Zedillo y las redes del poder II (Crónicas sin censura 80)

Réplica y Contrarréplica
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La política mexicana se ha desarrollado a través de un hilo conductor que bien podríamos denominar justicia social, Estado de derecho o federalismo, todo ello–obvio– enmarcado en la cultura constitucional...

En 77 años ese hilo ha tejido (y en algunos casos hasta anudado o enredado), la poderosa red de poder cuya fortaleza corre peligro por lo ocurrido el pasado 21 de agosto.

     En su primera época, es decir, en la de ingreso a la estabilidad a partir de 1917, los caudillos se arrogaron el derecho de encauzar este proceso. Más tarde aparecieron las dos mil familias herederas que fueron transmitiendo su influencia y control a los cachorros de la revolución.

     Y para cerrar literalmente con broche de oro, gracias a los compromisos generacionales, la función pública llegó a consolidarse dentro de un esquema envuelto precisamente entre los nudos de esas redes de poder.

     Ernesto Zedillo Ponce de León tiene ante sí la oportunidad de convertirse en el hombre que logre desanudar ese complejo tejido que, para bien o para mal (depende el punto de vista del lector), controlan los Salinas, los Hank, los Beteta, los Echeverría, los Ortiz Mena, los Silva Herzog, los De la Madrid o, como establece el mexicanólogo Rodiere Al Camp, “aquellos camaradas en cuya responsabilidad recae la tutoría política de los funcionarios mexicanos”. Sin embargo, por las circunstancias que privan en el país, el próximo presidente tendrá que hacer lo imposible para que sus colaboradores se libren de esas redes y, ya sin etiquetas, permitan a la nación mexicana consolidar el cambio por el cual votaron más de 33 millones de ciudadanos.

     Para enfrentar este reto, Zedillo cuenta con un selecto grupo de compañeros. Según el diario estadounidense “The Wall Street Journal”, los siguientes serán algunos de los hombres del presidente:

     Guillermo Ortiz, de 46 años, doctor en economía y actual secretario de Hacienda, es amigo de Zedillo desde que ambos eran unos impetuosos muchachos. En parte fue responsable de la reforma financiera del país. Asimismo, supervisó la privatización de la banca, operación que produjo al Estado un ingreso de doce mil millones de dólares y, por ende, le dio oportunidad de poner en práctica programas como Pronasol. De llegar a un puesto importante, se le endilga la posibilidad de privatizar algunos servicios públicos más, como la energía eléctrica, ferrocarriles, aeropuertos y puertos marítimos.

     Jaime Serra Puche, de 43 años, portó el germen del 68 hasta que tuvo oportunidad de migrar a los Estados Unidos para estudiar en Yale, un doctorado en economía. Allá fraternizó con Ernesto Zedillo, y también allá adquirió las mañas que le permitieron consolidar el Tratado de Libre Comercio (TLC).

     José Ángel Gurría el “arreglatodo” cuenta con 44 años de edad y la experiencia de haber negociado en la década de los 80 la deuda externa, circunstancia que le ganó (en plan de broma o en serio, depende como lo vea usted) el apodo de “ángel de la dependencia”. Tiene en su récord una curiosa cualidad: en cualquier bar de Londres, París, Francfort, Tokio, o Nueva York, puede reconocer a veinte amigos y hablarles en su propio idioma.

     Luis Téllez, el joven de 35 años, cuenta con un dudoso mérito: fue el principal creador de las reformas al artículo 27 constitucional. Es abogado de la UNAM y, al igual que Pedro Aspe, doctor en economía egresado del Instituto Tecnológico de Massachusetts.

     Pedro Aspe Armella, de 44 primaveras, está considerado como uno de los mejores ministros del área en el mundo. Durante su gestión decreció la inflación en 160 por ciento. Y concretó la privatización de empresas estatales por un total de 22 mil millones de dólares.

     Estos son, pues, algunos de los probables colaboradores de Ernesto Zedillo, quienes tendrán que desenredar las redes de poder anudadas con costumbres y vicios burocráticos muy detectados.

Alejandro C. Manjarrez

23/IV/1994