Los muertos que aún viven

Vida & Sociedad
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Así me topé de nuevo con Marilyn Monroe (se aparece en todas partes), la mujer cuya belleza sigue viva y conquistando corazones. Otro fue James Dean, el joven que murió antes de que lo matara su afición al vicio. Jean Harlow, es el tercer personaje, la fémina que nació para el sexo; es decir, para dejar en este mundo su penetrante aroma de feromonas. Greta Garbo también me llamó la atención (¿o se dirá morbo?) desde que me enteré de su apodo (le decían “la divina”). La bella mujer cautivó corazones como si ése hubiese sido su destino. Uno de ellos, el de Marlene Dietrich, la actriz que, igual que Greta, decidió transitar por el complicado atajo de las aventuras relacionadas con la bisexualidad.

Para este mes de noviembre, mes de los muertos y de los vivos, el director de Réplica me pidió que escribiera sobre la tradición, un tema que por trillado puede hacernos caer en la aburrida recurrencia. Le busqué y por fin se me ocurrió hurgar en la vida de algunos personajes del séptimo arte. Escogí a quienes murieron a tiempo, o hicieron de su vida algo imperfecto para poder encontrar la forma perfecta de morir. Así me topé de nuevo con Marilyn Monroe (se aparece en todas partes), la mujer cuya belleza sigue viva y conquistando corazones. Otro fue James Dean, el joven que murió antes de que lo matara su afición al vicio. Jean Harlow, es el tercer personaje, la fémina que nació para el sexo; es decir, para dejar en este mundo su penetrante aroma de feromonas. Greta Garbo también me llamó la atención (¿o se dirá morbo?) desde que me enteré de su apodo (le decían “la divina”). La bella mujer cautivó corazones como si ése hubiese sido su destino. Uno de ellos, el de Marlene Dietrich, la actriz que, igual que Greta, decidió transitar por el complicado atajo de las aventuras relacionadas con la bisexualidad.

¿Qué decir de Marilyn y cómo decirlo? Como ya se inventó el hilo negro decidí “preguntar” a quienes la conocieron de cerca. El ejercicio fue simple, sólo hubo que consultar la página del cinéfilo Juan S. D. Toro (un buen amigo español) para, de su excelente bagaje, tomar una parte.

Billy Wilder dijo que su muerte dejó un vacío irreparable, que “al desaparecer ella desapareció todo un género. La luminosidad de aquel rostro (igual que el de Greta Garbo –agrega–) le dio el cine una mujer de alto voltaje".

Andrè de Diene comenta que “la lente de la cámara no es un ojo de cristal inerte, sino los ojos de millones de personas... (Marilyn fue la) encarnación máxima del objeto sexual… porque respondía al poder de estimulación de la lente; la excitaba y mientras el efecto total de su personalidad iba dirigida a esa lente, ella se ofrecía irresistiblemente tentadora al hombre presente y a los hombres ausentes”.

Bert Stern asegura que era muy natural, que no tenía la afectación de una estrella, que poseía una rara cualidad que –personaliza– “yo jamás había visto, ni volví a ver... como sí, mientras estaba allí, no hubiera ninguna otra persona en el mundo. Se entregaba a la tarea. Y se dejaba ver tan obstinada como impaciente sólo cuando se hartaba del clima de fascinación que Vogue quería mostrar en las fotos. No parecía deprimida ni ansiosa por nada: sorbía su Don Perignon y estaba encantada de hacer lo que más le gustaba. Decía que nunca se había sentido mejor. Y se la veía absolutamente fantástica, como si tuviera algo resplandeciente y etéreo. Era una dama que hablaba mucho sobre el futuro. No tenía tiempo para recrearse en el pasado, ni siquiera en el pasado reciente”.

Richard Avedon escribió que “resultaba muy fácil trabajar con ella; le daba a la cámara fotográfica más que ninguna otra actriz, que ninguna mujer que yo hubiera fotografiado. Era infinitamente más paciente, más exigente consigo misma. Se sentía más cómoda delante de la cámara que lejos de ella”.

