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Vie, Jul

Entrevista a Ana Teresa Aranda

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Antes de contestar abrió un poco más sus ya de por sí ojos soñadores. Se quedó pensando varios segundos como si quisiera armar las frases que usa desde hace años. Aspiración profunda...

Ahí estaba Ana Teresa Aranda, “cerca del cielo”, diría Pablo Neruda, uno de sus poetas preferidos. La entrevistamos en la parte más alta de Puebla, la ciudad que quiere gobernar; el “balcón” desde el cual y con un poco de imaginación se pueden mirar los contrastes sociales que lastiman a la tercera capital del país. Llegamos pues a esa su casa-oficina para preguntar lo que quieren saber los lectores de Réplica, cosas ajenas a lo políticamente tradicional. Así, con esta intención, se inició la entrevista:

 

–¿Cuando ingresaste en la política, cómo te veías, en qué pensabas?

 

Antes de contestar abrió un poco más sus ya de por sí ojos soñadores. Se quedó pensando varios segundos como si quisiera armar las frases que usa desde hace años. Aspiró profundo para en seguida responder con la seguridad que se adquiere en las “tablas nacionales”, por haber ejercido el poder político de la República y estar cerca de dos presidentes de México:

 

–Cuando ingresé en la política –respondió–, la que en sentido estricto tiene que ver con los partidos (siempre estuve pero dentro de las organizaciones civiles), di el paso para dejar de sentirme como Pepe Grillo en el hombro de Pinocho. Hablo de la época en que yo le decía al gobierno: no engañes, no mientas, no esto, no lo otro. Fue entonces que tomé la decisión de ir ahí, al mismísimo taller de Gepeto, donde se hacen los muñecos. Y me dije: para que salgan menos pinochos habrá la necesidad de entrar a la política partidista y desde ahí cambiar la realidad que lastima, que ofende debido a las condiciones en las que viven muchísimos mexicanos, víctimas de los cinco grandes flagelos: ignorancia, pobreza, insalubridad, injusticia y corrupción. Llegué animada a luchar por este país, para que la gente viva mejor. Estaba segura que podría hacerlo mejor desde un partido político. Y aunque veía lejana la posibilidad de que el PAN accediera al poder, me quedaba claro que en otra opción política no tenía nada qué hacer. No importaba esperar el tiempo que fuese necesario. Lo importante era ir a sembrar la semilla. Así que al llegar al PAN me vi como una sembradora. Sentí que la política tenía que cambiar. Y con ese ánimo entré al partido.

 

Ahora que eres una mujer de éxito, reconocida a nivel nacional e internacional, ¿qué piensas, hacia dónde te diriges y cuál es tu panorama, tu expectativa?

 

–Soy una política atípica. No como los políticos que empiezan a escribir en un papelito: en este momento voy a hacer esto e inmediatamente después voy a saltar a tal lugar y desde ahí voy a construir el trampolín para ir a ese otro lado. Respeto a quien lo hace. Pero siento que no dignifica la política eso de estar planeando el futuro personal a través de la política y asegurando los cargos. Finalmente así no se sirve al pueblo, no se cumple con la responsabilidad para la que fueron electos o para la que fueron designados. Desde el principio decidí dedicarme de fondo a la responsabilidad que adquirí. Siempre con la intención de hacer bien el trabajo. Y no sé si es porque soy un poco providencialista (aunque me gusta construir el futuro) pienso que hay cosas que por algo no se dan y eso también te conviene. Fui parte de un comité municipal y concluí con mi encargo. Fui diputada federal y estuve los tres años. Fui candidata a gobernadora y me acerqué más a la realidad de mi estado. Fui candidata a senadora consciente de que todo era parte de la construcción del nuevo México. Me invitó el presidente a trabajar con él y duré los 6 años en el gobierno federal. No soy una mujer que tenga apuntado lo que sigue. Me queda claro que cuando uno cumple con su responsabilidad hay nuevas cosas qué hacer. Pero nunca pienso en que terminando esto o a partir de tal momento estaré buscando alguna otra cosa. La política es circunstancia. Veo a muchos políticos más que con convicciones, con obsesiones. Obsesión de ser una cosa, de ser otra. No importa que se lleven entre las patas a su partido...

 

–¿A quién admiras?

–A Manuel Clouthier. De hecho yo entro al PAN, emocionada después de ver luchar a Manuel como lo hizo, de ver cómo abría un boquete al sistema para que pudiera pasar la democracia; un boquete de su tamaño; así lo decía él que era una persona muy fuerte. También admiro a Manuel Gómez Morín y a González Luna y a González Morfín. De los fundadores del PAN he aprendido muchas cosas aunque no haya estado cerca de ellos. De González Morfín, por ejemplo, admiro el decir que los políticos no pueden darse el lujo de perder dos cosas: el sentido del honor y el sentido del humor. Un político que se toma demasiado en serio se vuelve loco. Empiezas a creer lo que quieren que creas los que te rodean. O supones que todo lo haces perfecto y que estás convirtiéndote en casi un dios. Es cuando se pierde el contacto con la realidad.

