La Puebla variopinta, conspiración del poder (Capítulo 23) El "elegido", el karma del gobernante

Réplica y Contrarréplica
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He tomado del sitio Terra (Mafev) la definición-respuesta-propuesta —positiva y sencilla por cierto— de la “Ley de causa y efecto”. Edito y transcribo algunas ideas:

 

En el futuro, propongámonos que por cada acto negativo que provenga de nuestra parte, efectuar un acto positivo con el fin de equilibrar nuestra balanza. La segunda acción es perdonar: debemos hacerlo para ser perdonados. El tercer y último paso es compensar, cambiar el menos por el más; sembrar conscientes de que cosecharemos lo que sembramos.

Rafael Moreno Valle Rosas llegó al poder con un karma muy fuerte. La herencia de su abuelo, para ser preciso. Supongo que a ese legado debe su animosidad hacia los periodistas (la mayoría) y en consecuencia el encono que le impidió actuar con la sabiduría que me pongo romántico plasmó en una frase Pedro Calderón de la Barca, noble, soldado y culto sacerdote: “Vencer y perdonar, es vencer dos veces”.

Recordemos que el general tuvo que dejar el cargo de gobernador* en buena medida por el reportaje que escribió en Excélsior Manuel Sánchez Pontón entonces reportero, información que una vez publicada le costó a Manolete la golpiza que le dieron los genízaros del gobernante. La agresión que por poco lo manda al otro mundo (pudo haber sido la orden) donde tendría que alcanzar a los muertitos de Huehuetlán el Chico. Además de verse obligado a dejar la chamba de gobernador, al médico militar no le quedó de otra mas que resistir las andanadas que en líneas ágata y durante su mandato (e incluso en los siguientes años) le dedicara Sánchez Pontón.

*Publiqué este pasaje en mi columna, datos que produjeron una comedida carta aclaratoria que me vi obligado a responder. Este es parte de mi respuesta articulada con algunos de los antecedentes que he mencionado en el contexto del libro:

La información familiar que contiene dicha misiva oficial no altera las historias documentadas tanto por el protagonista que menciono en el texto (Manuel Sánchez Pontón), como por los antecedentes que moran en las hemerotecas de Puebla y del Distrito Federal, empolvados unos, olvidados otros.

En efecto, el general y doctor se enfermó cuando ejercía el poder. Uno de los médicos que estuvo cerca de él política y profesionalmente, fue el doctor Gonzalo Bautista O’Farril, quien por cierto lo sucedió en el cargo. Entrevistado por el que esto escribe, Bautista dijo que Moreno Valle había desarrollado una alergia a los caballos, reacción que después le fue diagnosticada, además de los otros males que lo recluyeron en el hospital, mismos que están mencionados en la carta de marras. Digamos que esto coincidió con el barullo periodístico que produjo la muerte de varios pobladores de Huehuetlán el Chico. Y que para abundar en las coincidencias y consecuencias, aquel desafortunado evento publicado por Excélsior bajo la firma de Manuel Sánchez Pontón, le permitió a Luis Echeverría usar su poder con el fin de presionar el permiso o renuncia del entonces gobernador. Era el estilo del ejercicio político presidencial de la segunda mitad del siglo pasado, cuando se obligaba a los gobernantes antipáticos o rebeldes a renunciar por enfermedad o caídas de caballo.

El agua de los camotes

La herencia de ese reconcomio debe haber producido en el nieto del general y médico la necesidad de “castigar” a los periodistas quienes dirá allá en su íntima intimidad, frase ésta de su maestro Melquiades Morales Flores, no le dieron el tratamiento que merecía por ser él un hombre “elegido para gobernar y trascender”. Ocurrió la cerrazón oficial y la mayor parte de los medios escritos sufrieron el menosprecio, reacción que compartieron los tunde máquinas que se atrevieron a criticarlo. Con esta su actitud el mandatario sacudió a los periodistas que salvo honrosas excepciones durante dos décadas habían estado blanditos gracias a los convenios financieros y los papachos del poder.

Antes de que Moreno Valle llegara al gobierno (2011), a varios reporteros y columnistas se les retribuía por dizque pegar para enseguida sobar el chipote con algún comentario melifluo. “Te pago para que me pegues quedito y después me acaricies bonito”, hubiese dicho José López Portillo.

Lo bueno del cambio ríspido que protagonizó Rafael III, es que mejoró el trabajo de la prensa escrita porque desapareció la línea oficial (excepto en el diario que se transformó en boletín del gobierno) así como la castrante censura o autocensura. Sin llegar al extremo que indujo a Manolete a responder como lo hizo, los periodistas poblanos sufrieron la “desventura” que, entre otros reflejos, incentiva el ingenio y la sensibilidad de los escritores. Para apoyar lo que acaba de leer me valgo de las siguientes frase y paráfrasis: “La neurosis hace al artista, y el arte cura la neurosis”, escribió André Maurois en Tierra de promisión. De ahí que la persecución donde ésta se dé desarrolle los sentidos del periodista y que la verdad se convierta en el único escudo contra las nocivas y estúpidas cacerías.

Así, sin habérselo propuesto, Moreno Valle Rosas incentivó en el gremio la necesidad de repeler las presiones diseñadas para frenar la libre y auténtica libertad de prensa, ejercicio a cargo de periodistas en pleno uso de su criterio y ética profesionales.

Gracias, pues, al uso inteligente de la libertad de expresión, la mentira y el maquillaje perdieron su fuerza como atenuantes de la información. Asimismo se produjo un fenómeno por demás interesante: bajaron de tono los atentados contra la inteligencia de los lectores. Los periodistas que desdeñaron ese venturoso cambio producto del despertar de la sociedad (las redes sociales), se ganaron la crítica que suele ser satírica e hiriente. Esto porque en el mejor de los casos se ubicaron por cuenta propia en la frontera del desprestigio y la credibilidad.

