentaria a un solo cuerpo legislativo: el Congreso de los Diputados. Aquí triunfa una vez más la vieja tesis liberal, que pretende que se ejercite la soberanía popular sin el freno moderador de un senado.

La evolución del derecho obrero en España no es un fenómeno propiamente nuevo. Como en todo país que fuerza su marcha hacia la industrialización, el poder de los trabajadores organizados supo imponer, aun en tiempo de la monarquía, normas de convivencia social que, en mayor o menor grado, garantizaban los intereses de los trabajadores industriales.

El paso más importante que en esta dirección ha dado la República, consiste en el proyecto del ministro Largo Caballero, de conceder a los trabajadores organizados una intervención directa en la dirección de las empresas industriales, a la manera proclamada por Wissel en la Constitución alemana de Weimar.

Y el problema de la vida rural, que en la España contemporánea se plantea en la misma forma y con características semejantes a las que prevalecían en México antes de la revolución, lo ha abordado el ministro Domingo en proyecto que ha merecido ya la aprobación del gabinete de Azaña y que actualmente es considerado por las Cortes Constituyentes.

La Ley Agraria Española —ha declarado el presidente del Consejo, señor Azaña— tenderá a encontrar una solución pacífica del problema de la falta de trabajo en los distritos rurales, proporcionando una distribución equitativa de la tierra en las provincias donde la propiedad se encuentra en poder de unas cuantas manos. Las leyes agrarias, no explotarán, sino que mejorarán necesariamente las condiciones del trabajo agrícola, lo que representa una base más firme para la paz social y para la sustentación del régimen republicano.

Esta es, en su esencia, la obra de la Segunda República Española, consumada en el primer año de su existencia.

El Nacional, 14 de abril de 1932.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

La soberbia nunca baja de donde sube,

porque siempre cae de donde subió.

Francisco de Quevedo

EL CONTRAPESO DE LOS PIRRURIS

El inglés con frascos frescos frescos ebrio con su baba, beba y haga de la gula, gala que con él se trata, treta.

Paranomasia novohispana

 

¿Qué haríamos los columnistas sin Manuel Bartlett?

Luchar denodadamente contra la página en blanco. O aburrirnos hasta que alguno de los políticos de casa nos deleitara con los brillos de su ingenio oculto entre las sombras de la prudencia. O esperar con la carga que caracterizaba a los caballeros del medievo que vivían con la ilusión de encontrar una casta doncella dispuesta a entregarles su virginidad, entonces el territorio terrenal más espléndido, cuyo pilón —por cierto— era la codiciada dote. O estar al acecho de alguna perla novedosa para hacer —como lo hace Nikito Nipongo— un tratado crítico sobre otra de las metidas de pata. (En este caso existe un riesgo: no ser original).

De ahí que no nos quede de otra más que agradecer al senador Bartlett su peculiar interés por comentar los asuntos políticos de Puebla, a pesar —que conste— de sus reiteradas promesas de alejarse de la vida política del estado. Pero además de nuestra gratitud periodística, también habría que manifestarle nuestra admiración por su empeño en picar la cresta a los representantes de la derecha poblana, los mismos que el próximo 15 de febrero regresan al poder municipal acompañados del reverberante tañir de la campana María. Y brindarle un voto de confianza a la ideología que representa, ya que, no obstante los “derechazos a la mandíbula”, todavía pueda dar un golpe de suerte y derribar a la absurda y chambona reacción; es decir, a la filosofía impulsada por el Frente Universitario Anticomunista (FUA), integrado por ciudadanos que veían bolcheviques hasta en la sopa. “Ahora más que nunca —decían entonces acogiéndose al contenido de la Carta pastoral de 1961— se aplican las palabras de Jesucristo: aquel que no está conmigo, está contra mí”.

¿Seguirá vigente el fanatismo de los anticomunistas poblanos?

Decídalo el lector después de leer las líneas del libro Política y poder en Puebla, escrito por Wil G. Pansters (Ed. BUAP y FCE, 1998). Y dele o niéguele la razón a don Manuel por lo que él infiere como la asonada de la derecha en Puebla.

“El cristianismo y lo que representa fueron absorbidos por el discurso anticomunista y viceversa. Un buen ejemplo del proceso discursivo de equivalencia y antagonismo fue un folleto distribuido (probablemente por el FUA) en medio del conflicto…”. Y en él se plasman algunas comparaciones que tratan de establecer el choque del cristianismo con el comunismo.

