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Dom, Feb

Justicia Social, anhelo de México (Capítulo segundo)

Réplica y Contrarréplica
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REVOLUCIÓN MEXICANA Y JUSTICIA SOCIAL

En la actualidad todos los grupos políticos, incluidos los de tendencias antagónicas, dicen tener como programa la siempre invocada Justicia Social. Cada uno da a estas palabras la interpretación que les conviene. Por ello mi primera obligación será definir lo que, según mi criterio, entendemos por ella los revolucionarios mexicanos.

Por ello he juzgado indispensable dedicar este capítulo al estudio de un tema de la mayor importancia ya que de su comprensión clara, depende la mejor inteligencia del fondo mismo que inspira mi trabajo, trato de analizar qué es la Revolución Mexicana y lo que según ella debe entenderse por Justicia Social.

Me obliga a estas definiciones concretas de la Revolución Mexicana, el ver con frecuencia sustentada, aun por personas cultas, la idea de que fue una rebelión armada que buscó el derrocamiento del dictador eternizado en el poder y que una vez logrado tal objeto, debe considerarse terminada.

Nuestra Revolución es un movimiento de carácter político social, que tiene por objeto lograr el establecimiento de un régimen de gobierno capacitado para actuar enérgicamente, en pro de los remedios indispensables a efecto de librar a las mayorías mexicanas de las terribles carencias que por siglos han venido padeciendo.

Y con respecto a lo que realmente deba entenderse por justicia social, me impresiona la circunstancia, de que todos los grupos políticos con tendencias diversas y en algunos casos antagónicas, es decir irreconciliables, pregonan llevar como suprema aspiración el logro de un régimen de justicia social dando naturalmente a estas dos palabras la interpretación ideológica que a sus intereses particulares conviene.

Lo ideal hubiera sido poder lograr ese cambio político social, anhelado por México, sin necesidad de tener que recurrir a la acción armada que costó tantas vidas, ocasionó innumerables daños materiales y por error o ambiciones personales, originó la división entre los mismos revolucionarios, regando con sus torrentes de sangre el suelo de la patria.

Nuestro país ha sido pródigo en cuartelazos, golpes de estado, rebeliones, insurrecciones y motines, pero verdadera Revolución, tal como la he definido, sólo ha existido una, dividida en tres etapas:

  1. a) La de Independencia política, que nos constituyó ante el mundo como nación soberana.
  2. b) La de Reforma; consistente en el propósito de anular privilegios, fueros de grupo, y dominación de las conciencias esclavizadas por el fanatismo religioso, y
  3. c) La Revolución que provocada por los crímenes de una dictadura de treinta años, decidió al pueblo mexicano acaudillado por Francisco I. Madero y posteriormente por Venustiano Carranza, a lanzarse no únicamente a derrocar al dictador y destruir al ejército encastado, que era sostén de todos los grupos reaccionarios, sino también a la conquista definitiva de un régimen que luchara contra las carencias, ya insoportables, que ha venido padeciendo.

Esta revolución nuestra ha tenido antecedentes, desde la época Colonial, tanto para lograr la Independencia política que nos diera el carácter de Nación Soberana, como para conseguir los ideales reformistas y por fin, para la que aún se encuentra en marcha, y va logrando cada día mayores conquistas, la que pide con energía la Justicia Social integral como régimen de gobierno.

Cuando una reforma social se convierte en necesidad apremiante, es porque el régimen político que impera se encuentra en plena corrupción, y porque con el dinero del pueblo ha formado un ejército lleno de privilegios, que lo convierte en sostén armado, que sólo puede destruirse con otra fuerza igual que haga factible abrir el camino a la realización de la reforma social que se proyecta.

Tal parece que la humanidad entera hubiera encontrado al fin una fórmula mágica para lograr la felicidad de los hombres, estableciendo un gobierno apegado a normas claras, precisas e invariables, que cupieran exactamente dentro del nombre que estas dos palabras sintetizan: Justicia Social; pero nos encontramos con diversas interpretaciones, no únicamente por las especiales características del partido político que las utiliza, sino además porque cada nación toma en cuenta las peculiaridades del conglomerado humano al cual se pretende gobernar, considerando asimismo la interpretación, muy especial, que los dirigentes políticos dan a estas palabras.

Es por tanto indispensable hacer un estudio serio de lo que, según mi pensamiento, y de acuerdo con los ideales de la Revolución Mexicana, debe entenderse por un régimen que corresponda a una verdadera justicia social.

