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Sáb, Ene

Con la buena intención de alejar al lector de las preocupaciones surgidas ante la inesperada devaluación del peso y sus consecuencias inflacionarias, sociales, financieras y comerciales, ahora y contra mi costumbre me permitiré contarle un chisme. Digamos que medio político y medio del jet set.

El carisma de un hombre ha permitido la prevalencia de la religión católica por casi dos mil años, aún en nuestro país donde la gente todavía vive entre la ignorancia, el fanatismo, la superstición, la magia, la pobreza, la flojera y, en consecuencia, en medio de la mugre y la insalubridad.

Mariano Piña Olaya ha regresado al servicio público nacional. Su nueva misión será liquidar la Compañía de Luz y Fuerza y ​​sus filiales en Pachuca, Meridional y Toluca. Desde ese cargo habrá de negociar con los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), cuyo dirigente Jorge Sánchez García (hijo del que fuera uno de los colaboradores más cercano del ex gobernador cuando colaboraba como funcionario de la Comisión federal de Electricidad, entregará el próximo miércoles la disputada secretaría general. 

Desde antes que Maximino Ávila Camacho entregara el gobierno a su sucesor, Puebla no se había visto tan convulsionada como ahora. Esto porque el actual gobernador se olvidó de la vocación social que festinaba y, en su lugar, menosprecia al pueblo. Veamos algunos antecedentes que enmarcan el cambio del próximo lunes.

Cuando Miguel de la Madrid fue designado candidato a la presidencia de la República, sus amigos, incluyendo Mariano Piña Olaya, festejaron como si fue el evento del siglo (de hecho para algunos lo fue). Aquellos que habían compartido el pupitre en el colegio Cristóbal Colón o en la Facultad de Derecho de la UNAM, estaban ya en el umbral de la gloria política – burocrática.

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