Por ejemplo: “El hombre es una persona libre” vs. “El hombre es un esclavo del Estado”. Otro: “Derecho a la vida” vs. “El Estado dispone de las vidas humanas a su antojo”. Uno más: “La familia tiene derechos inviolables en la educación de sus hijos” vs. “El único dueño de los hijos es el Estado”. El más jalado de los pelos: “La familia es indisociable porque es sagrada” vs. “El amor libre, el legítimo”. Y el último para dejarlo, digamos que picado: “Amaos los unos a los otros” vs. “Luchad clase contra clase”.

Estas frases, creadas por las mentes calenturientas de la derecha poblana, aparecieron publicadas sin firma autógrafa, pero ideológicamente signadas por destacados miembros del FUA, facción en la cual militaba (y con “orgullo”, tal y como él mismo lo aceptó) el ahora presidente municipal electo, Luis Paredes Moctezuma. Y aquí se impone otra pregunta:

¿Qué haría el futuro alcalde de Puebla sin Manuel Bartlett?

Supongo que regodearse como pudo hacerlo su asesorado, el otrora munícipe Gabriel Hinojosa Rivero. Y quizá hasta sentirse salvador de Puebla quitándole lo de “Zaragoza” para rebautizarla con el de “Los Ángeles”. Es decir, aumentar el papel de reivindicador del cristianismo y, por ende, usar la espada bendita y desenvainada para cortar la cabeza de los liberales: el San Miguel Arcángel luchando contra los dragones convertidos en horribles dinosaurios tricolores, pues.

¡Claro que debe de resultar incómoda la presencia retórica y crítica del exgobernador y ahora influyente senador priista!; sin embargo, viéndola con optimismo para los miembros del PAN poblano (TaliPAN, Armando Labra dixit), hace las veces de freno natural a las intenciones de recule. Y obvio: a Paredes le sirve de conciencia y contrapeso para orientarlo a equilibrar su mandato, dándole un sentido social ajeno a posiciones ideológicas y posturas religiosas. Como debe ser en estos tiempos modernos.

A partir de ello habría que decirle a Manuel Bartlett Díaz: siga usted, senador, metiendo su influyente nariz en los asuntos políticos del estado que gobernó. Puede ser que su opinión (u olfato político) modere los arrebatos priistas, además de darnos tema de columna.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA REPÚBLICA EN LA IZQUIERDA*

Al cumplir la Segunda República Española su quinto aniversario, quiero dar voz a mi emoción personal —reavivada por el recuerdo de días convividos al lado de algunos de sus iniciadores, en épocas de persecución y de lucha— y decir con cuanta afinidad el pensamiento revolucionario de México se suma y se confunde con el de los constructores de la nueva patria hispana.

No basta la comunidad de sangre para ligar a dos pueblos. Más que eso, ligan entre sí a dos nacionalidades la unidad de miras para avizorar los mismos problemas humanos, el paralelismo de aspiraciones y la convergencia hacia idénticas expectativas.

Por eso, mientras señorearon el poder las facciones derechistas, de intento y por irreductible imperativo de mi convicción, cesé de interesarme en las diarias incidencias de la política española. La República no podía ni puede estar representada por rezagos del sistema que fue desplazado por anacrónico, por caduco, por hallarse corroído de toda carcoma moral, cual era el régimen monárquico.

Porque la acción derechista en el cuerpo del nuevo engranaje político no se sustentaba siquiera en lo tradicional español visto como rodrigón del presente e inspiración del porvenir o entendido como marca de legitimidad que a ningún pueblo le es permitido perder, sino que pretendía —en un esfuerzo no bien disimulado de neutralización— adulterar las nuevas formas y los impulsos revolucionarios, para esconder bajo la capa de instituciones republicanas el pacto y la condescendencia con las fuerzas enemigas de la nacionalidad, traicionando así en sus principios cardinales a la República.

De España se ha dicho que ha conocido todas las formas de la gloria, y hace un lustro conoció una nueva; hacer honor a su pasado del único modo como es glorioso hacerlo: liquidándolo para que no pese sobre el porvenir.

Reducida por sino histórico a su aislamiento peninsular; exhausta bajo la mano de la monarquía, el peso del clero y la garra de una dictadura militar, España había vivido años de ignominia que las virtudes innatas de su pueblo no merecían tolerar.

Incapacitada para buscar su recuperación material en empresas anexionistas, mancillaba su tradición al jugar papeles de comparsa en el tablado de África, simulando “cumplir el testamento de Isabel la Católica”, pero en realidad manteniendo una guerra tan insensata como extenuadora de las mejores energías humanas y de las mermadas riquezas que reclamaban otro más justo empleo.

