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Jue, Abr

No vote por él

Política
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A muchos nuevos representantes populares o servidores públicos les embriagó el aroma del poder. 

 

En las elecciones que vienen, las más complejas en la historia de México, habrá que razonar el voto como nunca antes. 

Podemos constatar en estos tiempos de crisis la importancia de votar por los mejores y así contar con administradores públicos eficaces. 

A muchos nuevos “representantes populares” o “servidores públicos” les embriagó el aroma del poder. 

No en pocos casos el servir al ciudadano pasó a segundo término, a tercero o simplemente se esfumó. Exprimir los dineros públicos para beneficio propio, es la premisa principal. 

El que antes tenía una vida situada en la medianía o en la pobreza, hoy viste trapos caros y se da lujos que nunca imaginó. Y a eso se aferrará con uñas y dientes. 

Por ello considero necesario exponer a usted los posibles escenarios en los que le recomendaría no votar por el simpático y bondadoso político. 

Si el político, que busca su voto, hombre o mujer: 

No le contestó siquiera para darle el avión cuando usted hizo una gestión, no vote por él. 

Si pide licencia a un cargo de elección popular sin terminarlo, es un chapulín, no vote por él. 

Pertenece a un partido que perdió el registro y que hizo chanchullo para volver a existir, no vote por él. 

Se quiere reelegir y su gestión fue pulgona, chambona o sea pésima y mediocre, no vote por él. 

Es el delfín del gobernador o gobernadora, no vote por él. 

En su papel legislativo, representándolo a usted, no consiguió ni siquiera un foco, no vote por él. 

Si es borrego y no lucha por las causas sociales, no vote por él. 

Tiene en la nómina a varios novios, novias o familiares, no vote por él. 

En el último momento se cambió de partido pues no lo postuló el suyo, no vote por él. 

Usa el Photoshop para verse guapote o guapota y hasta cambia de color, no vote por él. 

Si se cambió a una casota y se compró una camionetota, no vote por él. 

Recuerde que ahora los legisladores y presidentes municipales buscan reelegirse por un período más. Que no le vengan con el cuento de que ahora sí trabajarán. En esto de los manejos de los recursos públicos, no debería haber segundas oportunidades. 

Es importante poder diferenciar al político que busca desesperadamente el poder para su beneficio del que aún no ha sido devorado por el sistema y lucha por los ideales de sus gobernados. Ese que tiene vocación de servicio. 

No olvide que los servidores públicos son sus empleados y administran su dinero. Así exíjales, escudríñelos y exhiba sus yerros.

 

Pero preguntará usted, con toda razón, ¿Por quién votar? 

 

Ubique quiénes buscarán su voto. Gobernador, presidente municipal, diputado local y federal. Por todos esos tiene que votar. 

Descubra si hicieron algo malo o algo bueno. En caso de que busquen la reelección, que ahora se puede, infórmese si cumplió con sus compromisos o se quedó en una simulación total. Si quiere ser legislador, vea si consiguió aumentos en los presupuestos, atendió a sus representados, luchó por sus exigencias y logró cambiar en algo la vida de los ciudadanos que votaron por él o ella. Si de plano no obtuvo nada, dele oportunidad al nuevo, y si gana, exíjale, persígalo, haga que cumpla con las responsabilidades por las cuales se le paga un sueldo y bastante cómodo. 

Por desventura la política está desprestigiada, los partidos de igual forma. En todos los organismos políticos, existen administradores públicos que saben cómo hacer para ayudar, conocen las leyes, les importa más que a los demás. Aunque lo dude. Puede usted sentirse insultado y agredirme con lo que a continuación leerá, pero no se enoje; los que más trabajan, conocen y tienen experiencia en el legislativo, son los plurinominales. Claro que hay uno que otro abominable. 

La sociedad debe exigir para que el trabajo del político sea un encargo donde la productividad pulule.  

Si los funcionarios públicos trabajaran en lugar de andar en politiquerías, estoy seguro que estaríamos en circunstancias muy diferentes.

No deje de votar, o los acarreados ganarán. 

 

Hasta la próxima. 

 

Miguel C. Manjarrez