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LA DECADENCIA DEL TRIÁNGULO INTERNACIONAL

Sorprende al mundo el año de 1930: planteando en el campo de la política internacional problemas de la mayor gravedad y trascendencia que haya debido confrontar la humanidad en la última década. No se han elaborado aún los últimos arreglos que han de servir a manera de remate de la estructura económica de la postguerra; no se han puesto las signaturas finales con que se cierre la página inquietante que proyectó la liquidación económica de la guerra —con todo su acervo complejo de adeudos internacionales y de convenios para el pago de reparaciones—; no se ha finiquitado, en suma, esta grave cuestión que apareja, involucra y engendra otros problemas políticos y sociales de primera importancia, cuando ya los estadistas de las cinco grandes potencias navales —Inglaterra, Estados Unidos de América, Japón, Francia e Italia—, so pretexto de buscar el desarme naval, se ven compelidos, en realidad a ajustar su poderío e influencia como imperios que se atribuyen —en mayor o menor grado— la hegemonía política sobre el orbe.

Las conferencias que de aquí a pocos días van a iniciarse en la capital británica, están llamadas a determinar el ritmo de la política exterior de las primeras potencias; porque previamente a ellas se han destruido viejas alianzas y se han proyectado nuevas “ententes”, se ha alterado sensiblemente el cauce por donde discurrían, aquietándose las turbulentas corrientes de la vida interestatal, y es menester, en consecuencia estructurar una nueva armadura o establecer un nuevo equilibrio internacional.

No es sólo el interés propio de los hombres que han abierto su espíritu a las grandes inquietudes y emociones alemanas lo que debe movernos a contemplar, en su contenido básico y en sus inflexiones, un acontecimiento —o sucesión de acontecimientos— de tamaña magnitud. Es, además, y sobre todo: el deber que tienen todos los pueblos —sin excluir a los débiles o pequeños— de comprender cuál es la ruta y cuáles los designios y los intereses y las ambiciones en pugna de los grandes Estados, lo que impele al escritor a desentrañar la verdad de estos sucesos; ya que, fatalmente, la interdependencia de los Estados, que condiciona la vida moderna, no permite a las pequeñas naciones substraerse, a la influencia de la rotación de las grandes potencias. Como que las perspectivas de paz o de guerra —mediata o inmediata— afectan por entero a la humanidad.

El legado de 1929

Ya en el plano concreto de la observación, claramente se advierte que el ambiente predominante al iniciarse este año de 1930, es muy otro que aquel que prevalecía al comienzo de 1929. Si los años —convencional medida de tiempo— tienen un valor histórico por los acontecimientos que en su lapso comprenden, este año de 1929 dejó una profunda huella de desconcierto en el campo de la política internacional: desconcierto que se traduce en inquietud y en zozobra que es urgente calmar.

Ciertamente, a 1929 se le legaron graves problemas, de entre los cuales dos —el de la liquidación económica de la guerra y el de la evacuación anticipada de la Alemania— están a punto de quedar básicamente resueltos; pero en cambio 1929 heredó un espíritu de cordialidad y un orden político que se antojaba inalterable en tanto que legó a 1930 notas amargas, rencores mal contenidos y actitudes intransigentes.

Al principiar 1929 el luminoso triángulo de la paz —Briand-Chamberlain-Stressemann— sólidamente constituido, que nada hacía sospechar un cambio sustancial en los lineamientos o en el espíritu de la política trazada por tan conspicuos hombres de Estado. Sin embargo, a 1930 lo han saludado los sedicentes nacionalismos, rencorosos, desconfiados o altaneros, cuyo espíritu ha sustituido al espíritu de concordia que tuvo su culminación en Locarno y en Ginebra.

Del trinomio Briand-Chamberlain-Stressemann no resta nada. El Bismarck de la paz rindió su tributo a la muerte, empujado por la intensa tarea que le imponían las resistencias “nacionalistas” y revancheras: Sir Chamberlain ha pasado a la penumbra —momentánea o definitiva— corriendo la suerte de su partido, mientras Mac-Donald y Snowden destruyen con saña toda la armadura forjada por L’entente Briand-Chamberland; y Briand, el viejo batallador, el más selecto y el más universal espíritu de Europa, apenas si es, en el Quai d’Orsay, una facade que no logra encubrir la política dura de André Aardieu.

De “L’entente” europea a “L’entente” anglo-sajona

Esta decadencia de los hombres que mayor influencia han ejercido en el mundo occidental en el último lustro —de los hombres cuya gestión disipó las tormentas que ya se anunciaban en 1923—; esta decadencia acusa la más formidable y más grave transformación del orden político internacional, que se haya conocido en la postguerra.

Cuando Snowden, con sus exabruptos, fueteó el rostro de Henry Chéron —el obeso ministro de Hacienda de Francia—, el hecho parecía tener solamente un valor anecdótico —fuerte, pero circunstancial—. A nadie se le ocurría que al margen de la pelea por diez millones de dólares anuales que reclamaba el canciller del Tesoro británico, se engendraba la más radical transformación de la arquitectura política internacional. El mismo Briand, por salvar los convenios llamados a liquidar el pasivo económico de la guerra, pensando y obrando a impulsos de su sensibilidad más europea que francesa, soportó con paciencia las tremendas boutades del delegado británico y hurgó acá y acullá hasta encontrar los millones reclamados por el tesoro de Albión.

Pero la resignación de Briand y el sacrificio pecuniario de cuantos cedieron por satisfacer las demandas inglesas, no fueron bastantes para volver las corrientes políticas a su cauce habitual. En realidad, el programa del nuevo gobierno británico comprendía un cambio radical de la política del Imperio. Así pues, el episodio de Snowden era la iniciación de una marcha por derroteros distintos.

El pueblo inglés saludó con vítores de entusiasmo al triunfador de La Haya. No era solamente l’entente personal Briand-Chamberlain la que quedaba deshecha; era sobre todo, l’entente franco-británica la que tocaba a su fin; entente que hizo posible la guerra y la victoria sobre el militarismo prusiano, y que servía de sustento al nuevo equilibrio europeo.

Inglaterra —se pensó— volvía al “espléndido aislamiento” que proclamaran los viejos liberales. Mac-Donald —se dijo—, no ha hecho otra cosa que levantar el ánimo del partido en derrota.

Pero no. Mac-Donald iba más lejos. Mac-Donald cambiaba l’entente franco-británica que le aseguraba la hegemonía sobre Europa, por l’entente anglo-yanqui que le asegura la hegemonía del mundo.

Este es el verdadero sentido de la situación internacional que prevalece en esta hora histórica.

Tardieu vs Snowden

Ante la ruptura de los vínculos franco-británicos que se forjaron en 1904 frente a la amenaza del predominio del kaiser Guillermo y que se solidificaron en los años angustiosos de la guerra; y ante las asperezas de los actuales ministros ingleses contra Francia, la exaltación del Partido Laborista británico al poder no podía repercutir —como se esperaba y como aconteció en 1924— como un fenómeno favorable a los partidos de la izquierda francesa sensibles a la concordia y fervorosos de la paz. Era demasiado violenta la actitud de Snowden y asaz trascendente la nueva orientación impresa a la política internacional por Mac-Donald para que no se operara en Francia un movimiento de reacción —casi instintivo— hacia Tardieu, hacia Maginot, hacia Marín, hacia todos esos hombres, en fin que mantienen la tradición “clemencista” de desconfianza y de rencores.