El pueblo español, bajo una opresión que parecía sin esperanza, era fiel a la doctrina de Séneca, que Ganivet considera como esencia de su ser nacional: no se dejaba vencer por nada extraño a su espíritu; pensaba, en medio de los accidentes de la política monárquica, que tenía dentro de sí una fuerza fecundante, algo firme e indestructible, como un eje adamantino que le permitiría resurgir, íntegro y lozano, para cumplir mejores destinos.

Mientras España no pudo reconcentrar sus energías dentro de su propio territorio y labrar prosperidad y justicia de bancarrota y privilegio, en tanto no acertó a reconstruir la esencia de su espíritu, que tan abundantemente había dejado escapar por todas sus puertas y hacia todos los vientos, era para nosotros, la España de la monarquía, una entidad ajena, antitética, pudiera decirse hostil.

Por eso los revolucionarios de México acogimos con el calor con que se acoge lo que es nuestro el movimiento que creó la Segunda República.

El vaivén de acontecimientos políticos de México me llevó hasta España cuando sobre ella caía todo el peso de la dictadura de Primo de Rivera, y entonces aprendí a conjugar el sentimiento y la rebeldía de lo mexicano revolucionario con el ansia de renovación que latía allá, sofocada donde quiera por la violencia. La cárcel era el punto de remate para los conspiradores republicanos; y allí y en la lucha por organizar las fuerzas populares contra la monarquía, fue donde renové conocimiento y amistad con Marcelino Domingo y otros de los hombres que incubaron con su espíritu la Segunda República.

Puedo afirmar que desde entonces —siete años antes del triunfo republicano en las elecciones generales del año 31— el sentimiento de quienes preparaban el nuevo orden de cosas era un sentimiento de izquierdas que pugnaba por la reforma agraria, por la evolución del derecho obrero, por el desafuero total de las influencias clericales en la vida pública y en la escuela, por una educación exenta de prejuicios, por el reconocimiento efectivo de la autodeterminación de las regiones, como unidades históricas y políticas, y porque los mandamientos institucionales que se forjaran como base de la República, tuvieran una estricta aplicación y una cabal vigencia.

La época en que los partidos derechistas ejercieron el poder es período que considero totalmente perdido para la obra de transformación que iba implícita en la mutación del régimen. Y juzgo que la revolución de octubre, y el posterior triunfo del Frente Popular, que fue, andando el tiempo, su feliz consecuencia, vinieron a salvar la nacionalidad española de un relapso que habría convertido sus instituciones en simples entelequias ayunas de sentido trascendente para la vida hispánica.

Pero la arrolladora victoria de las izquierdas, tan cercana en el tiempo, a este aniversario, hace que la ocasión presente tenga un énfasis más. La República izquierdista es dos veces la República, porque es ella misma en toda su puridad y puesta en el carril de su destino verdadero.

Ha sido eliminado hasta el estorbo representado por un jefe Ejecutivo cuyos antecedentes, cuyo matiz político y cuyas convicciones personales no se acordaban, ni era posible que se acordaran, con el pensamiento avanzado del Frente Popular.

Esta libertad para opinar en materias que atañen a la República Española, es fuero que los revolucionarios de México reclamamos para nosotros, porque sentimos que las distancias entre ambas naciones se salvan por el puente de los altos intereses sociales, que hoy por igual preocupan a los hombres de todas las latitudes.

Creo que, como la nuestra, es la Revolución Española un movimiento en marcha. No puede decirse de ella lo que Lepuy afirmó de la francesa del 1789, cuando quería enaltecerla poniéndole punto final. No es el fin último llegar al poder, sino emplearlo continuamente en el desarrollo de un programa de radicales reformas, que haga posible el imperio de la justicia social y la equitativa distribución de las riquezas entre quienes las producen. No basta haber conquistado el gobierno; hay que educar a los reemplazos nacionales, de tal manera que sepan mejorar la obra de hoy; hay que comunicar las regiones del territorio; hay que dar la tierra a quienes con su esfuerzo la hacen producir; hay que irrigar las comarcas calcinadas por la sequía; hay que hacer de cada hombre y de cada mujer un trabajador capacitado para exigir respeto a sus derechos clasistas y a sus derechos cívicos; hay que constituir, en fin, una nacionalidad con los restos de una descomposición social de siglos. Y ello es obra de sostenido aliento, que exige continuidad, tesón, desinterés.