 

–¿De los paradigmas…?

–Gandhi. Me encanta que la persona tenga suficiente sustento como para dar a la vida una mística social. Martín Luther King también pero de otra manera. Admiro su lucha pacífica que busca que las cosas se den. Quizás porque he sido y seguiré siendo una guerrera pacífica. Siempre he procurando que nadie salga lastimado, que las ideas estén por encima de la propia lucha.

 

En ese momento me vino a la mente el día en que Ana Teresa fue desalojada del Palacio de Gobierno. La cargaron varios policías. Se lo recordé enfatizando sobre la cara de sufrimiento que tenían los uniformados que tuvieron que cargarla...

 

–Fue una parte de esa lucha de resistencia pacífica. Éramos más de 100 mujeres. No pusimos resistencia porque hubiésemos facilitado el desalojo; sólo nos soltamos, nos pusimos blanditas. Naturalmente las mujeres que estaban en Palacio eran muy delgadas y yo pesaba entonces como 85 kilos. Para sacarme de ahí un policía me tomó de una pierna, el segundo de la otra, el tercero de la mano y el cuarto del brazo. No podíamos enfrentar a quienes cumplían las órdenes de sus jefes y menos aun ofenderlos. Era muy peligroso.

 

–¿Hay alguna escuela que enseñe la técnica de resistencia pacífica?

–No sé si quienes nos capacitaron tomaron algún curso. Maria Luisa Calderón fue la encargada de todo lo que tenía que ver con acción ciudadana ya que es experta en el tema.

 

–¿Algo que ver con el Presidente?

–Todo. Es su hermana.

 

–¿Quién es la antítesis de tus paradigmas?

–Hubo un momento que había filias enormes para algunos y fobias tremendas para otros. La misma vida te lleva a un punto en donde aceptas que en ningún lugar están todos los buenos o todos los malos, ni partidos políticos ni organizaciones religiosas. Todos tenemos la oportunidad de redimirnos y de rescatarnos. Cuando luché contra Manuel Bartlett era yo la presidenta estatal del PAN. Entonces decía: este señor es lo que yo nunca quisiera ser. Hoy digo que de él aprendí; que puedo no estar de acuerdo con muchas cosas, pero reconozco que el señor es un político congruente.

 

–¿Tu pesadilla recurrente?

–Mi peor pesadilla es constatar que a pesar de todos los esfuerzos que se hacen desde todos los espacios políticos y profesionales, no podemos conseguir la equidad en este país. Eso me preocupa mucho. Creo que a México le duele más la inequidad que la pobreza. Yo voy viendo que la pobreza es un flagelo enorme. Si en este país existiera una distancia menor entre los que menos tienen y los que más tienen, podríamos hacer más llevadera la situación. Un país que construye al segundo hombre más rico del mundo en menos de 20 años teniendo la pobreza que tiene, obliga a preguntar: ¿Qué está pasando?

 

–¿Tu mejor amiga o amigo?

–Mi marido. Mi mejor amigo, mi compañero. Antes de casarme tuve como 40 compañeras de estudios. De las diez que decidieron hacer algo más que dedicarse al hogar, yo soy la única que está casada. Esto demuestra que hemos hecho de la política una vocación de familia.

 

–¿Tu mejor maestra o maestro?

–Me acuerdo de mi mejor maestra, Martha Aguilar, en sexto de primaria. Fue la mujer que más influyó en mi vida, en mis primeros veinte años. Cuando murió mi padre, a los 42 años cornado por un toro, nos quedamos huérfanos muy chiquillos. Esa mujer me ayudó enormemente para que la ausencia del padre no fuera motivo para deprimirse, para ausentarse. Por el contrario: me alentó para salir adelante. Otro fue Manuel Clouthier.

 

–¿Si tuvieras que votar por algún priísta, por quién votarías?

–Me abstendría. Se me hace muy complicado este escenario, me cuesta mucho trabajo responder la pregunta. Conozco a muchos priístas a los que respeto, pero votar por ellos... ¡Nooo!

 

–¿Qué significa para ti Sor Juana?

–Una inspiración. Sor Juana es la fuerza del espíritu. También la guerrera; me identifico mucho con ella. Vivió una época en donde hizo todo para romper paradigmas. Su inteligencia fue como el veneno contra la misoginia y el orden establecido.

 

–¿Qué es lo que nunca se te va a olvidar, lo que más te ha impactado?