Dio inicio la nueva etapa del periodismo poblano, fase que a pesar de incruenta, hasta noviembre de 2014, cuando concluí este libro, no era políticamente mejor que la de otros gobernantes. El gobierno adoptó la vertiente judicial para amenazar a los periodistas con demandas por “daño moral” acción que, como quedó asentado, incentivó la obligación profesional de dar sustento a los comentarios, denuncias y críticas que involucrasen a los servidores públicos.

Pónganme donde hay…

Uno de los efectos positivos en la nueva época de México es, si duda, el que los contratos y licitaciones tengan que pasar por el cedazo de la justa sospecha. De una u otra forma los operadores financieros de partidos políticos y gobiernos, digamos que democráticos, tienen que transitar por el lodo que hizo poesía Salvador Díaz Mirón, y cuidar su ya de por sí manchado plumaje. El primer llamado de su mente se basa en cómo diablos legitimar las operaciones de contratos de obra pública de acuerdo con las leyes cuya aplicación ahora también está vigilada por personas ajenas a la tradición burocrática. ¡Está cabrón!, se quejarán los encargados de justificar ese egreso que en los primeros días del gobierno cubre parte de los apoyos electorales. El truco consiste en encontrar las coyunturas, o sea la forma de validar la conseja popular que reza: “hecha la ley hecha la trampa”. O de plano incursionar en las ficciones jurídicas accidentales o preconcebidas producto del descuido o maña legislativa. La intención: concretar lo que apunté arriba en palabras de Luis Cabrera: “Que nos acusen de corruptos pero nunca de pendejos”, dirán convencidos de su razonamiento e impunidad.

Y mire usted lo que son las cosas: la segunda definición (la de tontos en extremo) hizo escuela gracias a los medios de comunicación de papel y electrónicos concentrados en la lucha contra de la corrupción. De ahí que haya crecido la demanda de especialistas con habilidades profesionales para tapar hoyos financieros aunque esto no acalle la famosa verdad moral. Empero, como la sociedad ya no se chupa el dedo y diría Cyrano de Bergerac ve más allá de sus narices, la suspicacia es prácticamente una conducta generalizada. Piensa mal y acertarás, aseguraban las abuelas.

Puebla no escapa a ese venturoso y positivo recelo que, combinado con la observación de los estudiosos y la información de la prensa, dio cuenta de la falta de bagaje histórico de su gobernador: los festejos del 150 aniversario de la Batalla del 5 de Mayo, por sólo mencionar un hecho, propiciaron declaraciones chambonas como aquella de que para combatir al invasor francés se habían unido conservadores y liberales. Lo bueno de este caso es que el titular del poder Ejecutivo entendió que para evitar futuros desatinos debería ilustrarse además de tener buenos asesores en historia local.

Es obvio que antes y después de iniciado el mandato morenovallista, se soslayaron los antecedentes históricos. Lo extraño es que semejante actitud fuera compartida por el equipo de primer nivel, no por ignorantes sino debido a su patente desarraigo e incluso hasta fobia por las tradiciones de la entidad que les abrió las puertas. Dicho con otras palabras: para esos miembros de la burocracia dorada, la historia de Puebla se constriñó a los chiles en nogada, el mole poblano, las chalupas y cemitas, sin faltar desde luego los dulces típicos, incluido el camote decorado con motivos azucarados.

Toda esa llamémosle “contra cultura” en la peor de sus acepciones, produjo errores como los enunciados. Asimismo, una vez más, se comprobó que las lecturas utilitarias alejaron a la mayor parte de los servidores públicos de la cultura convirtiéndolos en una especie de androides; es decir, en malas copias de lo que debe ser el hombre público. No basta decir que cumplirán y respetarán la Constitución y las leyes que de ella emanen. Resulta indispensable que conozcan bien el origen e historia de nuestras normas legales, antecedentes que tienen sus momentos espléndidos. Es lo menos que puede hacer un ente designado o electo para administrar la cosa pública.

En fin, soy positivo y digo que todo ello ha sido parte del aprendizaje para gobernados y gobernante. A mi optimismo agrego que Puebla ganó porque en este caso la “prueba-error” permitió encontrar alternativas para iniciar la nueva etapa. Dicho en términos coloquiales: pueblo y gobierno le midieron el agua a los camotes y no precisamente los decorados con adornos y motivos azucarados (declaro válida la cacofonía).

Propaganda vs ética

Ya lo mencioné pero considero importante repetirlo: el gobernante poblano antepuso su imagen personal a la imagen del gobierno. Un hecho que no habría pasado a mayores, si la sociedad hubiese permanecido indiferente. Sin embargo, debido a la reacción de los ciudadanos motivados por la comunicación instantánea, salió a relucir la pre propaganda del “proyecto Televisa”, estrategia denunciada a través de las redes sociales. Lo positivo de este fenómeno estuvo en que el triunfo de Enrique Peña Nieto animó aún más a los grupos intelectuales solidarios con las protestas del pueblo, coincidencia que produjo el nuevo estímulo democrático que quitó a la televisión parte de su contundencia en la proyección de la imagen de los próximos aspirantes al cargo de presidente de la República. A pesar de ello, los políticos deberán tomar en cuenta lo dicho por Jacobo Zabludovsky, viejo lobo de mar en esos menesteres: sin el apoyo de la televisión resulta difícil llegar a la Presidencia de México. La muestra: Andrés Manuel López Obrador.