Como sabemos, la Monroe murió en circunstancias extrañas. Unos dicen que la mataron los esbirros de Hoover, entonces director del FBI. Pero a pesar de lo obvio de aquel crimen de Estado (la fama del clan Kennedy estaba en peligro, supuso J. Edgar Hoover), hay otros que muestran su acuerdo con la versión del suicidio, muerte provocada por una combinación de drogas y depresión. En fin, aparte las versiones, creo que lo más importante es que la actriz haya muerto a tiempo para poder pasar a la eternidad gracias al cine, arte que se ha encargado de conservar y difundir su belleza. De ahí que su candidez siga arrobando los corazones de ésta y seguramente de las próximas generaciones. Podemos decir que murió sí, pero que aún sigue viva aturdiéndonos con su candor electrizante.

 

Jean Harlow

El furor sexual de la actriz era conocido por los hombres más atractivos de Hollywood, famosos o simplemente hombres a la venta del barrio bajo de la meca del cine. Por su cama pasaron los ídolos del momento y los productores más influyentes y las marcas más conocidas de artículos relacionados con el sexo. Todo junto o por separado. Las fantasías de quien fue el mito platino de los años treinta –según palabras de su segundo marido– eran totalmente insufribles y difíciles de soportar. Cuentan que una madrugada el actor Clark Gable (acostumbrado a todo tipo de desviaciones), tuvo que pedir ayuda desde la residencia de Benedict Canyon, debido al acoso que sufrió por parte de Jean.

Paul Bern, llamado familiarmente en Hollywood "padre confesor", se ganó la confianza de Jean. Ella lo hizo su confidente porque él la soportaba. “Es todo un caballero”, decía la actriz. Pasado el tiempo, el 2 de Julio de 1932, Jean y Paul contrajeron matrimonio. Y el 5 de septiembre del mismo año, el mayordomo de la estrella encontró el cuerpo de Bern en el dormitorio de su esposa. Estaba desnudo. Se había disparado en la cabeza y el cuerpo aún despedía el perfume favorito de Jean Harlow ("Mitsouko"). Sobre el tocador dejó su nota póstuma: 

Mi muy querida:

Desgraciadamente, ésta es la única salida para reparar el daño que te he causado y borrar mi humillación.

Te amo. Paul.

El mayordomo llamó inmediatamente a Louis B. Mayer y a Irving Thalberg antes que a la policía. Ambos personajes, nombres relevantes de la Metro Goldwyn Mayer, ocultaron la nota suicida a las autoridades policiales. Querían evitar el escándalo. No obstante, el suicidio fue de los más publicitados de la época gracias a la popularidad de Jean Harlow, a la preocupación de las amistades influyentes de Paul Bern y al rumor que desde hacía tiempo corría por Hollywood: los problemas que tuvo el matrimonio desde la misma noche de bodas. También se comentaba que ante la furia sexual de Jean y la imposibilidad de su esposo para calmarla (sufría impotencia), éste tuvo que utilizar un pene artificial de proporciones exageradas, cuya penetración en la vagina de su esposa le ocasionó numerosas visitas a su ginecólogo particular. A pesar de ello, Jean amaba a Paul y procuró  que sus relaciones fueran desarrollándose de la mejor manera posible. La pasión de ella fue calmada, satisfecha, no así la humillación de su esposo. Sobre esta tragedia se adicionó otra igual de peliculesca: un día después, Dorothy Millette, la primera mujer de Paul Bern, se suicidó arrojándose al río Sacramento.

Jean Harlow fue sin duda una rutilante estrella. Sus películas se convirtieron en éxitos de taquilla. Respaldada por sus más famosos amantes, entre ellos Howard Hughes, Clark Gable, Charles Chaplin y William Powell, rápidamente logró ascender a la fama.