Y entre tanto esto ocurre en Inglaterra y en Francia, en Alemania ha desaparecido el más alto y más hábil estadista de nuestro tiempo —Stressemann—, y vuelven a cobrar fuerza los vástagos del kaiserismo que parecían definitivamente vencidos.

Este es el panorama espiritual que se observa en Europa en los albores de este año de 1930, cuando las grandes potencias del mundo, a pretexto de buscar el desarme naval, van a reunirse para ajustar su poderío e influencia como imperios que se atribuyen la hegemonía sobre el orbe.

El Nacional, 9 de enero de 1930.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

Todo poder es una conspiración permanente.

Honoré de Balzac

El ausente

Quien crea que la vida carece de sentido, no solo es desgraciado, sino casi incapaz de sobrevivir.

Einstein.

 

¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde se ha metido? ¿Por qué ya no se deja ver?

Son preguntas obligadas porque parece que se lo tragó la tierra. Nadie sabe qué es lo que hace el que fuera Secretario de Finanzas –junto con el hoy gobernador y Germán Sierra Sánchez, aspirante también por la gubernatura del estado–, coordinador de la diputación federal poblana y director general de Banobras.

Este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que también aquellos que fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo. Y los segundos porque le hacen el fuchi, no obstante que hasta hace unos meses todavía ponderaban su capacidad y presumían su preparación. Son actitudes que de alguna manera comprueban que José Luis Flores se equivocó de estrategia política, de amigos, de colaboradores e incluso hasta de padrino.

Alguna vez este columnista le dijo frente a Luis Antonio Godina lo que probablemente nadie le había dicho (lo repito de memoria): “Si participas en el proceso interno perderás debido a que tu principal rival es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. No me lo creyó. Después ocurrió lo que el lector sabe. Y sus corifeos sufrieron una derrota de la cual todavía no se recuperan, entre otras cosas, porque dedicaron su esfuerzo y tiempo electoral a lanzar toda clase de infundios y epítetos en contra del entonces precandidato Melquiades Morales, para ellos el enemigo a vencer (en otra ocasión le daré nombres, pelos y señas).

Lo que le faltó a José Luis Flores Hernández fue presencia pública, es decir, haber compartido con sus paisanos las buenas y las malas. Por ello inició su carrera política a contrapelo y se hizo notable su desarraigo: cuando llegó a la entidad tenía varios años de haber estado ausente obligado, desde luego, por sus estudios profesionales en el Distrito Federal y los posteriores en Estados Unidos. También por su trabajo en el gobierno federal y más tarde en el vecino país. De ahí que su arribo fuera algo casual ya que prácticamente sin conocerlo ni haberlo planeado Manuel Bartlett lo invitó a colaborar: José Ángel Gurría (amigo de ambos) le dio la sorpresa diciéndole que lo había recomendado con quien gobernaría el estado de Puebla.

Así fue como José Luis Flores apareció en la entidad. Lo precedía un interesante esfuerzo académico y todo tipo de reconocimientos profesionales. Sin embargo, quizás por su trayectoria en el ámbito financiero, nunca pudo quitarse de encima el toque de superioridad que reciben quienes adquieren su preparación en el “primer mundo”. Esto propició que desde su llegada a Puebla (supongo que sin quererlo) dejara ver una actitud de menosprecio hacia los poblanos que no habían tenido la oportunidad de estudiar en la nación del Tío Sam o que no pensaban en inglés o que no pertenecían a su círculo académico-social. Y como en sus nuevos colaboradores existía esa apreciación, al siguiente mes de su nombramiento, empezó a escucharse (en voz baja, claro) los comentarios en su contra. Por ejemplo: se dijo que era déspota, de mal carácter, grosero con el personal, inestable emocionalmente, exigente al grado de paroxismo, petulante, selectivo en la relación con los demás secretarios, aislado, a la sociedad angelopolitana, explosivo y poco afecto a relacionarse con su personal. Y lo peor es que durante los primeros años de su gestión la sociedad nunca lo vio o si lo hizo fue como si tratase de una persona emocionalmente lejana.

Imagino que a estas alturas ha de estar pensando “qué gano con visitar la ciudad de Puebla”.

Tal vez empero, cada día se ve más difícil que José Luis recupere lo andado y nos demuestre que es un cuento aquello de que tiene un carácter reservado y huraño. Esto porque por una parte quedó emocionalmente herido (candidatura, amigos, subordinados y colaboradores de campaña). Y por la otra debido a que los poblanos difícilmente aceptan o perdonan a quienes en el primer fracaso o incluso antes se alejan de ellos.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

SU SANTIDAD EN EL MUNDO

De entre los acontecimientos que se pergeñan en el orden internacional, ninguno, en los últimos tiempos, iguala en trascendencia al Tratado de Conciliación, Concordato y Convención Financiera, por medio de cuyos instrumentos el reino de Italia y el Papado liquidan el viejo litigio surgido al consumarse la unidad italiana, cuando Víctor Manuel II —el ilustre abuelo del inocuo monarca actual— urgido por el clamor nacional y por su conciencia de patriota, incorporó Roma a sus Estados, destruyendo por ello todo poder temporal del Papa.

No es solamente la importancia que en sí tiene el suceso como solución que cierra una de las páginas más interesantes de la historia y del Papado en el último siglo, sino sobre todo por la influencia que va a proyectar en el cuadro de la vida internacional la vuelta del Pontífice romano al gobierno temporal, bien que vaya a ejercer los atributos inherentes a la soberanía política sobre un territorio minúsculo, como es el que comprende el área asignada a la novísima Ciudad del Vaticano.

Las angustias de un rey y la altivez de un jerarca

Si el caso se examinara como una mera cuestión local, volviendo a los términos en que se planteó la cuestión en los años 1870 y 1871, habría que reducir la magnitud del suceso hasta registrar una aparente victoria del Quirinal sobre el Vaticano. Con efecto: en los documentos que acaban de concluir el duce y el cardenal Gasparri —según las informaciones de prensa, hasta ahora incompletas— no se hacen efectivas, siquiera, las proposiciones que en forma rendida hacía Víctor Manuel II a Pío IX en carta del 8 de septiembre del año 70, que traducía, en las palabras que voy a reproducir, la lucha angustiosa en que se debatía el rey italiano al hallar en pugna sus deberes de patriota con su condición de siervo de la grey católica: “Santísimo Padre: Con el amor de un hijo, con la lealtad de un rey y con el sentimiento de un italiano, me dirijo otra vez al corazón de Vuestra Santidad…”

Entonces, a los libérrimos ofrecimientos de arreglo que partían del monarca, respondía el soberbio Pontífice con esta cortante negativa: “Non possumus…” Ni el reconocimiento de la soberanía espiritual más absoluta, ni la asignación de una renta perpetua, exorbitante dadas las condiciones económicas de la época, fueron bastante para hacer transigir al orgulloso jerarca creador del dogma de su propia infalibilidad…

Y el rey, de esta suerte, no pudo más que apoyarse en el admirable apotegma de Cavour: “La iglesia libre dentro del Estado libre”.

Un acto de resignación

Pero no puede juzgarse el suceso de que me ocupo con vista de las circunstancias que prevalecían al plantearse el conflicto que parecía ser eterno, sino más bien con relación a las condiciones políticas del mundo actual, para que pueda comprenderse su influencia sobre las relaciones interestatales del momento presente.