Rafael III adoptó esa dinámica de comunicación electrónica que sin duda pagó el gobierno poblano con dinero de los contribuyentes. Pero una vez ocurrido lo que todos vimos, su gobierno modificó la estrategia mediática para evitar lo que hubiese sido una brutal andanada de críticas razonadas y razonables así como de la malicia que suele vulnerar personalidades y poner piedras a los proyectos políticos. Sobrevino el oportuno cambio de táctica, la vuelta a la tortilla que tamizaría las concesiones sexenales que sirven para financiar proyectos, algunos de ellos ocultos en la canasta milagrera que mencionaré en las siguientes páginas. Pese a ello y como de todas maneras Juan te llamas, el pueblo será el que pague los platos rotos (nótese el enésimo eufemismo involuntario).

The strength of the people

Alguna vez escuche en voz de Guillermo Pacheco Pulido, entonces alcalde de la capital poblana, la siguiente frase que guardé en el archivo personal debido a que la consideré novedosa e interesante: “Si el pueblo acudiese al palacio municipal a decir que es de noche, aunque sea de día yo mandaría encender las farolas del zócalo”. Ignoro si ocurrió tal demanda. De lo que sí hay constancia es de la cercanía y diálogo entre aquella autoridad y sus gobernados, feeling que se le dio a Guillermo años antes, cuando Macario Pacheco Altamiramo, su padre, decidió encabezar y representar las demandas populares.

Lo dicho por Pacheco Pulido no fue demagogia si partimos de que el pueblo siempre tiene la razón (y la fuerza) aunque en apariencia no la tenga. Esto porque son los más y forman las únicas mayorías que se manifiestan multitudinariamente aun a costa de su salud, tranquilidad familiar y en algunas ocasiones hasta de su vida. Pero por desventura esa mayoría social también suele ser considerada como la “carne de cañón” útil para la artillería de los líderes; o el voto cautivo, duro y propagandísticamente atolondrado que define elecciones y entroniza políticos; o los “jodidos” para quienes fue diseñada la programación de la televisión abierta (“Tigre” Azcárraga, dixit); o el pretexto que sirve a los gobernantes corruptos de este país que inventan programas para erradicar la pobreza; o la fuerza del mercado que hizo millonarios a los grandes empresarios de México, los que acumularon sus fortunas porque producen y/o manejan artículos de primera necesidad, incluida la telefonía celular.

De vivir, Fernando Benítez seguramente ya habría redactado un post scriptum a su libro El peso de la noche[1]. Desafortunadamente falleció y no podrá continuar lo que escribió en la última página de ese contenido:

Nuestra única posibilidad de empezar a resolver en serio los gravísimos problemas que nos agobian a las puertas del siglo XXI consiste en una educación adecuada, semejante a la que practicó don Vasco de Quiroga cuyas escuelas de artes y oficios aún perduran en Michoacán. La educación nos les permitirá a los indios volver a su antiguo esplendor sino adueñarse de la civilización moderna. Juárez pudo estudiar y se transformó en la principal figura mexicana del siglo XIX. Ignacio Manuel Altamirano tuvo acceso a la educación y se convirtió en el verdadero fundador de nuestra literatura. En mi propia experiencia he visto destacar en las ciencias más avanzadas a los poquísimos indios que han tenido oportunidades de estudio. Si de verdad queremos vencer el peso de la noche, salir del tercer mundo y entrar al primero, no existe otra alternativa.

Hasta el 2014, o sea ayer, el manejo de la educación en México había sido el lastre de la crisis mexicana que impidió el desarrollo educativo. Se incrementó “la abrumadora desigualdad que nos oprime y vuelve inútiles los esfuerzos por entrar en el siglo XXI cuando aún no hemos resuelto los problemas generados en los tres siglos coloniales” (libro citado).

Complemento el pensamiento de Benítez con el criterio de Carlos Fuentes, palabras plasmadas en su “librito”: Por un progreso incluyente[2], obra escrita por encargo de la maestra Elba Esther Gordillo Morales, la lideresa del SNTE cuyos madrinazgos la llevaron a la cárcel (traicionó al PRI para favorecer a Felipe Calderón y a otros políticos que contendieron contra ese partido, actitud que no le perdonó el gobierno del priista Enrique Peña Nieto):

Persiste una verdad palpable, primaria, real en el remoto año de 1921 (muy pasado lo tengo yo) y real y venidero año 2000 (muy futuro lo tengo yo). Entonces como ahora (muy presente lo tengo yo) la educación y el magisterio eran vistos como el cimiento del progreso nacional. La novedad de la educación revolucionaria es que debería ser para todos a fin de que el progreso mismo fuese incluyente, no dejase fuera a nadie y determinase un desarrollo que abarcase a la nación entera; a todos los mexicanos.

Porque la práctica de los años coloniales y del siglo XIX, le reservaba la educación a unos cuantos. El impulso educativo de los primeros misioneros cristianos fue aprobado en aras de la necesaria catequización de los vencidos. Pero en cuanto a la influencia erasmiana y humanista de la monarquía quiso establecer escuelas para la antigua aristocracia indígena, enseñándoles castellano y lenguas clásicas, los poderes reales de la colonia —la burocracia, los señoríos de la tierra— le pusieron un hasta aquí. Los indios, tlatoanis o tamemes, estaban para servir a los poderes coloniales, no para aprender latines: su destino era el repartimiento y la encomienda, no la lectura de Cicerón. Estas prácticas exclusivas —educación exclusiva para un progreso excluyente también— cambiaron radicalmente con la Revolución. Para sus educadores, de José Vasconcelos a Narciso Bassols, y de Moisés Sáenz a Jaime Torres Bodet, educar significaba incluir, integrar, darle las armas de la ciudadanía y los fueros de la identidad a los mexicanos de todas clases, regiones y ocupaciones…

