Supersticiones de algunos famosos

Entretenimiento
Tipografía
  • Diminuto Pequeño Medio Grande Más Grande
  • Default Helvetica Segoe Georgia Times

En todas las épocas ha existido la superstición. Esta palabra que proviene del latín “superstitio”, significa estar cerca de algo, de lo que esperamos: una vibra, asombro, miedo o adoración religiosa.

La padecen o disfrutan desde las personas más comunes y sencillas, hasta los personajes más encumbrados. Imagíneselos cambiando y disfrutando las trampas de la mente. Veamos:

Napoleón siempre sintió que su vida y sus triunfos estaban relacionados con la letra “m”. El nombre de sus más cercanos y famosos generales iniciaba con ese caracter (Massen, Mortier Murat, Moncey, etc.) Por ello escogió a Maria Luisa, su segunda esposa. Lo curioso es que nunca orinaba de pie; lo hacía sentado o en cuclillas e incluso, como un ritual, antes de las batallas en las que triunfó. Ya lo veo pidiéndole a sus generales que le hicieran casita...

Chopin temía a todo lo que se relacionaba con el número siete. Siempre se rehusó a vivir en cualquier casa que lo tuviera. Nunca inició una composición ni viajó en el séptimo mes del año: se encerraba en su hogar con todo y sus temores.

Nicola Tesla, el “genio maldito”, inventor de la transmisión de energía eléctrica sin cables y constructor de la central hidroeléctrica de las Cataratas del Niágara, tenía la costumbre de pedir en los hoteles que el número de su habitación fuera divisible entre tres. (La Comedia de Dante también tiene esa característica. El 9, que fue la edad en que conoció a Beatriz, determina su obra).

Cuando Charles Dickens se hospedaba en algún lugar que no fuera su casa, le daba vuelta a su cama de tal forma que ésta quedara apuntando hacia el norte.

Eduardo VII, rey de Inglaterra, nunca permitió que los jueves le dieran vuelta al colchón donde dormía. Y jamás se tendieron las sábanas de su cama en los lunes.

Beethoven jamás compuso ni tocó el piano de la una am a las diez am. En los conciertos, antes de poner sus manos sobre el teclado, tenía que tocarse sus genitales. Diría hoy un entrenador de fútbol: Necesitaba echarle huevos al asunto...

Einstein realizó sus grandes descubrimientos con los cuarterones de sus ventanas totalmente cerrados. No le gustó escuchar el canto de los pájaros y menos aún tocar el plumaje de cualquier ave: para él, era el peor de los maleficios. Tampoco se cortó el pelo, pues había comprobado que al hacerlo perdía parte de su grandiosa inteligencia. De ahí que sus inventos hayan sido “de pelos.”

Antes de cualquier tipo de relación sexual, John F. Kennedy tenía que oprimirse la nariz en tres ocasiones y nunca permitió que usaran en su cama las sábanas de color amarillo. (Marilyn Monroe debe haberlo ayudado en el rito del apretujón... de la nariz). Su hermano Robert F. Kennedy no cantaba mal las rancheras: siempre que planeaba o deseaba tener un nuevo descendiente, ese día, antes de su relación sexual, se ponía calzones rojos. Y ya que estamos con la familia, hay que decir que previo a cualquier tipo de viaje en avión, Jacqueline Kennedy caminaba a solas diez minutos con los pies descalzos.

Previo a cualquier tipo de actividad sexual, Marilyn Monroe tenía que ponerse unas gotas Channel no. 5, en sus órganos sexuales y en ambos dedos gordos de sus pies. Además colocaba debajo de su almohada unas hojas de lechuga. Claro, esto siempre y cuando la relación hubiere sido muy bien programada.

Nancy Reagan, la viuda de Ronald, acostumbraba a ensalivar alguno de sus dedos para entrar a cualquier habitación, incluyendo la suya: tocaba la puerta en tres ocasiones. Y nunca viajó en días relacionados con el número dos.

