Julieta en busca de Romeo y viceversa

Vida & Sociedad
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Para nuestros abuelos y padres, hablar del tema de conseguir pareja, requería de la valentía de un hombre buen mozo que se atreviera a declarar su amor a la mujer que había conquistado su corazón. Ella por su parte, tenía que responder el mágico “sí” o el fatídico “no”; claro que se hacía con mucha delicadeza, aunque ello no implicaba que el resultado fuera una gran alegría o una profunda desilusión...

Hoy por hoy la historia ha cambiado, la cantidad de mujeres solas, profesionistas, e “independientes” se ha ido incrementando, de una manera exponencial. Parece ser que el mundo laboral nos ha recibido con los brazos abiertos y en base a nuestro esfuerzo y dedicación, podemos demostrar nuestras habilidades y sapienza; pero en el terreno de los amores la historia ha cambiado de una manera insospechada. Aquellos cuentos que nos contaban de Blanca Nieves, La bella durmiente, La Cenicienta, actualmente resultan difíciles de descifrar y no sólo eso; para esto no nos colocaron el chip. La educación cambió y nosotras con ella, pero se nos quedó de lado el hecho de ser mujeres; nuestro poder femenino, quedó casi olvidado.

¿Y qué hacer ahora? Cuando estas circunstancias también han afectado al sexo masculino, quienes tienen depositada toda su seguridad en el hecho de ser los proveedores, los protectores y cabezas de familia. Los roles que jugábamos ya no lo son más. Entonces tenemos en una esquina de la arena a mujeres fuertes y fornidas, probablemente invencibles, y en la otra esquina hombres debilitados y fragilizados, sumidos en sus miedos. Y la pelea se da de una manera encarnizada; las mujeres pedimos; no, la verdad no pedimos, exigimos que los hombres sean como antes: caballerosos, protectores, proveedores, etc., etc. y los hombres quieren que las mujeres también seamos como antes, proveedores de la estabilidad emocional y que nos comportemos como unas damas. Y nada, no hay nada; nadie quiere ceder el coto de poder que ha ganado. El problema inicial es que la enfermedad más terrible que nos aqueja hoy en día se llama soledad, la cual deriva en depresión y todas sus ramificaciones hasta que finalmente el cuerpo nos las cobra en abonos chiquitos para pagar muchito, en enfermedades físicas, que no son más que las lágrimas que no hemos llorado; son frustración, son dolor, son ausencia de nosotros mismos, en fin, sencillamente son desamor.

De tal manera que tenemos ya dos esquemas, uno: nadie quiere ceder, dos: todo se queda atorado y se vuelve enfermedad. Y lo que sigue son familias desintegradas, niños abandonados, como diría Virginia Satir, la máxima autoridad en terapia familiar: “los hogares rotos, producen corazones rotos y los corazones rotos tienen una grandísima dificultad para amar”. Esta sí que es una encrucijada, hoy por hoy en los juzgados los abogados están muy preocupados porque hay más divorcios que matrimonios; bueno, su preocupación es que no haya nadie más a quien divorciar, pero nuestra preocupación debería ser que haya tantos y tantos divorcios y que por lo menos en mi pueblo (Cuernavaca) tengamos el nada honroso primer lugar en madres solteras del país.

Como dirían los integrantes del grupo Maná “falta amor, mucho amor”. Pero como diría un genio de la psicoterapia Erick Erickson: “la terapia empieza por la casa del terapeuta”. -Traduzcamos esto en “¿cómo quieres Julieta que te vea tu Romeo, si no eres capaz de verte a ti misma?” Desconozco el autor de la frase, hace poco una amiga me la dijo, y solo pensé ¡ouch!, qué razón tiene. Entonces, manos a la obra:

Si leíste el artículo anterior, tienes una base para hacer este ejercicio; de lo contrario, te sugiero que busques el artículo, lo puedes hacer en la página web de la revista; el artículo se titula: Caminando en sensualidad.

Ok ahora, con el ejercicio anterior, en realidad te reencuentras de manera dulce contigo mism@; ahora hemos de reconocer lo que menos nos gusta ver de nosotras iguales: lo que Jung denominó nuestra sombra.

En una hoja blanca dibuja lo que consideres que es tu sombra; recuerda, es todo aquello que no quieres aceptar de ti mism@. Puede o no tener una forma definida, usa el espacio de la hoja como tú quieras, un pedazo, completo, en fin. Una vez que ya tienes tu dibujo, ahora coloca dos sillas una en frente de la otra, en una te sientas tú y en la otra colocas tu dibujo. Visualiza una luz dorada que desciende y te envuelve como si fuera un huevo de luz, brindándote seguridad y cobijo. Y dile a tu dibujo, te reconozco como mi sombra (haz una pequeña reverencia), por mucho tiempo te he tenido olvidada, no he querido verte y mucho menos reconocerte, porque pienso que en ti se encuentra todo lo malo que hay dentro de mí. Pero en realidad no te conozco, no sé de qué estás hecha, no sé que beneficios podría brindar a mi existencia. Te pido que poco a poco y de manera suave me hagas reconocer estas partes de mí que están en ti. Estaré abiert@ a recibir tu enseñanza y a saber reconocer lo que me falta por trabajar. Lo haré cuando vea a alguien y le critique algo, sabré que eso es mío y que es algo pendiente a trabajar; lo haré cada vez que algo me choque de mi pareja, sabiendo que es mi maestro y que me confronta directamente con aquellas cosas que igualmente tengo pendiente de trabajar. Agradezco tu presencia en mi vida y me abro a tu enseñanza. Gracias, gracias, gracias. 

Reconocer nuestra sombra, es uno de los primeros actos en el camino de vernos como seres humanos, como seres en quienes se encuentran inscritos las dualidades: bonito-feo, luminoso-oscuro. Abrirnos a explorar nuestra oscuridad, hará que los rayos de luz penetren todo nuestro ser. Espero que este primer encuentro con tu sombra te lleve a encontrar muchos recursos que se encuentran encerrados en ella. Recuerda, seas Julieta o Romeo, no podemos pedir que la pareja se encargue de nosotros emocionalmente como si pidiéramos una carta a Santa Claus; nos cansamos de cargarnos. En vez de eso, caminemos en la auto-sanación, para así ser Julietas y Romeos hermosos y completos, decididos a compartirnos y dar amor.

Esther Guadarrama Benavides