Por eso la Revolución Española y la Revolución Mexicana son fuerzas en marcha, que se acercan a plena realización a través de superaciones sucesivas.

Sólo así podrá realizarse el pensamiento optimista, la vidente fe de Joaquín Costa, que se preguntaba si España habría de perderse para la humanidad, y luego contestaba a su duda con el más caluroso de los entusiasmos; “creamos nosotros aún en la eternidad de la raza española; pero creámoslo con fe viva, cimentada en obras.”

El Nacional, 15 de abril de 1936.

* Discurso pronunciado por el señor Froylán C. Manjarrez, ante el micrófono XEFO, en la velada que organizó el Partido Nacional Revolucionario con motivo del V Aniversario de la Segunda República Española.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

La historia se repite.

Ese es uno de los errores de la historia.

Charles Robert Darwin

EL FILO DE LA NAVAJA

No se ha de juzgar el valor del hombre por sus grandes cualidades, sino por el uso que de ellas sabe hacer.

Rochefoucauld.

 

El cargo más desgastante en cualquier gobierno es, sin duda, el de procurador general de justicia. En él confluyen todo tipo de influencias políticas, sin faltar desde luego las presiones que ejercen las mafias y los grupos cuyo método es el soborno. Pocos de sus titulares se han salvado de acusaciones o señalamientos que ponen en duda su honorabilidad. Y por ello es que casi todos han concluido su gestión con el prestigio desportillado.

Parafraseando a Salvador Díaz Mirón, podríamos decir que son pocas, muy pocas, las aves de este tipo que salen del pantano sin manchas en el plumaje.

Carlos Alberto Julián y Nácer es una de las víctimas de esa especie de avalancha que arrasa con las reputaciones más prístinas. De ahí que lo publicado por “Intolerancia Diario” nos permita pergeñar lo que ocurre en las entrañas de la dependencia, donde las componendas son el pan nuestro de cada día.

Salta a la vista, pues, que la capacidad profesional del excandidato no le sirvió para protegerse de las salpicadas delincuenciales.

O que algunos parientes abusaron de su buena fe, comercializando la supuesta influencia familiar.

O que la declaración en contra de él y de su compadre Adán Cortés Ulloa sea una más de las feroces reacciones de exagentes judiciales resentidos o molestos por no haber recibido el reparto del botín, la impunidad o la protección prometida. De cualquier manera, la víctima vuelve a ser un exprocurador de Justicia, tal y como en su época ocurrió con otros como Gutiérrez Manzano, Sáiz de Miera, Peruyero, López Rubí y Fernández de Lara, por sólo citar a los más recientes.

De Zamudio recordamos su participación en el conflicto entre universitarios y gobierno. Sáiz de Miera fue acosado por las presiones que le provocaron una crisis existencial. A Peruyero lo rebasó la misma corrupción que había aplastado a Gutiérrez Manzano. López Rubí padeció la influencia y directriz del entonces “Gran Asesor”, además de sufrir las explosiones anímicas de su jefe, el gobernador Mariano Piña Olaya. A Gutiérrez Manzano lo vemos como chivo expiatorio de las atrocidades protagonizadas por los hermanos Inurreta, quienes, entre otras cosas, irrumpieron en el hogar de la madre de un militar de alto rango y de un prominente miembro de la colonia libanesa. Y Fernández de Lara le hizo al camaleón para poder sortear con éxito los efectos de un poder manejado con los excesos que promueve el valemadrismo.

¿Qué fue lo que a Nácer le dejó algunas muescas en su imagen?

En primer lugar, dos que tres dizque familiares se valieron de los apellidos o del paisanaje para lucrar y delinquir. Hubo uno —cuyo nombre no recuerdo— que murió asesinado supuestamente por sus cómplices, ladrones de autos y motociclistas. Otro (de ese sí sé su nombre, pero lo omito para no ulcerar los ojos del lector) que tiene una orden de aprehensión en su contra y se encuentra prófugo (este columnista lo denunció por fraude y, cuando se iba a ejecutar dicha orden, alguien por ahí lo alertó y, quizás, hasta le ayudó a ocultarse mientras buscaba la protección de la justicia federal, protección que a final de cuentas le fue negada). Y respecto a Cortés Ulloa, el lector ya sabe lo que se publicó en el diario referido.