Por lo que hemos visto y escuchado hasta el hartazgo, estas cuantas e interesantes líneas de dos mexicanos preocupados por la educación y el destino del país, pasaron sin causar ningún tipo de efecto positivo en la señora Gordillo, la mujer que es ya un hito en la historia de la educación en México. De ahí que resulte paradójico que Carlos Fuentes haya escrito el libro en comento por encargo de quien, según el consenso popular, estuvo considerada como si fuese un valladar para el progreso educativo e incluyente. Aunque puede ser que en la década de los noventa soplaran otros vientos en el sector magisterial. O quizá que la doña se hubiese arropado del intelecto ajeno, precisamente para impresionar a los presidenciales y después adoptar el pragmatismo político que le dio en la madre a la educación: fueron los días en que el SNTE bajo su férula empezó a coquetear con los representantes de la derecha en el poder. Seis años más tarde, en el 2006, se metió de lleno al proceso electoral que llevó a la presidencia a Felipe Calderón Hinojosa, triunfo que éste debe a los maestros; bueno, mejor dicho a la dirigente magisterial que operó a favor del candidato del Partido Acción Nacional (en contra del PRI, insisto), en beneficio de ella, de su familia y del grupo de políticos que vivían asidos a la ubre de ese poderoso sindicato.

De esa “selecta” tropa salió Rafael Moreno Valle Rosas, quizá el más agradecido con quien fue su madrina política o el hada que con su varita mágica lo convirtió en senador. Así lo comprueban las palabras que enseguida trascribo[3], respuesta a una de las preguntas que le hice, en este caso para conocer su criterio sobre los paradigmas políticos:

Debo reconocer que en términos de su visión de país, de su compromiso con las reformas, Elba Esther Gordillo para mí fue un ejemplo. Lo viví en la Cámara de Diputados, cuando su interés personal era mantener la coordinación de grupo parlamentario del PRI en ese momento; sin embargo, su convencimiento e interés por sacar adelante las reformas, la llevó a tomar decisiones políticas que iban en contra de su interés personal pero que ella consideraba que eran decisiones favorables para el país. Entonces me pareció un ejemplo de sacrificio personal por el proyecto de nación. Eso es lo más admirable de un político.

Como ha quedado dicho, la maestra intervino para que Moreno Valle fuera senador primero y después gobernador, circunstancias que, dados los acontecimientos promocionados en las redes sociales, incluida la relección de Elba Esther, convirtió al mandatario poblano en un producto del caciquismo sindical cuya fuerza pudo haber influido en la sucesión del 2018, con todo y sus asegunes. Empero, ocurrió la acción del gobierno en contra de la Maestra y la etiqueta gordillista se convirtió en un lastre para Rafael III. No obstante, pese a ello, debido a su inteligente desmarque la meta de Rafael aún seguía vigente hasta la conclusión de este libro: gobernar a los mexicanos.

Y aquí surge una pregunta: ¿Moreno Valle tendrá oportunidad de llegar al 2018 con los bonos que requiere cualquier político con ambiciones presidenciales? Está complicado responderla porque tal relevo aun está lejos, distancia de tiempo que el gobernante poblano podría aprovechar para recomponer su relación con el PRI, partido al que Rafael definió en la citada entrevista. Vea usted lo que dijo:

El PRI ya no tiene remedio. Es un partido que no ha podido definir cuál es su ideología. Históricamente la ideología del PRI era la ideología del Presidente de la República en turno. En el momento en que el PRI pierde la Presidencia, era la oportunidad para que se definiera: si era el partido cargado a la izquierda, o si iba a convertirse en un partido democratizador, reformador, con visión de futuro y a tomar las banderas de la globalización, de la modernidad, de la competitividad. Pero no supo tomar esa determinación. En el momento en que pierde la Presidencia, desaprovecha la oportunidad. No escucha el llamado de la sociedad que exigía su cambio. Toma el partido Roberto Madrazo y lo utiliza para eliminar a todo aquel que no compartía su proyecto personal. En ese proceso Madrazo terminó de aniquilar al PRI… Muchos pensamos que desde dentro podíamos cambiarlo. A mí me tocó el PRI de Zedillo, en materia económica con una visión muy similar a la de Fox y a la de Calderón...

Por todo ello, reitero, el gobierno de Rafael Moreno Valle Rosas ya es de hecho el parteaguas de la historia política de Puebla a pesar de la etiqueta política gordillista. Sólo le faltaría promover para Puebla un sistema educativo incluyente y progresista capaz de atemperar los efectos del sello que lo marcó. Al decir incluyente, me refiero a pensar en español a fin de entender y atender “la fuerza del pueblo”, comunidad que, subrayo, exige lealtad y respeto.

La suerte, factor necesario para el éxito político, puso a Rafael IIIi al frente de la Conago, oportunidad que aprovechó para adoptar el programa educativo del gobierno de la República. Esta circunstancia le quitó uno de los tatuajes gordillistas. Diría Voltaire: En este personaje coincidieron y se fusionaron la preparación y la oportunidad, ventura que consolidó al usar las palabras que ocultaron sus pensamientos.

Pedro Grullo o Grillo, el mítico personaje autor de sentencias o afirmaciones rayanas en la humorada, obviedades definidas como perogrulladas, diría orondo y sabiondo: en esta época ningún gobernante puede pasar por alto que el pueblo suma lo más y que, por ello, en cualquier momento, podría rebelarse contra las imposiciones de los menos, o sea los que ostentan o detentan el poder.

La canasta de los deseos

Un día de Dios, como decían las abuelas, recibí la llamada de Armando Labra Manjarrez. Me pidió acercarme a Rafael, hoy gobernador y eje del proceso del cambio político y cultural de Puebla. La intención de la solicitud fue parte del trabajo amistoso que había venido desarrollando Armando, con la intención de ayudar y orientar al hijo de su gran amigo. “A petición de su mamá intervine con su padre para convencerlo de que le permitiera dedicarse a la política —me dijo—. Es un chavo con mucho futuro aunque haya empezado en la política real como se hacen los hoyos: por arriba”. Después me explicó que él había recomendado a la familia que llegara como subsecretario, sugerencia que fue desechada por padre e hijo.

