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Vie, May

Simitrio y la “28 de octubre” (Crónicas sin censura 28)

Réplica y Contrarréplica
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“Ambulantes unidos jamás serán vencidos” amenaza el canto guerrero de la UPVA–28. 

(Primera parte)

 Durante años y con cierta modestia, el cántico estuvo flotando en el espacio poblano hasta que “Simitrio” tuvo un bien subir el tono. Hoy volvemos a escucharlo –quizá un poco más fuerte– apoyado en la experiencia de quienes aprendieron a manejar las negociaciones como preámbulo del empeño que sigue usufructuando la vía pública. Entre los alcaldes que establecieron concertaciones y, por ende, generaron experiencias a los ambulantes, pudimos citar a:

    Miguel Quirós quien además de sortear las consecuencias de la clase guerrera, tuvo oportunidad de producir un libro sobre el fenómeno del ambulantismo en Puebla; a Victoriano Álvarez quien al entender el problema mejor le sacó la vuelta; a Guillermo Pacheco Pulido quien asimiló la concertación y, como acostumbra, se aprovechó de la inercia política; y a Marco Antonio Rojas quien tuvo el cuidado de no comprometerse. Con esos antecedentes, creo que a Rafael Cañedo Benítez, le ha tocado bailar con la más fea. Veamos por qué:

    Como toda organización política, UPVA–28 sufrió contradicciones internas, tuvo problemas cuando su dirigencia pretendió acordar la forma de tomar las decisiones y sus conflictos se acentuaron en el momento en que usaron estrategias, tácticas de lucha y medios de fortalecimiento interno, circunstancias que la obligaron a usar medidas disciplinarias, obviamente al margen de la ley.

    En 1970 el Ayuntamiento de Puebla quiso combatir a los ambulantes promoviendo la creación de nuevos tianguis y mercados sobre ruedas la ampliación del mercado La Victoria y la imposición de varias sanciones a quienes insistieran en vender en la vía pública. Estas medidas acrecentaron el ambulantismo, con la modalidad de que usó recursos legales como el juicio de amparo y, desde luego, se valió del apoyo estudiantil de la Universidad Autónoma de Puebla.

    Rafael Moreno Valle, a la sazón gobernador de la entidad, intentó concertar y ofreció el predio de la estación de ferrocarril (10 poniente y 11 norte). Los vendedores aceptaron la oferta con la condición de que se les pagaran las mercancías no vendidas, El gobierno estuvo de acuerdo y adicionó a su propuesta de traslado la publicidad respectiva. Todo marchó bien hasta que apareció la terrible burocracia y los ambulantes se quedaron sin cobrar. Entonces decidieron abandonar el predio e invadir la periferia del mercado La Victoria.

        Arrojados a la clandestinidad, los antecesores de la UPVA–28 lucharon por su sobrevivencia; asaltaron camionetas y bodegas del ayuntamiento con la intención de rescatar la mercancía descomisada y, además, allanaron una radiodifusora a fin de exponer sus problemas y con ello obtener apoyo del auditorio. Asimismo realizaron manifestaciones multitudinarias aprovechando el alza del azúcar. Por su parte las asociaciones de ambulantes de la FROC–CROC decidieron tomar el predio de la estación de ferrocarriles y la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP) tomó el control de los mercados sobre ruedas. En marzo de 1971, los locatarios se organizaron contra el ambulantismo declarando una moratoria de impuestos y trasladándose al Distrito Federal para quejarse por la falta de autoridad de los gobiernos estatales y municipales.

 

12/X/1993

Alejandro C. Manjarrez