Que la renta que el signore Mussolini convino en pagar al Papado sea menor a aquella ofrecida en 1870, y que se consagre el catolicismo como religión de Estado en Italia, son aspectos puramente locales que no despiertan más que una simple curiosidad. Lo interesante está, repito, en que el Papa readquiere el ejercicio de un gobierno temporal, en cambio de lo cual, Pío XI renuncia definitivamente a toda reivindicación sobre Roma y sobre el antiguo Estado clerical, arrebatados de la mano autoritaria de Pío IX, y termina también el mito de la prisión del Sumo Pontífice.

En el año 70 podía el Papa rechazar, en la forma airada que lo hizo, las ofertas generosas y amplias del rey. Su cólera era demasiado temible. El golpe formidable de las máquinas de hoy, no liberaba aún las conciencias de la generalidad del pueblo europeo. “Sois como los sepulcros blanqueados de cal” —decía Pío IX al conde Pouza di San Martino, emisario de Víctor Manuel— como toda contestación a sus protestas de fidelidad filial; y tal respuesta llenaba de consternación a la Corte. Se necesitó la oleada formidable del pueblo que anhelaba la unidad nacional, para seguir adelante…

Pero el tiempo convirtió en una mueca inocente las santas iras del Papa. Formada la conciencia nacional italiana y fortificado el Estado en el crisol de la gran guerra de la que salió victorioso, habría sido ilusorio o insensato pretender mantener íntegramente las reivindicaciones históricas del poder temporal. Así, pues, el hecho de hoy podría interpretarse en cierto modo como un acto de resignación.

El Papado en el concierto internacional

Esto, sin embargo, no implica una nueva derrota para el Papado, sino al contrario: el aprovechamiento del último palmo de terreno que le deja la autoridad civil, como punto de apoyo para reanudar sus seculares empresas mundanas, amoldándose a las condiciones de la vida moderna.

En el siglo pasado el ejercicio de la soberanía sobre Roma parecía condición indispensable para fincar el poder temporal del Papa. Hoy, que la interdependencia de los Estados rige la existencia política del mundo, el interés del Pontífice no podía consistir en la extensión y valía del territorio que se sometiera a su jurisdicción, sino en la posibilidad de recuperar su perdida personalidad civil para terciar en los negocios del mundo, no sólo con fundamento en una influencia espiritual cada día más discutida, sino que también con los atributos inherentes a todo jefe de Estado.

Es verdad que el Papado no ha desaparecido jamás de la vida internacional. Ante el fastuoso soberano espiritual de los católicos, siempre se ha acreditado un cuerpo diplomático, y el Papa ha pretendido intervenir como mediador en los grandes conflictos humanos, particularmente en el curso de la gran guerra. Pero se ha constreñido esta acción diplomática a los límites que corresponden a una entidad moral, incapacitada para hacer acto de presencia en las reuniones en que los plenipotenciarios de los poderes civiles han debatido los problemas pequeños y grandes que se proyectan en el decurso de la existencia.

Mas ahora cabría preguntar: ¿Cómo se negaría el acceso del Papa —no en su calidad de jefe de la Iglesia católica, sino como soberano de un Estado, por pequeño que sea—, a una entidad como la Sociedad de Naciones, que va modelando las normas del incipiente derecho internacional, que suele avocarse el conocimiento de las diferencias o conflictos que surgen entre las naciones y que tiende a estructurar la armadura de un superestado?

El móvil del dictador

Observemos ahora cuál puede haber sido el móvil esencial del duce italiano al plantearse a sí mismo y plantear al mundo un problema que el tiempo se había encargado de resolver.

Se comprenden las angustias de Víctor Manuel II en 1870, para apaciguar al altivo Pío IX. La acción del Papa podía poner en peligro la unidad italiana y atormentaba al monarca creyente del peso del anatema lanzado por el jefe de la Iglesia.

Pero ahora, cuando la responsabilidad espiritual de los hechos consumados sesenta años atrás no podía caer ya sobre los gobernantes actuales, y cuando la unidad italiana se ha hecho monolítica, sin el Papa o a pesar del Papa, ¿qué pudo incitar al dictador fascista a remover de sus cenizas este viejo litigio por cuya resolución grava considerablemente la finanza de su Estado y aherroja la conciencia de su colectividad?

Dos razones surgen espontáneamente a la consideración del observador: una, es el afán inmoderado de todo caudillo que gobierna, de realizar actos de una teatralidad deslumbrante, que salgan forzosamente de la órbita normal de la vida. La otra —aunque hija igualmente de la megalomanía—, demuestra por lo menos un propósito superior: el de competir ventajosamente con Francia en las empresas colonizadoras.

En efecto: es cerca de las misiones católicas que se destacan hacia los países ya sometidos o en punto de serlo, en donde mejor se cotiza la influencia del Papa. Por eso en Francia el laicismo ortodoxo de Herriot fue vencido por el oportunismo realista de Briand cuando aquél eminente estadista pretendió suprimir la embajada francesa en el Vaticano. Y aun cuando en la hora presente no son ya católicos los imperios coloniales más vastos, entra en los propósitos más caros al césar italiano, desplazar por doquiera la influencia francesa.

Hasta ahora había sido Francia —laica, pero dúctil— la que administraba la influencia del Papado para el éxito de sus misiones. ¿Podrá obrar de la misma guisa y con igual amplitud el Estado francés cuando se ratifique la alianza que acaban de concertar el signore Mussolini y el cardenal Gasparri? Sin género de duda puede responderse negativamente, aunque pueda decirse de fijo, también, que va a ser demasiado costosa al Estado italiano la amistad del Papado.

Cerca del mundo y lejos de Jesús

Volviendo, para terminar, al punto toral de mi tema, sería aventurado predecir hasta qué grado las potencias vayan a admitir la inmisión del soberano de la Ciudad del Vaticano en la vida política del mundo; pero el hecho consumado es que adviene el Papa como un nuevo e importante factor en la vida internacional.

Cuando la humanidad se mundaniza a pasos de gigante, todos los días y a cada hora, el Sumo Pontífice puede ufanarse de haber realizado el ensueño de abrirse paso en las sendas terrenales. Sólo que su triunfo se mide en la misma proporción en que se señala el divorcio entre la Iglesia católica y el espíritu del inigualable iluminado Rabí de Galilea. Jesús, por lo visto, no estuvo en lo justo, ni en lo cierto, ni en lo verdadero —según el Papado—, al asentar como fundamento de su doctrina, esta máxima de renunciación que ahora cae en bancarrota: “Mi reino no es de este mundo…”

Diario de Yucatán, núm. 1361, 19 de febrero de 1929.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

El pensamiento es la única cosa del Universo de la que

no se puede negar su existencia: negar es pensar.

José Ortega y Gasset

La caballada

La masa no hace ningún progreso.

Hebbel.

 

Cinco gobernadores amanecieron ayer con las nalgas escaldadas. El autor intelectual y material de la incomodidad republicana (por esos rumbos anda nuestra República) fue nada menos que don Vicente Fox Quesada. Ello debido a la prueba caballeresca que impuso a los casi 8 mil jinetes (nada que ver con Fobaproa, que conste) que lo acompañaron en la segunda cabalgata: “Unidos por nuestras tradiciones”.