Así fue como tuve el primer acercamiento con el entonces secretario de Finanzas y Desarrollo Social del gobierno de Melquiades Morales Flores. Lo observé con sentido periodístico. Le vi crecer en la política local y descubrí que su simpatía con el PAN, más que empática, se debió a la idea de dirigir el gobierno como si fuese una empresa, estilo que obliga a considerar la opinión de Samuel I. Brugger sobre esa forma de gobernar, misma que, dice el investigador, tiró por la borda la constitución porque la consideran un viejo mal de la Revolución, lo cual les indujo a eliminar las leyes que protegieran a los trabajadores, simplificando así los trámites de despidos y reduciendo el poder de los sindicatos: “había que apoyar a los monopolios y oligopolios como Televisa y TV Azteca…”. La tecnocracia del pan —agrega Brugger— parte de que “las empresas mexicanas son obsoletas y que el Estado debe intervenir a nivel microeconómico para incrementar la productividad del país”, aun a costa de lo social.

Pensar en México, como lo sugiere Labra en el mensaje que más adelante leerá, podría sonarles utópico o idealista. No es así. La fórmula propuesta es como la posdata de nuestro tiempo, puerta que nos permitirá ingresar al progreso social que va de la mano con el desarrollo político, acciones que dotarían al país de mejores gobernantes. Así que los invito a volar con las alas que provee la imaginación y hacer lo que esté a su alcance para que México se aleje de los espacios donde la mediocridad suele ser utilizada por el poder político.

Si la sociedad piensa en grande, los políticos tienen que responder positivamente. Y con esa actitud convencer a quienes gobiernan siempre y cuando eliminen de su actuar la venganza contra quienes no piensan como ellos.

Rafael Moreno Valle Rosas dijo en la entrevista referida (Revista Réplica), que le molestaba la traición, el juego sucio, el incumplimiento de acuerdos. Intuyo que como mandatario sabe que lo mismo dicen los gobernados que confían y esperan que nunca los traicione su máxima autoridad, ni les juegue sucio, ni incumpla el acuerdo validado con el voto ciudadano, ni le dé vueltas a la ley para sacar provecho del poder político.

La política, reza la sentencia, debe ser el arte de lo posible pero también el arte de hacer posible lo deseable. En ello debe haber pensado el entonces priista Rafael Moreno Valle Rosas cuando dijo ante el gobernador Morales Flores:

… en la política es fundamental la experiencia. Y entendemos que ésta no se obtiene con títulos universitarios. No hay estudios en el extranjero que valgan si uno no ha salido al campo y se ha empolvado los zapatos. Así lo entendemos y por ello reconocemos a aquellos de quienes hemos aprendido este oficio de servidor público. A nuestros maestros en la vida. A los experimentados…

Sabemos que la política es escuchar, es conjugar experiencia con innovación. Es acercarse a la gente, entenderla, comprenderla y apoyarla. Sabemos que hacer política es servir no sólo administrar…

El entonces secretario de Finanzas y Desarrollo Social, parecía empeñado en labrarse su futuro siguiendo el ejemplo de su paradigma (paradoja universitaria de él, por cierto), el mismo que siete años después enfrentó en las urnas para —como lo menciono atrás— derrotarlo con sus propias armas: control electoral, equipo entrenado ex profeso, manejo de liderazgos regionales, cooptación de expertos en el manejo de elecciones, solvencia financiera, compromisos electorales, creación de redes de ciudadanos comprometidos con la causa, presencia política y el siempre necesario e imprescindible plan b.

A pesar de tan enorme esfuerzo político-administrativo, Rafael no logró convertirse en el “delfín” de Melquiades. Tuvo que negociar con Marín la diputación local y el liderazgo del Congreso poblano para de ahí brincar a la diputación federal.

Operaba así una cláusula del trato verbal y del plan b. Al fracasar en su intento de ser postulado por el PRI para contender por la senaduría, improvisó otra alternativa y, como ya quedó dicho, se alió con Elba Esther Gordillo, primero como diputado de confianza y después como su copartícipe en la protesta contra el PRI, en esos días administrado por Roberto Madrazo Pintado.

Y el milagro se hizo

Moreno Valle necesitaba un milagro para lograr lo que se había propuesto desde que dejó Nueva York con la intención de incorporarse a la política mexicana. Se le complicó la vida cuando Elba Esther Gordillo abandonó el PRI. Puede ser, por qué no, que hasta haya sufrido una crisis existencial en el momento en que cayó en cuenta de que su futuro dependía de la lideresa del magisterio nacional, quien en esos días iniciaba el proceso que habría de llevarla al desprestigio que ganó por diversas causas; verbigracia: su riqueza, la caída de la capacidad educativa y vocación de los maestros, su injerencia en los procesos electorales y sus tratos bajo la mesa con gobernadores y presidentes. Lo curioso de todo este barullo entre ideológico y pragmático, es que ni Gordillo Morales ni Moreno Valle ponderaron los estatutos del PRI, esencia que protestaron cumplir.

La suerte, el diablo, los ángeles o el mismísimo Dios, vaya usted a saber, permitió a Rafa III convertir en flores la boñiga que portaba en su portafolio político. Puede ser, por qué no, que hasta el Señor de las Maravillas se haya compadecido de su sufrir, igual como le ocurrió a la dama aquella que le ponía el cuerno al marido.