–Es una vista a la comunidad Francisco I. Madero que se encuentra en Chilchotla. Llegué en el año 2000 en la campaña del Presidente Fox. Ahí encontré muchas de las cosas que me han llevado a ser lo que soy. Nadie avisó al líder del PAN municipal que iría porque sólo había una caseta de teléfono y ésta estaba en manos del PRI. Llegué y comenzaron a llamarlos con un altavoz. Mientras se juntaba la gente, para hacer tiempo, comencé a preguntar a los niños qué les gustaría ser de grandes. Uno me dijo que sería policía y otro regidor. También hubo los que pensaron en ser presidente, gobernador, maestro o doctor. Las niñas me decían que querían ser senadoras o diputadas. Fue entonces cuando pregunté: ¿porqué todos quieren ser políticos? Alguien me respondió: “Porque cada vez que vienes nos dices que desde allá arriba se puede cambiar las cosas”. Mientras hacía otras preguntas un chiquillo de seis años levantaba la mano. Lo vi y le hice la pregunta. Dijo: “Yo quiero ser persona”. Pero si ya eres persona, le respondí. “No, no, las personas son como tú. Las personas no tienen hambre, no tienen frío y no las llevan a la cárcel”. Eso me impactó muchísimo. Concentra lo que ha sido el fundamento de mi lucha...

 

–¿Y el peor momento?

–El momento más difícil de mi vida fue cuando murió mi papá. Él era un líder echado para adelante. Verlo salir en la mañana lleno de vida a los 42 años y horas después verlo regresar en un féretro, fue una experiencia muy dura.

 

–¿A que personaje de la historia te hubiera gustado tratar?

–A Lincoln, a Churchill. También me hubiera gustado tratar a la Thatcher a pesar de que hay cosas con las que no estoy de acuerdo. Y de los mexicanos, a Lázaro Cárdenas. Desde luego a Manuel Gómez Morín que fue un hombre que superó con dignidad los momentos difíciles.

 

–¿Si no estuvieras en la política, qué te hubiera gustado ser?

–No sé si porque estoy siempre tan segura de lo que hago, me cuesta mucho trabajo verme en otro personaje, como amo lo que hago y hago lo que amo, no me imagino de otra manera de ser.

 

–¿Suponiendo que pudieras estar en alguno de los tres poderes, presidenta de México, gobernadora, o presidenta municipal, que es lo primero que harías?

–La primera decisión sería hablarles con la verdad a los ciudadanos. Los políticos tenemos muchos defectos y uno de ellos es que no nos gusta hablar con la verdad, queremos pintar todo de color de rosa. Esta mentira pueda hacerle a la gente pensar que todo es como miel sobre hojuelas. Me gustaría decirles lo que realmente pasa y lo que está urgiendo hacer en equipo con la gente.

 

–¿Qué harás con la cultura si llegas a ser presidenta municipal?

–Estoy convencida de que Puebla tiene una vocación cultural muy fuerte. Quien vaya a ser presidente o presidenta de esta ciudad, debe entender que hay que hacer un esfuerzo para armonizar a la ciudad. Parece que nos conformamos en pintar las fachadas, gastar millones; sentimos que con eso ya estamos promoviendo la cultura. No hacemos la otra tarea, la de promocionar la cultura para rescatar el orgullo de ser poblano. Hay ciudades que tienen un acervo monumental más pequeño, un patrimonio histórico insipiente, y han podido recatar su vocación cultural. Puebla con todo lo que tiene no es vista a nivel internacional ni nacional como una ciudad cultural. Lo que tendríamos qué hacer es pensar en el mediano y en el largo plazo, en programas que hagan de Puebla la ciudad casa.

 

–¿Algo más que quieras agregar?

–Que los seres humanos que estamos construidos de virtudes y defectos, tenemos oportunidades que no podemos desaprovechar. Y que cada espacio que se deja ir es una oportunidad desaprovechada para mejorar la vida de los demás. Si entendemos que lo que hacemos de manera cotidiana significa una posibilidad de mejoría o de atraso en los demás, si entendiéramos eso le pondríamos más cuidado a nuestro trabajo.

 

Preguntas cortas: ¿Qué les dirías a: (ojo: puede ir en un recuadro)

Las mujeres: les diría que merecemos más

Los jóvenes: que necesitamos más en política de ellos

Las personas mayores: que les debemos mucho

Los gobernantes: que nos deben mucho

Los nonatos: que el día de mañana puedan leerte o escucharte: que espero que los dejen ver la primera luz.

Las madres: gracias por el don de la vida

Los padres: que en este país necesitamos más su presencia en el hogar. Este país necesita más padres en la casa y más madres en la sociedad.

Los ministros de cualquier culto: que sigan predicando.

Los políticos incultos: que estudien, que estudiemos de manera permanente

Los intelectuales: que compartan más su saber.

 

Después de estas preguntas rápidas cuyas respuestas fueron a bote pronto, concluyó la entrevista con Ana Teresa Aranda. Y ahí la dejamos “cerca del cielo”, junto a la fotografía que alguien le tomó cuando frente a la estatua de Pablo Neruda recordó su poesía: “Puedo escribir los versos más tristes esta noche...”

 

Alejandro C. Manjarrez