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Mar, Sep

El henequén en México

Réplica y Contrarréplica
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Me comentó que un señor de Jalisco vino a comprarles las piñas de henequén a peso, según él para producir licor, y que sólo se quedaron con unas para mostrarlas a los visitantes...

 

Fui a Mérida y visité las haciendas henequeneras de Yucatán.

Fuimos a dos; Sotuta de Peón y Temozon, ahí nos explicaron cómo fue el auge de Yucatán por la explotación del henequén, al que llamaban, el oro verde.

Nos dijeron que los propietarios de las haciendas se hicieron inmensamente ricos. Vivían en el paseo Montejo en grandes residencias y tenían cascos de hacienda que sólo visitaban esporádicamente por razones de trabajo.

Los peones estaban totalmente aislados. Cuando les pagaban se formaban fuera de la hacienda y por una pequeña ventana, el pagador les entregaba sus emolumentos. Estos los tenían que gastar en la tienda de raya de la hacienda. Les hacían préstamos y las deudas las pagaban sus descendientes, en caso de que no pudieran liquidarlas.

Nos mostraron cómo era el proceso para obtener la fibra del henequén que conocen como sisal. Ya una vez convertida la hoja en fibra se exportaba dejando grandes ganancias a los hacendados.

Con la llegada a la presidencia de Lázaro Cárdenas se aplicó la Reforma Agraria y los trabajadores se convirtieron en ejidatarios. En esa época el comisariado ejidal los llamaba de una lista para otorgarles un número importante de piñas para cortar y entregar a la hacienda en donde terminaba su participación.

En los años cincuenta tuvo un gran auge la industria del plástico y los sacó del mercado.

Los ejidatarios se quedaron sin apoyo y no pudieron levantar sus cosechas abandonando sus tierras y buscaron trabajo en las casas y hoteles. Ahí se encuentran sirviendo a los turistas y siendo tratados en forma discriminatoria ya que no pueden entrar a las habitaciones ni siquiera las conocen, sólo entran las mujeres, que en forma amable y cálida atienden a los turistas.

Esto lo observé y me lo platicó el guía que aparece conmigo en la foto de nombre Eleuterio.También me comentó que un señor de Jalisco vino a comprarles las piñas de henequén a peso, según él para producir licor, y que sólo se quedaron con unas para mostrarlas a los visitantes.

Necesitan apoyo del gobierno para tener maquinaria y producir nuevamente fibra que aún se compra y espera que por las acciones para conservar el ambiente puedan suplir al plástico. 

Esto sería una mejor opción que un tren turístico.

Atención señor presidente.

Manola Álvarez Sepúlveda