Ya que menciono al Señor de las Maravillas y para evitar que el lector suspicaz haga comparaciones políticamente incorrectas y puede ser que hasta equivocadas, le platico una de las leyendas del milagro que propició la adoración que le profesan, en este caso las señoras dominadas por la pasión de la carne:

Cierta dama de la sociedad de la recoleta Puebla, acostumbraba llevarle suculentos bocadillos a su amante o, como lo creyó el marido, a su amor platónico. Llegó el día en que el cornudo empezó a sospechar de su cónyuge. La siguió con la intención de sorprenderla infraganti. Si acaso tuvo malas intenciones como el matarla o golpearla, alguno de los ángeles poblanos debe habérselas quitado: el tipo se alejó de cualquier idea malévola y prefirió descubrir los bocadillos que llevaba en la canasta dándole a su esposa la oportunidad de salvar su prestigio o tal vez una lección de moral. “Es mejor una mentira piadosa que la cruel y ofensiva verdad”, supongo que pensó allá en su “íntima intimidad”.

— ¿¡Qué llevas en la canasta!? —inquirió furioso el desconfiado marido.

—Flores para el Señor de las Maravillas —respondió la sorprendida dama con la congoja atravesándole la garganta.

En ese momento el encorajinado marido arrancó con violencia la tela de cuadritos azules y blancos que cubría los alimentos encontrándose con una sorpresa: en efecto, la canasta contenía un colorido ramo de flores. Fue tal el escándalo callejero que el hecho se convirtió en el tema de los chismosos que cual cuervos graznaron comunicándole a los demás el “milagro” ocurrido esa mañana, cotilleo que festejó el clero poblano. Al Señor de las Maravillas le aumentó el número de prosélitos y peticionarios: “Más vale pedir perdón que permiso”, podría ser la conclusión de esta fábula popular.

La alegoría religiosa me permite dar el tono de “milagro” a lo que logró Felipe Calderón Hinojosa cuando, arrogándose el papel del Señor de las Maravillas, sin darse cuenta, convirtió en cualidades las traiciones de la maestra Elba Esther Gordillo, apostasía que a él le permitió ganar la Presidencia y a Moreno Valle transformarse en gobernador de Puebla gracias, ya lo dije, al apoyo de una alianza que equivale a eso, a un milagro, dado que logró que se mezclaran el agua y el aceite, o sea PAN, PRD, Panal y Convergencia, amasijo que produjo Compromiso por Puebla. Pero si no bastara la mezcolanza electorera, el último de los membretes referidos adquirió la condición de partido político local e independiente del poder (ahora sí, último eufemismo de este libro).

Concluyo con una de las opiniones del economista Labra, cita que considero de suma utilidad tanto para los gobernantes (incluido Moreno Valle) como para quienes padecen las decisiones del gobierno que les corresponda, medidas algunas desmañadas y otras autoritarias, por decir lo menos. La propuesta podría funcionar como línea de conducta para aquellos servidores públicos honestos a quienes la diosa fortuna lo puso donde hay. Va:

La experiencia de los años recientes demuestra que cuando la búsqueda de caminos para sortear las exigencias del entorno se apartan del cumplimiento de los compromisos históricos del gobierno con las clases populares, lejos de reconciliar la responsabilidad del ejercicio del poder público con los propósitos de justicia social que consagra la Constitución, se agudiza la desigualdad y se polarizan los niveles de vida de las mayorías favoreciendo la extrema riqueza de unos cuantos.

Nos alejamos entonces del espíritu nacionalista y popular y de los compromisos políticos e ideológicos que dicta la Carta Maga.

La imposición del pensamiento único neoliberal se expresa en dos frases que padecemos cotidianamente: “No hay de otra” y “no hay dinero”. Ambas afirmaciones resultan falsas y dogmáticas. Si uno se pregunta ¿por qué?, fácilmente se pueden desarmar tales mitos, por demás dañinos para la vida nacional, no sólo para la economía.

Al aceptar el dogma del pensamiento único neoliberal se mutila tanto la economía como la política. Tanto una como otra tienen en su naturaleza intrínseca la búsqueda de opciones. Optar, pues, explica la razón misma de la economía, de la política y, por tanto, de la economía política y de política económica.

¿Qué hacer? Pues volver a pensar en grande. Lo hemos hecho muchas veces a lo largo de la historia. Ciertamente lo estamos haciendo hoy. El nivel de la política nacional es pedestre, remitido a lo que todos podemos observar cotidianamente: disputas, insidias y grillerío, acciones envueltas en sucio celofán de mediocridades.

No estamos calibrando la magnitud de los desafíos que nos aguardan como nación y el precio podrá ser muy elevado, porque no hay que olvidar que los países no son eternos. Alguna vez lo dijimos: no vaya a ser que un día nos amanezcamos descubriendo que fuimos México.

Revisar la política económica es obligado. No para rasgarse las vestiduras cual globalifóbicos iracundos, pero sí para dejar de ser globafílicos abyectos y evitar caer en algo peor aún: en la triste condición de globaidílicos ingenuos.

Basta con quitarnos el dogma cegador sintetizado en la frase favorita de los fundamentalistas neoliberales, “no hay de otra”. Siempre ha habido, hay y habrá de otras. La economía es política. La esencia de la política es la búsqueda y aprovechamiento de las mejores opciones viables.

Cuando la economía se monta sobre la política ésta pierde su versatilidad. Si ponemos la carreta detrás del caballo y ubicamos a la política por encima y delante de la economía, habremos dado un paso firme, lógico e inteligente para superar ese equívoco que tanto nos ha costado. Instrumentar cualquier política económica alternativa es un reto menor porque es precisamente eso: instrumental. Hasta los mismísimos tecnócratas podrían operar cualquier otra política económica si se les ordena hacerlo. Es la decisión política lo que cuenta.