Según vemos, a don Carlos Alberto la vida lo está castigando, ya que su bonhomía y buena fe no han sido recompensadas. Es, dicen, un excelente padre de familia y un amoroso cónyuge. También un amigo capaz de quitarse el saco para ayudar al cuate que se lo solicita (aquí es donde pudo haber perdido). Como maestro tiene muchos alumnos agradecidos. En la religión se ha destacado por su entrega espiritual. De la Secretaría de Gobernación más o menos salió bien librado. Y la candidatura lo hizo crecer en el difícil oficio político.

¿Por qué entonces la mala suerte? Pues por su cargo en la Procuraduría General de Justicia, lugar en el cual el más tullido de los coyotes (apunte usted desde abogados hasta agentes policiacos) es alambrista consumado. De ahí que, de no haber tenido ese cargo, seguramente otro sería su destino, experiencia que deberían tomar en cuenta aquellos que anhelan o gustan caminar por el filo de la navaja.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

Así que los que quieran trascender, recuerden que el buen gobernante es el que está bien con todos, el que ayuda a todos y el que ve por todos...

LA OBRA DE LA SEGUNDA REPÚBLICA ESPAÑOLA

Cumple hoy un año de vida la Segunda República Española. Quienes nos sentimos orgullosos de haber hecho nuestra la causa de los republicanos españoles, no a contar de los días luminosos de la proclamación de la República, sino desde la época en que los hombres que ahora rigen los destinos de España preparaban el advenimiento de la democracia española, en la calle, en el destierro o en la cárcel, es justo que nos ufanemos de poder registrar, como un hecho trascendente en la Historia, el afianzamiento de las nuevas instituciones plasmadas por los representantes del pueblo español.

La República se planteó como un movimiento de limitadas proporciones, se ejecutó cuando ya se tenía una visión más amplia de la necesidad de imponer soluciones renovadoras de mayor trascendencia; y se ha consolidado como un fenómeno social y político de caracteres franca y progresivamente revolucionarios.

En los años prolongados de la dictadura del general Primo de Rivera y durante el gobierno innocuo de don Dámaso Berenguer, ante la necesidad de provocar las menores resistencias en el interior, y ante el peligro de concitarse la enemistad de las potencias extranjeras, los republicanos españoles restringían al mínimo sus aspiraciones: “Haga usted la República conservadora, y nosotros la apoyaremos” —decía en una célebre epístola Marcelino Domingo, uno de los más valerosos e intransigentes republicanos, a José Sánchez Guerra, ex primer ministro de la corona y a la sazón líder de la oposición a la monarquía.

Fue de este modo como don Niceto Alcalá Zamora, antiguo ministro, ocupó la más alta jerarquía en la oposición republicana y acaudilló la insurrección incruenta del 14 de abril.

Pero cuando la República fue un hecho, el espíritu revolucionario del pueblo español se desbordó como un torrente salido de cauce, no conformándose con las soluciones propias de un liberalismo conciliador y romántico, sino reclamando una transformación íntegra de los modos de vida de la nación española, para libertarse lo mismo del latifundista que del cura, del capataz que del cacique.

Contemplar, aunque sea en sus líneas generales, este proceso ejemplar de transformación social y política, es rendir un justo homenaje a los artífices de la Segunda República Española.

España vive aún dentro de la etapa constituyente de la era republicana. Votada la Constitución, electo el presidente de la República y reformado el gabinete con toda la fuerza legal, no por eso fueron disueltas las Cortes Constituyentes, juzgando, preciso que con el mismo espíritu con que fueron dictadas las leyes fundamentales, debe procederse a la elaboración de los ordenamientos complementarios que habrán de revestir al nuevo estatuto jurídico de la nación española.

Los aspectos salientes de la compleja tarea que han emprendido el gobierno y la Asamblea Constituyente españoles, pueden resumirse del modo siguiente:

Primero: Integración del nuevo Estado español;

Segundo: Elaboración de las normas jurídicas que han de regir la vida política de España, y

Tercero: Reorganización de las condiciones de vida de la colectividad española en sus múltiples aspectos sociales, económicos y espirituales.

La forma de integrar el Estado fue el primer problema que se planteó a la consideración de los nuevos estadistas, a la caída de la monarquía. Como he explicado en otros momentos este problema radica en la existencia real de un conjunto de colectividades que, aun cuando se reconocen todas ellas como de origen hispánico, conservan —a despecho de los siglos de dominación de las Casas de Austria y de Borbón— características raciales, costumbres y cultura, genuinas, que afirman la personalidad de las regiones hispánicas en el grado en que cada pueblo ha hecho, un culto del cultivo de lo propio.