Imagínese el lector a los gobernadores de Hidalgo, Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua y Coahuila, frotando sus nachas durante una intensa jornada laboral, sentados en la amorosa silla charra que muchos de ellos habían comprado como decoración de su biblioteca o de su estudio, o que la tenían arrumbada en el cuarto de regalos. Y a sus ayudantes preguntando qué pomada sería la buena para calmar en sus jefes los estragos provocados por el roce de la parte baja del cuerpo con la montura que —obvio— se hizo más dura conforme pasaron las horas: trote, peso de jinete, sudor humano, calor y brincos de la bestia incrementaron el daño material en la zona del cuerpo donde algunos llevan la vocación social.

Santiago Creel, el charro del gabinete, podría haberles preguntado pensando en la fauna que habita los páramos bañados por el quemante sol.

—¿Con qué piensas que pican los alacranes?

—Con la cola, hombre.

—¡Ah! Sería la respuesta—. Con la cola es que piensas?

Dicen por ahí que estamos presenciando cómo se ha alterado el pensamiento político de la parte noreste del país (incluyendo el estado de Hidalgo), ahora hinchado de dolor (que no henchido de orgullo) gracias a que el vaquero mayor de la nación tuvo la ocurrencia de darle una probadita al Rey (así se llama su cuaco), su garañón entumecido precisamente por eso (no es lo mismo montar que ser montado, dirían las yeguas y los caballos si tuvieran el don del habla).

¡Viva Fox! jijos de la matraca.

Que viva, pues, porque ya dejó su marca en la parte más sensible de los gobernadores del noreste de México.

Intuyo que a partir de ayer hay gobernantes dispuestos a someterse a un intenso entrenamiento charro. Alguno hasta pudo haber ordenado la compra (con todo y licitación, pa’ que no haya duda de su honestidá) de un potro como los que funcionan en los rodeos electrónicos. Supongo que otro pidió prestado el carrusel que el rico de la comarca compró para sus nietos, para irse acostumbrando al sube y baja y a ver si de paso se le prende el foco. Y puede que alguien con el poder delegado por el pueblo ya haya ordenado darle anabólicos a los “ponys” de sus hijos, creyendo que ese tipo de cuadrúpedos llegan a crecer (qué pelao tan codo, ¿verdad de Dios?).

Permítame el lector la siguiente apostilla:

En un 5 de mayo, el entonces diputado local Celso Fuentes Ramírez quiso compartir con sus representados la emoción Zacapoaxtla: se vistió como tal y estrenó huaraches para desfilar por las calles de la angelical ciudad de Puebla. Terminó en el hospital con los pies hechos un mazacote sanguinolento. No sabía que había que amasar el “Caite”.

Yo creo que igual ocurrió a los Yarrington, Canales Clarion, Núñez Soto y a Martínez —Patricio y Enrique—, quienes en apariencia ignoraban que para montar hay que tener callo en salvo sea la parte. No es lo mismo subirse a un helicóptero con mil 600 caballos (el Bell 412, por ejemplo) que treparse en el lomo del pariente de Incitato, el equino que el orate de Calígula convirtió en cónsul. Imagino que así, entre brinco y relincho, la “División del Noreste” comandada por el general Fox, propuso varias soluciones a los requerimientos de sus coroneles, ahora de nachas mandrilescas. Para el Tratado de Límites y Aguas de 1944: otro asalto a Columbus. Para igualar el precio del dólar: otro error de diciembre. Para acabar con el narcotráfico: otra invasión como la de 1847. Y para impulsar el desarrollo regional: otro préstamo al FMI. Total, que tanto es tantito.

Al final de la cabalgata hubo una sesuda conclusión. En política como en los negocios es mejor ir montado en caballo de hacienda.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

LA DECADENCIA DEL TRIÁNGULO INTERNACIONAL

Sorprende al mundo el año de 1930: planteando en el campo de la política internacional problemas de la mayor gravedad y trascendencia que haya debido confrontar la humanidad en la última década. No se han elaborado aún los últimos arreglos que han de servir a manera de remate de la estructura económica de la postguerra; no se han puesto las signaturas finales con que se cierre la página inquietante que proyectó la liquidación económica de la guerra —con todo su acervo complejo de adeudos internacionales y de convenios para el pago de reparaciones—; no se ha finiquitado, en suma, esta grave cuestión que apareja, involucra y engendra otros problemas políticos y sociales de primera importancia, cuando ya los estadistas de las cinco grandes potencias navales —Inglaterra, Estados Unidos de América, Japón, Francia e Italia—, so pretexto de buscar el desarme naval, se ven compelidos, en realidad a ajustar su poderío e influencia como imperios que se atribuyen —en mayor o menor grado— la hegemonía política sobre el orbe.

Las conferencias que de aquí a pocos días van a iniciarse en la capital británica, están llamadas a determinar el ritmo de la política exterior de las primeras potencias; porque previamente a ellas se han destruido viejas alianzas y se han proyectado nuevas “ententes”, se ha alterado sensiblemente el cauce por donde discurrían, aquietándose las turbulentas corrientes de la vida interestatal, y es menester, en consecuencia estructurar una nueva armadura o establecer un nuevo equilibrio internacional.

No es sólo el interés propio de los hombres que han abierto su espíritu a las grandes inquietudes y emociones alemanas lo que debe movernos a contemplar, en su contenido básico y en sus inflexiones, un acontecimiento —o sucesión de acontecimientos— de tamaña magnitud. Es, además, y sobre todo: el deber que tienen todos los pueblos —sin excluir a los débiles o pequeños— de comprender cuál es la ruta y cuáles los designios y los intereses y las ambiciones en pugna de los grandes Estados, lo que impele al escritor a desentrañar la verdad de estos sucesos; ya que, fatalmente, la interdependencia de los Estados, que condiciona la vida moderna, no permite a las pequeñas naciones substraerse, a la influencia de la rotación de las grandes potencias. Como que las perspectivas de paz o de guerra —mediata o inmediata— afectan por entero a la humanidad.

El legado de 1929

Ya en el plano concreto de la observación, claramente se advierte que el ambiente predominante al iniciarse este año de 1930, es muy otro que aquel que prevalecía al comienzo de 1929. Si los años —convencional medida de tiempo— tienen un valor histórico por los acontecimientos que en su lapso comprenden, este año de 1929 dejó una profunda huella de desconcierto en el campo de la política internacional: desconcierto que se traduce en inquietud y en zozobra que es urgente calmar.

Ciertamente, a 1929 se le legaron graves problemas, de entre los cuales dos —el de la liquidación económica de la guerra y el de la evacuación anticipada de la Alemania— están a punto de quedar básicamente resueltos; pero en cambio 1929 heredó un espíritu de cordialidad y un orden político que se antojaba inalterable en tanto que legó a 1930 notas amargas, rencores mal contenidos y actitudes intransigentes.

Al principiar 1929 el luminoso triángulo de la paz —Briand-Chamberlain-Stressemann— sólidamente constituido, que nada hacía sospechar un cambio sustancial en los lineamientos o en el espíritu de la política trazada por tan conspicuos hombres de Estado. Sin embargo, a 1930 lo han saludado los sedicentes nacionalismos, rencorosos, desconfiados o altaneros, cuyo espíritu ha sustituido al espíritu de concordia que tuvo su culminación en Locarno y en Ginebra.

Del trinomio Briand-Chamberlain-Stressemann no resta nada. El Bismarck de la paz rindió su tributo a la muerte, empujado por la intensa tarea que le imponían las resistencias “nacionalistas” y revancheras: Sir Chamberlain ha pasado a la penumbra —momentánea o definitiva— corriendo la suerte de su partido, mientras Mac-Donald y Snowden destruyen con saña toda la armadura forjada por L’entente Briand-Chamberland; y Briand, el viejo batallador, el más selecto y el más universal espíritu de Europa, apenas si es, en el Quai d’Orsay, una facade que no logra encubrir la política dura de André Aardieu.