En alguna ocasión, mientras rodaba la película "Saratoga", la Harlow fue hospitalizada de urgencia. Sufría una enfermedad del riñón derivada de la escarlatina que padeció siendo niña. Bueno, ésta es la vieja versión oficial. Hubo otra por ahí, la de un periodista francés que pidió el historial de Harlean Carpenter (preparaba la biografía de Jean Harlow) al centro médico donde la actriz fue ingresada con otro nombre. Lo único que encontró fue un parte médico que decía: "Helen Davenport ha sido ingresada en la mañana de hoy con múltiples fracturas de pronóstico grave, debidas a profundos desgarros en el clítoris, y en el conducto donde termina el aparato digestivo, con hemorragia interna de consideración".

¿Sería el de Jean otro crimen disfrazado, la cortina de humo planeada por los estudios más influyentes de aquella época? No lo sabemos. Lo cierto es que Jean Harlow nació, vivió y murió como se le dio la gana dejándonos su estela suavemente bella y peligrosa, como aquel vestido de satén blanco pegado a su cuerpo que hacía soñar a jóvenes y viejos.

 

Marlene Dietrich

Diana McLellan, cuenta en su libro (The Girls) que Marlene Dietrich fue amante de Gary Cooper, Maurice Chevalier, Jean Gabin y del realizador Josef Von Sternberg. Con éste último mantuvo una relación artística y sentimental. La escritora dice que Garbo rompió el corazón del director Mauritz Stiller y que tanto Greta como Marlene formaron parte del mayor círculo de lesbianismo de Hollywood. Para Garbo –comenta Diana– era su "secreto más excitante", mientras que Dietrich se refería al grupo de amigas como el "círculo de costura". Y eso era precisamente, pues todas tejían un entramado sexual donde era lo mismo homosexualidad y bisexualidad.

Garbo y Dietrich se habían conocido en Berlín, durante el rodaje de una película muda. Con 19 y 23 años, respectivamente, ambas se vincularon en una relación que en la enigmática belleza sueca dejó huella. Los detalles del romance así como los de su ruptura, han quedado en el silencio. Nadie supo y creo que nadie sabrá qué diablos ocurrió entre ellas.

La autora del libro ofrece su versión sobre lo que posiblemente hizo callar a Dietrich, conocida por sus escandalosas declaraciones en materia sexual. Opina que la razón se llamaba Otto Katz, uno de los primeros maridos de Dietrich, comunista y contrario al régimen de Hitler. El conocimiento público de alguien que la escritora describe como el heroico Victor Laszlo de Casablanca, hubiera puesto en peligro la carrera de la actriz, detalle que –cuenta la escritora– Garbo conocía y pudo usarlo para chantajear a la Dietrich. En fin, en el libro de marras se destaca el ambiente de libertad sexual que existió durante la época dorada del cine, tiempos dominados por la presencia de actores y actrices, homosexuales y lesbianas.

 

Clark Gable

Dejemos que nos cuenten sobre él las mujeres con las que trabajó. Qué mejor testimonio que el de ellas, las actrices más difíciles o fáciles de entender, dependiendo su estilo:

Marilyn Monroe: "Nunca tuve un padre que me acariciara, que me regañase o besara. Cuando vi entrar a Clark en el plató de The Misfits, sentí un escalofrío que me recorrió todo el cuerpo. Se lo dije a Monty, pero él se rió. Tampoco Thelma le dio importancia. Pero supe justo en ese momento que aquel hombre corpulento, de sonrisa inexplicable, era mi padre y desde ese instante no he tenido otro aliciente al venir a rodar que sentirme acariciada y besada por él, aunque tomaba muy en cuenta sus reprimendas ante mis equivocaciones o retrasos. Desde pequeña cuando lo vi en el cine, lo adopté como mi progenitor. Ahora sé que lo es y me siento muy feliz por ello. Clark fue muy bueno conmigo, en esos momentos tenía problemas con Arthur y me encontraba mal y a causa de ello retrasé el rodaje con frecuencia. Pero él me protegió de John Houston, quien insistía en hacérmelo pasar mal. En las escenas con beso, lo hice con verdadera pasión, quería que supiera lo mucho que me gustaba y lo que le apreciaba. Cuando volví al rodaje después de un día de descanso, me dio una nalgada y me dijo que si no me comportaba bien me castigaría con una buena zurra. Le miré a los ojos y le dije: no me tientes... Empezó a reír tan fuerte que se le escaparon las lágrimas. Cuando murió, lloré durante dos días seguidos. No podía comer, ni dormir".

