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Vie, May

Culto al Hueso (Crónicas sin censura 30)

Réplica y Contrarréplica
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Las estrellitas del PRI

Algunos priistas poblanos han demostrado tener habilidad felina para caer bien parados. Y otros para agarrar lo que les caiga a pesar de que el puesto no encaje en eso que algunos llaman dignidad. Esto último me trae a la memoria una de las muchas anécdotas ocurridas en Los Pinos.

     Dolores Pacheco, viuda del abogado Ciriaco Pacheco Calvo, fue invitada a la casa presidencial por doña Esther Zuno de Echeverría. Después de los acostumbrados abrazos y las muestras de afecto entre las amigas, la primera dama del país ordenó una taza de café y una buena dotación de galletitas. Cuando se agotaron los escarceos del encuentro, “la compañera” le dijo a la abogada Pacheco “Quiero pedirte que me ayudes (…) Tú colaboración es muy importante para mí (…) Me gustaría que fueras mi secretaría particular”. Doña Lolita no pensó mucho la respuesta y de inmediato respondió “Mira Esther deseo llegar a tu casa como invitada, pero no me agrada la idea de ser yo quien tenga que servir el café y las galletitas”. 

     Lastima que por acá en la Puebla de Zaragoza, desconozcan la receta de dignidad de doña Lolita. De saberla sería difícil encontrar políticos dispuestos a todo con tal de permanecer asidos a la ubre del presupuesto. Muchos estarían profundamente agradecidos por la lección. Pero como no hubo consejo tal habrá que acostumbrarnos a ver políticos preparados a todo, incluso a servir el café y las galletitas con tal de caerle bien al poderoso en funciones.

     Los personajes obsecuentes y cooptados por la mansedumbre han regalado frases como “seré elevadorista o ujier si así me lo ordena el jefe”. Esto no debe sorprendernos porque se trata de un fenómeno psicológico que atrapa a los políticos inseguros: se convierten en gatos para caer bien parados sin importar la altura de donde los sueltan. Esperando que la comparación no se tome en sentido peyorativo, comentaré los movimientos ocurridos en esta efervescencia política sucesoria donde priva el deseo de unidad e integración de los diferentes grupos políticos de Puebla.

     Cinco representantes de cuatro corrientes del quehacer público fueron integrados a la campaña del candidato a gobernador. Uno de ellos despachaba en el gabinete de Mariano Piña Olaya; el otro en uno de los cuadros del Partido, dos más destacados legisladores, y el último está bien acomodado en el PRI poblano lo cual le permitirá ubicarse dentro del gobierno de don Manuel. Gracias a sus habilidades y experiencia política, los cinco ya no tienen problema en lo que al futuro de su carrera de partido se refiere. Cuatro de ellos han ascendido, sin derrapar, por la peligrosa cuesta del quehacer público. Su trabajo los hizo confiables y los mantuvo como serios aspirantes a la gubernatura, hasta la aparición de Manuel Bartlett Díaz.

     Me refiero a Miguel Quiroz Pérez, Rodolfo Sánchez Cruz, Guillermo Pacheco Pulido (sin parentesco con la dama citada), Germán Sierra Sánchez y Melquiades Morales Flores. Todos son, en apariencia, algo así como los pilares de la campaña. Sin embargo aún no se nota su participación efectiva, porque supuestamente están elaborando los programas del trabajo que les encomendaron (yo supongo que la gente de confianza del candidato les está impidiendo demostrar su talento). Y aunque en algunos casos las apariencias demuestren lo contrario, creo que ninguno de ellos está dispuesto a servir el café y las galletitas.

     Miguel Quiroz Pérez tiene el oficio político necesario para eludir las trampas contra la dignidad: Sánchez Cruz ya ha desechado propuestas indignas como aquella de compartir la oficina del gobernador con Alberto Jiménez Morales; Pacheco Pulido posee cuerda suficiente para conservarse pulcro y Sierra Sánchez, senador de la República hasta 1998 es lo suficientemente aséptico y profesional; Algunos perspicaces piensan que Morales Flores podría ser el único cuya fidelidad partidista lo alejaría de lo que doña Dolores rechazó.

     Paradójicamente dada la capacidad, relaciones y experiencia del candidato priista al gobierno poblano, de su voluntad dependerá el brillo local de los poblanos referidos. Si don Manuel quiere, seguirá haciendo política de altura en el estado, pero si el celo asalta al próximo gobernador (lo cual sinceramente dudo), entonces servir café y galletitas será la única alternativa de nuestras estrellitas políticas.

 

8/VI/1992

Alejandro C. Manjarrez