Predecir es siempre controvertible, pero lo que resulta importante encarar con oportunidad, talento y visión realistas, es la magnitud y singularidad de la crisis que viene. No será insuperable, porque sin duda será posible congregar a los mejores mexicanos para que dentro y fuera del gobierno se sumen a la tarea, pero lo haremos todos mejor si estamos alerta, preparados, organizados y no soñando…

México, creo, debe ser gobernado por mexicanos a plenitud, sensibles y conocedores de la idiosincrasia y necesidades de la población. Aptos, por sus talentos y experiencias, para asumir responsabilidades políticas supremas; para percibir cabalmente el momento y anticipar el devenir histórico; para servir al interés de los mexicanos antes que cualquier otro.

No hemos tenido ese privilegio, en gran medida por la dramática desidia política de los mexicanos, que por fortuna comienza a roturarse, si bien a fuerza de encarar elevadísimos y amargos costos.

La complacencia social, afortunadamente en descenso, facilitará siempre el arribo al poder, a grupúsculos burocráticos que obedecen a proyectos nacionales quizás magníficos, pero confeccionados al margen de la voluntad nacional y, por tanto, rechazados por el pueblo. Por eso, finalmente, tales proyectos están destinados al fracaso.

Los resultados están a la vista. Muchos de ellos fueron previsibles; en otros se hizo oportunamente el llamado de alerta, algunos más fueron descubiertos y denunciados. Nunca hubo reconvenciones. En ningún caso, tampoco, hubo auditorio gubernamental o si lo hubo, su ocasional actitud fue el desdén, por demás generalizado, respecto al sentir de los millones de personas excluidos de la euforia palaciega…

La idiosincrasia comunitaria frente a la crisis es un rasgo esencial de los mexicanos, que ahora se expresa en la proliferación de grupos que se organizan, reflexionan y construyen alternativas políticas para la nación, ante la mediocridad o inexistencia de ofertas políticas provenientes de los partidos o del gobierno, y ante la inoperancia real del quehacer gubernamental para el cual fueron electas las autoridades del país. Las personas en el gobierno hacen, se sirven, pero no sirven. Por ello no sólo está harta la sociedad, sino que se organiza y milita en un ejercicio político que previsiblemente será creciente y permanente…

México incursionó en un vértigo de modernización dogmática que lesionó la soberanía, hizo decaer la economía y agudizó la injusticia social. Hasta ahora, ha recaído sobre el país el cúmulo de costos, siendo imperceptibles los beneficios populares de tal intento. Modernizar al país es necesario, pero debemos escoger el camino correcto.

El problema fundamental no es tanto el cúmulo de tonterías, retrocesos y abusos que observamos y padecemos, como el daño a la nación herida en su dignidad, inteligencia y esperanzas democráticas. Fracturadas en sus posibilidades económicas, defraudada en sus demandas sociales.

Lo hemos dicho antes: vivimos en una retrocracia hoy por hoy abrumadora que nos lleva hacia atrás en la política, la economía y la sociedad.

¿Podemos hacer algo? ¡Claro que sí! Métase a cualquier organización social y política y deje de rumiar en soledad o sólo en familia y entre cuates. Pidan la palabra. Hágalo sin pudor. Digan lo que piensen y propongan sólo acciones viables y legales. No neceen, convenzan. Pero, por favor, piensen en México y no se pasmen…

Armando Labra (1943-2007) renunció al PRI en la década de los 90. Antes de concluir el gobierno de Ernesto Zedillo le ofrecieron la senaduría por ese partido y él, íntegro como lo fue hasta el último de sus alientos, declinó la oferta. Dijo que su congruencia y ética no le permitían el cambio de chaqueta y menos aún el recule político. Regresó a la UNAM para ser parte del impulso académico que reposicionó a la Universidad tanto en México como en el mundo.

Segundo tercio de Moreno Valle

Escuché de uno de mis maestros de periodismo (son muchos, incluidos los lectores), que las columnas deben seguir el esquema de la fiesta brava: divídela en tres partes —me dijo el Matador—, la primera con una frase o párrafo que equivalga a esperar el toro de rodillas y a Porta Gayola; la segunda con alguna idea y el ritmo que siga la técnica del torero que toma las banderillas y las rompe a la mitad de la plaza con la intención de practicar la suerte en los terrenos del toro; y la tercera con una figura que equivalga a matar al miura recibiéndolo sin muleta después de haberle hecho la faena que arrancó el aplauso y los olé del respetable. Así mantendrás la atención del lector proclive a cambiar de tema o dar vuelta a la página en cuanto pierde el interés por lo que está leyendo.

¡Vaya compromiso!

Otra de las recomendaciones que escuché consistió en comparar a los periodistas chambones con las orquestas o bandas de pueblo cuyos integrantes no son músicos profesionales, razón por la cual a veces se les complica terminar la pieza. No encuentran cómo diablos concluir los acordes y siguen y siguen esperanzados en que alguien les cuente hasta tres para que dejen de tocar. De ahí que sus interpretaciones suelan ser maratónicas, repetitivas.

La tercera recomendación fue en el sentido de que respetara la dignidad de quienes formen parte de mis comentarios, permitiéndoles además salvar su prestigio pero, al mismo tiempo, por aquello de las reclamaciones o derecho de réplica, sin soltar la carta principal que deberá conservarse bajo la manga.

El cuarto consejo, que por cierto resultó una sentencia, fue la observación sobre el difícil oficio de columnista: cada político que se convierta en tu amigo es una letra menos en el teclado de tu máquina de escribir.

Y lo que leí de Froylán C. Manjarrez, periodista y constituyente de 1917, en su libro Jornada institucional, me indujo a incluir en mis escritos una que otra apostilla histórico-cultural: “El periodista, además de escribir con la verdad, debe transmitir cultura”, escribió el Tío.