Ava Gardner: "Gable es el actor más disciplinado, caótico a veces, pero con un amor a su profesión poco común. Yo he trabajado con muchos nombres importantes del cine, algunos auténticas máquinas infernales de sentimientos, verdaderos depredadores. Otros se eclipsaban al verme cerca de ellos, pero ninguno como Gable a la hora de compartir tan bello trabajo. Mis recuerdos de Mogambo son muy hermosos y entrañables. Ojalá que a la hora de rodar todos cumplieran con la disciplina y profesionalidad que él poseía, y también con los buenos momentos que me hizo pasar cuando no rodábamos. Era dulce, tierno, cariñoso y todo un hombre desde la cabeza a los pies. Si algo tengo que destacar censurable en Mogambo fue el enorme calor, la presencia de Grace y los tremendos efectos que me causaba el alcohol por la mañana cuando me despertaban para rodar".

Mae West: "Los hombres son un bocado del que no puedo prescindir: son sabrosos, ácidos y dulces como la miel. No olvido una cara, unas manos, un pene. Todo lo tengo en la mente. Clark Gable me hacía olvidar todo esto, porque cada día que venía a casa en compañía de su amigo Flynn, el festín se convertía en un día de Acción de Gracias".

 

James Dean

Cuentan que frecuentaba con asiduidad un club gay donde era conocido como el "cenicero humano". Tal vez porque a James le gustaba ser manipulado por todos y ser violentamente seducido en el más amplio sentido de la palabra. Una de sus desviaciones consistía en que lo pisotearan estando él desnudo. Para ello elegía cuidadosamente a sus “torturadores”, siempre hombres con vestido de cuero negro; tipos fuertes, atractivos para él: les pagaba cantidades exageradas de dinero y los invitaba a su casa. En fin, en apariencia James disfrutaba la violencia y le causaba placer que otros lo castigaran.

También consta en el examen médico que se le hizo después del accidente, que su cuerpo, en especial el torso, estaba lleno de las más extrañas cicatrices.

En una entrevista que le realizaron meses antes de fallecer, en la cual el propio periodista puntualiza su labor como una de las peores experiencias de su vida, cuenta que el carácter de James Dean le pareció de lo más cambiante: se le quedaba mirando fijamente sin pestañear. De repente respondía con una frase fuera de contexto. Hacía cosas extrañas con los dedos y enmudecía marcando las pausas a su antojo. En aquellos días la adicción por las drogas, el alcohol y demás sustancias ya lo habían marcado. Como fumó marihuana durante el rodaje de Gigante, George Stevens tuvo que ordenar que retiraran los primeros planos del actor en el film porque se veía perfectamente en sus ojos que estaba ausente, invadido de droga.

James Dean nació para ser un mito en toda la extensión de la palabra, y no especialmente por su vida. Como Marilyn aparecía en la pantalla destrozando todo lo establecido, con o sin justificación. Uno y otra no eran una simple materia (los dioses nunca lo son). No. Los dos nacieron, vivieron y se fueron como genios, derritiéndose como cera ante el sol.

