Universidades públicas, una bomba de tiempo

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Estudiante, haz tu mejor esfuerzo y grita ante las injusticias...

Millones de jóvenes mexicanos tienen la fortuna de acudir a una universidad. Aquellos con posibilidades económicas, es decir, cuyos padres cuentan con recursos, ingresan a instituciones privadas, desde las más económicas hasta las estrepitosamente costosas. Los que obtienen becas deportivas o de excelencia por sus buenas calificaciones, también acceden a estas instituciones. Las universidades públicas, gratuitas o de bajo costo, son la opción para muchos. Los planteles tienen decenas de miles de alumnos, convirtiéndose en pequeñas ciudades llenas de jóvenes hormonales, apasionados y en proceso de construcción de su personalidad y mentalidad. Este entorno plantea numerosos problemas, cada uno importante y que requiere atención. Desde violaciones tumultuarias sin denunciar, agresiones sexuales minimizadas y actividades sexuales en los sanitarios, hasta acoso sexual y emocional por parte de compañeros o profesores, consumo de drogas, venta de estupefacientes, corrupción y discriminación.

Las autoridades estudiantiles tienen una enorme responsabilidad en este entorno. El ámbito universitario permite que el amiguismo llene las administraciones de torpeza extrema, y pudra las raíces que sostienen la estructura de las grandes instituciones educativas de nuestro país.

Las instituciones cuentan con órganos de defensa estudiantil, pero muchos estudiantes temen enfrentar a las autoridades por inoperancia y posibles represalias. El retiro de denuncias es común, especialmente cuando se acusa a profesores o trabajadores administrativos. La grilla universitaria, en muchos casos, permite que personas sin formación pedagógica y con problemas de actitud puedan agredir a los estudiantes, además del cada vez más lacerante contubernio en la plantilla laboral que frena las acciones punitivas hacia el agresor o agresora.

Cualquier líder debe conocer que el secreto de la excelencia es permanecer vigilante al desempeño de sus colaboradores. Si la estructura universitaria es un entramado de prepotencia, ignorancia e ineptitud, la fuerza del cambio debe recaer en los alumnos.

Los estudiantes están subsidiados por el Estado Mexicano, con los impuestos de los ciudadanos. Los padres son el último eslabón de apoyo para la formación del futuro profesionista, ellos tienen el compromiso del pago de cuotas, costos de transporte y material didáctico. Por sus, digamos, patrocinadores, los alumnos deben velar por recibir una educación profesional en un ambiente de serenidad, compañerismo, crecimiento mental y espiritual.

La eficacia administrativa de las universidades es de vital importancia para el bienestar de los estudiantes.

Los jóvenes universitarios son la fuerza de nuestro país. Han participado en movimientos sociales y han obligado a las autoridades a generar soluciones y resultados. Los alumnos deben unirse para defenderse de los abusos y exigir ser escuchados y respetados. Si no lo hacen, los focos rojos de hoy, se convertirán en la destrucción de su futuro.

Estudiante, el Estado Mexicano, sus ciudadanos pues, esperan grandes cosas de ti. No los defraudes y defiende tu derecho a ser escuchado, respetado y educado en la excelencia. Haz tu mejor esfuerzo y grita ante las injusticias.

Hasta la próxima

Miguel C. Manjarrez