De “L’entente” europea a “L’entente” anglo-sajona

Esta decadencia de los hombres que mayor influencia han ejercido en el mundo occidental en el último lustro —de los hombres cuya gestión disipó las tormentas que ya se anunciaban en 1923—; esta decadencia acusa la más formidable y más grave transformación del orden político internacional, que se haya conocido en la postguerra.

Cuando Snowden, con sus exabruptos, fueteó el rostro de Henry Chéron —el obeso ministro de Hacienda de Francia—, el hecho parecía tener solamente un valor anecdótico —fuerte, pero circunstancial—. A nadie se le ocurría que al margen de la pelea por diez millones de dólares anuales que reclamaba el canciller del Tesoro británico, se engendraba la más radical transformación de la arquitectura política internacional. El mismo Briand, por salvar los convenios llamados a liquidar el pasivo económico de la guerra, pensando y obrando a impulsos de su sensibilidad más europea que francesa, soportó con paciencia las tremendas boutades del delegado británico y hurgó acá y acullá hasta encontrar los millones reclamados por el tesoro de Albión.

Pero la resignación de Briand y el sacrificio pecuniario de cuantos cedieron por satisfacer las demandas inglesas, no fueron bastantes para volver las corrientes políticas a su cauce habitual. En realidad, el programa del nuevo gobierno británico comprendía un cambio radical de la política del Imperio. Así pues, el episodio de Snowden era la iniciación de una marcha por derroteros distintos.

El pueblo inglés saludó con vítores de entusiasmo al triunfador de La Haya. No era solamente l’entente personal Briand-Chamberlain la que quedaba deshecha; era sobre todo, l’entente franco-británica la que tocaba a su fin; entente que hizo posible la guerra y la victoria sobre el militarismo prusiano, y que servía de sustento al nuevo equilibrio europeo.

Inglaterra —se pensó— volvía al “espléndido aislamiento” que proclamaran los viejos liberales. Mac-Donald —se dijo—, no ha hecho otra cosa que levantar el ánimo del partido en derrota.

Pero no. Mac-Donald iba más lejos. Mac-Donald cambiaba l’entente franco-británica que le aseguraba la hegemonía sobre Europa, por l’entente anglo-yanqui que le asegura la hegemonía del mundo.

Este es el verdadero sentido de la situación internacional que prevalece en esta hora histórica.

Tardieu vs Snowden

Ante la ruptura de los vínculos franco-británicos que se forjaron en 1904 frente a la amenaza del predominio del kaiser Guillermo y que se solidificaron en los años angustiosos de la guerra; y ante las asperezas de los actuales ministros ingleses contra Francia, la exaltación del Partido Laborista británico al poder no podía repercutir —como se esperaba y como aconteció en 1924— como un fenómeno favorable a los partidos de la izquierda francesa sensibles a la concordia y fervorosos de la paz. Era demasiado violenta la actitud de Snowden y asaz trascendente la nueva orientación impresa a la política internacional por Mac-Donald para que no se operara en Francia un movimiento de reacción —casi instintivo— hacia Tardieu, hacia Maginot, hacia Marín, hacia todos esos hombres, en fin que mantienen la tradición “clemencista” de desconfianza y de rencores.

Y entre tanto esto ocurre en Inglaterra y en Francia, en Alemania ha desaparecido el más alto y más hábil estadista de nuestro tiempo —Stressemann—, y vuelven a cobrar fuerza los vástagos del kaiserismo que parecían definitivamente vencidos.

Este es el panorama espiritual que se observa en Europa en los albores de este año de 1930, cuando las grandes potencias del mundo, a pretexto de buscar el desarme naval, van a reunirse para ajustar su poderío e influencia como imperios que se atribuyen la hegemonía sobre el orbe.

El Nacional, 9 de enero de 1930.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

Todo poder es una conspiración permanente.

Honoré de Balzac

El ausente

Quien crea que la vida carece de sentido, no solo es desgraciado, sino casi incapaz de sobrevivir.

Einstein.

 

¿Qué pasó con el economista José Luis Flores Hernández? ¿Dónde se ha metido? ¿Por qué ya no se deja ver?

Son preguntas obligadas porque parece que se lo tragó la tierra. Nadie sabe qué es lo que hace el que fuera Secretario de Finanzas –junto con el hoy gobernador y Germán Sierra Sánchez, aspirante también por la gubernatura del estado–, coordinador de la diputación federal poblana y director general de Banobras.

Este tipo de ausencia revela que pudieron haberle fallado sus amigos y puede ser que también aquellos que fueron sus subordinados. Los primeros porque se alejaron de él para prácticamente dejarlo morir solo. Y los segundos porque le hacen el fuchi, no obstante que hasta hace unos meses todavía ponderaban su capacidad y presumían su preparación. Son actitudes que de alguna manera comprueban que José Luis Flores se equivocó de estrategia política, de amigos, de colaboradores e incluso hasta de padrino.

Alguna vez este columnista le dijo frente a Luis Antonio Godina lo que probablemente nadie le había dicho (lo repito de memoria): “Si participas en el proceso interno perderás debido a que tu principal rival es un político que lleva toda la vida trabajando para ser gobernador. Tiene muchos amigos y una muy buena imagen”. No me lo creyó. Después ocurrió lo que el lector sabe. Y sus corifeos sufrieron una derrota de la cual todavía no se recuperan, entre otras cosas, porque dedicaron su esfuerzo y tiempo electoral a lanzar toda clase de infundios y epítetos en contra del entonces precandidato Melquiades Morales, para ellos el enemigo a vencer (en otra ocasión le daré nombres, pelos y señas).

Lo que le faltó a José Luis Flores Hernández fue presencia pública, es decir, haber compartido con sus paisanos las buenas y las malas. Por ello inició su carrera política a contrapelo y se hizo notable su desarraigo: cuando llegó a la entidad tenía varios años de haber estado ausente obligado, desde luego, por sus estudios profesionales en el Distrito Federal y los posteriores en Estados Unidos. También por su trabajo en el gobierno federal y más tarde en el vecino país. De ahí que su arribo fuera algo casual ya que prácticamente sin conocerlo ni haberlo planeado Manuel Bartlett lo invitó a colaborar: José Ángel Gurría (amigo de ambos) le dio la sorpresa diciéndole que lo había recomendado con quien gobernaría el estado de Puebla.

Así fue como José Luis Flores apareció en la entidad. Lo precedía un interesante esfuerzo académico y todo tipo de reconocimientos profesionales. Sin embargo, quizás por su trayectoria en el ámbito financiero, nunca pudo quitarse de encima el toque de superioridad que reciben quienes adquieren su preparación en el “primer mundo”. Esto propició que desde su llegada a Puebla (supongo que sin quererlo) dejara ver una actitud de menosprecio hacia los poblanos que no habían tenido la oportunidad de estudiar en la nación del Tío Sam o que no pensaban en inglés o que no pertenecían a su círculo académico-social. Y como en sus nuevos colaboradores existía esa apreciación, al siguiente mes de su nombramiento, empezó a escucharse (en voz baja, claro) los comentarios en su contra. Por ejemplo: se dijo que era déspota, de mal carácter, grosero con el personal, inestable emocionalmente, exigente al grado de paroxismo, petulante, selectivo en la relación con los demás secretarios, aislado, a la sociedad angelopolitana, explosivo y poco afecto a relacionarse con su personal. Y lo peor es que durante los primeros años de su gestión la sociedad nunca lo vio o si lo hizo fue como si tratase de una persona emocionalmente lejana.

