Sin embargo, casi todos los seres humanos ya están adoctrinados para lo contrario, o sea, para dar voz a lo que es imprescindible mediática, estúpida o emocionalmente, sí, y esto es algo que siempre es y será un obstáculo para cualquier equilibrio (o para tener mínimamente razón)...

Evidentemente, en esta labor la función de la educación (acción, omisión o perversión) es fundamental. Recordemos el estado de la educación pública y privada en México para tener idea de la magnitud del desastre humano...

Sin duda es un tema complicado en donde influyen varios factores. La ineptitud de los gobernantes, la incompetencia de las autoridades judiciales, la poca empatía de la sociedad y sobre todo la gran impunidad que existe en México. Entre muchos otros...

Debanhi Escobar desapareció el 9 de abril, en Nuevo León. Trece días después, lamentablemente se encontró su cuerpo en una cisterna del motel Nueva Castilla a escasos metros de donde se le vio por última vez, en el kilómetro 15.5 de la carretera de Monterrey a Nuevo Laredo. Ahí se le tomó la última fotografía, esa que ha circulado por todo el mundo.

El padre de la joven, indignado, reclamó que en ese lugar se había buscado a Debanhi durante varios días, sin un resultado exitoso. 13 días para ser exactos.

Otra vez una tragedia de esta índole en nuestro país, un hecho que causa indignación, que lastima a los padres de familia, que llena de temor y de pensamientos espeluznantes a las madres que no saben qué hacer para que sus hijos en edad de salir a divertirse con sus amigos, regresen sanos y salvos a casa.

En Monterrey, al menos ocho jóvenes han sido reportadas como desaparecidas en el último mes. Mil setecientas noventa y tres mujeres desaparecidas en Nuevo León en los últimos 50 años, la mayoría después del 2010. En este 2022, media decena de ellas no aparece. Una tragedia para México y las familias mexicanas.

Hiere e indigna lo que sucede en nuestro país, pero entristece más que estos sentimientos parecen fugaces. Un caso desdibuja al otro. Solo los colectivos, formados en su mayoría por víctimas, siguen señalando y buscando a sus desaparecidos y a los desaparecidos de los otros. Estos mexicanos se convierten en una hermandad más unida que la familia. Se entienden a la perfección y saben que solo unidos lograrán algo.

¿A quién culpar?

Sin duda es un tema complicado en donde influyen varios factores. La ineptitud de los gobernantes, la incompetencia de las autoridades judiciales, la poca empatía de la sociedad y sobre todo la gran impunidad que existe en México. Entre muchos otros.

Hoy es Nuevo León y también la capital Monterrey, ambos gobernados por jóvenes del partido Movimiento Ciudadano; Samuel García y Luis Donaldo Colosio hijo. Los dos se enfrentan a la cruda realidad de nuestro país. A la inoperancia de las autoridades ministeriales, y a la exigencia de una sociedad enardecida que clama justicia. Es la prueba de fuego para su partido y para sus carreras políticas. Ojalá eso que sí les importa a nuestros políticos, permita un avance en el tema, es la realidad, es su obligación, pero no siempre su responsabilidad los motiva a lograr cosas espectaculares. Para seguir mamando de la ubre presupuestal, sí, ahí dan todo por el todo.

No se trata de un tema de partidos políticos, de presidenciables o no. De “influencers”. De buenos y malos. Es un tema de resultados. Los políticos olvidan que son empleados del pueblo, que están ahí para resolver todos los temas que la sociedad exige. Ellos y ellas decidieron y se sintieron capaces para solucionarlos.

Nuestros funcionarios públicos en gran medida apuestan al olvido, a que bajen las aguas, que cesen las exigencias. Se encuentran en el marasmo productivo.

Las desapariciones en México van en aumento, en gran medida por la ineficacia de las autoridades. Quién más podría poner un alto a este horroroso fenómeno. Nadie.

Es necesario recordar lo que decía Ignacio Ramos Praslow: es tan corrupto el que se roba un peso del erario público, como quien acepta un cargo sin tener la capacidad ni los conocimientos para ejercerlo.

Hasta la próxima

Miguel C. Manjarrez

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