No sé si he logrado poner en práctica ésas y otras recomendaciones, mismas que me reservo para que este libro no parezca el manual de periodismo que algún día, cuando se me ocurra sentirme calificado para semejante compromiso, me gustaría elaborar. De lo que estoy seguro es que la política poblana (y la nacional) se asemeja a una escuela abierta para aquellos periodistas que nunca pierden su capacidad para aprender. Esto porque siempre habrá servidores públicos empeñados en ser clones de sus maestros o paradigmas con la intención —supuestamente casual— de formar alumnos que hereden la técnica de lo que podríamos llamar un proceso ad infinitum. Diría el clásico: como para muestra basta un botón, concluyo con el último ejercicio morenovallista diseñado, digo yo, con el deliberado propósito de recomponer su camino hacia el 2018. Debo aclarar que no se trata del cierre de la “faena” del gobernante sino de lo que podría ser el inicio del segundo volumen de Puebla variopinta, conspiración del poder.

Plan C

Todo empezó con el balazo que mató a Luis Donaldo Colosio Murrieta. De no haber existido ese complot que muchos le atribuyen al Estado mexicano, entonces bajo el control del salinismo, otros pajaritos hubiesen cantado en tierras poblanas. Por ejemplo: Melquiades Morales Flores nunca habría llegado al gobierno y, por ende, Rafael Moreno Valle Rosas seguiría en Nueva York encantando o peleándose con los dueños del dinero, incluidos los capitalistas de origen judío.

Lo de Melquiades se explica en las páginas anteriores; empero, valga repetir algunas líneas:

“No les pidas nada ni les aceptes nada (a Mariano Piña Olaya y a Alberto Jiménez Morales). El partido se hará cargo de tus gastos y el pago de la nómina”, le dijo Luis Donaldo convencido de que Melquiades cumpliría sus instrucciones.

… la petición advertencia fue desdeñada y el nuevo dirigente del PRI acudió a don Alberto Jiménez para manifestar su obsecuencia al gobierno, acción que —según lo dicho por Lydia Zarrazaga Molina (1961-1995), política cercana a Luis Donaldo— provocó que éste lo borrara de la lista…

El caso de Rafael III también estuvo vinculado al desafortunado suceso que cambió la vida de varios colosistas y zedillistas cuyo futuro parecía escrito en sánscrito. Uno de ellos: Luis Banck Serrato. Otro: Fernando Manzanilla Prieto. El tercero: Luis Maldonado Venegas. Éste último, que por cierto era (y lo sigue siendo) el gurú de los entonces jóvenes talentosos con posgrados en universidades estadounidenses, se encargó de arroparlos valiéndose de su cercanía (era coordinador adjunto de la campaña) con Ernesto Zedillo, otro de los beneficiados por el asesinato de Colosio. Gracias a esos vínculos político-profesionales, años después, Manzanilla tuvo oportunidad de integrarlos al gran “proyecto Moreno Valle” cuya incorporación en la política poblana ya quedó explicada renglones atrás.

Fernando llegó a Puebla como subsecretario de Egresos en la Secretaría de Finanzas y Desarrollo Social; Banck lo acompañó haciéndose cargo de la coordinación general de Desarrollo Social; y Maldonado se integró como asesor externo encargándose de proyectos pensados y elaborados con la deliberada intención de impulsar la imagen pública de Moreno Valle, a la sazón un joven profesionista con talento y simpatía personal.

Fracasó el primer intento gubernativo cuando Mario Marín les ganó la partida. Sin embargo, prevaleció la idea debido a la tozudez de Rafael y al genio e ingenio de sus “cómplices”. Así llegó al gobierno después de pasar por las diputaciones local y federal y desde luego el senado de la República, todo ello en tan sólo cuatro años y meses. En este tráfago político Rafael se alió con Elba Esther Gordillo hasta que ocurrió lo que fue un conflicto político-legal de grandes proporciones, circunstancia que afectó al morenovallismo entronizado gracias a la entonces innegable influencia de la lideresa magisterial, el hada madrina de Felipe Calderón y de varios más, incluido el poblano.

Ante ese evento —sorpresivo y desafortunado para el grupo— más el retorno del PRI a Los Pinos, hubo que modificar la estrategia general así como prepararse y poner en acción el “Plan C”. Maldonado cambió de adscripción a fin de ocupar la Secretaría General de Gobierno de Puebla (era secretario de Educación Pública). Manzanilla dejó su lugar a Maldonado en el gabinete para emprender su campaña a la diputación local, cargo que ejercerá durante cuatro años ocho meses. Y finalmente Banck abandonó la iniciativa privada donde su trabajo (relaciones institucionales con el gobierno) estaba muy bien pagado; la razón: integrarse al gabinete morenovallista como el sexto secretario de Desarrollo Social.

Con estos movimientos estratégicos más el control político sobre el Congreso local a donde llegó la mayoría impulsada y palomeada por el gobernador del estado de Puebla, incluidos los principales ayuntamientos gobernados por su gente, se renueva y fortalece el gran Proyecto Moreno Valle. Por eso digo que en el 2014 inició el nuevo tercio que incluye todo tipo de suertes apoyadas por los subalternos referidos y la cuadrilla que, seguramente, será reforzada con uno que otro matador sin coleta, pero con cola.

Y el pueblo (me incluyo) seguirá observándolos desde el tendido de sol.

Diciembre de 2014

  

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[1] Benítez, Fernando. El peso de la noche, Nueva España de la edad de plata a la edad de fuego. Ed. era, 1996

[2] Fuentes, Carlos. Por un progreso incluyente. Ed. Instituto de Estudios Educativos y Sindicales de América, 1997

 

[3] Entrevista en la revista Réplica, 2008.