Vaya otro dato para conocer la otra personalidad de James Dean: su indisciplina ante las cámaras. El actor estaba obsesionado en hacer de su presencia en los estudios un acto brutal. Insultaba a sus compañeros de rodaje, escupía constantemente, fumaba droga sin parar, no sabía el guión y su indisciplina acababa con la paciencia de directores y productores. Cuando se rodó Rebelde sin causa, su director, Nicholas Ray, tuvo que llevarlo a una farmacia donde le compró un medicamento para combatir una infección en sus genitales. Antes la actriz Natalie Wood se había quejado de que James no paraba de rascarse y eso la ponía enferma. En un descanso del rodaje del film y cuando se disponía el grupo a comer, James tiró toda la comida al suelo sin motivo. Eran reacciones de un enfermo mental.

Algunas frases del actor:

"Mi madre murió cuando yo tenía nueve años... ¿Qué podía hacer? Lo hice todo yo solo".

"Un actor debe aprender todo lo que se puede saber… Hay que experimentarlo todo, o acercarse a ello lo más posible".

"Nadie ha hecho nunca nada por mí. No le debo nada a nadie".

"Creo que la razón primordial por la que existimos, por la que vivimos en este mundo, es el descubrimiento."

"La única grandeza del hombre es la inmortalidad."

"Desde mi punto de vista, la carrera de un actor se empieza a preparar en la misma cuna".

"No sólo quiero ser el mejor. Quiero llegar tan arriba que nadie pueda alcanzarme; y no para demostrar nada, sino para estar donde hay que estar cuando se le dedica toda la vida y todo lo que uno es a una cosa".

"No actúes... Si estás fumando un cigarrillo, fúmatelo: no actúes como si te lo estuvieras fumando".

"La gente me decía que me parecía a Brando, incluso antes de que yo supiera quién era Marlon Brando. No me ofende la comparación, pero tampoco me halaga".

"Lo que dentro de mí hace que sea como soy es como una película. La película sólo funciona en la oscuridad. Rasga y deja que entre la luz y la destruirás".

"Aunque viviera cien años, no tendría tiempo para hacer todo lo que quiero".

 

Miroslava

El escenario final (¿Suicidio o accidente?)

De acuerdo con la declaración de su ama de llaves, una señora de nombre Rosario Navarro viuda de Nava, el día 8 de marzo de 1955 Miroslava regresó a su domicilio ubicado en la calle de Kepler número 83 en Polanco. Lo hizo agobiada por una profunda tristeza, actitud que le notó cuando le dijo que se “retirara de sus labores, por lo menos durante uno o dos días”.

Miroslava solamente bajó de su alcoba una ocasión para beber un vaso de leche. Al día siguiente regresó el ama de llaves para reportarse con ella. La actriz le respondió recordándole lo que le había pedido. Después de un lapso de silencio le ordenó decir que no estaba en casa. El ama de llaves siguió las instrucciones y el día jueves 10 de marzo a las 11 de la mañana llamó insistentemente a la habitación de la actriz. No hubo respuesta. Supuso que su patrona se encontraba dormida. A las 12 del día volvió a tocar la puerta y al no haber respuesta Rosario se dio a la tarea de localizar al señor Óscar Stern. No pudo hacerlo pero encontró a la actriz Ninón Sevilla. Ya juntas abrieron la puerta de la habitación. Miroslava había muerto. Su cuerpo yacía inerte sosteniendo con su mano derecha una fotografía tamaño postal con su imagen al lado de Dominguín y la abuela de éste. Se encontraron además una caja de medicamento "Ayerlucin" (un barbitúrico), un frasco conteniendo otro medicamento de nombre "Dodecalivez" y tres cartas póstumas. El cuerpo de la actriz fue trasladado a una agencia funeraria donde Dolores Camarillo "Fraustita" lo maquilló por última vez. Finalmente el cuerpo fue trasladado al Panteón Francés de la Piedad para su cremación.

