La madre de todas las madrizas (Crónicas sin censura 114)

Réplica y Contrarréplica
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El que no enseña no vende.

Dicho popular

El “marketing” político se ha convertido en un gran negocio solo superado por el “show bussines”.

Una y otra son áreas cuya esencia resulta muy parecida debido a que en ambas sus dirigentes nos tratan de vender diversión y al mismo tiempo crearnos un cierto tipo de dependencia basada en ilusiones o utopías. Empero, los que no saben o soslayan aquellos que intentan beneficiarse de esas técnicas para explotar la inocencia del consumidor y las ambiciones de sus clientes, es que éstos podrían ser las primeras víctimas de lo que alguien definió como el ocaso de la era del cinismo.

Como le consta al lector, el proceso preelectoral que estamos viviendo ha exacerbado al máximo la imaginación de los creativos de la publicidad mexicana, y transformando a los candidatos del PRI y del PAN en algo así como pasta de dientes o cosméticos que en sus anuncios venden esperanzas.

Vicente Fox, por ejemplo, resultó “un producto exitoso y la gente lo apetece” (sic y guácala) porque, según Luis Salas Cacho, coordinador nacional de “Amigos de Fox”, en su estrategia se emplean mecanismos como los de “’Coca Cola y Sabritas” (El Universal” 5 de agosto de 1999) y a Roberto Madrazo, el candidato del apellido más eufónico, sonoro, lo están tratando de vender como si de verdad representara al pueblo que con sus golpes quiere acabar con la cultura del dedazo; es decir, a la gente que anhela exterminar los vicios del presidencialismo de los cuales, paradójicamente, el tabasqueño ha sido uno de los principales beneficiarios.

Tenemos pues, que en esta guerra de ideas los únicos que $acaran provecho $on los creadores de imagen y sus “copywriters” encargados de pen$ar y escribir las fra$es que tanto nos divierten o impactan (Rosendo Huesca y Pacheco, dixit). Y vemos que los electores en potencia están siendo agredidos por “madrazos” al subconsciente y golpes al inconsciente propinados por la “firmeza” de Manuel Bartlett Díaz o la “fuerza” de Francisco Labastida. Lo curioso del asunto es que ya apareció en la “carretera de la información” una divertida defensa o respuesta que, de crecer, llegará a convertirse en el flagelo político del siglo, veneno contra el cual no existe antídoto.

Déjenme transcribir, pues, parte del texto de lo que encontré en la carretera de la información:

Hace mucho tiempo…en una galaxia muy lejana, el gobierno de una república bananera vivía momentos de un desorden total, convirtiéndose en un atolladero burocrático y semilla de la corrupción. Ahí, los Jodei tenían su templo, ubicado en Insurgentes esquina con Luis Donaldo Colosio, y el Congreso de la Unión Galáctica no tomaba ninguna decisión. En estas circunstancias, los poderosos banqueros intentan apoderarse del pequeño y apacible planeta Mexi-coo. Este planeta era gobernado por Juar Juar Zedillinks, pero mangoneado por la princesa Salindala. Juar Juar trata de heredarle el trono al Jodei Labasti

Gonn y para despistar al enemigo nombra a dos patiños: Wartlett Wuindu y Roque Wan Kenobi. El planeta Mexi-coo estaba en gran riesgo de desestabilización económica y política y por eso Juar Juar encarga la transición pacífica a dos robots: Gu-rri-Pi-o y P-P-To-Ño. Por su parte la princesa Salindala quiere imponer al villano Darth Madrazul. Entre ellos se desarrollará una épica y despiadada batalla: la madre de todas las madrizas. ¡Pronto se conocerá el desenlace!

Este episodio es sólo el principio y forma parte de la serie que empezó cuando en ese universo de la información, a Roberto Madrazo le endilgaron costumbres poco ortodoxas. Por el estilo manifestado en el documento los expertos priistas intuyen que los creadores informáticos pertenecen al PAN o que cuando menos comulgan con su ideario. Y aunque este fuera un razonamiento equivocado, lo más probable es que a “Don Chente” Fox tambien le hagan su pequeña historia y que dicho revire alcance al mismísimo Cuauhtémoc Cárdenas.

Digamos que es una de las tantas respuestas de la gente que ya se cansó de la publicidad que ha dado forma a la “era del cinismo”, reacciones que podrían desprestigiar al negocio del marketing político.

Alejandro C. Manjarrez