El filo de la navaja (Crónicas sin censura 181)

Réplica y Contrarréplica
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EL FILO DE LA NAVAJA

No se ha de juzgar el valor del hombre por sus grandes cualidades, sino por el uso que de ellas sabe hacer.

Rochefoucauld.

 

El cargo más desgastante en cualquier gobierno es, sin duda, el de procurador general de justicia. En él confluyen todo tipo de influencias políticas, sin faltar desde luego las presiones que ejercen las mafias y los grupos cuyo método es el soborno. Pocos de sus titulares se han salvado de acusaciones o señalamientos que ponen en duda su honorabilidad. Y por ello es que casi todos han concluido su gestión con el prestigio desportillado.

Parafraseando a Salvador Díaz Mirón, podríamos decir que son pocas, muy pocas, las aves de este tipo que salen del pantano sin manchas en el plumaje.

Carlos Alberto Julián y Nácer es una de las víctimas de esa especie de avalancha que arrasa con las reputaciones más prístinas. De ahí que lo publicado por “Intolerancia Diario” nos permita pergeñar lo que ocurre en las entrañas de la dependencia, donde las componendas son el pan nuestro de cada día.

Salta a la vista, pues, que la capacidad profesional del excandidato no le sirvió para protegerse de las salpicadas delincuenciales.

O que algunos parientes abusaron de su buena fe, comercializando la supuesta influencia familiar.

O que la declaración en contra de él y de su compadre Adán Cortés Ulloa sea una más de las feroces reacciones de exagentes judiciales resentidos o molestos por no haber recibido el reparto del botín, la impunidad o la protección prometida. De cualquier manera, la víctima vuelve a ser un exprocurador de Justicia, tal y como en su época ocurrió con otros como Gutiérrez Manzano, Sáiz de Miera, Peruyero, López Rubí y Fernández de Lara, por sólo citar a los más recientes.

De Zamudio recordamos su participación en el conflicto entre universitarios y gobierno. Sáiz de Miera fue acosado por las presiones que le provocaron una crisis existencial. A Peruyero lo rebasó la misma corrupción que había aplastado a Gutiérrez Manzano. López Rubí padeció la influencia y directriz del entonces “Gran Asesor”, además de sufrir las explosiones anímicas de su jefe, el gobernador Mariano Piña Olaya. A Gutiérrez Manzano lo vemos como chivo expiatorio de las atrocidades protagonizadas por los hermanos Inurreta, quienes, entre otras cosas, irrumpieron en el hogar de la madre de un militar de alto rango y de un prominente miembro de la colonia libanesa. Y Fernández de Lara le hizo al camaleón para poder sortear con éxito los efectos de un poder manejado con los excesos que promueve el valemadrismo.

¿Qué fue lo que a Nácer le dejó algunas muescas en su imagen?

En primer lugar, dos que tres dizque familiares se valieron de los apellidos o del paisanaje para lucrar y delinquir. Hubo uno —cuyo nombre no recuerdo— que murió asesinado supuestamente por sus cómplices, ladrones de autos y motociclistas. Otro (de ese sí sé su nombre, pero lo omito para no ulcerar los ojos del lector) que tiene una orden de aprehensión en su contra y se encuentra prófugo (este columnista lo denunció por fraude y, cuando se iba a ejecutar dicha orden, alguien por ahí lo alertó y, quizás, hasta le ayudó a ocultarse mientras buscaba la protección de la justicia federal, protección que a final de cuentas le fue negada). Y respecto a Cortés Ulloa, el lector ya sabe lo que se publicó en el diario referido.

Según vemos, a don Carlos Alberto la vida lo está castigando, ya que su bonhomía y buena fe no han sido recompensadas. Es, dicen, un excelente padre de familia y un amoroso cónyuge. También un amigo capaz de quitarse el saco para ayudar al cuate que se lo solicita (aquí es donde pudo haber perdido). Como maestro tiene muchos alumnos agradecidos. En la religión se ha destacado por su entrega espiritual. De la Secretaría de Gobernación más o menos salió bien librado. Y la candidatura lo hizo crecer en el difícil oficio político.

¿Por qué entonces la mala suerte? Pues por su cargo en la Procuraduría General de Justicia, lugar en el cual el más tullido de los coyotes (apunte usted desde abogados hasta agentes policiacos) es alambrista consumado. De ahí que, de no haber tenido ese cargo, seguramente otro sería su destino, experiencia que deberían tomar en cuenta aquellos que anhelan o gustan caminar por el filo de la navaja.

Alejandro C. Manjarrez

Revista Réplica