Imagino que a estas alturas ha de estar pensando “qué gano con visitar la ciudad de Puebla”.

Tal vez empero, cada día se ve más difícil que José Luis recupere lo andado y nos demuestre que es un cuento aquello de que tiene un carácter reservado y huraño. Esto porque por una parte quedó emocionalmente herido (candidatura, amigos, subordinados y colaboradores de campaña). Y por la otra debido a que los poblanos difícilmente aceptan o perdonan a quienes en el primer fracaso o incluso antes se alejan de ellos.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

SU SANTIDAD EN EL MUNDO

De entre los acontecimientos que se pergeñan en el orden internacional, ninguno, en los últimos tiempos, iguala en trascendencia al Tratado de Conciliación, Concordato y Convención Financiera, por medio de cuyos instrumentos el reino de Italia y el Papado liquidan el viejo litigio surgido al consumarse la unidad italiana, cuando Víctor Manuel II —el ilustre abuelo del inocuo monarca actual— urgido por el clamor nacional y por su conciencia de patriota, incorporó Roma a sus Estados, destruyendo por ello todo poder temporal del Papa.

No es solamente la importancia que en sí tiene el suceso como solución que cierra una de las páginas más interesantes de la historia y del Papado en el último siglo, sino sobre todo por la influencia que va a proyectar en el cuadro de la vida internacional la vuelta del Pontífice romano al gobierno temporal, bien que vaya a ejercer los atributos inherentes a la soberanía política sobre un territorio minúsculo, como es el que comprende el área asignada a la novísima Ciudad del Vaticano.

Las angustias de un rey y la altivez de un jerarca

Si el caso se examinara como una mera cuestión local, volviendo a los términos en que se planteó la cuestión en los años 1870 y 1871, habría que reducir la magnitud del suceso hasta registrar una aparente victoria del Quirinal sobre el Vaticano. Con efecto: en los documentos que acaban de concluir el duce y el cardenal Gasparri —según las informaciones de prensa, hasta ahora incompletas— no se hacen efectivas, siquiera, las proposiciones que en forma rendida hacía Víctor Manuel II a Pío IX en carta del 8 de septiembre del año 70, que traducía, en las palabras que voy a reproducir, la lucha angustiosa en que se debatía el rey italiano al hallar en pugna sus deberes de patriota con su condición de siervo de la grey católica: “Santísimo Padre: Con el amor de un hijo, con la lealtad de un rey y con el sentimiento de un italiano, me dirijo otra vez al corazón de Vuestra Santidad…”

Entonces, a los libérrimos ofrecimientos de arreglo que partían del monarca, respondía el soberbio Pontífice con esta cortante negativa: “Non possumus…” Ni el reconocimiento de la soberanía espiritual más absoluta, ni la asignación de una renta perpetua, exorbitante dadas las condiciones económicas de la época, fueron bastante para hacer transigir al orgulloso jerarca creador del dogma de su propia infalibilidad…

Y el rey, de esta suerte, no pudo más que apoyarse en el admirable apotegma de Cavour: “La iglesia libre dentro del Estado libre”.

Un acto de resignación

Pero no puede juzgarse el suceso de que me ocupo con vista de las circunstancias que prevalecían al plantearse el conflicto que parecía ser eterno, sino más bien con relación a las condiciones políticas del mundo actual, para que pueda comprenderse su influencia sobre las relaciones interestatales del momento presente.

Que la renta que el signore Mussolini convino en pagar al Papado sea menor a aquella ofrecida en 1870, y que se consagre el catolicismo como religión de Estado en Italia, son aspectos puramente locales que no despiertan más que una simple curiosidad. Lo interesante está, repito, en que el Papa readquiere el ejercicio de un gobierno temporal, en cambio de lo cual, Pío XI renuncia definitivamente a toda reivindicación sobre Roma y sobre el antiguo Estado clerical, arrebatados de la mano autoritaria de Pío IX, y termina también el mito de la prisión del Sumo Pontífice.

En el año 70 podía el Papa rechazar, en la forma airada que lo hizo, las ofertas generosas y amplias del rey. Su cólera era demasiado temible. El golpe formidable de las máquinas de hoy, no liberaba aún las conciencias de la generalidad del pueblo europeo. “Sois como los sepulcros blanqueados de cal” —decía Pío IX al conde Pouza di San Martino, emisario de Víctor Manuel— como toda contestación a sus protestas de fidelidad filial; y tal respuesta llenaba de consternación a la Corte. Se necesitó la oleada formidable del pueblo que anhelaba la unidad nacional, para seguir adelante…

Pero el tiempo convirtió en una mueca inocente las santas iras del Papa. Formada la conciencia nacional italiana y fortificado el Estado en el crisol de la gran guerra de la que salió victorioso, habría sido ilusorio o insensato pretender mantener íntegramente las reivindicaciones históricas del poder temporal. Así, pues, el hecho de hoy podría interpretarse en cierto modo como un acto de resignación.

El Papado en el concierto internacional

Esto, sin embargo, no implica una nueva derrota para el Papado, sino al contrario: el aprovechamiento del último palmo de terreno que le deja la autoridad civil, como punto de apoyo para reanudar sus seculares empresas mundanas, amoldándose a las condiciones de la vida moderna.

En el siglo pasado el ejercicio de la soberanía sobre Roma parecía condición indispensable para fincar el poder temporal del Papa. Hoy, que la interdependencia de los Estados rige la existencia política del mundo, el interés del Pontífice no podía consistir en la extensión y valía del territorio que se sometiera a su jurisdicción, sino en la posibilidad de recuperar su perdida personalidad civil para terciar en los negocios del mundo, no sólo con fundamento en una influencia espiritual cada día más discutida, sino que también con los atributos inherentes a todo jefe de Estado.

Es verdad que el Papado no ha desaparecido jamás de la vida internacional. Ante el fastuoso soberano espiritual de los católicos, siempre se ha acreditado un cuerpo diplomático, y el Papa ha pretendido intervenir como mediador en los grandes conflictos humanos, particularmente en el curso de la gran guerra. Pero se ha constreñido esta acción diplomática a los límites que corresponden a una entidad moral, incapacitada para hacer acto de presencia en las reuniones en que los plenipotenciarios de los poderes civiles han debatido los problemas pequeños y grandes que se proyectan en el decurso de la existencia.

Mas ahora cabría preguntar: ¿Cómo se negaría el acceso del Papa —no en su calidad de jefe de la Iglesia católica, sino como soberano de un Estado, por pequeño que sea—, a una entidad como la Sociedad de Naciones, que va modelando las normas del incipiente derecho internacional, que suele avocarse el conocimiento de las diferencias o conflictos que surgen entre las naciones y que tiende a estructurar la armadura de un superestado?

El móvil del dictador

Observemos ahora cuál puede haber sido el móvil esencial del duce italiano al plantearse a sí mismo y plantear al mundo un problema que el tiempo se había encargado de resolver.

Se comprenden las angustias de Víctor Manuel II en 1870, para apaciguar al altivo Pío IX. La acción del Papa podía poner en peligro la unidad italiana y atormentaba al monarca creyente del peso del anatema lanzado por el jefe de la Iglesia.

