La hora de la cita
El verdadero entendimiento consiste en dar valor a los demás.
La Bruyère
Para lenguas y campanas, las poblanas.
Dicho popular.
Déjeme comentarle una gran experiencia, digamos que romántica. El miércoles pasado, a las 7 de la noche, inicié un proceso de conquista: empecé a coquetear con los y las radioescuchas de la 105.9 de frecuencia modulada. Y me aventé como el Borras para decir que desde “La hora de la cita” (así se llama el programa que estará al aire todos los miércoles) intentaré convencer al auditorio de esta nueva alternativa radiofónica, cuyo formato se adaptará a la personalidad de cada uno de los periodistas y comunicadores entrevistados. Por ventura, creo que comencé con el pie derecho. Verá usted por qué:
Mi colega periodista Alfonso Yáñez Delgado fue el padrino de la primera emisión, en la cual hubo otros padrinos externos. Uno de ellos fue el gobernador Melquiades Morales Flores. Otro, el controvertido senador priista Manuel Bartlett Díaz. El tercero, el también senador panista Francisco Frayle García. Y para cerrar la emisión llamó Rafael Moreno Valle Rosas, secretario de Finanzas y Desarrollo Social del gobierno poblano y aspirante a la gubernatura de Puebla. Los cuatro fueron entrevistados por el invitado, o sea Alfonso. Y a reserva de hacerlo en tiempo y forma, aprovecho este espacio para hacer todas las llamadas que, por el “verdugo tiempo”, no pudieron pasar al aire.
De esas entrevistas no anunciadas surgieron temas que seguramente tratará en sus columnas el colega Yáñez.
Un adelanto:
Manuel Bartlett Díaz: la investigación que está haciendo el PRI respecto al financiamiento extranjero recibido por los “Amigos de Fox” (puede interpretarse como una respuesta a la denuncia sobre la corrupción en Pemex).
Francisco Frayle: el conflicto legal que enfrenta el Órgano Superior de Fiscalización del Congreso local con la Universidad Autónoma de Puebla, debido a que José Marún y Enrique Doger son primos hermanos, además de que el primero también fue rector de la misma universidad.
Melquiades Morales Flores: la necesidad de nombrar un ombudsman para que medie entre los ciudadanos y la prensa, decisión que deben tomar los propios poblanos.
Debo reconocer que enfrento un severo problema para poder persuadir a los radioescuchas: en el cuadrante existen varios comunicadores que, con trabajo, ética, profesionalismo, ingenio y talento, han logrado posicionarse en este importante mercado. No obstante, estoy decidido (y he aquí mi romanticismo) a que “La hora de la cita” se convierta en un espacio de interés para radioescuchas y radionautas. Confío, pues, en que los miércoles de siete a ocho de la noche sintonicen la 105.9, tanto usted como aquellos que gusten navegar por el cuadrante de la frecuencia modulada (FM), buscando noticias o programas que les informen o diviertan. Estoy seguro de que mis invitados me ayudarán a convencerlos de que “La hora de la cita” es una buena alternativa para informarse y conocer la esencia del periodismo.
Aclaro que no le haré al Orson Welles, es decir, que me abstendré de utilizar la ciencia ficción (o política ficción) para lograr un efecto parecido al que tuvo la adaptación de “La guerra de los mundos” a un hecho real, programa radiofónico que —como se sabe— el 30 de octubre de 1938 provocó pánico entre los oyentes de Nueva York e hizo más popular al entonces actor de teatro y después protagonista de “Ciudadano Kane”. De ninguna manera. Aunque usted no lo crea, a pesar del gran parecido, pues por muy voladores que sean, los políticos nada tienen que ver con los ovnis o los marcianos.
Tampoco buscaré la imitación como método para ganar audiencia. Dios me libre. La intención es ser originales y eludir cualquier parecido con los “talk shows” como el de Cristina, a cuyo ingenio le debemos la frase que han hecho suya muchos indiscretos: “Secreto que no se divulga, envenena”.
Para concluir esta publicidad personal (si no la digo, reviento) hago la siguiente reflexión:
Desde que la palabra permitió a los hombres y mujeres intercambiar información de manera intuitiva primero y después con sonidos articulados guturalmente, hasta la creación del lenguaje, la comunicación ha sido el vínculo integrador de la humanidad. Sin comunicación el hombre no tendría historia y tampoco habría comunidad, es decir, “universalidad en el más alto sentido del entendimiento y comportamiento humanos”.
De ahí que me haya entusiasmado la posibilidad de ganar su corazón llegando a su inteligencia a través de sus oídos y, al mismo tiempo, por sus ojos lectores.
Siete meses después, el programa “La hora de la cita” cambió de semanal a diario, o sea, de lunes a viernes, por varios años.
La hora de la cita (Crónicas sin censura 178)
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