Cuando iba a cualquier conferencia importante, Lyndon B Johnson permaneció un momento a solas para expulsar a gusto y sin testigos la flatulencia que tenía atorada. Otra de presidentes: cuando Abraham Lincoln deseaba tener la mayor de las suertes, usaba zapatos diferentes en cada pie, y siempre rozaba varias veces la cadena de su reloj de bolsillo, antes de firmar algún documento. Recordemos que fue asesinado.

En todas las casas que habitó Frida Kahlo, acostumbró a sembrar sábilas, especialmente en las esquinas disponibles. Al dormir ponía un listón azul debajo de la almohada.

A Catherine Denevue le gustaba usar un pequeño listón rojo en contacto con su piel, dentro de sus prendas íntimas. El tic tac debe hacer cosquillitas... Otra actriz, Elizabeth Taylor, sumerge en agua con sal marina las joyas que va a usar por primera vez: después las deja un día a la intemperie... En todas sus presentaciones, el cantante Raphael siempre viste prendas de color negro... Isabel Preysler, la madre de los Iglesias (hijos de Julio), presiona dos de sus dedos antes de cualquier evento y durante: ya tiene 63 años de hacerlo; quizás por ello se conserva joven y guapa... Peter Otoole siempre guarda un imán en sus bolsillos y Omar Shariff lo  hace con una pluma de ganso... Maria Félix: jamás abrió un paraguas debajo de un techo... Paris Hilton no deja de usar prendas íntimas de color rosa, bueno a veces se las quita y lo anuncia... Sophia Loren se toca discretamente alguno de sus senos antes de cualquier inicio de película... Brigitte Bardot acostumbra atarse un listón en su cintura.

A Cleopatra le gustaba rodar desnuda dentro de una alfombra y sumergirse en una tina llena de leche de burra, y haciendo ese ritual atrajo a Marco Antonio... El príncipe heredero Federico de Dinamarca, jamás recibe en propia mano ni el salero ni las tijeras... Catalina de Rusia se daba tres golpes de pecho siempre que se derramaba sal ... Salvador Dalí, enroscaba sus bigotes antes de cualquier... Lolita Ayala siempre tiene una rosa fresca en su escritorio.

Diana Laura Colosio tuvo hasta antes de morir un alcatraz en la casa que habitó... John Lennon, una pecera en la habitación que dormía... La reina Isabel de Inglaterra una bacinica en sus aposentos reales, de acuerdo con las añejas costumbres de la realeza: ya no la usa, dicen... El sultán de Brunei se duerme junto a un recipiente lleno de agua pura... Golda Meir acostumbró a mantener un receptáculo con algún vegetal verde en su área de trabajo... Aristóteles Onassis usaba un ámbar ruso en su bolsillo y mujeres importantes en su alcoba.

El pintor y escultor Miguel Ángel, que por cierto nunca se bañaba, estuvo rodeado de muebles de madera sin patas... Pablo Picazo no usaba ropa interior cuando iniciaba alguna pintura: seguramente le gustaba sentir sus partes, tal vez para inspirarse mejor... Pio XII siempre durmió en sabanas de algodón... El rey Farouk de Egipto ponía una piedra de carbón en los Lugares donde guardaba papelería Importante... Víctor Manuel de Saboya, una pulsera tejida de pelos de elefante... Carolina de Mónaco se pone la pulsera (cualquiera) en el tobillo del pie derecho... Michael Jackson usaba cualquier accesorio brillante en su vestimenta.

Adolfo Hitler siempre tuvo un candado en su mesa de noche... Porfirio Díaz nunca se rasuró de mañana; lo hacía por las noches... Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid campeador, se negó a sentarse en la mesa si con él sumaba las trece personas... Imelda Marcos nunca pone sus zapatos nuevos sobre alguna cama... El emperador Hiro Hito tuvo la costumbre de observar los zapatos de sus interlocutores.

Estas son algunas de las supersticiones de los famosos. En números anteriores incluí los más frecuentes y sofisticados amuletos.

Kantor