Pero ahora, cuando la responsabilidad espiritual de los hechos consumados sesenta años atrás no podía caer ya sobre los gobernantes actuales, y cuando la unidad italiana se ha hecho monolítica, sin el Papa o a pesar del Papa, ¿qué pudo incitar al dictador fascista a remover de sus cenizas este viejo litigio por cuya resolución grava considerablemente la finanza de su Estado y aherroja la conciencia de su colectividad?

Dos razones surgen espontáneamente a la consideración del observador: una, es el afán inmoderado de todo caudillo que gobierna, de realizar actos de una teatralidad deslumbrante, que salgan forzosamente de la órbita normal de la vida. La otra —aunque hija igualmente de la megalomanía—, demuestra por lo menos un propósito superior: el de competir ventajosamente con Francia en las empresas colonizadoras.

En efecto: es cerca de las misiones católicas que se destacan hacia los países ya sometidos o en punto de serlo, en donde mejor se cotiza la influencia del Papa. Por eso en Francia el laicismo ortodoxo de Herriot fue vencido por el oportunismo realista de Briand cuando aquél eminente estadista pretendió suprimir la embajada francesa en el Vaticano. Y aun cuando en la hora presente no son ya católicos los imperios coloniales más vastos, entra en los propósitos más caros al césar italiano, desplazar por doquiera la influencia francesa.

Hasta ahora había sido Francia —laica, pero dúctil— la que administraba la influencia del Papado para el éxito de sus misiones. ¿Podrá obrar de la misma guisa y con igual amplitud el Estado francés cuando se ratifique la alianza que acaban de concertar el signore Mussolini y el cardenal Gasparri? Sin género de duda puede responderse negativamente, aunque pueda decirse de fijo, también, que va a ser demasiado costosa al Estado italiano la amistad del Papado.

Cerca del mundo y lejos de Jesús

Volviendo, para terminar, al punto toral de mi tema, sería aventurado predecir hasta qué grado las potencias vayan a admitir la inmisión del soberano de la Ciudad del Vaticano en la vida política del mundo; pero el hecho consumado es que adviene el Papa como un nuevo e importante factor en la vida internacional.

Cuando la humanidad se mundaniza a pasos de gigante, todos los días y a cada hora, el Sumo Pontífice puede ufanarse de haber realizado el ensueño de abrirse paso en las sendas terrenales. Sólo que su triunfo se mide en la misma proporción en que se señala el divorcio entre la Iglesia católica y el espíritu del inigualable iluminado Rabí de Galilea. Jesús, por lo visto, no estuvo en lo justo, ni en lo cierto, ni en lo verdadero —según el Papado—, al asentar como fundamento de su doctrina, esta máxima de renunciación que ahora cae en bancarrota: “Mi reino no es de este mundo…”

Diario de Yucatán, núm. 1361, 19 de febrero de 1929.

Froylán C. Manjarrez

Revista Réplica

El pensamiento es la única cosa del Universo de la que

no se puede negar su existencia: negar es pensar.

José Ortega y Gasset

La caballada

La masa no hace ningún progreso.

Hebbel.

 

Cinco gobernadores amanecieron ayer con las nalgas escaldadas. El autor intelectual y material de la incomodidad republicana (por esos rumbos anda nuestra República) fue nada menos que don Vicente Fox Quesada. Ello debido a la prueba caballeresca que impuso a los casi 8 mil jinetes (nada que ver con Fobaproa, que conste) que lo acompañaron en la segunda cabalgata: “Unidos por nuestras tradiciones”.

Imagínese el lector a los gobernadores de Hidalgo, Tamaulipas, Nuevo León, Chihuahua y Coahuila, frotando sus nachas durante una intensa jornada laboral, sentados en la amorosa silla charra que muchos de ellos habían comprado como decoración de su biblioteca o de su estudio, o que la tenían arrumbada en el cuarto de regalos. Y a sus ayudantes preguntando qué pomada sería la buena para calmar en sus jefes los estragos provocados por el roce de la parte baja del cuerpo con la montura que —obvio— se hizo más dura conforme pasaron las horas: trote, peso de jinete, sudor humano, calor y brincos de la bestia incrementaron el daño material en la zona del cuerpo donde algunos llevan la vocación social.

Santiago Creel, el charro del gabinete, podría haberles preguntado pensando en la fauna que habita los páramos bañados por el quemante sol.

—¿Con qué piensas que pican los alacranes?

—Con la cola, hombre.

—¡Ah! Sería la respuesta—. Con la cola es que piensas?

Dicen por ahí que estamos presenciando cómo se ha alterado el pensamiento político de la parte noreste del país (incluyendo el estado de Hidalgo), ahora hinchado de dolor (que no henchido de orgullo) gracias a que el vaquero mayor de la nación tuvo la ocurrencia de darle una probadita al Rey (así se llama su cuaco), su garañón entumecido precisamente por eso (no es lo mismo montar que ser montado, dirían las yeguas y los caballos si tuvieran el don del habla).

¡Viva Fox! jijos de la matraca.

Que viva, pues, porque ya dejó su marca en la parte más sensible de los gobernadores del noreste de México.

Intuyo que a partir de ayer hay gobernantes dispuestos a someterse a un intenso entrenamiento charro. Alguno hasta pudo haber ordenado la compra (con todo y licitación, pa’ que no haya duda de su honestidá) de un potro como los que funcionan en los rodeos electrónicos. Supongo que otro pidió prestado el carrusel que el rico de la comarca compró para sus nietos, para irse acostumbrando al sube y baja y a ver si de paso se le prende el foco. Y puede que alguien con el poder delegado por el pueblo ya haya ordenado darle anabólicos a los “ponys” de sus hijos, creyendo que ese tipo de cuadrúpedos llegan a crecer (qué pelao tan codo, ¿verdad de Dios?).

Permítame el lector la siguiente apostilla:

En un 5 de mayo, el entonces diputado local Celso Fuentes Ramírez quiso compartir con sus representados la emoción Zacapoaxtla: se vistió como tal y estrenó huaraches para desfilar por las calles de la angelical ciudad de Puebla. Terminó en el hospital con los pies hechos un mazacote sanguinolento. No sabía que había que amasar el “Caite”.

Yo creo que igual ocurrió a los Yarrington, Canales Clarion, Núñez Soto y a Martínez —Patricio y Enrique—, quienes en apariencia ignoraban que para montar hay que tener callo en salvo sea la parte. No es lo mismo subirse a un helicóptero con mil 600 caballos (el Bell 412, por ejemplo) que treparse en el lomo del pariente de Incitato, el equino que el orate de Calígula convirtió en cónsul. Imagino que así, entre brinco y relincho, la “División del Noreste” comandada por el general Fox, propuso varias soluciones a los requerimientos de sus coroneles, ahora de nachas mandrilescas. Para el Tratado de Límites y Aguas de 1944: otro asalto a Columbus. Para igualar el precio del dólar: otro error de diciembre. Para acabar con el narcotráfico: otra invasión como la de 1847. Y para impulsar el desarrollo regional: otro préstamo al FMI. Total, que tanto es tantito.

Al final de la cabalgata hubo una sesuda conclusión. En política como en los negocios es mejor ir montado en caballo de hacienda.