Hay otra versión. En ella se afirma que la actriz habría muerto de manera distinta. Según esta versión, Miroslava no se suicidó, sino que habría muerto en un accidente de aviación, acompañada de su amante. El rumor relacionó así dos muertes, la de la actriz y la de Jorge Pasquel, yerno de Plutarco Elías Calles, cristero en su juventud y político alemanista en la madurez, promotor del beisbol profesional y dueño del periódico Novedades. Pasquel, el arquetipo del millonario alemanista corrupto, fue acusado de contrabando y de vender concesiones valiéndose de su influencia. Pero él siempre solucionó sus problemas, a veces a punta de la pistola y en ocasiones blandiendo la chequera. El avión de Pasquel, con siete pasajeros, se había estrellado a veinte kilómetros de Ciudad Valles, San Luis Potosí, el 8 de marzo de 1955.

La nota del diario La Prensa del 9 de marzo especula: “Nadie sabe a quién corresponde el séptimo cuerpo, pues solamente se sabía que viajaban seis personas, incluyendo a Jorge Pasquel. Unos días después del accidente se da a conocer la identidad de los otros cinco muertos: tres pilotos, un radio operador, un mecánico y el mayordomo. El 11 de marzo, a tres días del accidente, encuentran el cadáver de Miroslava. La tardanza da lugar a las sospechas: la criada de la actriz, María del Rosario Navarro viuda de Nava, la ve por última vez precisamente el 8 de marzo y no es sino hasta el 10 que se atreve a entrar por el balcón a la recámara. La encuentra muerta y el 11 se da a conocer el suicidio. Lo extraño es que la criada estaba en la casa de Kepler 83 desde las seis de la tarde del día 9 de marzo. Para atajar el rumor, el sábado 12 la policía exhibe las tres cartas de suicidio que Miroslava dejó en la recámara, así como el peritaje que comprobaba que eran de su puño y letra. Después hizo pública la descripción de su recámara. El clima no podía ser más perfecto: la foto del torero español sobre el pecho, las obras completas de Federico García Lorca y un libro sobre El Greco en la mesa de noche. Una pregunta de todos era: por qué Miroslava se había suicidado por un hombre que protagonizó varios escándalos amorosos con las actrices de moda, desde Ava Gardner hasta Rita Hayworth, pasando por María Félix que era su vecina. Las contradicciones surgieron de nuevo: Miroslava y Dominguín se habían conocido en agosto de 1954, cuando la policía franquista acusó a la actriz de ser espía y le negó la entrada al país. El torero respondió por ella y la acompañó durante su estancia. Apenas cuatro meses después, la prensa anunciaba el matrimonio de Dominguín con la actriz italiana Lucía Bosé. La noticia del matrimonio era casi tan vieja como su amistad con el torero.

 

Cartas póstumas

Una de las cartas encontradas junto al cuerpo de Miroslava Stern estaba destinada a su padre: "Papá: perdóname y olvida no puedo seguir. No tengo valor, gracias por todo y perdóname que no tenga suficiente voluntad para vivir, te quiere ('Bumbulka')". En otra se despide de su hermano Ivo y le pide: "Escribe y envía el regalo (una campanita de plata) a Luis Miguel Dominguín (Nervion 25 Madrid) y que sea feliz".

 

Coincidencia fatal

Por causas extrañas e irónicas el último filme protagonizado por Miroslava Ensayo de un crimen bajo la mano del genial maestro Luis Buñuel, tiene como escena final una efigie de cera de Miroslava que arde hasta consumirse, similar al destino que tuvo su cuerpo al morir. A partir de entonces comienza a convertirse en figura de culto para muchos cinéfilos.

 

Como éstas hay otras historias que le comentaré en los próximos números, todas ellas envueltas en el misterio que forma parte del ambiente cinematográfico. La de Pedro Infante, por ejemplo. O las de Dolores del Río y Pedro Armendáriz padre, quien decidió quitarse la vida para evitar el sufrimiento de él y de su familia. Todo a su tiempo, diría mi abuelita, testigo fiel de la época de oro del cine mexicano y universal.

 

Pedro Nicodemus