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Sáb, Ene

El camote de oro para MPO (Crónicas sin censura 2)

Réplica y Contrarréplica
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El camote de oro para MPO. (Crónicas sin censura 2)

Para acoplarnos al Tratado de Libre Comercio, no estaría mal que Puebla instituyera un premio parecido al “Golden Potato” propuesto por el periodista Manuel Buendía. Lo malo de la idea es que nuestro gobernador sería el político más nominado, debido a los frecuentes disparates de sus funcionarios y, de vez en cuando, a sus propias ocurrencias.

El pasado viernes apareció en la prensa local una declaración de Salvador Cue Silva respecto a la compra de espacio publicitario en el diario neoyorquino The Wall Strett Journal. Dijo el secretario de Economía que el gobierno invertiría entre 60 Mil y 125 mil dólares para promover la imagen de Puebla en Estados Unidos de cara al TLC. Con estas declaraciones el funcionario aludido demuestra su desconocimiento de la política internacional. Ni sabe, pues, que nuestra entidad está fuera del Tratado. También y sin querer ha puesto de manifiesto que Puebla está atrapada en una vorágine de confusiones y desesperación.

Cuando el entonces gobernador Guillermo Jiménez Morales tuvo la ocurrencia de anunciarse en la influyente revista norteamericana Fortune, Manuel Buendía, columnista de Excélsior le otorgó el primer Camote de Oro. Desde esos años la presea ha estado sin dueño. De ahí que este columnista proponga que se le entregue a Mariano Piña Olaya. La declaración de su secretario de gabinete y varias puntadas del mandatario estatal refuerzan mi propuesta.

A guisa de ejemplo me permito mencionar algunos de los muchos méritos de nuestro gobernador para recibir este estímulo poblano.

–En una cena previa a su designación como candidato, dijo ante un grupo de empresarios, entre ellos Jorge Ocejo, José Manuel Rodoreda, Humberto Ponce de León, Heberto Rodríguez Concha y Ricardo Hess (el anfitrión) que su primer millón de pesos lo había ganado en un asunto laboral, poniéndose de acuerdo con el juez a fin de beneficiar al patrón que representaba.

–Ya en campaña en Ciudad Serdán prometió gobernar sin caciques (sin comentarios).

–Durante la misma etapa de proselitismo, la preocupación aséptica de don Mariano nos hizo recordar a José Vasconcelos cuando se estrenó de político.

El Maestro de la Juventud comenta en su Ulises Criollo, que, en un ímpetu peligroso de sinceridad, chocó ante la masa humilde al decirle que “antes de intentar democracia y actividad política, el pueblo necesita emprender la campaña del agua y del jabón”. Nuestro gobernador olvidándose de la pobreza y la falta de recursos, entre ellos el agua, regañó a niños campesinos porque no se lavaban la cara y las manos para asistir a los mítines. Vaya hasta les llevó jabones.

–Ya instalado en el gobierno, en una sesión plenaria del Tribunal Superior de Justicia, ante el asombro de los magistrados, su respetable esposa Patricia Kurezyn y él presidieron la reunión.

–En varias ocasiones ha designado a miembros del poder legislativo como sus representantes personales para presidir actos oficiales.

–Cuando implantó la moda de asistir a la mayoría de los informes municipales, se retiraba sin escuchar la respuesta del Síndico. Incluso ocurrió en Puebla, donde Ramón López Rubí contestó el informe del alcalde ante un público imaginario, porque los asistentes, incluido el alcalde Marco Antonio Rojas Flores, salieron corriendo detrás suyo.

—La ocurrencia más reciente fue la de santificar al presidente del Comité Directivo de la Volkswagen de México. El hecho tuvo lugar en el aereopuerto de Huejotzingo. Allá don Mariano dijo que por decreto de su gobierno, el directivo de la industria automovilística alemana, se llamaría San Martín Josephi (hoy convertido en diablo para sus trabajadores).

Estas son algunas puntadas que apoyan mi propuesta para que don Mariano sea destinatario del segundo Camote de Oro, sin embargo el premio podría impugnarlo algún quisquilloso exegeta afecto a hurgar en los acontecimientos del día y como no estamos cerrados al diálogo, se reciben propuestas.

 

4/VIII/1992.

Alejandro C. Manjarrez