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Lun, Oct

Mariano Piña Olaya ha regresado al servicio público nacional. Su nueva misión será liquidar la Compañía de Luz y Fuerza y ​​sus filiales en Pachuca, Meridional y Toluca. Desde ese cargo habrá de negociar con los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), cuyo dirigente Jorge Sánchez García (hijo del que fuera uno de los colaboradores más cercano del ex gobernador cuando colaboraba como funcionario de la Comisión federal de Electricidad, entregará el próximo miércoles la disputada secretaría general. 

El carisma de un hombre ha permitido la prevalencia de la religión católica por casi dos mil años, aún en nuestro país donde la gente todavía vive entre la ignorancia, el fanatismo, la superstición, la magia, la pobreza, la flojera y, en consecuencia, en medio de la mugre y la insalubridad.

El estilo de nuestro gobernador no pudo (y ya no podrá) adaptarse al modo de ser de los poblanos. Desde el principio rompió las reglas no escritas pero implementadas por el uso de la costumbre. No entendió nuestro espíritu churrigueresco, lleno de fórmulas sociales que tanta fama nos han dado en México. Quiso romper los protocolos y acabó por destruir la buena imagen que se había fabricado antes de llegar al estado de Puebla, en calidad de candidato del PRI a la gubernatura de la entidad.

Desde antes que Maximino Ávila Camacho entregara el gobierno a su sucesor, Puebla no se había visto tan convulsionada como ahora. Esto porque el actual gobernador se olvidó de la vocación social que festinaba y, en su lugar, menosprecia al pueblo. Veamos algunos antecedentes que enmarcan el cambio del próximo lunes.

Cuando Miguel de la Madrid fue designado candidato a la presidencia de la República, sus amigos, incluyendo Mariano Piña Olaya, festejaron como si fue el evento del siglo (de hecho para algunos lo fue). Aquellos que habían compartido el pupitre en el colegio Cristóbal Colón o en la Facultad de Derecho de la UNAM, estaban ya en el umbral de la gloria política – burocrática.

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