El regionalismo, que aparecía como el escollo que pudo haber precipitado el fracaso del gran esfuerzo constructor de la República, ha sido resuelto con rara habilidad, canalizando las corrientes particularistas, a modo de que la suma de cultura y de los demás valores de las regiones, lejos de que produzcan la desintegración española, constituyan un aporte para enriquecer el acervo nacional.

Así, desde la celebración del Pacto de San Sebastián, se resolvió el problema inquietante de la autonomía de Cataluña, que durante largos años agitó a España e interesó al mundo.Hoy no resta, a este respecto, más que la aprobación por las Cortes Constituyentes del Estatuto Catalán.

El federalismo español se distingue de los demás sistemas federales que se han ensayado en Europa y en América, en que no enmarca dentro de cuadros jurídicos precisos, el grado en que deba ejercerse la autonomía, sino que deja al desarrollo natural de cada región, la conquista de los derechos de autonomía. Castilla y Andalucía, sin género de duda, no extremarán sus demandas en la medida en que lo hacen Cataluña y los países vascongados, pero éstos como aquéllas, sin desatender el cultivo de lo propio, seguirán siendo parte del Estado español, ya no por obra de alianzas fortuitas de casas dinásticas que sólo supieron mantener su dominio con apoyo de la violencia, sino por la voluntad expresa del pueblo.

De las normas jurídicas que han de presidir el funcionamiento de la democracia española, lo que más se destaca es la decisión de confiar la gestión parlamentaria a un solo cuerpo legislativo: el Congreso de los Diputados. Aquí triunfa una vez más la vieja tesis liberal, que pretende que se ejercite la soberanía popular sin el freno moderador de un senado.

La evolución del derecho obrero en España no es un fenómeno propiamente nuevo. Como en todo país que fuerza su marcha hacia la industrialización, el poder de los trabajadores organizados supo imponer, aun en tiempo de la monarquía, normas de convivencia social que, en mayor o menor grado, garantizaban los intereses de los trabajadores industriales.

El paso más importante que en esta dirección ha dado la República, consiste en el proyecto del ministro Largo Caballero, de conceder a los trabajadores organizados una intervención directa en la dirección de las empresas industriales, a la manera proclamada por Wissel en la Constitución alemana de Weimar.

Y el problema de la vida rural, que en la España contemporánea se plantea en la misma forma y con características semejantes a las que prevalecían en México antes de la revolución, lo ha abordado el ministro Domingo en proyecto que ha merecido ya la aprobación del gabinete de Azaña y que actualmente es considerado por las Cortes Constituyentes.

La Ley Agraria Española —ha declarado el presidente del Consejo, señor Azaña— tenderá a encontrar una solución pacífica del problema de la falta de trabajo en los distritos rurales, proporcionando una distribución equitativa de la tierra en las provincias donde la propiedad se encuentra en poder de unas cuantas manos. Las leyes agrarias, no explotarán, sino que mejorarán necesariamente las condiciones del trabajo agrícola, lo que representa una base más firme para la paz social y para la sustentación del régimen republicano.

Esta es, en su esencia, la obra de la Segunda República Española, consumada en el primer año de su existencia.

El Nacional, 14 de abril de 1932.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

La soberbia nunca baja de donde sube,

porque siempre cae de donde subió.

Francisco de Quevedo

Resumen de noticias mayo 2026

Te presentamos un resumen de las noticias más importantes de la semana

Noticias de la semana

Del 1 al 7 de junio de 2026

 

El programa "Armenta Contigo" en Puebla

El gobernador Alejandro Armenta Mier estrenó el programa multiplataforma "Armenta Contigo", transmitido a través del sistema estatal de comunicación (SICOM) y redes sociales. El formato busca recibir denuncias y reportes ciudadanos directamente en una dinámica de atención pública visual.

Si bien los espacios que simulan "atención directa" se promocionan como hitos de cercanía y apertura, en la práctica suelen enfrentar un embudo operativo masivo. Limitar la pantalla a unos cuantos casos crea una narrativa de accesibilidad total que contrasta fuertemente con la lentitud institucional de las secretarías en el día a día. Para que estos formatos de comunicación dejen de ser meros aparadores de relaciones públicas y propaganda, el gobierno estatal debe transparentar la tasa de resolución real de los folios acumulados en su línea de atención.