Nota editorial

Esta columna forma parte del archivo periodístico de Alejandro C. Manjarrez, publicada originalmente en el contexto político de su tiempo. Se reproduce íntegramente como parte de la recopilación de más de cuatro décadas de trabajo periodístico del autor.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica

Hoy, el agua en Puebla ya está soltando el primer hervor

Te presentamos un resumen de las noticias más importantes de la semana

Noticias de la semana

Del 15 y el 21 de junio de 2026

 

Investigación por abuso policial en San Andrés Cholula

La Comisión de Derechos Humanos del Estado de Puebla inició una queja de oficio tras la difusión de un video que muestra el arresto de una mujer, identificada como Ariana N., en el Parque Intermunicipal de San Andrés Cholula. El material audiovisual documenta el uso de la fuerza física por parte de los elementos de seguridad en presencia de los hijos menores de la detenida. Autoridades informaron de forma posterior que la detención se originó por un percance vial, señalando un presunto estado de ebriedad y desacato en zona restringida. La afectada fue liberada tras el pago de una multa administrativa, mientras se investiga el actuar de los policías.

Suman 10 incidentes vinculados al "Tirador de la Atlixcáyotl"

La Fiscalía General del Estado (FGE) de Puebla formalizó la existencia de 10 hechos delictivos relacionados con el denominado "tirador o francotirador de la Vía Atlixcáyotl". Hasta el momento, la institución ha abierto siete carpetas de investigación (seis por daño patrimonial a vehículos y una por lesiones). El gobernador del estado, Alejandro Armenta, descartó de manera oficial el ofrecimiento de una recompensa económica para su localización.

FGE realiza reconstrucción de hechos y busca a presunto responsable

El sábado 20 de junio, peritos del Instituto de Ciencias Forenses de la FGE y personal de la Secretaría de Seguridad Pública (SSP) llevaron a cabo un operativo de dos horas con cierres viales en la Vía Atlixcáyotl. Los especialistas en criminalística, balística y topografía realizaron una reconstrucción de hechos y análisis de trayectorias para determinar el punto de origen de los disparos. La Fiscalía mantiene bajo reserva la identidad de los sospechosos a fin de no entorpecer el proceso de captura.

Cabildo de Puebla avala la desincorporación de 4 predios municipales para el Cablebús

Con 19 votos a favor, 5 en contra y una abstención, el Cabildo de Puebla ratificó la desincorporación y entrega en comodato de cuatro áreas verdes y predios municipales al gobierno del estado. El alcalde de la capital, José Chedraui Budib, confirmó que los espacios (que incluyen zonas del Parque Juárez y el Cerro de Amalucan) serán transferidos para la instalación de la infraestructura del nuevo sistema de transporte.

Ajustes y ampliación en el proyecto del Cablebús

El coordinador de Gabinete estatal, José Luis García Parra, detalló que estos terrenos municipales representan menos del 2% del total de las áreas destinadas al proyecto. Asimismo, confirmó que se contempla una ampliación en el recorrido del sistema —que abarcará una red de 13.6 kilómetros divididos en cuatro tramos conectando puntos como el CIS Angelópolis, Parque Juárez, Xonaca y Amalucan— sin que esto implique un incremento en la inversión financiera originalmente planeada. Las obras proyectan iniciar entre finales de junio e inicios de julio.

Homicidio con arma de fuego en la Calzada Zavaleta

La noche del jueves 18 de junio, un hombre identificado como Abraham R., empresario y dueño de un centro nocturno, fue asesinado a tiros en la intersección de la Calzada Zavaleta y la calle 5 Poniente, en la colonia Santa Cruz Buenavista. La víctima circulaba a bordo de un automóvil BMW blanco con placas de Morelos en compañía de una mujer que resultó ilesa. La FGE confirmó que el ataque fue ejecutado por dos sujetos a bordo de una motocicleta.

Fiscalía descarta la línea de asalto en el caso Zavaleta

La titular de la institución, Idamis Pastor Betancourt, aclaró en conferencia de prensa que la línea de investigación por robo o asalto quedó descartada. Los registros de las cámaras de seguridad confirmaron que se trató de un ataque directo planificado. Paralelamente, en la agenda delictiva de la semana, colectivos ciclistas realizaron una rodada en memoria de otro ciudadano, Cuitláhuac Muñoz, quien sí falleció víctima de un asalto previo para despojarlo de su bicicleta en la colonia Loma Linda, exigiendo mayores garantías públicas.

Declaraciones de Donald Trump sobre México en el marco del G7

Durante su participación en la cumbre de líderes del G7 en Evian-les-Bains, Francia, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, generó tensiones bilaterales al afirmar ante la comunidad internacional que el gobierno mexicano ha perdido el control territorial frente a los cárteles de la droga. Además, calificó a la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, como una funcionaria "asustada" ante la delincuencia. En respuesta, la mandataria mexicana desestimó los comentarios en su conferencia matutina, señalando que el mandatario estadounidense "no está bien informado" y defendió la soberanía nacional y la estrategia de seguridad de su gabinete.

Acuerdos y compromisos entre Estados Unidos e Irán tras el memorándum de Islamabad

Luego de la firma de un Memorándum de Entendimiento (MoU) el pasado 17 de junio, delegaciones diplomáticas de Washington y Teherán iniciaron negociaciones formales en Bürgenstock, Suiza. El vicepresidente de EE. UU., JD Vance, confirmó que Irán aceptó el regreso de los inspectores nucleares de la ONU. A cambio, el Tesoro estadounidense prepara una exención de 60 días para levantar el bloqueo a las exportaciones petroleras iraníes y permitir la reapertura libre de peaje del Estrecho de Ormuz, comprometiendo a Irán a utilizar sus fondos descongelados estrictamente para la importación de alimentos y ayuda humanitaria.

México vence a Corea del Sur en el Mundial 2026

En actividad oficial de la fase de grupos de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la Selección Nacional de México derrotó 1-0 a su homóloga de Corea del Sur. El encuentro se disputó el jueves 18 de junio en el Estadio Guadalajara (Zapopan). La anotación del triunfo mexicano ocurrió en el minuto 50 del segundo tiempo por conducto del mediocampista Luis Romo, consolidando los primeros puntos del conjunto tricolor en el torneo.

Redacción Réplica

Revista Réplica

Se va a otra donde la “carnita” que consiga ya no sea un filete angus y se convierta en un pellejo de perro callejero

Lo mejor de México todavía no ha sucedido

Resumen de noticias mayo 2026

El celular no va a extinguir el mundo por sí solo; lo estamos extinguiendo nosotros, a base de clics, indiferencia y un silencio ensordecedor que ya no podemos ocultar

Cuanto mayor la riqueza, más espesa la suciedad.

John Kenneth Galbraith

Llegué con el entonces director del Canal 13. Me recibió entusiasta y comunicativo. Después del saludo de amigos, soltó una información que, de haberse difundido en esa época, habría causado un revuelo internacional:

“Ya verán cómo se las gastan los revolucionarios”, ironizó uno de los estrategas de Mucio P. Martínez. No obstante, los simpatizantes de Francisco I. Madero desdeñaron la información, quizá porque faltaba poco para que el presidente León de la Barra dejara el poder a Madero...

Todo lo que se ignora, se desprecia.

Antonio Machado

Una vieja historia que renuevan los modernos virreyes...

Dice una de las leyes de Murphy: “Los helicópteros no pueden volar. Son tan feos que la tierra los rechaza ”.

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Aproximadamente después del quinto día, la composición y volumen del líquido cambia progresivamente para formar la Leche de Transición, la cual se produce en cantidades de entre 600 y 700 ml. al día para cubrir las necesidades del bebé...

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