A fin de llegar a una definición clara y correcta, es preciso comenzar analizando la idea general de justicia, estudiando las distintas divisiones que los maestros de la filosofía del derecho hacen de ella, para llegar a precisar las características de la social que satisfaga el pensamiento revolucionario mexicano. Satisfacción que debe reunir la característica de integral para que tenga validez efectiva en nuestra patria. Es decir, no limitarse al reparto agrario; a la mejoría muy relativa a sueldos y salarios entre los trabajadores del campo y de la ciudad; al aumento de viviendas populares y al simbólico reparto de utilidades más o menos disfrazadas de los grandes industriales, latifundistas, banqueros y comerciantes, sino viendo realmente por el cumplimiento de la defensa de la cultura y la libertad de conciencia de los indigentes, que hoy parece constituir un tabú del cual ni los mismos revolucionarios moderados quieren hablar.

La definición de justicia generalmente aceptada, puede resumirse en la que sostuvo el filósofo Platón diciendo que es dar a cada uno lo que es suyo. O bien una aspiración social que pretende retribuir a cada uno según sus obras" Otros maestros dicen que justicia es...el criterio racional, conforme al cual se asegura a cada hombre su participación en el bien común; o el criterio ético que nos obliga a dar al prójimo lo que se le debe conforme a las exigencias ontológicas de su naturaleza en orden a su subsistencia y perfeccionamiento, individual y social...

Según el pensamiento de Platón cabe dividir la justicia en individual y social. La individual exige que el ser humano se someta en sus actos a los dictados de la razón; la social por su parte, según ese pensamiento platónico, significa el principio de armonía en la vida de relación, entre las acciones de los hombres entre sí, como partes del todo, que es la sociedad civil, contribuyendo al bien común...

Ahora bien, ninguna de estas definiciones corresponde según mi criterio, a la Justicia Social, como imperativo categórico indispensable para la solución definitiva de las gravísimas carencias de la colectividad mexicana; porque después de todas ellas, subsiste el problema de: ¿Quién fija por fin lo que se debe dar al ser humano, de acuerdo con su naturaleza? ¿Quién delimita lo que reclama o reglamenta la dignidad personal? El liberalismo individualista sostiene que la sociedad es para el hombre En tanto que el estatismo, comprendidas en él todas las tendencias totalitarias, dice que: el hombre es para la sociedad. Convirtiendo al individuo en ejecutor de una tarea que le es asignada con miras a lograr el bienestar colectivo.

Muy cansado, e inútil a mi propósito, sería profundizar en el estudio de lo que por justicia entienden las diversas escuelas de la filosofía del derecho. Ninguna de ellas llega a la resolución fundamental: ¿quién y con qué derecho define lo que debe darse a cada uno por ser suyo? ¿Quién asigna lo que corresponde al individuo como retribución según sus méritos? Y ¿cuál sea el trato que deba juzgarse proporcionalmente igual para los diversos componentes de la sociedad? Queda todo esto al arbitrio de la organización política que rija en cada nación; a lo que los dueños del poder dicten como normas a las que la sociedad y los individuos en particular deban sujetarse. Muy distintas serán por tanto las soluciones propuestas por gobiernos imperialistas, socialistas, capitalistas o comunistas, respecto a cada uno de esos problemas.

Para poder explicarnos más claramente el concepto de la justicia social, que corresponde al pensamiento de los revolucionarios mexicanos, nada hay mejor que pasar una mirada a la injusticia que ha imperado en el mundo a través de los siglos, respecto a los derechos del hombre como individuo y a los deberes del mismo como componente de una sociedad de la cual voluntariamente se constituye en miembro. Tiempo hubo en el cual no había otro derecho que el de los poderosos y en el que únicamente a los débiles correspondían las obligaciones. La dignidad humana era el patrimonio del grupo selecto de los fuertes y así, Aristóteles sostenía que la esclavitud estaba de acuerdo con la naturaleza humana, ya que unos nacían para amos, al mismo tiempo que otros nacían para esclavos. Cuando los pretendidos portadores de la civilización europea llegaron en son de conquista a lo que llamaron La Nueva España, no se conformaron con declarar de su propiedad personal a los aborígenes que tomaban como esclavos; sino que en sus ridículas discusiones bizantinas universitarias, incluían con toda seriedad la de averiguar la posibilidad de que los indios tuvieran alma.

General José Álvarez y Álvarez de la Cadena