Secuestro de la periodista Roxana Berenice Guzmán en Veracruz

Sujetos armados ingresaron por la fuerza al domicilio de la periodista Roxana Berenice Guzmán Ramírez, directora del portal Pulso Informativo del Sureste, en Nanchital, Veracruz, privándola de la libertad. La Fiscalía General del Estado (FGE) abrió la investigación y el gobierno federal intervino tras la petición de auxilio de sus familiares.

Este suceso expone nuevamente el desamparo sistemático que padecen los periodistas en las regiones subestatales de México. Los mecanismos locales de protección siguen siendo reactivos, lentos y excesivamente burocráticos. La normalización y falta de prevención frente a los ataques a la prensa local desmantelan el tejido democrático comunitario; el retraso o la filtración de datos falsos sobre el hallazgo de las víctimas solo entorpecen las horas más críticas de la búsqueda y reflejan la indolencia institucional.

Protestas de la CNTE intervienen Paseo de la Reforma de cara al Mundial

En el marco de sus movilizaciones en la Ciudad de México, maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE) vandalizaron y derribaron estructuras de la exposición "Gigantes del Futbol" instaladas en Paseo de la Reforma, dejando consignas de protesta y amenazando con generar disrupciones logísticas previas a la inauguración del Mundial.

La CNTE ha perfeccionado la estrategia de utilizar escaparates globales y de alta visibilidad mediática como mecanismo de presión política hacia el Gobierno Federal. El uso de la infraestructura urbana de un evento internacional como rehén de demandas laborales genera polarización: por un lado, visibiliza conflictos salariales que la burocracia aplaza; por el otro, el vandalismo erosiona la legitimidad social de sus causas y vulnera los compromisos logísticos internacionales del país a solo días de iniciar la justa deportiva.

Red de corrupción en servicios de hemodiálisis en el IMSS-Bienestar Puebla

Se detectaron graves irregularidades y sobrecostos en contratos de servicios de hemodiálisis en Puebla bajo el esquema del IMSS-Bienestar, donde un proveedor cobraba facturas con montos inflados de hasta $32,000 pesos por sesión, cuando el valor real de mercado oscila en los $1,500 pesos. Tras destaparse el caso, el coordinador estatal de la institución fue relevado de su cargo.

Este es un flagrante caso de corrupción donde se lucra directamente con la salud de pacientes crónicos. El desfalco no solo implica un daño patrimonial brutal al erario, sino que la suspensión de contratos dejó temporalmente sin atención a cerca de 484 pacientes con insuficiencia renal. Que estas anomalías pasaran los filtros de auditoría interna de un modelo de salud centralizado demuestra que el cambio de nombre o de institución no erradica las redes de complicidad si no existen controles de compras consolidadas estrictos.

Carta pública de AMLO dirigida a Donald Trump

El expresidente Andrés Manuel López Obrador hizo pública una extensa carta dirigida al mandatario estadounidense Donald Trump. En la misiva, cuestionó el cambio de actitud de Trump respecto a sus intenciones de clasificar a los carteles mexicanos como terroristas e instó a no caer en discursos intervencionistas, cerrando con la frase "por el bien de todos, que regrese el otro Trump".

La reaparición política de López Obrador a través de esta carta pública desdibuja el principio de su anunciado retiro de la vida pública y genera ruido en la conducción de la política exterior, la cual corresponde constitucionalmente de forma exclusiva al gobierno de la presidenta en funciones. La misiva refleja el choque entre la retórica nacionalista de la administración saliente y la realidad de una nueva gestión en EE. UU., que se muestra mucho más agresiva en materia comercial y de seguridad fronteriza.

Cierre definitivo de la planta de Stanley Black & Decker en Puebla

Tras 59 años de operación ininterrumpida, la firma estadounidense de herramientas Stanley Black & Decker cerró de manera definitiva su planta manufacturera ubicada en el corredor industrial de Puebla. La compañía atribuyó el cese a una reestructuración global ante la baja en la demanda de ciertos productos, dejando sin empleo a alrededor de 600 trabajadores.

El fin de una operación de casi seis décadas es un síntoma del reordenamiento industrial global y de la automatización del sector manufacturero. Aunque el gobierno local minimice el golpe aludiendo a la llegada de nuevas inversiones de electromovilidad, la pérdida repentina de cientos de empleos especializados impacta severamente al ecosistema de proveedores locales. La prioridad inmediata exige vigilar que las liquidaciones cumplan al 100% con la ley y acelerar programas de reconversión laboral.

Fallece Román Alberto Cepeda, alcalde de Torreón

Falleció a los 60 años de edad Román Alberto Cepeda González, presidente municipal de Torreón, Coahuila. El edil murió en un sanatorio particular tras ser trasladado de urgencia por complicaciones de una neumonía combinada con el tratamiento médico y quirúrgico que recibía para combatir el cáncer.

Más allá de la pérdida humana que conmocionó a la política coahuilense, el deceso de un alcalde en funciones abre un periodo de obligada madurez política para el Cabildo y el Congreso del Estado, quienes deben procesar la sucesión interina de forma tersa. Torreón enfrenta retos de gran calado en materia de infraestructura hídrica y seguridad urbana, por lo que la transición administrativa no puede permitirse vacíos de poder ni parálisis operativa motivada por disputas de facciones partidistas.

Robo de vehículo al influencer Eloy Rojas en Cholula

El creador de contenido gastronómico poblano, Eloy Rojas, denunció a través de sus redes sociales el robo de su camioneta en las inmediaciones de Camino Real a Cholula. Las cámaras de seguridad registraron el modus operandi, donde los perpetradores utilizaron otro vehículo para interceptar y sustraer la unidad.

Este caso se viralizó debido al alcance digital de la víctima, sirviendo como una muestra de la realidad delictiva diaria que encaran miles de ciudadanos anónimos en la zona metropolitana de Puebla. El robo de vehículos sigue siendo uno de los delitos patrimoniales de mayor incidencia. Que un delito requiera la presión mediática de un "influencer" para dinamizar la respuesta de las autoridades de seguridad evidencia las carencias del sistema de denuncia ciudadana común para el resto de la población.

Creación del Comité de Seguimiento para el Cablebús en Puebla

En el Ayuntamiento de Puebla se formalizó la creación de un comité especial para evaluar la viabilidad técnica, el trazo urbano y el financiamiento de una línea de transporte masivo tipo teleférico (Cablebús), alineado con los proyectos de movilidad sostenible metropolitanos que impulsan los órdenes estatal y federal.

El transporte por cable ha demostrado ser una solución eficiente en zonas con alta complejidad topográfica. Sin embargo, en el valle urbano de Puebla, el comité tiene la obligación de demostrar con estudios técnicos de origen-destino que no se trata de una obra de relumbrón político o de un proyecto estético. La infraestructura de movilidad poblana requiere con mayor urgencia la reestructuración profunda de las rutas de transporte público tradicionales concesionadas antes de comprometer presupuestos multimillonarios en un sistema aéreo.

Presentación oficial del auto eléctrico mexicano "Olinia 1"

El gobierno federal presentó oficialmente el prototipo del Olinia 1, el primer vehículo eléctrico de diseño e ingeniería 100% mexicana. El automóvil urbano proyecta un costo de salida al mercado sumamente competitivo para los próximos años y contempla una cadena de producción público-privada que involucra la proveeduría industrial de Puebla.

El Olinia representa una apuesta soberana de alta tecnología que busca democratizar la electromovilidad en sectores populares y competir frente a la inundación de marcas asiáticas. El bajo precio objetivo obligará a un subsidio estatal inicial o a un control absoluto en la cadena de suministro de baterías de litio. El verdadero cuello de botella para el éxito de este proyecto no radica en el desarrollo del prototipo, sino en la capacidad del Estado para financiar la infraestructura de carga pública en el país y dotar de certidumbre energética a la red eléctrica nacional.

Redacción Réplica

Revista Réplica

El celular no va a extinguir el mundo por sí solo; lo estamos extinguiendo nosotros, a base de clics, indiferencia y un silencio ensordecedor que ya no podemos ocultar

Deforestación masiva en regiones como el Amazonas o Indonesia

Mientras tanto, ahí sigue la trampa vehicular. Esperando...

Hacerlos fuertes no significa soltarles la mano en medio del campo minado

Llegué con el entonces director del Canal 13. Me recibió entusiasta y comunicativo. Después del saludo de amigos, soltó una información que, de haberse difundido en esa época, habría causado un revuelo internacional:

“Ya verán cómo se las gastan los revolucionarios”, ironizó uno de los estrategas de Mucio P. Martínez. No obstante, los simpatizantes de Francisco I. Madero desdeñaron la información, quizá porque faltaba poco para que el presidente León de la Barra dejara el poder a Madero...

Todo lo que se ignora, se desprecia.

Antonio Machado

Una vieja historia que renuevan los modernos virreyes...

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Juan Sandoval Íñiguez no despegó la vista del vino que él personalmente servía ponderándolo como uno de los mejores de su cava...

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